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Las cubiertas
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'Harás el tabernáculo de diez cortinas de lino torcido, azul, púrpura y carmesí; y lo harás con querubines de obra primorosa. La longitud de una cortina de veintiocho codos, y la anchura de la misma cortina de cuatro codos; todas las cortinas tendrán una misma medida. Cinco cortinas estarán unidas una con la otra, y las otras cinco cortinas unidas una con la otra. Y harás lazadas de azul en la orilla de la última cortina de la primera unión; lo mismo harás en la orilla de la cortina de la segunda unión. Cincuenta lazadas harás en la primera cortina, y cincuenta lazadas harás en la orilla de la cortina que está en la segunda unión; las lazadas estarán contrapuestas la una a la otra. Harás también cincuenta corchetes de oro, con los cuales enlazarás las cortinas la una con la otra, y se formará un tabernáculo. Harás asimismo cortinas de pelo de cabra para una cubierta sobre el tabernáculo; once cortinas harás. La longitud de cada cortina será de treinta codos, y la anchura de cada cortina de cuatro codos; una misma medida tendrán las once cortinas. Y unirás cinco cortinas aparte y las otras seis cortinas aparte; y doblarás la sexta cortina en el frente del tabernáculo. Y harás cincuenta lazadas en la orilla de la cortina, al borde en la unión, y cincuenta lazadas en la orilla de la cortina de la segunda unión. Harás asimismo cincuenta corchetes de bronce, los cuales meterás por las lazadas; y enlazarás las uniones para que se haga una sola cubierta. Y la parte que sobra en las cortinas de la tienda, la mitad de la cortina que sobra, colgará a espaldas del tabernáculo. Y un codo de un lado, y otro codo del otro lado, que sobra a lo largo de las cortinas de la tienda, colgará sobre los lados del tabernáculo a un lado y al otro, para cubrirlo. Harás también a la tienda una cubierta de pieles de carneros teñidas de rojo, y una cubierta de pieles de tejones encima.' (Éxodo 26:1-14)

La morada estaba revestida por cuatro cubiertas muy diferentes entre sí. La más interior era de los mismos tejidos con los que estaba hecha la cortina de la entrada del atrio, pero con una añadidura: tenía bordados querubines. La que iba colocada encima de ésta era de pelo de cabra, después venía la de pieles de carnero teñidas de rojo y la más exterior era la de pieles de tejones. Todas estas cubiertas, más las cortinas del atrio, de su puerta, de la morada y los utensilios accesorios, eran responsabilidad del clan levita de los hijos de Gerson custodiarlos cuando el tabernáculo era desmontado por traslado.

La cubierta con querubines
'Harás el tabernáculo de diez cortinas de lino torcido, azul, púrpura y carmesí; y lo harás con querubines de obra primorosa. La longitud de una cortina de veintiocho codos, y la anchura de la misma cortina de cuatro codos; todas las cortinas tendrán una misma medida. Cinco cortinas estarán unidas una con la otra, y las otras cinco cortinas unidas una con la otra. Y harás lazadas de azul en la orilla de la última cortina de la primera unión; lo mismo harás en la orilla de la cortina de la segunda unión. Cincuenta lazadas harás en la primera cortina, y cincuenta lazadas harás en la orilla de la cortina que está en la segunda unión; las lazadas estarán contrapuestas la una a la otra. Harás también cincuenta corchetes de oro, con los cuales enlazarás las cortinas la una con la otra, y se formará un tabernáculo.' (Éxodo 26:1-6)  

Esta cubierta era visible únicamente desde dentro de la morada y tenía unas dimensiones aproximadas de 18 metros de longitud (la morada tenía 15 metros de longitud) y 12,6 de anchura (la morada tenía 6). Era la más majestuosa, rica y bellamente adornada de todas las cubiertas, siendo la que los sacerdotes contemplaban todo el tiempo, cuando estaban en el interior de la morada. Ya hemos hablado de los tejidos azul, púrpura, carmesí y lino torcido al mencionar la cortina de la puerta del atrio, diciendo que estos materiales representaban grandeza y belleza, algo muy apropiado para Cristo, nuestra puerta de acceso al Padre. Pero esta cubierta tenía además tejidas unas figuras de querubines, aquellos seres celestiales que aparecen en determinados lugares de la Escritura, como Génesis 2:24 y Ezequiel 1 y 10. En Ezequiel 1 se les les nombra como seres vivientes, pero en 10:15 se aclara que los querubines son los seres vivientes. Posteriormente aparecerán en Apocalipsis 4, aunque no bajo la denominación querubines sino seres vivientes. En cualquier caso se trata de criaturas íntimamente asociadas a Dios, su gloria, trascendencia, soberanía y santidad. Las visiones del trono de Dios de Ezequiel y de Juan tienen muchos paralelismos, pero en ambas se resaltan ciertos atributos divinos, como son la majestad y el señorío, hasta el punto de que el lenguaje humano no es capaz de describirlos. Pues bien, esa gloria inefable es la que reside en la morada.

