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Santiago
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Santiago el hermano de Jesús

Contenido

No es fácil hacer una división de la carta. Tras la salutación se fija en la tentación en la vida de los creyentes, exhortándoles a pedir con fe la sabiduría necesaria para soportar las pruebas y les avisa para no atribuir sus tentaciones a Dios (1:1-18). Luego les amonesta a recibir la palabra con humildad y a llevarla a cabo (19-27). Les exhorta a no hacer acepción de personas, recordándoles que quien viola la ley en un punto la viola en todos (2:1-13). Enseña que es vanidad imaginar una fe que no se manifiesta en obras (14-26). No hay contradicción en este punto entre Pablo y Santiago. El primero habla de la fe sin obras para salvación. El segundo de las obras de la fe salvadora. La fe es la raíz, las obras el fruto. Después acomete la enseñanza sobre la lengua y la dificultad para controlarla (3:1-12). La sabiduría de lo alto y la sabiduría terrenal se diferencian no sólo por su origen sino también por sus resultados (13-18). El escritor reprende a sus destinatarios por sus contiendas, que surgen del egoísmo y codicia que contagia hasta las oraciones, exhortándoles a someterse a Dios (4:1-12). Condena a quienes olvidan su dependencia de Dios y denuncia a los ricos que oprimen y roban a los pobres (4:13-5:6), tras lo cual les manda ser pacientes ante el regreso del Señor (7-11). Finalmente, les avisa contra los juramentos, les exhorta a orar unos por otros en vista del poder de la oración y a procurar el rescate de los que se han desviado.

Destinatarios

La carta de Santiago es un escrito dirigido a todos los judíos cristianos en general (1:1), lo que concuerda con el campo de ministerio que él tenía (Gálatas: 2:9), sin mencionar ningún detalle particular sobre circunstancias específicas de tiempo o lugar. El contenido no es doctrinal sino ético, dando el autor preceptos morales para sus destinatarios. Hay un cierto paralelismo entre esta carta y el libro de Proverbios, por las referencias mutuas a la sabiduría y la lengua, pero también con algunos de los profetas, especialmente Amós, por los términos empleados contra los ricos opresores. También tiene un paralelismo con el Sermón del Monte y con otros dichos de Jesús, como 1:2 con Mateo 5:12; 1:4 con Mateo 5:48; 1:5 con Mateo 7:7; 1:6 con Marcos 11:23; 1:22 con Mateo 7:24; 2:8 con Marcos 12:31; 2:13 con Mateo 5:7; 18:33; 4:10 con Mateo 23:12; etc. Santiago no toma su lenguaje figurativo de las instituciones sociales y civiles del mundo griego o romano, como hace Pablo, sino como hizo Cristo mismo del suelo de Israel, cuando habla de la lluvia temprana y tardía (5:7), de la vid y la higuera (3:12) o del viento abrasador (1:11). No hay enseñanza cristológica, mencionándose el nombre de Cristo en dos ocasiones (1:1; 2:1). La carta puede ser denominada 'la epístola real' (2:8). Su énfasis no yace en la fe sino en las obras de la ley, que Santiago contempla no en su aspecto externo o ceremonial, sino en su importancia moral profunda y como un todo orgánico, por lo que la transgresión de un solo mandamiento es la violación de toda la ley.

Autoría

El autor es Jacobo (Santiago y Jacobo son el mismo nombre), el hermano del Señor. El autor se denomina a sí mismo 'Santiago, siervo de Dios y del Señor Jesucristo', dejando la cuestión de su identidad concreta en el aire, ya que había otras personas con ese nombre en la Iglesia antigua. Sin embargo, se admite generalmente que sólo un Santiago o Jacobo llena los requisitos para ser el autor de la carta, esto es, el hermano del Señor. En primer lugar, el autor era un hombre de gran autoridad y reconocido como tal no sólo por los judíos en Tierra Santa sino también por los de la diáspora. Mientras que Jacobo, el hermano de Juan, y Jacobo, el hijo de Alfeo, desaparecen pronto del relato en Hechos de los Apóstoles, este Santiago destaca prominentemente como cabeza de la iglesia en Jerusalén. Durante el ministerio de Jesús no creyó en él (Juan 7:5), estando su conversión relacionada con la aparición especial del Señor tras la resurrección (1 Corintios 15:7). En Hechos es un hombre de autoridad. Cuando Pedro fue librado de la cárcel, después de que Jacobo el hermano de Juan hubiera sido decapitado, dijo a los de la iglesia: 'Id, haced saber esto a Jacobo' (Hechos 12:17). Pablo dice que al regresar de Arabia fue a Jerusalén, donde sólo vio a Pedro y a Jacobo, el hermano del Señor (Gálatas 1:18-19). En la siguiente visita Jacobo, Cefas y Juan, que eran considerados las columnas de la iglesia, dieron a Pablo y Bernabé la diestra en señal de compañerismo (Gálatas 2:9). Ciertos emisarios vinieron de parte de Jacobo a Antioquía, teniendo considerable influencia (Gálatas 2:12). La dirección del concilio de Jerusalén la tomó Jacobo (Hechos 15:31). Y cuando, al final del tercer viaje misionero, Pablo fue a Jerusalén, saludó primero a los hermanos informalmente y al día siguiente 'fue a Jacobo, estando todos los ancianos presentes' (Hechos 21:18).

