en la web en la Biblia
 
           
El candelabro
Guardar como Pdf Guardar como Pdf
Imprimir Imprimir
Enviar este enlace por e-mail a un amigo Enviar este enlace por e-mail a un amigo
Ver más El tabernáculo Ver más El tabernáculo
 

'Harás además un candelero de oro puro; labrado a martillo se hará el candelero; su pie, su caña, sus copas, sus manzanas y sus flores, serán de lo mismo. Y saldrán seis brazos de sus lados; tres brazos del candelero a un lado, y tres brazos al otro lado. Tres copas en forma de flor de almendro en un brazo, una manzana y una flor; y tres copas en forma de flor de almendro en otro brazo, una manzana y una flor; así en los seis brazos que salen del candelero; y en la caña central del candelero cuatro copas en forma de flor de almendro, sus manzanas y sus flores. Habrá una manzana debajo de dos brazos del mismo, otra manzana debajo de otros dos brazos del mismo, y otra manzana debajo de los otros dos brazos del mismo, así para los seis brazos que salen del candelero. Sus manzanas y sus brazos serán de una pieza, todo ello una pieza labrada a martillo, de oro puro. Y le harás siete lamparillas, las cuales encenderás para que alumbren hacia adelante. También sus despabiladeras y sus platillos, de oro puro. De un talento de oro fino lo harás, con todos estos utensilios. Mira y hazlos conforme al modelo que te ha sido mostrado en el monte.' (Éxodo 25:31-40).

'Habló el Señor a Moisés, diciendo: Habla a Aarón y dile: Cuando enciendas las lámparas, las siete lámparas alumbrarán hacia adelante del candelero. Y Aarón lo hizo así; encendió hacia la parte anterior del candelero sus lámparas, como el Señor lo mandó a Moisés. Y esta era la hechura del candelero, de oro labrado a martillo; desde su pie hasta sus flores era labrado a martillo; conforme al modelo que Jehová mostró a Moisés, así hizo el candelero.' (Números 8:1-4).


Arco de Tito en Roma
(foto de Wenceslao Calvo)

Seguramente estamos ante el objeto más universalmente conocido de todos los que había en el tabernáculo. El candelabro ha pasado a ser el símbolo de Israel, reconocible incluso por aquellos que nunca han leído la Biblia ni saben nada del tabernáculo. Su imagen ha quedado inmortalizada en el arco de Tito en Roma, donde aparece siendo llevado por los legionarios romanos tras el saqueo del templo en el año 70.

Estaba hecho de oro puro y pesaba unos 30 kilogramos. El oro, metal precioso por excelencia, nos habla de lo que es imperecedero, aquello que no se devalúa, que no se corrompe. El oro ha sido empleado desde tiempos inmemoriales como expresión de los más altos valores y prueba de ello es que en la ceremonia de casamiento se emplea un anillo de oro, denominado comúnmente alianza, para denotar la permanencia y trascendencia de las promesas que ese hombre y esa mujer están haciéndose. Así como el oro resiste las agresiones de agentes externos y hasta el mismo paso del tiempo, también el matrimonio quiere aspirar a perdurar a través de todas las pruebas y vicisitudes, siendo ese anillo la expresión de tal clase de amor.

Cuando el tabernáculo se desmontaba por mudarse el campamento, era responsabilidad de los sacerdotes cubrirlo, junto con todos sus utensilios, con un paño azul (Números 4:9). Al no haber en el tabernáculo ventanas, la del candelabro era la única luz que lo iluminaba. La figura de la lámpara en la Escritura se usa para describir la guía y la dirección de Dios mediante su palabra (Salmo 119:105) y su Mesías (Salmo 132:17).

Es muy apropiado, pues, que este objeto que representa a Cristo fuera de oro puro, porque así es él: 'el mismo ayer, y hoy, y por los siglos.' (Hebreos 13:8), sin que nada afecte ni dañe a su inmutable naturaleza. Estaba labrado a martillo, lo que significa que era una pieza original y única, no sacada de un molde del cual otras réplicas o copias exactamente iguales podrían ser sacadas. Una de las técnicas que desde siempre ha habido para forjar piezas y objetos de metal ha sido la fabricación de un molde, normalmente en piedra, donde el metal fundido se vertía y adquiría la forma del hueco hecho en el molde. Nada de esto se hizo con el candelabro. Otra vez vemos aquí la correspondencia entre ese objeto y Cristo, quien es el Unigénito del Padre (Juan 1:18), es decir, alguien sin parangón y de categoría única, sin posibilidad de tener duplicados o copias imitadoras. Esa singularidad excluye cualquier intento de introducir sucedáneos o réplicas, porque Cristo es incomparable. El candelabro, como figura de Cristo, nos enseña que él, como luz, es toda la luz que necesitamos, ya que el número siete indica lo completo y perfecto. No necesitamos luces añadidas para nuestro caminar y testimonio.

