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Proverbios
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Salomón escribe los Proverbios (Gustave Doré)En la Biblia hebrea el título es "Los proverbios (mishley) de Salomón, el hijo de David, rey de Israel" (1:1). La palabra mashal "proverbio" indica un dicho breve, que declara sabiduría. La Septuaginta tiene el título Paromiae Salomontos ("proverbios" o "parábolas" de Salomón) y la Vulgata Liber Proverbiorum (Libro de Proverbios).

La naturaleza del libro se aprecia inmediatamente, perteneciendo a la literatura sapiencial, juntamente con Eclesiastés y Job, en la que la instrucción y enseñanza es el contenido esencial. La diferencia es que mientras Eclesiastés se pregunta sobre el para qué de la vida y Job sobre el por qué de la misma, Proverbios se pregunta sobre el cómo. Cómo hay que conducirse en ella. El propósito es guiar en la vida, señalando las sendas erradas y mostrando la recta, a fin de que el individuo pueda caminar con seguridad, proveyéndole de los recursos necesarios.

La literatura sapiencial no fue exclusiva de Israel en el mundo antiguo, existiendo testimonios abundantes en otras naciones. Por ejemplo, en Egipto, hacia 2.450 a. C., se compuso la Enseñanza de Ptahhotep, consistente en un manual de consejos. Hay algunas referencias en la Biblia a la sabiduría de los egipcios (Génesis 41:8; 1 Reyes 4:30; Isaías 19:11-12; Hechos 7:22). También en Mesopotamia existió una colección de proverbios sumerios hacia 2.000 a. C. y en Asiria, Palabras de Ahikar, de 700 a. C. De la sabiduría de Edom y Arabia se hace referencia en 1 Reyes 4:30; Jeremías 49:7; Abdías 1:8. Igualmente de Babilonia (Isaías 44:28; 47:10; Daniel 1:4,20), Fenicia (Ezequiel 28:3-5; Zacarías 9:2), Persia (Ester 6:13). El problema que puede corromper a este tipo de sabiduría es su orgullo (Job 5:12-13) o su asociación con lo supersticioso, como la astrología y la adivinación (Isaías 47:12-13), de ahí su fracaso (Isaías 19:11).

La sabiduría, que es la piedra preciosa que el libro de Proverbios presenta, es poliédrica, teniendo variadas facetas expresadas en diversas palabras cargadas de significado. Por ejemplo, musar (doctrina, disciplina) (1:2) aparece 36 veces y abarca desde la advertencia (24:32) hasta la vara (23:13); tokahat (reprensión, corrección) es una apelación a la razón y la conciencia (1:23); binah (conocimiento) proporciona discernimiento y percepción (1:2); sekel (prudencia) es la base de la prosperidad y el éxito (1:3); ormah (sutileza) es la agudeza de juicio (1:4); mezimah (cordura) permite planificar sensatamente (1:4); daat (ciencia) imparte inteligencia 1:4; leqaj es el saber y el aprendizaje (1:5).

Lejos de ser un concepto abstracto, como en otros pueblos y entornos, la sabiduría aparece personificada en Proverbios 8:22-31, donde es fácil percibir un anticipio de lo que Juan 1:1-3 dirá acerca del Verbo.

La división del libro se hace patente incluso en una lectura no demasiado profunda. Proverbios 1-9 sería una primera parte, en la que no hay sentencias cortas sino discurso y argumentación extensa. Proverbios 10-24 sería una segunda parte compuesta a base de breves sentencias declarativas. Esta parte central del libro muestra una característica prominente, al estar muchos dichos formulados según el paralelismo antitético, es decir, una afirmación en la primera frase seguida de otra contraria en la segunda para dar realce a la idea que se quiere transmitir (10:24; 11:17; 12:23, etc.). También la tercera parte, Proverbios 25-29, posee esa misma cualidad, pero aunque la autoría es de Salomón la compilación es posterior. En la cuarta parte, Proverbios 30, cambia la autoría y el estilo, que es discursivo. Finalmente, la quinta y última parte se divide en dos, siendo la segunda un acróstico sobre la mujer ideal.

Proverbios es un libro práctico que enseña sobre las realidades de esta vida y el mejor modo de enfrentarlas. Pero no se trata simplemente de un manual de sentido común, porque la piedra angular de toda su enseñanza está expuesta en 1:7, donde se declara que la raíz de la sabiduría es el temor de Dios. Esta clase de temor es uno de los grandes temas de Proverbios (8:13; 10:27; 14:26; 15:16,33; 16:6; 19:23; 22:4; 23:17). Así pues, aunque los temas que abarca son muy terrenales, en ningún momento pierde de vista la dimensión moral que tienen y las consecuencias, no sólo terrenales, que acarrean. La relación personal con Dios se subraya, siendo determinante para la conducta a seguir (3:5-12).

Es un libro didáctico, porque la presentación de su contenido está en la forma de un maestro (que es el padre o la madre) instruyendo al alumno (que es el hijo) en las grandes lecciones que debe aprender y en ese sentido es también pedagógico, al guiarle mediante la enseñanza en las grandes lecciones de la vida.

La vigencia de Proverbios no ha perdido fuerza con el paso del tiempo, porque las cuestiones que trata son intemporales y universales, conteniendo valiosos principios entre los cuales destacan:

  • Lo preventivo es mejor que lo curativo.
  • El carácter es el resultado de la formación y educación.
  • La justicia es hermana de la sabiduría.
  • La maldad y la insensatez van siempre de la mano.
Entre los temas de Proverbios sobresalen:

  1. Las palabras (10:21; 11:9; 12:14,18,25; 14:23; 15:4; 16:24,27,28; 18:8,21; 26:23-28).
  2. La sexualidad (5; 6:24-35; 7).
  3. Las amistades (1:10; 16:28; 17:9,17; 18:24; 22:24; 25:17,20; 26:18,19; 27:6,9,17).
  4. El matrimonio (14:1; 18:22; 19:14).
  5. El trabajo (6:6-8; 10:5; 12:11; 13:11).