Que este Jacobo es el autor de la carta se aprecia por una comparación con el escrito redactado en Hechos 15:23-29, que contiene partes de esta carta. La salutación 'salud' de Hechos 15:23 y Santiago 1:1 sólo ocurre una vez más en el Nuevo Testamento en Hechos 23:26. Las palabras 'el buen nombre que fue invocado sobre vosotros' (2:7) sólo tienen paralelo en el Nuevo Testamento en Hechos 15:17. Tanto el discurso de Jacobo en el concilio y la carta se caracterizan por las alusiones al Antiguo Testamento. El afectuoso término 'hermanos', de frecuente empleo en la carta (1:2,9,16,19; 2:5,15; 3:1; 4:11; 5:7,9,10,12,19), también se halla en Hechos 15:13,23; compárese especialmente Santiago 2:5 y Hechos 15:13. Las palabras de la salutación son perfectamente aplicables a este Santiago en particular. No afirma ser apóstol, como hacían Pablo y Pedro en sus cartas. Se podría objetar que al ser hermano del Señor debería haberlo señalado en su presentación para dar más fuerza a su escrito; pero en vista de la poca importancia que Jesús mismo dio a sus relaciones terrenales (Mateo 12:46-50) no sorprende la ausencia de esa mención.

Jacobo fue un hombre de sentido común y juicio equilibrado, que pilotó la pequeña nave de la iglesia de Jerusalén, en medio de los intentos judaizantes, con mano habilidosa, destetándola gradualmente de las observancias ceremoniales sin ser ofensivo y a la vez reconociendo la libertad de las iglesias gentiles. Fue grandemente respetado por toda la Iglesia por su gran piedad y entrega a los santos.

Composición

El objeto de la carta es consolar, reprender y exhortar. Como los destinatarios estaban siendo perseguidos por su fe y tentados en varias maneras, el escritor les da palabras de consolación. Pero viendo que soportan sus pruebas con poca paciencia y que estaban inclinados a atribuir a Dios las tentaciones resultantes de su propia codicia y mundanalidad, les reprende por ese error. Y al considerar las manchas en su vida cristiana, su mundanalidad, su acepción de personas, su vanagloria, su envidia y contienda, les exhorta a obedecer la ley real, para que sean hombres cabales.

Importancia

El importante valor de esta carta yace en el énfasis que pone en la necesidad de una fe vital, que produzca frutos de justicia. La mera profesión de fe sin una vida que la respalde no es verdadera fe. Los cristianos deben mirar en la ley perfecta y regular sus vidas en armonía con su profundo sentido espiritual. Deben estar firmes en las tentaciones, ser pacientes en las pruebas, vivir entre sí en paz sin envidia o contienda, hacer justicia, ejercer la caridad, orar unos por otros y en todas las dificultades recordar que la venida del Señor está cerca.

TABLA CRONOLÓGICA DE LOS DOCUMENTOS DEL NUEVO TESTAMENTO
Fecha Emperador Mateo Marcos Lucas Juan Pablo Desconocido Santiago Pedro Judas
53 Claudio 1 y 2 Tesalonicenses
56 Nerón Filipenses
57 1 Corintios
2 Corintios
Gálatas
58 Romanos Carta
61 Colosenses
Efesios
Filemón
63 Evangelio
64 1 Carta
65 Hechos 1 Timoteo
Tito
66 Evangelio 2 Carta
67 Evangelio 2 Timoteo Hebreos Carta
95 Domiciano Apocalipsis
98 Trajano Evangelio
Cartas
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