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La muerte de Cristo en el Nuevo Testamento

La muerte de Cristo en los evangelios sinópticos
  1. Predeterminada y necesaria

    Es claro, aun de una lectura superficial de los sinópticos, que la obra de Cristo alcanza su punto culminante en su muerte. Nadie puede leer los evangelios sin darse cuenta de que hay un desarrollo de los acontecimientos que conduce inevitablemente a Jerusalén. Nótense las siguientes predicciones: Marcos 8:31; 9:12,31; 10:33-34,45 que muestran la necesidad de su muerte. La palabra clave aquí es "necesario" (griego 'dei'), véase Marcos 8:31, Mateo 16.21; Lucas 9:22; también el mismo énfasis se halla en Lucas 24:26. Algunos han dicho que esta "necesidad" era algo más externo que interno; es decir, el mensaje de Cristo provocó hostilidad en los judíos que reaccionaron rechazándolo y dándole muerte, con lo cual esa muerte fue inevitable. Este punto de vista presenta a Jesús como víctima de las circunstancias e incluso descaminado por ciertos ideales. Pero el evangelio está claramente en contra de esto: su muerte es vista como voluntaria (Marcos 10:45; compárese con Juan 10:17-18); pero aunque su muerte era necesaria no fue coaccionadamente y él dio su vide libremente y sin reservas.
    Nótese también Marcos 14:27 y compárese con Zacarías 13:7 e Isaías 53:6; ahí vemos que la muerte de Cristo no sólo es algo que Dios "permitió", sino que es algo que Dios ordenó y por tanto una necesidad puesta sobre él por Dios.

  2. Sacrificio expiatorio

    1. El simbolismo de la Pascua. Véase Marcos 14:24; Mateo 26:26-28 y Lucas 22:15-20. A pesar del histórico problema presentado por la comparación de los sinópticos con el cuarto evangelio tocante a la última cena, está claro que Jesús y sus discípulos participaron de la comida en el sentido pascual, y que Jesús le dio un nuevo significado en términos de su propia muerte sacrificial. Lucas habla de la muerte de Cristo como siendo el verdadero cumplimiento del significado de la Pascua (Lucas 22:16 compárese con 1 Corintios 5:7).
      Dos detalles han de ser notados: el PAN y el VINO. Ellos hablan de su muerte, pero sus discípulos han de participar; es decir, su muerte no es algo para ser observado, sino algo que debemos apropiarnos (Juan  6:51ss.).
    2. El simbolismo del pacto. El vino habla, de la sangre del pacto. Las referencias al nuevo pacto tienen también connotaciones sacrificiales. Su sangre sella el nuevo pacto, igual que el pacto de Sinaí fue sellado con la sangre de la víctima (Éxodo 24:3-8). Pero la específica referencia al nuevo pacto señala a la profecía de Jeremías (31:31-34). El antiguo pacto era insuficiente para suplir las necesidades espirituales del hombre. Por tanto el nuevo pacto tenía que sustituir al antiguo. Por encime. de todo lo demás el nuevo pacto era para la remisi6n de los pecados, y en las palabras de Jesús se advierte claramente que él ha venido a establecer un nuevo y mejor pacto. Cristo también enseña que, igual que el antiguo pacto necesitaba ser ratificado con sangre, así también el nuevo; pero esa sangre ya no es más la de toros u ovejas, sino la suya propia. Hablando de él mismo en términos sacrificiales dice: "Esto es mi sangre..." La base de! perdón es "la sangre del pacto" y Cristo claramente enseña que, aparte de su muerte sacrificial, el pacto de remisión no tiene validez.
    3. El simbolismo del velo rasgado. La muerte de Cristo franquea el acceso a Dios. Bajo el antiguo pacto el sumo sacerdote sólo una vez al año podía pasar a través del velo (Levítico 16:2) lo cual era un recuerdo de la barrera entre Dios y el hombre. La muerte de Cristo ha quitado ese obstáculo para siempre (Mateo 27:50-51; Marcos 15:38; Lucas 23:45) lo cual indica que Cristo ha hecho la expiación que el sumo sacerdote hacía sólo figuradamente.
      La conclusión que se saca de estos tres ejemplos es clara: la muerte de Cristo es el sacrificio mediante el cual se obtiene el perdón de los pecados; por lo tanto los evangelios sinópticos enseñan que la muerte de Cristo es la verdadera expiación para reconciliar al hombre con Dios.
  3. Vicaria