Que Cristo, aun en su estado de humillación, poseía esa gloria es evidente, si bien estaba velada al ojo humano. Pero en un momento dado la mostró en el monte de la transfiguración (Mateo 17:2), donde manifestó lo que hasta entonces había permanecido oculto tras el velo de su humanidad. Aquella teofanía desveló su naturaleza divina, algo que posteriormente el apóstol Pedro describirá con las palabras 'habiendo visto con nuestros propios ojos su majestad' (2 Pedro 1:16). Es decir, la misma majestad de Dios que se aprecia en la morada es la que tiene el Hijo. Pero de la misma manera que había que entrar dentro de la morada para captarla, así hay que ir más allá de lo que nuestros sentidos nos dicen sobre Cristo, debiendo penetrar interiormente en su Persona por la revelación del Espíritu Santo, para percibir esa inefable gloria de Cristo. Una gloria propia de su naturaleza divina, a la que nada le falta de lo que Dios es, tal como nos dice Colosenses 2:9.

La cubierta con querubines - Diez piezas de 12,6 metros
de largo por 1,8 de ancho
50 corchetes de oro

La cubierta con querubines - Detalle

La cubierta de pelo de cabra

'Harás asimismo cortinas de pelo de cabra para una cubierta sobre el tabernáculo; once cortinas harás. La longitud de cada cortina será de treinta codos, y la anchura de cada cortina de cuatro codos; una misma medida tendrán las once cortinas. Y unirás cinco cortinas aparte y las otras seis cortinas aparte; y doblarás la sexta cortina en el frente del tabernáculo. Y harás cincuenta lazadas en la orilla de la cortina, al borde en la unión, y cincuenta lazadas en la orilla de la cortina de la segunda unión. Harás asimismo cincuenta corchetes de bronce, los cuales meterás por las lazadas; y enlazarás las uniones para que se haga una sola cubierta. Y la parte que sobra en las cortinas de la tienda, la mitad de la cortina que sobra, colgará a espaldas del tabernáculo. Y un codo de un lado, y otro codo del otro lado, que sobra a lo largo de las cortinas de la tienda, colgará sobre los lados del tabernáculo a un lado y al otro, para cubrirlo.' (Éxodo 26:7-13)

Tenía casi 20 metros de longitud y 13,5 de anchura, de manera que cubría completamente la cubierta más interior.

La cubierta de pelo de cabra - Once piezas de 13,5 metros
de largo por 1,8 de ancho
50 corchetes de bronce

La cubierta de pelo de cabra - Detalle

'Harás también a la tienda una cubierta de pieles de carneros teñidas de rojo...' (Éxodo 26:14)

La cubierta de pieles de carnero teñidas de rojo

'...y una cubierta de pieles de tejones encima.' (Éxodo 26:14)

La cubierta de pieles de tejones

La cubierta de pieles de tejones era la visible desde afuera. Cuando se desarmaba el campamento, se cubría con esta cubierta el arca del pacto, la mesa de los panes, el candelabro, el altar de oro, los utensilios del santuario y el altar de bronce (Números 4:5-14). No era una cubierta de grandes pretensiones ornamentales; todo lo contrario, su apariencia no muestra signos de belleza ni distinción. Pero cuando vamos a lo práctico resulta ser una cubierta esencial. Porque de lo que se trataba era de que fuera protectora resistente contra los agentes y agresiones externas. Como todo lo que contenía la morada era precioso y de gran valor; hubiera sido un disparate haber puesto algo delicado de gran valor para protegerlo. De manera que esta cubierta, sencilla y humilde pero robusta y duradera, será la que tenga que soportar toda la inclemencia de la erosión y el desgaste, siendo en última instancia la feliz responsable de que lo precioso quede a salvo. A causa de su función, que le viene de su naturaleza resistente, esta cubierta es pues de gran valor, porque todo lo valioso depende de ella.

Que esta cubierta fuera la más externa también significa que la morada no es algo imponente al ojo humano. No es ostentosa, ni atrae por sí misma. No deja percibir la gloria que contiene.

En más de un sentido, esta cubierta nos proporciona grandes lecciones. En primer lugar sobre nosotros mismos, como pueblo de Dios, ya que demasiadas veces todo nuestro interés radica en dar una imagen externa de grandeza, cuando tantas veces nuestra realidad interna es más bien pobre. La búsqueda de la imagen y el llamar la atención sobre nosotros mismos se convierte en el principal empeño. ¡Qué bien haríamos en invertir los términos: buscar la verdadera grandeza en el interior, delante de Dios, procurando mantenerla intacta a través de una sólida inpermeabilidad espiritual ante los agentes malignos de fuera.

Pero esta cubierta también nos recuerda a Cristo. El profeta dijo de él: '...no hay parecer en él, ni hermosura; le veremos, mas sin atractivo para que le deseemos.' (Isaías 53:2). Esa hermosura que la carne busca no es la que existe en él; por cierto que hay una hermosura, y una tan sublime que es incomparable, pero es de una clase que no puede ser contemplada por el ojo humano. Su humanidad era el velo, en su estado de humillación, que ocultaba su divinidad, de la misma forma que las pieles de tejones ocultaban la gloria de la morada. Pero aunque su humanidad careciera de esa belleza de los cánones humanos, con todo, era impermeable al pecado y por lo tanto eficaz en grado sumo para mantener intacto todo lo que contenía. La opacidad de esta cubierta sugiere que solo los buscadores esforzados, no los ociosos pasivos, serán quienes descubran el tesoro que contiene.

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