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El propiciatorio
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'Y harás un propiciatorio de oro fino, cuya longitud será de dos codos y medio, y su anchura de codo y medio. Harás también dos querubines de oro; labrados a martillo los harás en los dos extremos del propiciatorio. Harás, pues, un querubín en un extremo, y un querubín en el otro extremo; de una pieza con el propiciatorio harás los querubines en sus dos extremos. Y los querubines extenderán por encima las alas, cubriendo con sus alas el propiciatorio; sus rostros el uno enfrente del otro, mirando al propiciatorio los rostros de los querubines. Y pondrás el propiciatorio encima del arca, y en el arca pondrás el testimonio que yo te daré. Y de allí me declararé a ti, y hablaré contigo de sobre el propiciatorio, de entre los dos querubines que están sobre el arca del testimonio, todo lo que yo te mandare para los hijos de Israel.' (Éxodo 25:17-22).

El propiciatorio era el objeto que estaba colocado encima del arca y la cubría, estando hecho de oro puro y labrado a martillo, lo que le convertía en una pieza única, sin duplicados ni réplicas. Consistía de una plancha en cuyos extremos estaban las figuras de dos querubines de frente. Ya en la morada había dos alusiones a los querubines: una en la cubierta interior y otra en el velo que separaba el lugar santo del lugar santísimo, de manera que todo en la morada queda marcado por el significado de esas figuras, que nos hablan de la trascendencia y grandeza de Dios, hasta el punto de que el propiciatorio se constituye en el trono donde Dios se sienta.

Que ese lugar es el corazón mismo de todo el tabernáculo queda bien declarado por las expresiones que Dios usa para referirse al mismo:

‘Y de allí me declararé a ti.’ (Éxodo 25:22) ‘Donde me encontraré contigo.’ (Éxodo 30:6) ‘Donde yo me mostraré a ti.’ (Éxodo 30:36)

En otras palabras, Dios se da a conocer y muestra su rostro y voluntad desde allí. Por lo tanto, aunque Dios es omnipresente, sin embargo, de manera particular y especial su presencia tiene un carácter único en su trono, que es el propiciatorio. Un lugar que vemos lleno de soberanía y santidad, pero también, y aquí está el alivio para nosotros, de misericordia. La misma palabra, propiciatorio, ya indica su naturaleza: lugar desde donde Dios es propicio o favorable. El hecho de que propiciatorio y arca se superpongan perfectamente, porque tienen las mismas dimensiones, indica la perfecta armonía que hay entre la justicia de Dios y su gracia, sin que una resalte más que la otra o se anulen entre sí. Cualquier método de expiación que no pueda reconciliar ambos aspectos (la santidad y la gracia de Dios) es falso.

Una vez al año (el día de la expiación) el sumo sacerdote entraba en el lugar Santísimo y esparcía la sangre del macho cabrío sacrificado sobre el propiciatorio (Levítico 16:15). Como la Ley (materializada en las tablas que estaban en el arca, debajo del propiciatorio) reclamaba muerte por el pecado, era necesario que la sangre (señal de muerte) satisficiera las demandas de tal Ley. Entonces, una vez satisfecha la justicia de Dios, éste podía ser propicio hacia los pecadores.

–Cristo es el propiciatorio desde donde Dios es propicio (favorable) (Romanos 3:24-25) al pecador. De la misma manera que el propiciatorio del tabernáculo era una pieza única y no tenía réplica, así Cristo es el auténtico y único propiciatorio a través del cual Dios nos muestra su rostro benévolo. Buscar otro medio de propiciación es querer fabricar la réplica que Dios mismo ha negado.

La ceremonia descrita en Levítico 16, donde la palabra expiar es la clave de ese capítulo, es la que hace posible lo que de otra manera sería imposible. John Owens en su Exposición a la epístola a los hebreos señala cuatro grandes nociones que están presentes en la misma:

  • Una ofensa, crimen, culpa o deuda que ha de ser quitada.
  • Una persona ofendida, que ha de ser pacificada, propiciada.
  • Una persona ofensora, que ha de ser perdonada, aceptada.
  • Un sacrificio que haga la expiación.

