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El velo
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'También harás un velo de azul, púrpura, carmesí y lino torcido; será hecho de obra primorosa, con querubines.' (Éxodo 26:31)

El velo colgaba de cuatro columnas de madera de acacia cubiertas de oro con basas de plata. A diferencia de las cortinas colocadas en la puerta de entrada al atrio y en la puerta de entrada a la morada, que estaban puestas para ser franqueadas, el velo que estaba entre el lugar santo y el lugar santísimo no servía de acceso sino de barrera ante cualquier pretensión humana de acercarse a Dios. Los querubines que estaban entretejidos eran el aviso de que tras ellos se encontraba el trono de Dios.

El arca del testimonio no era un objeto como los otros del tabernáculo, mediante los cuales se ejercía un ministerio hacia Dios o él mostraba sus atributos. No se trataba de algo que aludiera a Dios sino que era el lugar de la presencia de Dios. De ahí el velo que advierte y prohíbe traspasarlo para seguridad del que pretenda hacerlo. La presencia de Dios no es algo para ser frívolamente observado ni estudiado. La mortandad que se desató entre los hombres de Bet-semes fue '...porque habían mirado dentro del arca...' (1 Samuel 6:19), tras lo cual surge entre los habitantes de la ciudad la conciencia de la santidad inviolable de Dios. Previamente, los filisteos ya habían experimentado las consecuencias de colocar el arca en el templo de su dios, pretendiendo glorificar así a Dagón, quien habría vencido al Dios de Israel (1 Samuel 5:6). En ambos casos la profanación, que es lo opuesto a lo santo, está presente. Profanar es tratar las cosas de Dios como si fueran algo común y corriente; de ahí el castigo que el profano experimenta.

De nuevo hay otra escena en la que el arca adquiere un protagonismo dramático, cuando al ser llevada a Jerusalén en un carro tirado por bueyes, la ira de Dios se desata contra Uza, uno de los conductores del carro que quiso sostener el arca porque los bueyes tropezaron. El texto dice que '...lo hirió allí Dios por aquella temeridad, y cayó allí muerto junto al arca de Dios.' (2 Samuel 6:7).

No hay duda pues; no estamos ante cualquier objeto del tabernáculo. Por eso el velo tiene una función disuasoria para que nadie entre indiscriminadamente al lugar santísimo. La presencia de querubines entretejidos en el velo es también aleccionadora, porque una de las expresiones que se repite en la Escritura, al referirse a Dios, es el que mora entre los querubines (1 Samuel 4:4; 2 Samuel 6:2; 2 Reyes 19:15).

Este velo fue rasgado en el momento de la muerte de Cristo (Mateo 27:51), siendo señal de que tal muerte había obtenido lo que ningún otro sacrificio había nunca efectuado: la propiciación de Dios y la expiación de nuestros pecados. Mientras existiera el velo era evidente que existía el pecado, por eso el pecado es removido mediante el quebrantamiento y sufrimiento de Cristo en su carne, la cual es ese velo rasgado (Hebreos 10:20) por el cual tenemos acceso a Dios.

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