    1. Su identificación con los pecadores. Jesús, el impecable, se identifica con la humanidad pecadora que ha venido a salvar al sujetarse a un bautismo de arrepentimiento para perdón de los pecados (Marcos 1:9-10 Lucas 3:21-22; Mateo 3:13-15). Antes de su arresto Jesús predice que las palabras de Isaías 53:12 tendrán su cumplimiento en él (Lucas 22:37) y cuando Jesús fue crucificado. Igualmente Marcos ve que en él se cumple esa Escritura (Marcos 15:28). Especial significación tiene el hecho de que Jesús sufra el castigo que un homicida, Barrabás, merecía y que éste quede en libertad (Lucas 23:17-25).
    2. Preposiciones que indican sustitución. En griego hay por lo menos dos preposiciones gramaticales que se usan para denotar sustitución y que equivalen a las expresiones "en lugar de" o "en vez de". La primera de ellas es "huper" que puede significar "a favor de" y "en lugar de''. Esta preposición aparece en Marcos 14:24 y en Lucas 22:20. La preposición "peri" se usa en dos sentidos, uno más amplio (a favor de) y otro más restringido (en lugar de) dependiendo del contexto. En Mateo 26:26-28 se usa en ambos sentidos.
    3. La otra preposición que es específicamente sustitutoria es "anti" y aparece en Mateo 20:28 y Marcos 10:45. Jesús da su vida a cambio de la del pecador, por lo que fuera de esa sustitución la redención no tiene validez. El significado sustitutorio de esta preposición aparece claramente en otros pasajes que iluminan lo que venimos diciendo (Lucas 11:11; 1 Corintios 11:15; Santiago 4:15). En cada uno de esos pasajes la preposición "anti" se ha traducido "en lugar de".
    4. La intensidad de los sufrimientos de Cristo. Los sinópticos hablan claramente del horror y el miedo que Cristo experimentó en los momentos previos a su muerte, lo cual indica que ahí había algo más que el mero estremecimiento humano ante la muerte (Marcos 14:32-42; Lucas 22:41-44). Pero donde la profundidad de su sufrimiento aparece con mayor intensidad es en el grito de abandono (Mateo 27:46; Marcos 15:34). Ese grito nos da la clave para entender el significado de la muerte de Cristo. Si la peor parte del castigo que lleva el pecado es que el pecador pierde la comunión con Dios, ¿no está diciendo entonces ese grito que Cristo estaba llevando el pecado de los hombres?, pues él era consciente de que había una barrera entre Dios y él. Ese grito significa entonces que el castigo del pecado ha sido pagado totalmente por Cristo.
  4. Redentora

    1. Redención en el Antiguo Testamento. En el mundo antiguo era corriente poder rescatar esclavos (Levítico 19:20), prisioneros (Isaías 45:13) e incluso personas bajo sentencia de muerte (Éxodo 21:30). El precio que se paga por la liberación se llama "rescate" y era lo que se daba a cambio de la vida o libertad de la persona. La liberación de Israel de Egipto se realiza mediante un rescate (Éxodo 6:6; Deuteronomio 7:8) que es el cordero pascual (Éxodo 13:15). La idea de redención lleva también aparejado el pensamiento de que se produce un cambio de dueño (Éxodo 6:6-7).
    2. Redención en los sinópticos. La palabra redención en el Nuevo Testamento proviene de una raíz que significa "soltar", "liberar" o "desatar", y aparece en Mateo 20:28 y Marcos 10:45. Por lo tanto Jesús ha pagado el precio para que el hombre sea liberado del poder del enemigo, ha pagado el precio para que el pecador sea liberado de la esclavitud del pecado y ha pagado el precio para que al condenado le sea dada vida.
  5. Victoriosa

    1. Los evangelios dejan claro que la obra de Cristo fue un constante conflicto con el diablo y las fuerzas del mal. Su obra es une directa confrontación entre el reino de Dios y el dominio de Satanás. Desde el momento que Jesús aparece predicando el reino de Dios, el poder del mal se pone en acción para derrotarlo. En ninguna parte este conflicto es más evidente que en los exorcismos (Marcos 1:23 ss.; 5:1 ss.; Lucas 11:14 ss.).
    2. Sufrimiento victorioso. Este conflicto se ve especialmente en los sucesos de la pasión. En Marcos 3:27 (Mateo 12:29; Lucas 11:22) Jesús habla sobre atar al hombre fuerte, y la idea implícita es que él está en conflicto con el maligno para arrebatarle aquellos que tiene cautivos. El momento supremo en esta batalla es la hora de la crucifíxión (Lucas 22:53 compárese con Juan 12:31).
    3. La Resurrección. Es aquí donde vemos a Cristo triunfando sobre todas las fuerzas del mal y sobre la muerte misma, y el hecho de que Jesús predijera la resurrección hace su triunfo aún más significativo (Mercos 8:31; 9:31; 10:34), porque él subía que la cruz era lo peor que las fuerzas del mal podían hacerle, y también sabía que en la resurrección su triunfo sería mostrado completo e inexpugnable.
  6. La apropiación de la obra de Cristo

