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Zacarías

TABLA CRONOLÓGICA
Fecha a. C. Hebreos Egipcios Romanos Babilonios Persas Griegos
538 Edicto de Ciro
Regreso del primer contingente
Caída de Babilonia
Dominio persa
Edicto de Ciro
Imperio persa
c. 520-515 Reedificación del templo Dominio Persa Darío I
c. 458 Llegada de Esdras Artajerjes I Pericles
c. 445 Llegada de Nehemías Decemviros en Roma

Zacarías predicando. En el centro Jesús entrando en Jerusalén
Ilustración para la traducción de la Biblia de Lutero, 1534, folio 51
Zacarías fue contemporáneo de Hageo y profetizó para la comunidad judía que reconstruyó el templo (Esdras 5:1; 6:14). Es el más extenso de los profetas menores. Algunas de las porciones del libro están entre las más difíciles de entender del Antiguo Testamento, especialmente las descritas en visiones con lenguaje figurativo (1:7-17; 2:18-21; 4:1-14; 5:1-4; 5:5-11; 6:1-8). No obstante, hay pasajes nítidos en claridad e interpretación, siendo Zacarías anunciador de la morada personal de Dios entre su pueblo (2:10; 14:4). De hecho, este profeta anuncia la entrada de Jesús en Jerusalén (9:9), su entrega por precio (11:12-13) y el abandono por parte de los suyos (13:7).

El libro se puede dividir en cinco partes bien diferenciadas:

  1. Introducción (Zacarías 1:1-6).
  2. Las visiones de la noche (Zacarías 1:7–6:15).
  3. La pregunta del ayuno (Zacarías 7:1-14).
  4. El anuncio de la restauración de Jerusalén (Zacarías 8:1-23).
  5. El futuro de los poderes del mundo y del Reino de Dios (Zacarías 9:1-14:21).

1. Introducción (Zacarías 1:1-6).
La palabra de Dios fue dada a Zacarías en el octavo mes del segundo año de Darío y el profeta comienza su mensaje con una orden para al arrepentimiento y para que la nación no actúe como lo habían hecho los antepasados impíos de la nación. Por tanto, el tema principal del libro aparece en las palabras 'Volveos a mí y yo me volveré a vosotros'.

2. Las visiones de la noche (Zacarías 1:7-6:15).
Hay ocho visiones repartidas en los primeros seis capítulos, todas ellas en lenguaje figurativo y algunas más difíciles de entender que otras:

