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El atrio
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'Asimismo harás el atrio del tabernáculo. Al lado meridional, al sur, tendrá el atrio cortinas de lino torcido, de cien codos de longitud para un lado. Sus veinte columnas y sus veinte basas serán de bronce; los capiteles de las columnas y sus molduras, de plata. De la misma manera al lado del norte habrá a lo largo cortinas de cien codos de longitud, y sus veinte columnas con sus veinte basas de bronce; los capiteles de sus columnas y sus molduras, de plata. El ancho del atrio, del lado occidental, tendrá cortinas de cincuenta codos; sus columnas diez, con sus diez basas. Y en el ancho del atrio por el lado del oriente, al este, habrá cincuenta codos. Las cortinas a un lado de la entrada serán de quince codos; sus columnas tres, con sus tres basas. Y al otro lado, quince codos de cortinas; sus columnas tres, con sus tres basas. Y para la puerta del atrio habrá una cortina de veinte codos, de azul, púrpura y carmesí, y lino torcido, de obra de recamador; sus columnas cuatro, con sus cuatro basas. Todas las columnas alrededor del atrio estarán ceñidas de plata; sus capiteles de plata, y sus basas de bronce. La longitud del atrio será de cien codos, y la anchura cincuenta por un lado y cincuenta por el otro, y la altura de cinco codos; sus cortinas de lino torcido, y sus basas de bronce. Todos los utensilios del tabernáculo en todo su servicio, y todas sus estacas, y todas las estacas del atrio, serán de bronce.' (Éxodo 27:9-19).

Estrictamente hablando, el tabernáculo era la tienda compuesta por dos partes bien diferenciadas: el lugar santo y el lugar santísimo. A esa tienda se le denomina en hebreo mishkan, palabra que es una derivación de otra, shakan [de ahí shekinah], cuyo significado es 'morar'. De manera que la palabra tabernáculo sería literalmente 'morada'.

Pero dicha morada tenía un atrio o patio que la rodeaba. Se trataba de una superficie rectangular de aproximadamente 45 metros de longitud y una anchura que era exactamente la mitad de esa medida.

El atrio era, pues, la parte más externa y por así decirlo la antesala de la morada. Esto ya de por sí es significativo, porque indica que antes de pasar a la presencia de Dios hay unos prolegómenos preparatorios. Pero aunque sea la parte más exterior y no la morada misma, eso no quiere decir que su valor es secundario, porque si tenemos en cuenta lo que el salmista dice veremos cuán importante es el valor que tiene: 'Anhela mi alma y aun ardientemente desea los atrios del Señor.' (Salmo 84:2). Ese pasaje describe de manera vehemente y enardecida lo que el atrio representaba para un verdadero israelita, hasta el punto de que habla del mismo en términos muy pasionales, totalmente alejados de la tibieza o la rutina. Y un poco más adelante (84:10), compara la existencia de un solo día en el atrio con la existencia de mil fuera del mismo, o la preferencia de estar a la entrada de la casa de Dios antes que estar en el interior de casas de maldad. Por supuesto, este profundo deseo no es por el lugar en sí mismo, como si el sitio fuera una especie de talismán o fetiche, sino porque el atrio es referencia a la presencia de Dios, una presencia que el escritor añora y anhela con todas sus fuerzas. Otro texto que nos invita a ver en el atrio un lugar que nos da acceso a la presencia de Dios es el salmo 100:4, cuando dice: 'Entrad por sus puertas con acción de gracias, por sus atrios con alabanza.' Y aquí lo interesante es que esta invitación va dirigida a todos los pueblos de la tierra, tal como se dice al comienzo de ese salmo.

La delimitación del atrio venía definida por una empalizada o valla realizada con cortinas hechas de lino, sostenidas por 60 columnas y fijadas al suelo mediante estacas y cuerdas. La traducción 'lino torcido' nos puede inducir a pensar que aquí estamos ante una clase de lino de inferior categoría al lino fino. Sin embargo, nada más lejos de la verdad. La misma palabra que se empleará en todo el libro del Éxodo para describir estas cortinas, es la que se usa en Génesis 41:42 cuando se describen las ropas de José como de 'lino finísimo'. Tal vez la alusión a ese lino como 'torcido', indique una manera especial de entretejerlo para reforzar su resistencia, pero desde luego la naturaleza de este lino en nada desmerece a la del más excelente.

