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El lugar santo
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El lugar santo era la antesala al lugar santísimo, teniendo unas dimensiones de 9 x 6 metros y en el mismo había tres objetos: a mano derecha estaba la mesa de los panes de la proposición, enfrente de ella estaba el candelabro y al lado del velo, el altar del incienso. Para todos estos objetos había una serie de utensilios que ayudaban en su uso. Se accedía desde el atrio por una puerta de cinco columnas de madera de acacia rematadas en oro y basas de bronce.

En este recinto tenía lugar buena parte del ministerio diario de los sacerdotes, quienes todos los días al amanecer y al atardecer quemaban incienso en el altar y se ocupaban de la iluminación y mantenimiento del candelabro. El sábado, además, se añadía la renovación de los panes de la proposición tras haber consumido los anteriores.

La idea de santidad es vital en el Antiguo Testamento, siendo la palabra clave del libro de Levítico, donde la expresión 'porque yo soy santo' aparece en diversas ocasiones (11:44,45; 19:2; 20:26). La separación entre las esferas de lo sagrado o santo y de lo común o profano y la prohibición de que esto último se una con lo primero es esencial, si queremos captar la noción de santidad en el Antiguo Testamento. Es decir, lo santo es inviolable y ay de quien transgreda ese principio; de ahí las estrictas normas que Dios establece antes de su teofanía en Sinaí, para que nadie se acerque imprudentemente al monte o pagará las consecuencias (Éxodo 19:12,21,24). Esta oposición entre lo santo y lo profano es la raíz también para entender las demandas de Dios para que su pueblo, si quiere tener comunión con él, sea un pueblo santo. La distinción entre lo santo y lo profano compete principalmente a los sacerdotes (Levítico 10:10). Una consecuencia del contraste entre lo santo y lo profano es el aspecto moral, por el cual la santidad está ligada a la pureza y lo profano a la impureza.

Por lo tanto, el tabernáculo, sus objetos y personas han de ser indefectiblemente santos. Ahora bien ¿cómo es posible que personas, que por tendencia natural son pecadoras y profanas, sean elevadas a este nivel de santidad? La respuesta humana sería que por medio del esfuerzo de la voluntad. Pero el problema es que ni siquiera la voluntad humana está exenta de profanación y pecado, luego esos esfuerzos son vanos. La respuesta de Dios a esta pregunta está en el tabernáculo mismo, donde él va a proveer el medio para que lo que humanamente es imposible sea posible.

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