en la web en la Biblia
 
           
Salmos
Guardar como Pdf Guardar como Pdf
Imprimir Imprimir
Enviar este enlace por e-mail a un amigo Enviar este enlace por e-mail a un amigo
Ver más Un paseo por el Antiguo Testamento Ver más Un paseo por el Antiguo Testamento
 

El salmista David
Ilustración para la traducción de la Biblia de Lutero, 1534, folio 18
Con el libro de los Salmos se abre una nueva sección del Antiguo Testamento, que se podría denominar libros poéticos, por el estilo literario en el que están compuestos. Ya en otras partes anteriores del Antiguo Testamento aparecen porciones de ese tipo de literatura, como son los cánticos de Moisés (Éxodo 15:1-18; Deuteronomio 32:1-43), Débora (Jueces 5) o Ana (1 Samuel 2:1-10), y las posteriores plegarias de Ezequías (Isaías 38:10-29) y Jonás (Jonás 2), pero todas ellas son cortas porciones insertadas en largas narraciones; mientras que Salmos, juntamente con Cantar de los cantares y Lamentaciones, son libros que tienen enteramente ese estilo.

Pero la poesía hebrea no tiene por característica la rima, sino el paralelismo, habiendo tres tipos del mismo: Complementario (Salmo 8:4; 63:1; 103:10) en el que la segunda idea refuerza a la primera, culminante (Salmo 92:9; 93:3; 145:18) en el que la segunda idea lleva a su plenitud a la primera y antitético (Salmo 37:21) en el que la segunda idea contrasta con la primera. Este tipo de poesía tiene la ventaja de que conserva su vigor incluso al ser traducida, lo cual no siempre ocurre con la poesía basada en la rima.

El nombre hebreo de la colección completa de los Salmos es "libro de alabanzas" (sefer tehillim) o simplemente "alabanzas" (tehillim), lo cual se corresponde con la designación en el Nuevo Testamento como "libro de Salmos" (biblos psalmon, Lucas 20:42; Hechos 1:20). En los manuscritos griegos, el libro es conocido como Psalmoi, aunque en algunos aparece como Psalterion (una colección de cantos). La Vulgata sigue a la Septuaginta, Liber Psalmorum y de aquí se deriva el término en español.

Muchos de los Salmos tienen autor declarado: Hemán (88), Etán (89), Jedutún (39, 62, 77), Asaf (50, 73, 75, 76, 77, 79, 80, 81, 82, 83), los hijos de Coré (42-49, 84-85, 87-88) e incluso Moisés (90), pero de otros no conocemos quién fue al autor. Pero sin duda el compositor de buena parte de ellos fue David. Hay varios Salmos (3, 17, 18, 30, 34, 51, 52, 54, 56, 57, 59, 60, 63 y 142) que llevan un encabezamiento sobre las circunstancias en las que fueron compuestos. Otros encabezamientos tienen que ver con alguna palabra técnica, como mictam (16, 56-60), sigaion (7), alamot (6, 12), gitit (8, 81, 84) etc., que pueden hacer alusión a directrices de tipo musical, teniendo en cuenta que los Salmos se usaban en la adoración. El significado del término selah, que aparece 71 veces, es desconocido, aunque también puede ser una indicación musical.

En el texto hebreo, así como en la mayoría de las versiones antiguas, se divide al Salterio en cinco libros, cada uno de los cuales termina en una doxología; formando el último salmo una apropiada doxología final a todo el salterio:

I. Salmos 1-41, donde 1, 2, 10 y 33 no tienen título ni autor; los otros son de David.
II. Salmos 42-72, 42 a 49 de los hijos de Coré; 50 de Asaf y el resto de David.
III. Salmos 73-89, 73 a 83 de Asaf; 84 y 85 de los hijos de Coré; 86 de David; 88 de Hemán y 89 de Etán.
IV. Salmos 90-106, 90 de Moisés; 101 y 103 de David; el resto anónimos.
V. Salmos 107-150, 108 a 110, 124, 131, 133, 138 a 140, 142 a 145 de David; el resto son anónimos, habiendo estos grupos: 113-118 hallel, usados en la Pascua; 120-134 cánticos graduales; 146-150 Aleluya.

