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Los levitas
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'He aquí, yo he tomado a los levitas de entre los hijos de Israel en lugar de todos los primogénitos, los primeros nacidos entre los hijos de Israel; serán, pues, míos los levitas.' (Números 3:12).

Hay una razón por la que los levitas son apartados para el servicio de Dios en el tabernáculo: sustituyen a los primogénitos de Israel, sobre quienes Dios tiene derechos como Redentor, desde el momento en que los primogénitos de Israel fueron rescatados de la muerte en Egipto por el sacrificio del cordero de la Pascua. Por lo tanto, los primogénitos le pertenecen de una manera especial, no solo por razón de generación sino por razón de redención (Números 3:13). Esa pertenencia se debe expresar mediante la consagración, ya que su existencia se la deben a Dios. Esa consagración la llevarán a cabo los primogénitos en las personas de los levitas. Esta noción es esencial, porque nos enseña que somos redimidos no para que a partir de entonces vivamos como queramos, sino para que vivamos para Dios.

Como el número de levitas censados fue de veintidós mil (Números 3:39) y el de los primogénitos fue de veintidós mil doscientos setenta y tres (Números 2:43), había una descompensación de doscientos sesenta y tres a favor de estos últimos. Estos doscientos sesenta y tres fueron rescatados mediante un pago de dinero, consistente en cinco siclos de plata por cabeza (Números 3:46-47). No hay que confundir este pago de rescate con el que Dios manda realizar en Éxodo 30:11-16, el cual todos los censados de más de veinte años de la congregación estaban obligados a pagar; este pago fue de medio siclo de plata, de cuyo montante procedió la plata de las basas y capiteles del tabernáculo.

Todo lo anterior puede inducir a pensar que los levitas son puestos en esa posición, aparte de su voluntad o en contra de su voluntad. Pero hay un incidente en el que vemos su celo por Dios (Éxodo 32:26-29), a raíz del cual quedan consagrados para el servicio, al anteponer a Dios por delante de sus seres queridos. Ese incidente marca un principio fundamental: aquellos que van a servir a Dios han de tener celo santo por sus cosas, hasta el punto de no anteponer nada ni nadie a él, de lo contrario están incapacitados para dicho servicio. Algo que posteriormente Jesús volverá a recalcar (Lucas 14:26).

Para la consagración de los levitas hubo una ceremonia en la que fueron ofrecidos a Dios, siendo los sustitutos de todo Israel en el ministerio del tabernáculo. Esa ceremonia (Números 8:6-22) estuvo marcada por la noción de sustitución; en efecto, los israelitas pusieron sus manos sobre los levitas (Números 8:10) y éstos, a su vez, sobre los novillos que iban a ser ofrecidos como expiación y holocausto en su lugar (Números 8:12). Su ministerio lo ejercían desde los 30 años a los 50, según Números 4:3, aunque según Números 8:24 era desde los 25 a los 50 años. En cualquier caso se trata de un indicador que muestra el lapso de tiempo marcado por la madurez y plenitud de vida.

Su servicio de dedicación pleno en el tabernáculo significaba que no tenían medios de vida como las otras tribus de Israel, por lo cual Dios les asigna los diezmos del pueblo (Números 18:24). A su vez los levitas diezmaban ese diezmo, destinándolo para los sacerdotes (Números 18:26-27). Una vez establecidos en Canaán, Dios manda que se les asignen ciudades donde vivir (Números 35:2), de las cuales seis de ellas serán ciudades de refugio adonde puedan encontrar asilo los homicidas involuntarios (Números 35:6).

Su oficio consistía en estar a disposición de los sacerdotes en todo lo referente al servicio del tabernáculo, como la custodia de sus utensilios y el montaje y desmontaje del mismo (Números 1:50-51). Sin embargo, había una diferencia entre el ministerio de los levitas y el de los sacerdotes, en el sentido de que los primeros tenían restringida la entrada a la morada y al altar (Números 18:3). De hecho ni siquiera les estaba permitido ver y menos tocar los utensilios de la morada, que una vez desmontados habrían de llevar (Números 4:15,20).

Estaban alojados alrededor del tabernáculo, según la disposición establecida en Números 1:53 y el orden de Números 3:23,29,35.

El orden para desmontar el tabernáculo era el siguiente, según Números 4:

  1. Arca del testimonio.

  2. Mesa de la proposición.

  3. Candelabro.

  4. Altar de oro.

  5. Altar de bronce.

Del reparto de responsabilidades de sacerdotes y levitas se infiere lo siguiente:

  • Cada clan de sacerdotes y levitas conocía perfectamente cuál era su responsabilidad.

  • Había una división de tareas, lo cual evitaba la duplicidad de la mismas, con el gasto inútil de energía que ello supone y la rivalidad entre hermanos, al no haber competencia por hacer lo mismo.

  • Nada quedaba a la improvisación o a la indefinición, lo que podría haber ocasionado tardanzas, desarreglos y pérdidas de materiales.

  • Se llevaba cuenta precisa y exacta de todos los objetos del tabernáculo, de manera que hasta los más pequeños quedaban anotados (Números 4:32)

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