    El sacrificio redentor de Cristo sólo tiene valor para el hombre por medio del arrepentimiento y la fe. Es decir, los beneficios de su muerte se computan si por nuestra parte hay una respuesta a esa obra. Mientras el hombre se contemple a sí mismo como justo y sin necesidad de salvación la obra de Cristo no tendrá relevancia para él (Marcos 2:17). Cristo exhortó al arrepentimiento y la fe desde el principio de su ministerio (Marcos 1:15) y alabó la fe mientras que condenó la incredulidad (Mateo 21:32). Vez tras vez hallamos que siempre quiso que la gente con la que se encontró tuviera un espíritu de confianza en su Persona (Lucas 7:50; 8:48,50; 17:19; Mateo 15:28).
    Por lo tanto, en los evangelios sinópticos hallamos que es condición para disfrutar de los beneficios de la obra de Cristo que haya por parte del hombre una respuesta moral que comienza con el arrepentimiento y la fe.
    En este punto es preciso recordar la denuncia profética de los sacrificios ofrecidos de forma rutinaria sin que hubiera un arrepentimiento genuino que lo acompañara. Al hacer ese énfasis en el arrepentimiento, los evangelios sinópticos concuerdan con la enseñanza de los profetas sobre dicho punto.

La muerte de Cristo en Hechos
  1. Plan divino

    Hubo un tiempo en el que los discípulos concibieron la posibilidad de los sufrimientos y muerte de Jesús como algo desastroso y aborrecible; de hecho no entraba en sus cálculos que una cosa así pudiera suceder. Sin embargo en los primeros capítulos del libro de los Hechos, hallamos a esos mismos discípulos invadidos por un sentido de gloria y victoria en la cruz de Cristo. ¿Cómo fue posible este cambio? Porque habían comprendido que la muerte de Cristo era parte del plan de Dios y, por consiguiente, necesaria; de ahí que el libro de los Hechos esté salpicado de referencias a la necesidad de esa muerte (Hechos 2:23; 3:18-26; 4:28; 13:29).

  2. Sacrificio expiatorio

    La referencia más clara es Hechos 20:28 donde se habla de su sangre, mediante la cual ha adquirido a la Iglesia.

  3. Universal en extensión

    Es decir, los beneficios de su muerte no se ciñen únicamente a Israel, sino que abarcan a todos los pueblos de la tierra. Desde luego esto no era una novedad, porque en el Antiguo Testamento se prometía la bendición de Dios a los gentiles. Pero lo que sí es nuevo en el libro de los Hechos es que entonces se inaugura ese estado de cosas (1:8; 2:39; 8:14-15; 10:45; 11:20).

  4. Salva del pecado

    Vez tras vez se anuncia que la muerte de Cristo hace posible la remisión de los pecados, que es una de las bendiciones del evangelio (2:38; 3:19; 5:31; 10:43; 13:38-39). Este último texto excluye que tal bendición pueda obtenerse mediante la ley, lo cual implica que Dios, en su gracia, ha provisto un medio de salvación que está más allá de la capacidad humana (15:11).

  5. Sólo aprovecha si hay arrepentimiento y fe

    En cada discurso del libro de los Hechos vemos que se hace una exhortación a los oyentes para que se arrepientan y crean en el evangelio; esas son las dos condiciones que una persona ha de poner para recibir las bendiciones contenidas (2:38; 3:19; 16:31; 17:30).

La muerte de Cristo en las cartas de Pablo
  1. Sacrificio

    Que Pablo ve la muerte de Cristo como un sacrificio expiatorio es algo que queda claro por las frecuentes referencias a su sangre (Romanos 3:25; 5:9; Colosenses 1:20). En un pasaje se habla concretamente de su muerte como de "ofrenda y sacrificio" (Efesios 5:2). Véase también 1 Corintios 5:7 donde Cristo es el cordero pascual sacrificado por su pueblo. En otros pasajes se deja claro que su muerte es por causa del pecado, es decir, que entra de lleno dentro del tipo de sacrificio denominado en el Antiguo Testamento "ofrenda por el pecado" (Romanos 8:3; Gálatas 1:4).

  2. Sustitución

    Ya hemos visto pasajes en los que se habla de Cristo muriendo "por el pecado" y "por nosotros". Pablo usa la preposición "huper" que ya vimos que puede significar "a favor de" y "en lugar de". Es decir, Cristo muere en lugar del pecador y para el beneficio del pecador (Romanos 4:25; 8:32; 2 Corintios 5:14-21; 1 Tesalonicenses 5:10). Especialmente en el pasaje de 2 Corintios es imposible negar la idea de sustitución, porque el argumento del apóstol es que por medio de Cristo, Dios puede tratar como justos a aquellos que no lo son, porque, a favor de ellos y en su lugar, Cristo que era justo, fue tratado como un pecador. En Gálatas 3:13 el sentido del pasaje es plenamente sustitutorio, pues para rescatarnos de la maldición él la toma sobre sí.