Los primeros nueve capítulos son como una antesala en la que se presentan una sucesión de personajes que, a lo largo, del libro seguirán haciendo acto de presencia. Se trata de una especie de galería de retratos. Entre esos personajes están:

  1. El simple (1:22; 14:15,18; 7:19). No hay que confundir el término simple con el de sencillo. El simple en Proverbios es siempre el ingenuo, el crédulo, el incauto al que le falta sutileza, sagacidad e inteligencia. El simple es descrito en 7:7 y ss., pues busca él mismo la tentación, se expone al peligro, se enreda y finalmente acaba cayendo. Es un ignorante, irresponsable e inconsciente, existiendo una relación estrecha entre simpleza y juventud (1:4,10), aunque tal relación no es exclusiva de la edad. El simple puede recuperarse, pero con condiciones (9:4-6).
  2. El insensato (1:7,22; 10:23; 14:6; 17:21; 20:3; 21:20; 24:7; 26:10). El insensato es el que cree que todo lo sabe, que siempre tiene razón; por ello desprecia a sus progenitores y la enseñanza que de ellos viene (15:5); le encanta la discordia, que es su atmósfera natural y el aire que respira (20:3); al impregnar la insensatez toda su personalidad resulta muy difícil de erradicar (27:22).
  3. El necio (3:35; 10:1,10,14,18,21; 12:15, 16,23; 13:19; 14:7,9,14; 15:5; 16:22; 17:28; 26:3). El necio es una carga insoportable para los más allegados (10:1); le gusta llamar la atención (18:2), pero al abrir la boca manifiesta lo que es (12:23); no tiene sentido del peligro por un exceso de confianza propia (14:16); entregarle responsabilidad es daño para el que se la da (26:6).
  4. El burlador (13:1; 14:6; 15:12,19; 19:29; 21:11,24; 22:10; 29:8). El burlador es incorregible (9:3,8); es obstinado (13:1) y elude la reprensión (15:12); solamente es útil como escarmiento para otros (19:25); es engreído, presuntuoso e insolente (21:24); amigo de discordias y peleas (22:10).
  5. El perezoso (6:9,10; 10:26; 13:4; 19:24; 20:4; 21:25; 22:13; 26:16). El perezoso no tiene sentido del deber ni de la responsabilidad, necesitando todo el tiempo ser aguijoneado, pues de él mismo no parte inciativa alguna (6:6-8); dormir y soñar son sus ocupaciones (6:9-10); si se le da responsabilidad es un quebradero de cabeza para el que se la dio (10:26); no termina nada de lo que empieza y todo lo deja a medio hacer (19:24); ve problemas por doquier, pero en realidad son excusas (22:13); la cama es su territorio preferido (26:14); se lo tiene creído (26:16).
  6. El impío (2:22; 3:33; 4:14,19; 9:7; 10:24,27,28,32; 11:10; 12:6,10; 14:19; 15:8; 28:1). El impío es rehén de su propia impiedad (10:3); su desaparación es un bien para los demás (11:10); sus entrañas son duras (12:10); su conversación es perversa (15:28); su actividad religiosa es abominable (21:27); su exaltación es la ruina de los demás (28:12).
  7. El prevaricador (su fin, 2:22; su red, 11:3,6; su camino, 13:15; sus planes 22:12; su madre, 23:28; su valor, 25:19).

Pero también hay otra galería de retratos de índole totalmente diferente y así hallamos:

  1. El prudente (10:13,19; 11:2; 12:16; 14:8,33; 15:5; 17:2; 28:7). El prudente pasa por alto la injuria (12:16); guarda su sabiduría y no hace alarde de ella (12:23); reflexiona, considera y sopesa (14:14).
  2. El entendido (14:6; 17:10,24; 18:15; 19:25). El entendido crece mediante el aprendizaje; busca la sabiduría (15:14); aprende con la reprensión (17:10); trae estabilidad en su entorno (28:2).
  3. El sabio (10:1,14; 12:15; 13:1; 14:16; 15:20; 21:11,22). El sabio está dispuesto a ser corregido y es enseñable (9:8-9); acepta el consejo (12:15); el temor de Dios gobierna su vida (14:16).
  4. El justo (4:18; 9:9; 10:11,28; 11:8,30; 12:26; 13:5; 14:32; 18:10; 21:15; 24:16; 28:12). El justo es enseñable hasta el fin (9:9); sus palabras alimentan a otros (10:21); su conversación es edificante (10:32); piensa antes de contestar (15:28).

Son prominentes en este libro también ciertos tipos de mujeres, sobre las cuales los avisos son continuos:

  1. La ramera (6:26; 7:10; 23:27; 29:3). La ramera es devoradora de hombres (6:26); abismo donde se cae y no se sale (23:27); perdición de los bienes (29:3).
  2. La ajena (2:16; 5:3,20; 6:24; 7:5; 22:14). Que la mujer ajena enajena, podría ser el resumen de enredarse con ella. Enajena el honor y la reputación (5:9) que se pierden; enajena el vigor y la energía (5:10) que pasan a otros; enajena el esfuerzo y el trabajo (5:10) que es dilapidado; enajena la paz y el contentamiento (5:11-12) que son sustituidos por el remordimiento y la condenación.

Pero frente a esa clase de mujeres se consigna el valor imperecedero de la mujer virtuosa (12:4), de la sabia (12:4; 14:1) y de la prudente (19:14), siendo la figura de una mujer la que da colofón al libro (31:10-31), en una composición en forma de acróstico.

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