Fue labrado a martillo, lo cual se corresponde bien con la manera en la que Cristo fue tratado por el Padre a fin de prepararlo para su obra salvadora. Las pruebas, los sufrimientos y tentaciones por las que hubo de pasar, fueron el método escogido por Dios para perfeccionar a su Hijo. El lenguaje de Hebreos es bien elocuente al respecto, cuando dice que perfeccionó 'por aflicciones al autor de la salvación de ellos.' (Hebreos 2:10). Ahora bien, es necesario entender correctamente el sentido de lo que significa perfeccionar en ese texto. No significa que antes Cristo era imperfecto y solo tras ser sometido a las aflicciones alcanzó la perfección. De la misma manera que el oro del candelabro era oro puro antes de que tomara forma, así Cristo era perfecto antes de ser sujeto a las pruebas. La palabra perfeccionado ahí indica ser hecho idóneo para la función a la que había sido enviado al mundo. No hay mejora ni progreso moral en su naturaleza, ya que él era santo por antonomasia. No hubo purificación para eliminar lo malo de él, porque nada malo había. Lo que esas pruebas contribuyen a hacer es demostrar que es apto totalmente para la obra que ha de realizar, a la vez que lo hacen idóneo en el sentido práctico y real, no solamente teórico, para que su humanidad sea constituida como asiento sólido de la redención. No olvidemos que es su naturaleza humana la que hace posible que se efectúe la redención. Esa naturaleza, santa desde la misma concepción en el vientre de su madre, va a ser sometida a todo tipo de pruebas que certifiquen la autenticidad y valor del que será Salvador. Esos sufrimientos también le capacitan para poder identificarse de manera experimental con aquellos a los que va a salvar. Por lo tanto, aunque Cristo no experimenta progreso moral en la santidad, sí experimenta progreso en el ejercicio de la misma ante la aflicción y el dolor, adquiriendo de esta manera una clase de conocimiento, experimental, que antes no tenía.

De nuevo en Hebreos 5:8-9 se dice: 'Y aunque era Hijo, por lo que padeció aprendió la obediencia; y habiendo sido perfeccionado, vino a ser autor de eterna salvación para todos los que le obedecen.' indicándose el sufrimiento como el yunque en el que Cristo fue forjado como Salvador y en el que alcanzó aprobación, al haber superado con éxito el examen. De no haber sido su obediencia sometida a prueba, nunca se habría sabido si realmente era completa; el hecho de que obedeciera en medio del dolor demuestra que era absoluta. No hay duda, pues, de que estamos ante el que puede salvarnos. Por lo tanto, Cristo en su humanidad va a ser formado de la misma forma que cualquier ser humano; la paciencia, la integridad, el dominio propio y todo aquello que forma carácter, se nutre y desarrolla a través de la adversidad. Así se forjó su carácter perfecto.

Estaba formado por siete brazos que culminaban en siete lámparas que debían arder desde la tarde hasta la mañana (Éxodo 27:21), siendo tarea diaria del sacerdote su encendido, su suministro, realizado con aceite puro de olivas machacadas (Éxodo 27:20) y su limpieza (Levítico 24:4). Como a la iglesia local se le describe en Apocalipsis 1:20 como a un candelabro que alumbra, la aplicación del encendido, del suministro y de la limpieza es muy apropiada. En efecto, la iglesia local está puesta para alumbrar en el medio donde está puesta, pero para ello necesita el combustible para seguir ardiendo, que no es otro que el aceite del Espíritu Santo, un aceite puro, además de precisar continuamente de purificación y limpieza de toda suciedad que pueda apagar o debilitar la llama. Esta idea del pueblo de Dios como candelabro siendo alimentado por el Espíritu Santo, ya aparece en Zacarías 4:2,6.

En el Nuevo Testamento se alude a los cristianos como luz del mundo (Mateo 5:14), cuyas lámparas han de estar siempre encendidas (Lucas 12:35). Y de la misma manera que el ministro del santuario era el encargado de encender las lámparas del candelabro, así es tarea de los ministros del evangelio encender la luz de la palabra, al exponerla y aplicarla rectamente. Las lámparas alumbraban hacia delante (Números 8:2), a fin de iluminar los otros objetos del tabernáculo; no era, pues, su propósito que su luz quedara restringida para sí, sino para alumbrar a otros (Mateo 5:15; Juan 8:12).

© No se permite la reproducción o copia de este material sin la autorización expresa del autor. Es propiedad de Iglesia Evangélica Pueblo Nuevo
Iglesia Evangélica Pueblo Nuevo c/ Villacarlos, 14 28032 - Madrid
info@iglesiapueblonuevo.es - Horario de culto: Domingo 11 horas
Inscrita en el Ministerio de Justicia con el número 015638