  3. Propiciación

    La palabra "hilasterion" traducida como "propiciación" aparece en Romanos 3:25. La palabra propiciar significa "apaciguar", "aplacar", lo cual quiere decir que la muerte de Cristo no sólo tiene un aspecto que tiene que ver con el pecador para expiar sus pecados, sino que tiene otra faceta que tiene que ver con Dios y la propiciación de su ira. Por lo tanto, la obra de Cristo es doble: expía el pecado en beneficio del pecador y aplaca la ira de Dios.
    Este aspecto propiciatorio de la muerte de Cristo es el que se enseña en el ritual del día de la expiación, donde el sumo sacerdote rociaba con sangre el propiciatorio del arca que contenía la ley (Levítico 16:15). Sólo la sangre podía apaciguar la ira de un Dios santo cuya ley había sido quebrantada, de lo contrario el que se presentara ante su presencia moría (Levítico 16:2).

  4. Redención

    Hay dos grupos de palabras que expresan la idea de redención: el primero es el formado por "lutron" y "apolutrosis" que se derivan de "luo" que significa "soltar'' "desatar"; el segundo es el formado por "agorazo" y "exagorazo" que significan "comprar", "adquirir". La palabra que Pablo usa más frecuentemente es "apolutrosis" y aparece en Romanos 3:24; Efesios 1:7 y Colosenses 1:14; en todos ellos se enseña que por medio de su muerte Cristo nos ha rescatado del pecado y sus consecuencias, siendo su sangre el rescate. La palabra "antilutron" que podría traducirse como "lo que es dado como precio a cambio de la liberación de alguien" aparece en 1 Timoteo 2:6.
    Pero la muerte de Cristo tiene también un aspecto redentor futuro, en el sentido que todavía ha de cumplirse (Romanos 8:23; Efesios 4:30).
    El otro grupo de palabras que hacían referencia a la muerte de Cristo como comprándonos o adquiriéndonos aparece en 1 Corintios 6:20 donde se enseña que la redención no sólo significa liberación, sino también pertenencia a un dueño, "no sois vuestros" (6:19). También en Gálatas 3:13 y 4:5 se nos dice que hemos sido rescatados del dominio de la ley para pasar a ser hijos de Dios.

  5. Justificación

    El verbo justificar proviene del vocablo "justo" y significa "hacer o declarar justo a alguien". La base sobre la que el pecador es justificado es la muerte de Cristo, por la cual el creyente es puesto en una nueva situación legal ante Dios que le capacita para relacionarse con El.
    Esta justicia por supuesto no es propia del pecador o conseguida a base de sus méritos, sino que le es otorgada gratuitamente por medio de la fe en la muerte expiatoria de Cristo. La imposibilidad de justificarse ante Dios por las obras es algo taxativo (Romanos 3:20; Gálatas 2:16). De ahí que la justicia dependa de la fe (Romanos 3:26,28; 5:1) en la obra expiatoria de Cristo (Romanos 3:24; 5:9; Gálatas 3:24).

  6. Reconciliación

    La idea de reconciliación aparece en cuatro ocasiones en las cartas de Pablo: Romanos 5:9-11 2 Corintios 5: 18-20; Efesios 2:16; Colosenses 1:20-22.
    Al haber sido Dios hecho propicio por la muerte de su Hijo y al haber sido declarados justos ante Dios, se han puesto las bases necesarias para que la reconciliación tenga lugar entre Dios y el pecador.
    Ahora bien, cuando hay dos partes enemistadas, es la parte ofensora la que toma la iniciativa para reparar la relación con la parte ofendida haciendo alguna clase de arreglo. Sin embargo, en el proceso de reconciliación entre Dios y el pecador, es Dios, la parte ofendida, el que da el paso y hace los arreglos precisos para restaurar la relación con la parte ofensora. Aquí volvemos a encontrar la idea de gracia, pues es Dios quien toma la iniciativa.
    En Romanos 5:8-11 se nos dice que hemos recibido la reconciliación, cosa que Dios hizo cuando nosotros éramos aún enemigos suyos. Por lo tanto Dios no sólo da el primer paso, sino que también efectúa, en Cristo, la reparación necesaria para que se produzca la reconciliación.
    Por supuesto al pecador le toca responder a esa obra de Dios para que la reconciliación se consume, dado que toda reconciliación es cosa de dos (2 Corintios 5:20).

La muerte de Cristo en Hebreos
  1. Fruto de la gracia de Dios

    En esta carta encontramos algunas de las amonestaciones más severas del Nuevo Testamento sobre el castigo que aguarda a aquellos que desprecian la salvación que Dios ha preparado (2:3; 6:8; 10:26-31). Pero también en esta carta se presenta la obra de Cristo como un resultado de la gracia de Dios (2:9). De hecho si la designación del sacerdote depende de la elección divina, entonces es que es Dios quien ha querido proveer el medio para que la expiación se haga.