Seguramente, el aspecto más problemático y difícil de aceptar por muchos actualmente sería el segundo punto, es decir, que Dios necesite ser propiciado, ya que si él es amor no demanda ningún tipo de compensación. En la raíz de esta dificultad está el hecho de negar que en Dios exista ira. Sin embargo, la Escritura una y otra vez, tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento, señala tal cualidad en Dios. Por lo tanto, Dios ha de ser propiciado y para ello hace falta que su perfecta justicia quede plenamente satisfecha, algo que es realizado mediante la introducción de la sangre en el lugar santísimo y su esparcimiento sobre el propiciatorio, que de ser un trono de juicio y condenación se convierte en trono de gracia.

Este cambio ha sido posible gracias a la sustitución que Dios mismo ha provisto, al disponer y aceptar que una víctima inocente cargue con la culpa y el castigo del pecador. La idea de sustitución está presente en Isaías 53, donde el Siervo lleva sobre sí los sufrimientos del pueblo (4), sus rebeliones, pecados y castigo (5). La expresión 'llevar' aparece dos veces en conexión con las iniquidades (11) y el pecado (12). La inocencia de este Siervo que le capacita para ser sustituto queda expresada también (9).

El cuadro inferior muestra los contrastes que hay entre el sistema de sacrificios del Antiguo Testamento y el sacrificio del Nuevo Testamento. La razón última de la ineficacia de aquellos sacrificios reside en lo inadecuado de las víctimas. Aunque eran animales sin tacha, eran simplemente eso, animales. No tenían libre albedrío para escoger la muerte y por tanto su muerte era algo impuesto, lo que implicaba que no era una muerte voluntariamente elegida. Ahora bien, esta característica de la voluntariedad es imprescindible para que un acto tenga valor. Pensemos, por ejemplo, en algunos actos humanos que si se demuestra que están hechos bajo imposición o coacción automáticamente pierden su valor legal. Así es con el testamento, el cual ha de ser realizado por el testador en plenitud de sus facultades y con total libertad por su parte; pensemos en el matrimonio, en el cual las dos partes han de hacer voluntariamente las promesas, porque la falta de voluntad por una o ambas partes lo hace nulo. La obediencia perfecta es la que nace de una decisión libre, pero para que haya decisión libre es preciso la voluntad. De ahí que la sangre de los animales no refleje esa clase de obediencia.

Por otro lado, la víctima es vicaria, estos es, sustituye al pecador. Pero un animal nunca puede ser sustituto de un ser humano. Son dos categorías de seres cualitativamente diferentes. Sólo un ser humano puede sustituir apropiadamente a otro ser humano.

De todo esto se deduce lo que el autor de Hebreos argumenta en 10:4-10, al comparar a los animales con aquel que ya en el Antiguo Testamento es anunciado viniendo voluntariamente y obedeciendo a Dios. En esa voluntad de Dios que Jesucristo ha cumplido perfectamente por su vida y por su muerte es por la que somos santificados, cosa imposible mediante animales.

Expiación del pecado
 

Antiguo Pacto

Nuevo Pacto

Tipo de sacrificio

Sangre de animales

Éxodo 12:5

Sangre de Cristo

Hebreos 9:12; 13:12
1 Juan 1:7

Calidad del sacrificio

Insuficiente
Ofrecido una y otra vez

Levítico 1-7

Suficiente
Ofrecido una sola vez

Hebreos 9:12,26

Cantidad de sacrificio

Muchos

Levítico 1-7
Hebreos 9:7-9; 10:4

Uno

Hebreos 9:25,26

Eficacia

Por un día o por un año

Éxodo 29-30
Hebreos 10:1-4

Para siempre

Hebreos 7:26,27
Hebreos 9:12-15

Lugar

Tabernáculo terrenal

Hebreos 8:5

Tabernáculo celestial

Hebreos 9:11,24

Resultado

Temporal

Éxodo 30:10
Hebreos 9:25

Definitivo

Mateo 27:50-53
Hebreos 9:25-28

‘Mas Jesús, habiendo otra vez clamado a gran voz, entregó el espíritu. Y he aquí, el velo del templo se rasgó en dos, de arriba abajo; y la tierra tembló, y las rocas se partieron; y se abrieron los sepulcros, y muchos cuerpos de santos que habían dormido, se levantaron; y saliendo de los sepulcros, después de la resurrección de él, vinieron a la santa ciudad, y aparecieron a muchos.’ (Mateo 27:50-53).