Con el texto de Génesis que se refiere a José y el texto de Proverbios 31:22, que se refiere a la mujer virtuosa de la que se dice: '...de lino fino y púrpura es su vestidura.', podemos sacar en conclusión que el lino fino era un material de categoría, de alto nivel, para significar a alguien cuya posición y valor eran elevados. Esto, aplicado al atrio, ya nos comienza a dar una idea de la naturaleza del tabernáculo. La primera impresión que recibimos, incluso desde la distancia, por medio de esas cortinas que rodean todo el recinto es la de excelencia. Pero si a eso añadimos otra idea, la de justicia, asociada con el lino fino, que nos trasmite otro pasaje de la Escritura: 'Y a ella se le ha concedido que se vista de lino fino, limpio y resplandeciente; porque el lino fino es las acciones justas de los santos.' (Apocalipsis 19:8), entonces tendremos una idea más completa de lo que el lino fino nos transmite. Así pues, excelencia y justicia son las dos grandes y primeras enseñanzas que podemos recibir de ese recinto delimitador, donde todo: personas, ceremonias y objetos, han de estar a la altura de esa excelencia y de esa justicia.


Columna de bronce con capitel
y moldura de plata

Las cortinas de lino fino estaban sostenidas por 60 columnas de bronce que estaban rematadas con molduras y capiteles de plata, de manera que el conjunto estaba sólidamente establecido sobre el suelo gracias al peso de esas columnas. Aunque el lino fino transmite la idea de ligereza y volatilidad, sin embargo ello es balanceado por la estabilidad de las columnas de bronce. Dicha estabilidad estaba reforzada por las estacas, que aseguraban al suelo las cortinas mediante cuerdas. Con el atrio no estamos, pues, ante algo que pueda fácilmente venirse abajo sino ante un conjunto que, sin escatimar en delicadeza y belleza, tiene toda la firmeza que el bronce le da.

Bronce y plata eran los dos materiales de los que estaban hechos las columnas. El bronce representa el juicio de Dios sobre el pecado. Esto no es una afirmación gratuita sino que está respaldada por la Escritura misma, en una pasaje esclarecedor como es Números 21:9, donde Dios manda a Moisés que haga una serpiente de bronce como remedio para el pecado. Esa serpiente, que lleva sobre sí la culpa y el castigo (es decir, el juicio sobre el pecado) que los israelitas desobedientes merecen, representa el método de sustitución que Dios va a emplear para salvar a su pueblo de sus pecados. Jesús mismo hace alusión a la serpiente de bronce, cuando afirma que él es aquel a quien Dios va a exhibir como medio de salvación para todos los que creen en él (Juan 3:14-15). Naturalmente es en la cruz donde Jesús nos será presentado como ese instrumento de expiación, al haber sido hecho pecado (2 Corintios 5:21) a favor nuestro.

El bronce, pues, indica que lejos de tratar al pecado como un mal menor o algo sin demasiada importancia, Dios lo trata con todo el rigor del juicio que merece. No hace la vista gorda, no lo pasa definitivamente por alto. De hacerlo así, estaría en contradicción con su justicia, la cual está bien reflejada en el lino fino de las cortinas. Tiene que haber una concordancia entre justicia y juicio (lino y bronce), porque justicia sin juicio es mera teoría y juicio sin justicia es pura extorsión y abuso. Pero justicia y juicio a la par es lo que se expresa en el Salmo 89:14, donde dice: 'Justicia y juicio son el cimiento de tu trono.'

La plata con la que estaban rematadas las columnas representa la redención; de hecho las molduras y capiteles procedieron de la plata fundida que provino del pecio de rescate que los israelitas pagaron para poder ser contados en el censo. En Éxodo 30:11-16; 38:25,28 se nos especifica ese dato. Hay varias cuestiones de capital importancia que se desprenden de esos textos, en lo que se refiere a la redención:

  • Era necesaria. Sin ella no se podía ser contado en el censo, lo cual nos enseña que sin redención por medio nadie puede pretender ser parte del pueblo de Dios.

  • Era idéntica para todos. Cada uno debía pagar la misma cantidad por su rescate: medio siclo de plata. O lo que es lo mismo, todas las personas tienen el mismo valor ante Dios.

  • Un solo medio de rescate. La mitad de un siclo de plata, que no podía ser sustituido ni alterado por otro tipo de pago. Lo que nos muestra el medio único que Dios ha establecido para rescatar.

Ahora bien, estas verdades tienen su contrapartida en el Nuevo Testamento con el rescate que Cristo ha efectuado por nosotros.

  • Ha habido un precio de rescate que no ha consistido en un pago material, sino en la sangre (vida) del Hijo de Dios (1 Pedro 1:18-19).

  • Es necesario, porque sin sangre no hay remisión del pecado (Hebreos 9:22).

  • Es igual para todos, porque todos somos deudores por la misma razón: el pecado (Romanos 3:23).

  • Es un medio de rescate único, sin importar trasfondo, pertenencia o condición. La fe en su sangre es lo que redime a cada cual (Romanos 3:25).

Si el lino fino nos hablaba de la justicia de Dios y el bronce de su juicio, la plata nos enseña sobre el amor de Dios, al haber preparado una manera por la que podemos ser rescatados de nuestros pecados. Justicia, juicio y amor ¡qué tres grandes atributos de Dios y qué admirable armonía hay entre ellos en el atrio!

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