  2. Plan divino

    La muerte de Cristo es una necesidad divina y, como tal, entra de lleno en la voluntad de Dios (10:5-10). Esta necesidad de la muerte de Cristo se aprecia porque los sacrificios del Antiguo Testamento eran inadecuados para quitar los pecados (10:4). Es más, para que las bendiciones del nuevo pacto estuvieran disponibles era necesaria la muerte del testador (Cristo) para que el testamento fuera operativo (9:16-18).

  3. Finalidad y superioridad

    El sacrificio de Cristo es el único, perfecto y definitivo sacrificio. El calificativo "mejor" es el que mejor, valga la redundancia, define su obra. En efecto, por medio de él tenemos "una mejor esperanza" (7:19), "unas mejores promesas" (8:6), 'un mejor ministerio" (8:6), "un mejor pacto" (8:6), "un mejor sacrificio" (9:23), "una mejor herencia" (10:34), "una mejor patria" (11:16) y "una mejor resurrección" (11:35).
    En varias ocasiones se dice que los resultados de su obra, son eternos (5:9; 9:12; 13:20), lo cual enseña que esa obra no puede ser mejorada porque es perpetua y eficaz. Esto se pone de manifiesto por la palabra "hapax", que quiere decir "una vez por todas" (7:27; 9:12,26,28; 10:10). Esto está en contraste con la continua repetición de los sacrificios en el Antiguo Testamento, repetición cuya razón estaba en la ineficacia de los tales (10:3-4). La conclusión es que si ha bastado un solo sacrificio de Cristo, tiene que ser porque tal sacrificio sí ha sido eficaz y ha quitado de en medio el pecado (10:18). Por lo tanto se deduce que ya no hacen falta más sacrificios, pues el de Cristo ha sido suficiente.

  4. Sacrificio

    Que su muerte es vista como un sacrificio es algo que aparece por todas partes de la carta; de hecho toda la exposición se desarrolla sobre el fondo del ritual del día de la expiación (Levítico 16).

    1. Su sacrificio es expiatorio. De la naturaleza expiatoria del sacrificio de Cristo cabe poca duda. En 1:3 se dice que ha "efectuado purificación de nuestros pecados", y en 2:17 se habla de que ha hecho expiación por los pecados. Por lo tanto volvemos a ver que la obra de Cristo tiene una doble vertiente: la primera es que está calculada para afectar a Dios y hacerlo propicio; la segunda es que está calculada para afectar al hombre y limpiarlo de sus pecados. Estos dos aspectos se evidencian en el ritual del día de la expiación, en el que el sacerdote primero expiaba el santuario (lugar de la presencia de Dios) (Levítico 16: 16) y luego ponía sus manos sobre la cabeza del macho cabrío (16:21) tras lo cual declaraba el perdón de Dios al pueblo (16:30).
      John Owen, en su Comentario a la carta a los Hebreos dice que en la palabra expiación hay que tener siempre presentes cuatro cosas: "...primero: una ofensa, un delito, un crimen o una deuda que ha de ser quitada; segundo, una persona ofendida que ha de ser apaciguada, aplacada; tercero, una persona ofensora, que ha de ser perdonada y aceptada; y cuarto, un sacrificio que sea el medio de reparación."
      Las continuas referencias a la "sangre" refuerzan la naturaleza expiatoria de su sacrificio (9:12,14; 10:19; 12:24; 13:20). También las palabras ofrenda y ofrecer (7:27; 9:14; 10:10,14) no dejan lugar a dudas sobre el sentido de su muerte.
    2. Su sacrificio establece el nuevo pacto. Todo el capítulo 8 tiene como objetivo demostrar que su sangre ha inaugurado el pacto de relación entre Dios y su pueblo, pacto prometido en Jeremías 31 y que tiene como objetivo el perdón de los pecados, el acceso a Dios y el andar en la voluntad de Dios. De manera que fuera de este pacto que Cristo ha sellado con su sangre no es posible hallar ninguna de esas cosas.
    3. Su sacrificio es voluntario. Es obvio que ninguna de las víctimas que eran ofrecidas en el Antiguo Testamento lo hacía por voluntad propia y para agradar a Dios, ya que no tenían conciencia de lo que se iba a hacer. Esto hacía a tales víctimas inadecuadas, dado que faltaba el elemento de obediencia. Esa obediencia moral es lo que sí está presente en la muerte de Cristo, quien voluntariamente escogió hacerlo para agradar a Dios (10:5-10) lo cual da a ese muerte una dimensión moral que satisface a un Dios moral.
    4. Su sacrificio es vicario. Ya vimos que la expresión "llevar el pecado" significa hacerse responsable de sus consecuencias, y veíamos que si Cristo llevó nuestros pecados es porque de forma vicaria él sufrió las consecuencias de ellos. En esta carta también aparece esa expresión (9:28); en 2:9 se dice que su muerte ha sido "por todos".
    5. Resultados de la muerte de Cristo respecto al hombre. El alcance de la muerte de Cristo es muy amplio. Su muerte libra a los hombres del temor a la muerte (2:14-15), y esto es así porque la muerte ha sido vencida; trae una redención que es eterna (9:12,15); limpia la conciencia (9: 14); quita el pecado de en medio (9:26); santifica (10:10); perfecciona (10:14) y provee acceso a Dios (10:19-23).
    6. Cristo efectúa su expiación en el santuario celestial. Un marcado contraste entre los sacrificios del Antiguo Testamento y el sacrificio de Cristo se refiere al lugar en el que ambos son ofrecidos. Mientras que los primeros eran ofrecidos en "el tabernáculo hecho de manos" (9:24), el sacrificio de Cristo es realizado en el "verdadero santuario" (8:2), en la misma presencia de Dios (9:11,24), lo cual indica que su sangre ha sido introducida en el lugar donde verdaderamente había de hacerse la expiación.
  5. La aprobación divina