El Día de la Expiación (Yom Kippur) era el día más importante en el calendario de Israel, ya que en el mismo se hacía expiación por los pecados del pueblo. Por eso no de extrañar que el autor de la carta a los Hebreos dedique los capítulos 7 al 10 de su carta para explicar a sus lectores que el cumplimiento de ese día ha ocurrido en la muerte de Jesús. Pero ya antes de esa carta, el evangelio de Mateo nos ofrece pruebas de que la muerte de Jesús es el verdadero Yom Kippur, tal como vemos en el pasaje superior. El velo que separaba el lugar santo del lugar santísimo y que constituía la demostración evidente de que seguía habiendo un obstáculo en el acceso a Dios, es rasgado, señalándose así que el pecado ha sido removido, en lo que a Dios respecta. Que el velo fuera rasgado de arriba hacia abajo muestra que es obra de Dios, no del hombre. Otra prueba añadida es que a consecuencia de la muerte de Cristo resucitan muertos. es decir, estamos ante una muerte que genera vida.

El autor de Hebreos va a echar mano de la gramática para señalar que la muerte de Cristo es única e irrepetible y ello porque ha sido eficaz en su propósito. Para ello usa los términos hapax y ephapax que significan 'una vez' o 'una vez por todas'. Dichas palabras aparecen en conexión con la muerte de Cristo en Hebreos 7:27; 9:12, 26,28; 10:10 y están en abierto contraste con los 'continuamente' (9:6), 'cada año' (10:1) y 'día tras día' (10:11) evocadores de la siempre activa y nunca acabada obra sacerdotal antigua. Otro argumento gramatical que esgrime es el cambio en la conjugación verbal cuando habla del ministerio de los sacerdotes del Antiguo Testamento y el ministerio de Cristo. En el primer caso usa el presente, en el segundo el aoristo. Esto es muy significativo, porque el presente indica actividad continuada y por lo tanto inacabada, mientras que el aoristo indica un suceso acontecido y terminado. Esta distinción gramatical se aprecia en 9:6 donde vemos el presente, 'entran', para el ministerio de los sacerdotes y 9:12 donde vemos el aoristo, 'entró', para el ministerio de Cristo; o en 9:25 de nuevo el presente 'ofrecerse' para el sumo sacerdote y el aoristo 'fue ofrecido' en 9:28 para Cristo. Otra vez vemos el contraste en 10:11 en los presentes 'ministrando y ofreciendo' de los sacerdotes y el aoristo 'habiendo ofrecido' de Cristo.

No es extraño que como colofón de toda esta argumentación se nos termine exhortando a dar los pasos que van en la dirección del acceso a Dios, toda vez que él ha removido lo que era inamovible, tal como vemos en el texto inferior.

‘Así que, hermanos, teniendo libertad para entrar en el Lugar Santísimo por la sangre de Jesucristo, por el camino nuevo y vivo que él nos abrió a través del velo, esto es, de su carne, y teniendo un gran sacerdote sobre la casa de Dios, acerquémonos con corazón sincero, en plena certidumbre de fe, purificados los corazones de mala conciencia, y lavados los cuerpos con agua pura. Mantengamos firme, sin fluctuar, la profesión de nuestra esperanza, porque fiel es el que prometió. Y considerémonos unos a otros para estimularnos al amor y a las buenas obras; no dejando de congregarnos, como algunos tienen por costumbre, sino exhortándonos; y tanto más, cuanto veis que aquel día se acerca.’ (Hebreos 10:19-25).

Lo grandioso es que ese propiciatorio, que sin la sangre de Jesús es trono de condenación, en virtud de esa sangre se ha convertido en el trono de la gracia, al cual se nos invita a acercarnos confiadamente (Hebreos 4:16).

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