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Los sacerdotes
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En el Antiguo Testamento el sacerdote es el ministro encargado de las cosas santas. En Sinaí queda establecido que el sacerdocio legítimo está restringido a Aarón y su descendencia (Éxodo 28.1; 40:12-15), pero ante el desafío que Coré plantea (Números 16:3), Dios vuelve de nuevo a confirmar a ese linaje como el único legítimo (Números 16.17;17:8). Los requisitos de santidad son mucho más elevados que los del resto del pueblo, habiendo una disposición al respecto en Levítico 21. Su sostenimiento procedía de las ofrendas presentadas por el pueblo en el altar (Números 18:8-1) y también de los diezmos de los diezmos que los levitas entregaban (Números 18:26-27). Ejercían su ministerio vestidos de lino (Éxodo 39:27), lo cual tiene doble significado, por una parte práctico y por otra espiritual. Práctico, porque el lino es un tejido ligero, cosa necesaria para la pesada labor que los sacerdotes desarrollaban cerca del intenso calor del altar. Espiritual, porque el lino habla de la justicia.

Nótese cómo los sacerdotes están al cargo de las cosas más santas del tabernáculo, siendo los encargados directos de recogerlas en el momento en que el tabernáculo fuera desmontado.

El orden para desmontar el tabernáculo era el siguiente, según Números 4:

  1. Arca del testimonio.

  2. Mesa de la proposición.

  3. Candelabro.

  4. Altar de oro.

  5. Altar de bronce.

Del reparto de responsabilidades de sacerdotes y levitas se infiere lo siguiente:

  • Cada clan de sacerdotes y levitas conocía perfectamente cuál era su responsabilidad.

  • Había una división de tareas, lo cual evitaba la duplicidad de la mismas, con el gasto inútil de energía que ello supone y la rivalidad entre hermanos, al no haber competencia por hacer lo mismo.

  • Nada quedaba a la improvisación o a la indefinición, lo que podría haber ocasionado tardanzas, desarreglos y pérdidas de materiales.

  • Se llevaba cuenta precisa y exacta de todos los objetos del tabernáculo, de manera que hasta los más pequeños quedaban anotados (Números 4:32)

Las funciones esenciales del sacerdote serían las siguientes:

Los sacerdotes fueron consagrados en una ceremonia que está descrita detalladamente en Éxodo 29 que se repitió durante siete días y cuyos pasos fueron los siguientes:

  • Lavamiento (29:4).

  • Investidura (29:8).

  • Imposición de manos sobre el becerro ofrenda por el pecado (29:10).

  • Imposición de manos sobre el carnero del holocausto (29:15).

  • Imposición de manos sobre el carnero de la consagración (29:19).

  • Se unta con su sangre la oreja derecha y los pulgares de la mano y el pie derecho (29:20).

  • Rociamiento con la sangre y el aceite de la unción (29:21).

  • Ofrenda mecida de la grosura del carnero (29:22-24).

  • Consumición de la carne del carnero (29:32).

Por lo tanto, asociada a la figura del sacerdote va implícita la idea de mediación, siendo el nexo de unión entre Dios y su pueblo. Sin sacerdote no hay relación posible con Dios, porque sin él no hay sacrificio expiatorio y si no hay expiación es que el pecado sigue en pie. Por lo tanto, se hace imposible la relación con Dios. Su ministerio de sacrificar y de interceder es esencial para que haya reparación del pecado y reconciliación con Dios.

Todo esto se cumple de manera plena en Cristo, pues a diferencia de aquellos sacerdotes él es sacrificador y sacrificio al mismo tiempo. Un sacrificador perfecto y un sacrificio perfecto.

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