  1. Zacarías 1:7-17. La visión de los caballos describe el estado de quietud o satisfacción en el que se hallan las naciones (1:11), que contrasta con el de abatimiento de Jerusalén (1:12). El propósito de Dios es juzgar a las naciones por haber aumentado la aflicción de su pueblo (1:15) e impartir misericordia a Jerusalén (1:16), por la cual ha sentido celo (1:14).
  2. Zacarías 1:18-21. La visión de los cuernos y los carpinteros. Que puede interpretarse como una descripción de los poderes (los cuernos) que derribaron al pueblo de Dios y de los poderes (los carpinteros) que prevalecieron contra los cuernos y los derribaron a su vez. La imagen de los carpinteros con su trabajo de reparación y construcción es muy adecuada para la tarea de reconstruir la nación.
  3. Zacarías 2:1-13. La visión de Jerusalén reconstruida y Dios morando en ella. Mientras que el capítulo comienza con la pretensión de concretar las dimensiones de la ciudad (2:2) a fin de construir su muralla defensiva, enseguida se declara que la ciudad no necesitará muralla porque Dios mismo estará allí (2:5) y por la multitud de sus habitantes (2:4). Es evidente que el anuncio va más allá de la Jerusalén en la que Zacarías estaba viviendo. La promesa de la presencia personal de Dios en la ciudad, en comunión con su pueblo, ha de ser motivo de regocijo (2:10), añadiéndose además que la bendición no se limitará a una sola nación sino que incluirá a muchas (2:11).
  4. Zacarías 3:1-10. La visión del sumo sacerdote. En una de las pocas escenas del Antiguo Testamento donde aparece Satanás en su obra de acusador (3:1) y haciendo honor a su nombre (adversario), se describe una escena judicial, en la que hay un acusado, un acusador y un defensor. El acusado es Josué, a causa de su vileza personal, expresada en sus viles vestiduras. El acusador es Satanás. Y el defensor es Dios, quien se desdobla en el ángel, que habla como Dios (3:4), y en Dios mismo (3:2). Lo que Dios hace es quitar del sumo sacerdote su pecado, sus ropas viles, y otorgarle ropas de gala, la justicia. Es todo un anticipo de la justificación del pecador, por la que pasa del estado de culpable al de justo. En este capítulo se anuncia la venida del Renuevo (3:8), una referencia al Mesías que volverá a hacerse en 6:12. Ese nombre de Renuevo ya fue usado por otros profetas (Isaías 4:2; Jeremías 23:5; 33:15). Aunque pudiera pensarse que el término Renuevo es aplicable a Zorobabel al ser de linaje real, sin embargo, la intención va más allá, como se aprecia en el lenguaje que Dios usa al decirle a Josué, el cual conocía perfectamente a Zorobabel, que trae al Renuevo, quien es alguien que está por venir.
  5. Zacarías 4:1-14. La visión del candelabro y los olivos. Así como el candelabro antiguo necesitaba del aceite para que alumbrara, el candelabro actual, su pueblo, necesita del combustible para alumbrar delante de Dios. Pero ello sólo es posible por el Espíritu de Dios (4:6), quien garantiza el suministro. Aunque los dos ungidos del versículo 14 pueden referirse en un sentido menor a Zorobabel y Josué, o también a Esdras y Nehemías, en realidad tienen que referirse a personas de mucha mayor categoría, ya que no solamente reciben la unción sino que la imparten.
  6. Zacarías 5:1-4. La visión del documento volante. En ese documento están grabados los pecados que acarrean maldición, simbolizados en el robo y el perjurio, el primero dirigido contra el prójimo y el segundo contra Dios.
  7. Zacarías 5:5-11. La visión de la mujer en el efa. La maldad representada en una mujer es transportada a Babilonia donde asentará su morada. Babilonia es representativa de la iniquidad de este mundo, un simbolismo que se repetirá en Apocalipsis 17:1.
  8. Zacarías 6:1-8. La visión de los cuatro carros. Los cuatro vientos o espíritus que cabalgan y salen de la presencia de Dios (6:5) pueden hacer referencia a los cuatro seres vivientes de Ezequiel 1:5 y Apocalipsis 4:6. Uno de ellos, el que se dirige al norte, hace reposar el Espíritu de Dios en esa tierra, que es de donde vino la amenaza contra el pueblo de Dios (Jeremías 1:13-14; 4:6; 6:1). De esta manera queda conjurado el temido recuerdo.
Zacarías 6:9-15. Es un mensaje para el sumo sacerdote Josué respecto al Renuevo que edificará el templo. Si el Renuevo no es Zorobabel sino el Mesías, significa que el templo anunciado no es el que entonces se estaba construyendo sino otro de otra naturaleza.

3. La pregunta del ayuno (Zacarías 7:1-14).
Frente a la cuestión que plantean algunos representantes del pueblo sobre la conveniencia de ayunar para rememorar la caída de Jerusalén ante los babilonios (7:3), el profeta señala en qué se agrada verdaderamente Dios (7:9-10), que es exactamente lo mismo que los profetas antiguos enseñaron a la nación. La negativa de las generaciones anteriores a obedecer fue la razón por la que vino el desastre. Todo un toque de atención para la generación contemporánea de Zacarías.