    El hecho de que Cristo está ahora sentado a la diestra de Dios es la prueba concluyente de que su obra ha merecido la aprobación divina y, por tanto, de que ha cumplido el objetivo por el cual fue hecha (1:3). Este sentido de exaltación y triunfo recorre la carta (2:9; 9:28; 10:12-13; 12:2).

La muerte de Cristo en 1ª Pedro
  1. Sacrificio expiatorio

    En 1:2 leemos: "para obedecer y ser rociados con la sangre de Jesucristo". Esta referencia indica la institución del pacto y es similar a la de Éxodo 24:7-8. Por lo tanto Pedro ve la muerte de Cristo como un sacrificio; un sacrificio que establece el pacto de comunión entre Dios y aquellos a los que dicha sangre ha sido aplicada, y un sacrificio que es efectivo para quitar el pecado. Ahí vemos también que es preciso una respuesta moral por parte del hombre: "para obedecer".

  2. Redentora

    "fuisteis rescatados... con la sangre preciosa de Cristo" (1:18-19), en ese texto se habla explícitamente acerca de redención mediante un pago; es decir, liberación por precio. Igualmente en ese texto se hace una referencia al cordero, lo cual indica sacrificio. Por lo tanto, en ese pasaje se combinan las ideas de sacrificio que expía los pecados y rescate que libera de una vida vana.

  3. Plan divino

    "un cordero... ya destinado desde antes de la fundación del mundo" (1:19-20). Aquí volvemos a encontrar algo que ya hemos visto anteriormente sobre la provisión divina del medio por el que se efectúa la expiación. En ninguna manera se trata de una 'salida' más o menos airosa que Dios escoge para solucionar un problema no previsto, sino que la referencia a "antes de la fundación del mundo" tiene que ver con el decreto eterno de Dios que así quiso que fuese.

  4. Vicaria

    "...quien llevó él mismo nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero... y por cuya herida, fuisteis sanados." (2:24). La referencia aquí a Isaías 53: 5 es clarísima. Más aún, al decir "llevó nuestros pecados" se está afirmando que su sufrimiento y muerte es totalmente sustitutorio. En el Antiguo Testamento la expresión "llevar el pecado" significa sufrir sus consecuencias y ser responsable del mismo (Levítico 5:17; Números 14:34; Ezequiel 18:20). Si Cristo "llevó nuestros pecados", quiere decirse que él se ha hecho responsable de ellos y ha pagado por ellos con su muerte.
    Otro pasaje que habla claramente de su muerte vicaria está en 3:18: "Cristo padeció... el justo por los injustos, para llevarnos a Dios". En ese texto la preposición "por" es en griego "huper" la cual vimos que puede significar "en lugar de", y ése ha de ser el significado más coherente en dicho contexto. La muerte de Cristo, según ese texto, ha expiado el pecado, por lo tanto ha removido el obstáculo que había entre los hombres y Dios; de ahí que su muerte hace posible el establecimiento de la relación con Dios: "para llevarnos a Dios".
    Vemos pues que la muerte de Cristo no solamente tiene una influencia moral o ejemplar, sino que tiene un valor expiatorio: por medio de ella el hombre tiene acceso a Dios; y en esto encontramos una alusión a Cristo como mediador.

La muerte de Cristo en el evangelio de Juan

Se ha dicho muchas veces que el enfoque de este evangelio sobre lo que Cristo vino a hacer está en contraste con el enfoque que Pablo le da a ello; mientras que Pablo ve a Jesús redimiendo a los hombres, Juan lo contempla como revelando al Padre. Se afirma que en el cuarto evangelio la redención viene a través de la iluminación. Cristo, la luz del mundo (Juan 1:9; 3:19; 8:12), ha venido para revelar a Dios a los hombres y traerles el conocimiento de Dios (17:3).
Al mismo tiempo se afirma que la eficacia de la obra de Cristo reside en el hecho de la Encarnación, mediante la cual Cristo ha asumido la humanidad y la ha salvado como un todo. Sin embargo, cuando miramos en su totalidad el evangelio de Juan advertimos que hay un gran peso de evidencia que muestra que la obra de Cristo tiene como fundamento su muerte expiatoria.