Al final del salmo 72 aparece la declaración "Aquí terminan las oraciones de David, hijo de Isaí". Pero podemos observar que después aparecen salmos de David. Evidentemente esta declaración trata de hacernos entender no que ya no hay más salmos de David en el Salterio, sino que más bien hemos llegado al final de una sección que era predominantemente suya.

Algunos Salmos, así como los tres primeros capítulos de Lamentaciones, están compuestos en forma de acróstico. Hay diversas formas de construir un acróstico, pero en el caso del acróstico bíblico se efectúa al guardar cada letra inicial de las frases el orden alfabético. Son salmos acrósticos el 25, 34, 37, 111, 112, 119 y 145, siendo el exponente máximo de todos ellos el 119, donde cada letra hebrea inicia ocho versículos, hasta completar las 22 letras de que se compone el alfabeto. Es una técnica que requiere destreza literaria, uniéndose belleza estética y profundidad espiritual. Naturalmente al efectuarse la traducción del texto a otra lengua, el acróstico se pierde.

El Salmo 119 está construido con ocho ladrillos básicos, los cuales son ocho conceptos vitales alrededor de los cuales gira toda su reflexión, siendo los ocho los siguientes: Ley (tora), que procede de una raíz cuyo significado básico es 'tirar', en el sentido de tirar para dar en la diana; por ejemplo, tirar flechas con arco a fin de acertar en el blanco; de manera que esa ley es el medio para poder dar en el centro de la voluntad de Dios. Testimonios ('edot), que no sólo contiene la idea de testimonio corroborativo sino también la de aviso o advertencia y recordatorio; como los humanos somos olvidadizos, necesitamos que se nos recuerde constantemente la verdad y vigencia de Dios y sus obras, que es la función de esos testimonios. Caminos (derakim), palabra que está relacionada con un verbo que significa 'pisar', de ahí la idea de hacer camino al pasar reiteradamente por un lugar; por lo tanto, la noción de hábito o costumbre está presente allí; así pues, el camino no es algo momentáneo en nuestra vida sino algo habitual, de todos los días. Preceptos (piqqudim), palabra que aparece veinticuatro veces, todas ellas en los Salmos y de las cuales veintiuna están en el Salmo 119; el significado básico es supervisar a un subordinado, por lo cual el precepto es el monitor que aprueba o reprueba nuestras acciones. Estatutos (huqqim), palabra que surge de una raíz que quiere decir grabar, esculpir, a la manera que en el mundo antiguo se grababan las leyes sobre tablas de barro, piedra o metal para que quedaran registradas para siempre; así que, frente a la idea de cambio y alteración que sugiere lo que es meramente oral, está la idea de permanencia que nace de lo que está puesto por escrito; por lo tanto, el estatuto está por encima de modas, gustos y épocas. Mandamientos (miswot), que enfatiza la plena autoridad de lo que se dice; no meramente el poder de convencer o persuadir, sino el derecho a dar órdenes, por lo que el mandamiento no es una opción dejada a nuestro criterio sino una prescripción emitida desde la instancia más elevada. Juicios (mispatim), palabra que contiene la idea de gobierno, no entendida a la manera occidental moderna como el ejercicio de la actividad ejecutiva sino entendida en su acepción global: legislativa, ejecutiva y judicial; así pues, el juicio es la pauta de gobierno total que debe regir toda nuestra vida. Palabra (dabar), que hace referencia a la revelación comprensible que Dios ha hecho de sí mismo; si Dios ha hablado, su declaración es trascendental y definitiva. Este Salmo es una de las cumbres de este libro.