4. El anuncio de la restauración de Jerusalén (Zacarías 8:1-23).
De nuevo vuelve Dios a emplear el lenguaje del amor usando la palabra celo (8:2). Es ese amor celoso el que le lleva a intervenir en favor de su pueblo, lo que resultará en la bendición de Jerusalén, convertida en paradigma de la verdad y la santidad (8:3). La inmutabilidad de ese propósito es tan firme como la ira que desplegó contra ellos por su pecado (8:14-15). No obstante, vuelve a recordarles lo que pide de ellos (8:16-17). Que el propósito de Dios no se agota con Jerusalén se aprecia en lo que declara después sobre las naciones (8:20-23).

5. El futuro de los poderes del mundo y del Reino de Dios (Zacarías 9:1-14:21).
En esta sección del libro de Zacarías es donde se encuentran varias profecías que se citan en los evangelios. La primera es sobre la entrada triunfal de Cristo en Jerusalén (9:9), que citan Mateo 21:5 y Juan 12:15; la segunda sobre el soborno pagado a Judas por vender a Cristo (11:23), que Mateo 27:9 refiere; la tercera sobre el prendimiento de Jesús y el abandono de los suyos (13:7), recogida en Mateo 26:31. Pero no son las únicas citas que tienen que ver con el futuro.
Los capítulos 12 al 14 presentan un formidable cuadro de los últimos tiempos, cuyo epicentro se sitúa en Jerusalén, escenario de los grandes acontecimientos. La batalla se describe en términos dramáticos, si bien es Dios mismo el que pelea en favor de su pueblo en contra de la alianza mundial (12:2-4,9). Se describe a Jerusalén como a una copa y como a una piedra, siendo ambas ilustraciones una enseñanza del propósito judicial de Dios contra las naciones que vienen para saciarse en ella o para apoderarse de ella. Pero la copa será una copa de ira y la piedra será una piedra destructora. Ante el ataque descomunal hay una salvación gigantesca (12:8), que va más allá de la meramente militar, porque se produce una obra profunda, espiritual, de conversión (12:10). Las palabras empleadas no pueden ser más rotundas, porque el verbo derramar alude a la abundancia del Espíritu impartido y la obra que efectúa es de gracia, resultando en la súplica con la que se vuelven a Dios, el traspasado. Este pasaje enseña que la vuelta a Dios es fruto de la gracia y obra del Espíritu Santo. A consecuencia de esa obra se produce un quebranto manifestado en el llanto de cada uno en particular y de todos en conjunto (12:11-13). El verbo traspasar tiene que ver con atravesar, cortar o herir con arma. ¿Cómo se puede hacer algo así a Dios? Juan 19:37 y Apocalipsis 1:7 lo mostrarán claramente. Otra consecuencia es que hay un manantial disponible purificador del pecado (13:1). Dado que la sangre ya había sido establecida por Dios como único método de limpieza del pecado, no puede tratarse aquí de sangre de animales, remedio que ya era conocido, sino de otra sangre diferente, que es eficaz. Zacarías vuelve a redundar en el hecho de que tanto Dios como alguien cercano a Dios sufren (13:7). De nuevo se describe la batalla en 14:2, donde humanamente la derrota parece segura; pero con el anuncio de la venida de Dios en forma tangible y poderosa al monte de los Olivos (14:4), Jerusalén se convierte en el centro de culto mundial a Dios (14:16). Es destacable la mención al monte de los Olivos, porque fue en ese monte donde se produjo la Ascensión de Jesús (Hechos 1:12). Es lógico que el lugar que le despidió sea el lugar que le reciba. La celebración de la fiesta de los tabernáculos (14:16) indica la gratitud y regocijo de los redimidos por la preservación y bendición de Dios. La imagen de los caballos con la inscripción propia de los sumos sacerdotes sobre la santidad de Dios (Éxodo 28:36) da una idea de la extensión de dicha santidad (14:20), que lo llena todo.

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