  1. La realidad y gravedad del pecado

    Probablemente pueda sorprendernos el saber que Juan menciona la palabra "pecado" más veces que ningún otro evangelista, y aún mucho más que Mateo y Marcos juntos. Esto ya arroja bastante luz sobre el significado de la venida de Cristo, porque quiere decir que el pecado es algo lo suficientemente grave y serio como para que sea el motivo de la misión de Jesús.

  2. Es el resultado del amor de Dios

    Se ha dicho que Juan 3:16 es el evangelio resumido en una frase. Pues bien, en ese resumen se pone el amor de Dios como la fuente de donde procede la muerte expiatoria de Cristo.

  3. Salva del pecado y sus consecuencias

    Juan no esconde en su evangelio que, a causa del pecado, hay un destino horrible que aguarda al hombre, y que es de ese destino precisamente del que Cristo nos salva. Aunque este evangelio ha sido llamado "el evangelio del amor" encontramos en él, igualmente, un énfasis sobre la ira de Dios y la realidad del juicio (Juan 3:18,36).

  4. Necesaria

    De lo ya dicho anteriormente, esto es, que la obra de Cristo es el resultado del amor de Dios y que el pecado atrae inevitablemente la ira de Dios, es de donde se desprende la necesidad de su muerte. Es decir, si ha de producirse la salvación, ésta ha de venir necesariamente a través de su muerte. Nótese el "dei" (es necesario) en 3:14. También en las palabras de Caifás se advierte la necesidad de esa muerte (11:50-51), palabras que el evangelista vio como una profecía que vino de parte de Dios. En esas palabras es fácil también descubrir el sentido vicario de esa muerte; él ha de morir para que no perezca toda la nación. También se advierte una necesidad imperativa para su muerte en el pasaje 12:23-33. La conversación entre Pilatos y Jesús pone igualmente de manifiesto la necesidad divina de la muerte de Cristo (19:11). Y los sucesos de la Pasión son el cumplimiento de las Escrituras (19:24,28,36,37).
    Sin embargo al lado de esta necesidad de su muerte, Jesús deja claro que actúa en perfecta voluntariedad y libertad (10:17-18).

  5. Sacrificio

    El Cordero de Dios (1:29). Esta referencia a Cristo como cordero es algo que ha de ser visto necesariamente en el contexto de sacrificio. En el Antiguo Testamento hay varias imágenes del cordero y todas ellas son expiatorias: el cordero de la Pascua (Éxodo 12), el cordero inmolado (Isaías 53: 7), el cordero ofrecido diariamente en el templo (Éxodo 29:38) e incluso el macho cabrío del día de la expiación (Levítico 16:15). Además la afirmación de que este cordero es el "que quita el pecado del mundo" hace referencia con claridad a que en él encontramos el sacrificio que trata adecuadamente con el problema del pecado y lo soluciona.
    La carne y la sangre (6:35-58). En este evangelio no hay registro de la institución de la Cena del Señor, y muchos han visto en este discurso del pan de vida una interpretación espiritual de ese hecho. Sin embargo lo que sí está fuera de duda es que en este discurso hay una clara referencia a la muerte de Cristo, y en ese sentido hay una referencia secundaria a la Cena que es un memorial de esa muerte. Nótense los siguientes puntos:

    1. La mención de vida en conexión con su muerte. Véanse especialmente los versículos 51 y 53-55; en ellos se afirma que la entrega de Jesús a la muerte es la fuente de vida para los que creen en. él. Que la vida eterna es la consecuencia de la muerte de Cristo es uno de los grandes temas del evangelio de Juan (10:10-11) .
    2. Las referencias a su sangre. La única manera correcta de interpretar las alusiones a su sangre es en un contexto de sangre derramada para hacer expiación. Véanse los versículos 54-56 donde se habla de la apropiación de esa sangre de manera similar a como uno come y bebe para tener vida.
    3. La totalidad de su obra (19:30). Aquí encontramos una exclamación de triunfo por parte de Jesús, en el sentido de que su obra está acabada, lo cual indica que su muerte ha alcanzado el objetivo que tenía como meta: la expiación del pecado. En 17:4 Jesús afirma: "...he acabado la obra..." lo que habla de nuevo de lo definitivo de su sacrificio.
  6. Victoria sobre el diablo

    La venida de Cristo provoca un enfrentamiento con las fuerzas del mal. Este conflicto se advierte ya en el prólogo del evangelio (1:5) y llega a su clímax en los sufrimientos de la pasión y muerte. Sin embargo, la cruz supone la derrota del diablo y el medio por el que Jesús triunfa (12:31; 14:30; 16:33).