Por su tono los Salmos se pueden dividir en varias categorías, pues en ellos se expresan todas las variedades de experiencias y sentimientos de los que es capaz el ser humano. Desde la cima del júbilo al abismo del temor, desde la meditación sosegada al clamor urgente, desde la angustia opresora a la liberación integral, desde la derrota sin paliativos a la victoria absoluta. Al ser la variedad de su tono tan amplia resulta difícil sistematizarlos, pero un intento sería el siguiente:

  1. Alabanza. Salmo 100, 107, 136, 138, 146, 147, 148, 149, 150
  2. Súplica. Salmo 13, 35, 38, 51, 69, 70, 71, 74, 80, 83, 88, 120, 130
  3. Gratitud. Salmo 34, 103, 104, 116
  4. Confianza. Salmo 23, 27, 46, 49, 62, 63, 84, 92, 131
  5. Reflexión. Salmo 1, 19, 37, 73, 90, 112, 119, 139
  6. Imprecación. Salmo 58:6-8; 59:11-15; 69:22-28; 83:9-18; 109:8-15; 137:8-9
  7. Sufrimiento. Salmo 22:1-18; 69:1-21; 102:3-11
  8. Exhortación. Salmo 29, 33, 58, 82, 95, 96

La temática de los Salmos es muy versátil; no obstante, hay algunos temas que son dominantes:

  1. Reinado. Salmo 2, 24, 45, 72, 93, 97, 110
  2. Conflicto. Salmo 3, 7, 35, 55, 56, 140
  3. Historia. Salmo 78, 89, 105, 106, 114, 136
  4. Salvación. Salmo 18, 22, 66, 69, 118, 124
  5. Bendición. Salmo 112, 128, 133

Que Cristo está presente en los Salmos lo afirmó él mismo (Lucas 24:44), siendo fácilmente percibido como el rey ungido en Salmo 2:2, 45:7, 110:1; como el Hijo en Salmo 2:7, 89:27; como Dios en Salmo 45:6, 102:25-27; como siervo sufriente en Salmo 22:7,8,16,18, 31:5, 40:6-8, 41:9, 69:4,9,20,21; como sacerdote (110:4); como piedra desechada (118:22). Referencias personales de David se aplican en el Nuevo Testamento a Cristo (Salmo 18:2 en Hebreos 2:13; Salmo 18:49 en Romanos 15:9; Salmo 41:9 en Juan 13:18; Salmo 69:4 en Juan 15:25).

La vigencia de los Salmos es indudable y su valor no decae con el paso del tiempo. Han sido fuente de consuelo, fortaleza y dirección para los cristianos de todas las generaciones, al poder identificarse con ellos en los momentos más difíciles, al extraer de sus lecciones luz en la perplejidad y certeza en la duda, así como victoria en el conflicto. Para la vida devocional constituyen un arsenal inagotable de riqueza y profundidad. Pero no solamente su valor radica en la identificación que el lector halla con lo escrito, sino también en la profundidad teológica que de allí emana, al ser exposiciones antológicas sobre la naturaleza de Dios y sobre sus propósitos y tratos con la humanidad en general, su pueblo en particular y el individuo en concreto. El Espíritu Santo aletea en cada uno de ellos, como Jesús dijo acerca del Salmo 110 (Marcos 12:36), Pedro sobre el Salmo 69:25 (Hechos 1:16,20) y el autor de Hebreos sobre el Salmo 95:7-11 (Hebreos 3:7).

© No se permite la reproducción o copia de este material sin la autorización expresa del autor. Es propiedad de Iglesia Evangélica Pueblo Nuevo
Iglesia Evangélica Pueblo Nuevo c/ Villacarlos, 14 28032 - Madrid
info@iglesiapueblonuevo.es - Horario de culto: Domingo 11 horas
Inscrita en el Ministerio de Justicia con el número 015638