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Sofonías
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TABLA CRONOLÓGICA
Fecha a. C. Hebreos Babilonios Medos Egipcios Fenicios
609 Muerte de Josías Nabopolasar Imperio medo Necao
Joacaz Nabucodonosor II
600 Joacim
1ª Deportación
Batalla de Carquemis
598 Joaquín
2ª Deportación
587 Sedequías
Caída de Jerusalén
3ª Deportación
Huida a Egipto
Asedio de Tiro

Sofonías predicando ante Jerusalén
Ilustración para la traducción de la Biblia de Lutero, 1534, folio 46
Sofonías es el único profeta del que se mencionan sus ascendientes hasta cuatro eslabones. De ahí se ha conjeturado que que debía ser de linaje importante, suponiéndose que el Ezequías mencionado en su genealogía sería el propio rey Ezequías. Este profeta fue contemporáneo de Jeremías, pues profetizó durante el reinado de Josías. A primera vista ese fue un tiempo venturoso para la nación, pues Josías acometió, nada más subir al trono, una serie de medidas para impulsar la vuelta de la nación a Dios (2 Crónicas 34-35). Sin embargo, más allá de lo que se veía en la superficie, Sofonías hizo un diagnóstico profundo y certero del estado del reino y aunque el intento de Josías fue sincero, la realidad general no era como podía haberse esperado. De hecho, el capítulo 1 del libro no puede ser más severo y la descripción del estado de cosas en que la nación se encuentra no suaviza una realidad bien oscura.

El libro se podría dividir en tres grandes secciones:

  1. Palabra contra Judá (1:2-2:3).
    El mensaje no puede comenzar de manera más contundente, ya que el verbo destruiré y semjantes presiden los primeros versículos. Se especifican los pecados de la nación, representada por Jerusalén, donde se practica la idolatría en privado y mezclada con el culto a Dios (1:5); hay una resistencia en el fuero interno a someterse y obedecer a Dios (1:6); existe una codicia material usándose medios ilícitos para enriquecerse (1:9); hay una indiferencia espiritual que llega a negar que Dios intervenga en alguna manera en los asuntos de aquí abajo (1:12). De ahí las consecuencias (1:17). Pero en medio de este cuadro aterrador todavía hay ocasión de cambiar (2:1) y de buscar a Dios (2:3).

  2. Palabra contra las naciones, incluida Jerusalén (2:4-3:8).
    No solamente contra su pueblo tiene Dios pleito; también lo tiene contra las naciones de alrededor, como Filistea (2:4-5); Moab y Amón (2:8-10), por la afrenta hecha a Israel; Etiopía (2:12) y Nínive (2:13-15), la capital del antiguo imperio asirio, por su soberbia. Pero la misma ciudad de Jerusalén no escapa del escrutinio de Dios, lanzándose un ay de lamento por ella, debido a sus pecados (3:1-7), señalándose los de los dirigentes de la nación (3:3-4) y contrastándolos con la justicia perfecta de Dios (3:5).

  3. Palabra de salvación (3:9-20).
    La esperanza procede de una verdadera conversión a Dios, cuando toda jactancia y pretensión haya sido dejada a un lado y la pobreza en espíritu sea la característica peculiar del pueblo de Dios (3:12). Estamos aquí en los umbrales del Nuevo Testamento (Mateo 5:3).

Uno de los temas del mensaje de Sofonías es la llegada del día del Señor (1:7,14), algo que es común a otros profetas, como Isaías o Joel. El Dies irae (Día de la ira) fue un famoso himno medieval latino cuya letra está extraída en parte de Sofonías, dada la poderosa presentación que el profeta hace de ese día (1:14-16). Es un día de retribución, en el que no hay escapatoria posible. No es un día en el que Dios actúa caprichosamente en un arrebato de ira, sino que esa ira está dirigida por su justicia contra el pecado.

En medio de las estupendas reformas de Josías, Sofonías señala a toda la clase dirigente, sean príncipes, jueces, profetas o sacerdotes, a los que condena sin paliativos (3:3-4). Esto muestra que un avivamiento puede ser impulsado desde las instancias del poder y, sin embargo, no llegar a cambiar los corazones. La mayoría simplemente se amoldó externamente a las reformas que Josías impulsó, pero nada más. Los vientos ahora soplaban en otra dirección y era más conveniente adaptarse a los nuevos tiempos. Eso es todo.

Pero Sofonías, al igual que ya hicieran Isaías, Jeremías, Ezequiel y Miqueas, presenta el tema del remanente, es decir, un resto salvado de la destrucción, sobre el cual Dios derramará su gracia y bendición (3:12-17). De hecho, la noción de gracia es patente en este libro, al ser extensa (3:9), preservadora (3:12), purificadora (3:13), gozosa (3:14), liberadora (3:15), amorosa (3:17) y restauradora (3:19).

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