La muerte de Cristo en 1ª Juan
  1. Revelación del amor de Dios (3:16; 4:10)

    Ante los que quieren enfatizar el aspecto revelador de la obra de Cristo a costa del expiatorio, estos versículos demuestran que no se trata de escoger entre una de las dos opciones, sino que la manera como Dios ha demostrado su amor ha sido a través de la muerte de su Hijo, muerte que, como veremos, está calculada para efectuar la expiación de nuestros pecados.

  2. Quita el pecado (1:7; 3:5)

    El acento que se pone en la realidad del pecado excluye cualquier entendimiento erróneo sobre la obra de Cristo como meramente reveladora, ya que la limpieza del pecado se efectúa únicamente por medio de su sangre.

  3. Propiciatoria (2:2; 4:10)

    Ya vimos que la palabra propiciar (hilasterion) quiere decir "apaciguar", "aplacar", y hace referencia a que la ira de Dios hacia el pecado ha sido aplacada mediante la muerte de Cristo. Es importante que nos demos cuenta de que esta palabra aparece en esta primera carta de Juan; carta donde se encuentra la frase "Dios es amor" (1 Juan 4:8). Ahora bien, el amor de Dios consiste precisamente en la obra propiciatoria de Cristo; por lo tanto no hay contradicción entre el Dios de amor y el Dios que efectúa la propiciación de nuestros pecados a través de la muerte de su Hijo; todo lo contrario, la propiciación es resultado de su amor y la más alta manifestación de ese amor.
    Nótese en 2:1 que la propiciación es hecha por Jesucristo el Justo, lo cual quiere decir que el amor de Dios al haber efectuado dicha obra, ha estado en todo momento acorde a su justicia, y ésta no ha sufrido menoscabo alguno. Pero que un Dios justo perdone los pecados de los hombres una vez que se ha hecho propiciación por ellos es lógico y fácil de entender; lo maravilloso está en que es ese mismo Dios, en la persona de su Hijo, el que efectúa esa propiciación.
    En 1:7 y 3:5 aparece la palabra "sangre" lo que habla de su muerte como sacrificio expiatorio.

La muerte de Cristo en Apocalipsis
  1. Demostración del amor divino (1:5)

  2. Obra acabada (nótense los tiempos verbales en 1:5 y 5:9, donde el aoristo "nos lavó" indica un acto hecho una vez para siempre.

  3. Eficacia permanente ["un Cordero como inmolado" (5:6) que habla de la perpetua eficacia de la cruz]. Una eficacia que se demuestra por el hecho de que los hombres pueden soportar la persecución y hasta la muerte (12:11).

  4. Sacrificio

    1. El Cordero. Este título aparece 29 veces en este libro para describir a Jesús (5:6; 7:14; 12:11; 13:8; 14:1; 17:14; 19:7...). El simbolismo del Cordero habla claramente de un sacrificio. Sin embargo, en el Apocalipsis ese Cordero se presenta vivo y triunfante (5:6). El hecho de que estaba "en pie" habla simbólicamente de su triunfo sobre la muerte. Aquí es fácil encontrar los dos estados de Cristo: el de su humillación, en su muerte "un Cordero como inmolado" y el de su exaltación, en su resurrección "estaba en pie". El hecho además de añadir las imágenes de los siete cuernos y siete ojos, con su simbolismo de poder y conocimiento totales respectivamente, dejan claro que aquí se trata de alguien que ha conquistado y vencido a través de la muerte. En 6:16 se atribuye la ira al Cordero.
    2. La redención. Las referencias a su sangre no sólo hablan de sacrificio expiatorio, sino también de redención a ese costo. (1:5; 5:9). El propósito de la redención es la santificación (7:14) y la creación de un pueblo de redimidos (1:5-6; 5:9-10; 7:9-12). Este sentido corporativo de los que han sido redimidos por su sangre es muy fuerte en todo el libro, hasta el punto de que las gloriosas imágenes finales de los capítulos 21 y 22 lo describen como una ciudad: la nueva Jerusalén. Solamente aquellos que han sido redimidos por su sangre son ciudadanos de ella (21:27).
      La referencia en 13:8 a la inmolación del Cordero "desde el principio del mundo" habla del propósito eterno de Dios.
    3. La victoria. El énfasis que se pone en el Apocalipsis sobre la soberanía de Dios, a quien se describe como "el que está sentado en el trono" (4:2; 5:1; 7:10; 7:15...), es tan grande que no deja lugar a dudas respecto de quién será la victoria. De hecho, hay en este libro varios pasajes donde se celebra la victoria del Cordero (7:9-12; 11:15-18; 19:1-5,6-9) sobre sus enemigos. Igualmente se describe la caída y juicio de todas las fuerzas que se le oponen (18:21; 19:20; 20:10,14). De ahí el gran himno de alabanza hacia el Cordero por causa de su obra (5:9-14).

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