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La estructura de la morada
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'Y harás para el tabernáculo tablas de madera de acacia, que estén derechas. La longitud de cada tabla será de diez codos, y de codo y medio la anchura. Dos espigas tendrá cada tabla, para unirlas una con otra; así harás todas las tablas del tabernáculo. Harás, pues, las tablas del tabernáculo; veinte tablas al lado del mediodía, al sur. Y harás cuarenta basas de plata debajo de las veinte tablas; dos basas debajo de una tabla para sus dos espigas, y dos basas debajo de otra tabla para sus dos espigas. Y al otro lado del tabernáculo, al lado del norte, veinte tablas; y sus cuarenta basas de plata; dos basas debajo de una tabla, y dos basas debajo de otra tabla. Y para el lado posterior del tabernáculo, al occidente, harás seis tablas. Harás además dos tablas para las esquinas del tabernáculo en los dos ángulos posteriores; las cuales se unirán desde abajo, y asimismo se juntarán por su alto con un gozne; así será con las otras dos; serán para las dos esquinas. De suerte que serán ocho tablas, con sus basas de plata, dieciséis basas; dos basas debajo de una tabla, y dos basas debajo de otra tabla. Harás también cinco barras de madera de acacia, para las tablas de un lado del tabernáculo, y cinco barras para las tablas del otro lado del tabernáculo, y cinco barras para las tablas del lado posterior del tabernáculo, al occidente. Y la barra de en medio pasará por en medio de las tablas, de un extremo al otro. Y cubrirás de oro las tablas, y harás sus anillos de oro para meter por ellos las barras; también cubrirás de oro las barras.' (Éxodo 26:15-29)

La estructura de la morada era el armazón que hacía posible la existencia de la misma. Estaba compuesta de cuarenta y ocho tablas de madera de acacia cubiertas de oro, apoyadas en noventa y seis basas de plata y atravesadas por cinco barras de madera de acacia cubiertas de oro, una de las cuales eran interior. La disposición de las tablas era por el lado septentrional veinte, por el meridional otros veinte y por el occidental ocho, quedando el lado oriental franqueado por una puerta que consistía de cinco columnas de madera de acacia cubiertas de oro con basas de bronce. En esta puerta había una cortina de los mismos tejidos que la cortina de la puerta del atrio. Sobre este conjunto se disponían las cuatro cubiertas que cubrían la morada. Era tarea de los levitas, hijos de Merari, ocuparse de estas cosas cuando el tabernáculo se desmontaba por traslado (Números 4:31-32)

Las basas de plata eran, pues, la estabilidad de la morada, pues de no existir significaría que las tablas de madera se apoyarían sobre el suelo, lo cual no sería garantía suficiente de solidez. La plata de estas basas procedió del precio de rescate que fue pagado por los empadronados de la congregación (Éxodo 38:25,27), lo cual indica que el fundamento que hace posible la presencia de Dios de modo estable en medio de su pueblo no es otro que la redención. Esa redención, efectuada por Cristo, posibilita que Dios more en medio de su Iglesia. La piedra angular del edificio mencionado en Efesios 2:21, que es morada de Dios en Efesios 2:22, es Jesucristo. Su redención efectuada por su sangre es suficientemente sólida para que el edificio no se tambalee, como sucedería si dependiera de los vaivenes humanos. No solamente aquí, en esta tierra, es vigente esta verdad sino que así será por toda la eternidad, tal como enseña Apocalipsis 22:3, donde está la presencia del Cordero en medio de la ciudad santa. Nótese el uso de este título de Cordero en ese pasaje, que alude a la faceta redentora de Jesús ofrecido por nuestros pecados. Por lo tanto, en su calidad de Redentor él preside, junto con el Padre, en ese mundo nuevo, siendo el referente perpetuo que recuerde por toda la eternidad a los redimidos el origen de su salvación.

Tabla de madera, recubrimiento de oro y basas de plata

Las tablas del tabernáculo se corresponden a las piedras del templo, que a su vez son las piedras vivas de las que nos habla 1 Pedro 2:5. Todas las tablas eran de las mismas dimensiones, lo cual la propia lógica lo exige pues de lo contrario la estructura sería una amenaza y un despropósito. Esa igualdad neta de las tablas sugiere la que el Nuevo Testamento nos enseña acerca de la igualdad plena del pueblo de Dios en el nuevo pacto en lo que se refiere a la salvación (Gálatas 3:28). Las antiguas diferencias culturales, sociales, étnicas o religiosas, han desaparecido en Cristo.

Cada tabla estaba fijada por dos espigas a dos basas de plata. Si las tablas representan a los creyentes que han sido redimidos, la conclusión es bien sencilla pero profunda: cada creyente ha de estar unido a Cristo personalmente y descansar en su obra perfecta.

El hecho de que las tablas fueran de madera pero estuvieran revestidas de oro externamente, indica la riqueza, no propia sino ajena, con la que los cristianos hemos sido investidos, tal como enseña Gálatas 3:27.

La barra interior

Las cinco barras daban unidad y consistencia a todo el conjunto de tablas, constituyéndose así un fuerte armazón que hacía imposible derribar el conjunto. Nótese la doble unión de cada tabla: una vertical a las basas de plata, otra horizontal entre unas y otras. Es el mismo tipo de unión que caracteriza al cristiano, unido personalmente a Cristo, en el aspecto vertical, y a sus hermanos en el horizontal. La unidad horizontal es imprescindible si la casa de Dios va a tener consistencia. Una unidad visible, cuatro barras externas, e invisible, una interior. Esa unidad visible se aprecia en el libro de los Hechos en la iglesia de Jerusalén, donde era percibida desde dentro y desde fuera (Hechos 2:42,44,46).

De la misma manera que no podía darse una tabla no unida a las basas ni tampoco aislada del resto de tablas, así no puede darse en la casa de Dios un creyente no unido a Cristo personalmente o aislado de sus hermanos. La idea de que la iglesia local no es necesaria o es prescindible es desmentida por la enseñanza de la estructura del tabernáculo.

Estructura desde el lado occidental

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