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Oseas
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TABLA CRONOLÓGICA
Fecha a. C. Israel Judá Egipcios Asirios Romanos Sirios
786-746 Jeroboam II Uzías Fundación de Roma (753)
Zacarías Tiglat-pileser III
Salum
Manahem
Pekaía
Peka Jotam
721 Oseas
Caída de Samaria
Acaz Sargón II Caída de Damasco
Ezequías Dinastía etíope Senaquerib

Oseas predicando enfrente de un bosque. Al fondo triunfo de Cristo sobre la muerte
Ilustración para la traducción de la Biblia de Lutero, 1534, folio 19
Con el libro de Oseas comienza la sección denominada profetas menores, así llamada no porque sus mensajes sean de importancia secundaria sino porque la extensión de su contenido es menor que los de Isaías, Jeremías y Ezequiel. El nombre de Oseas es una variante del de Josué y por tanto significa salvación. Un nombre consolador que hace referencia a la obra amorosa de Dios, a pesar de todos los juicios que contiene este libro.

Oseas profetizó durante el reinado de Jeroboam II, en el reino del norte, y durante los de Uzías, Jotam, Acaz y Ezequías, en el del sur, siendo contemporáneo de los profetas Amós, Miqueas e Isaías. Las continuas referencias a Efraín (hasta en 32 ocasiones), nombre del nieto de Jacob al que éste bendijo con su mano derecha aunque era el menor (Génesis 48:14), muestran que el ministerio de Oseas se dirigió principalmente al reino del norte, ya que Efraín es el nombre colectivo en este profeta para las diez tribus. El mismo nombre es ya un indicio de dos grandes verdades; la primera de cómo el especialmente bendecido no ha correspondido al favor recibido; la segunda de cómo Dios todavía lo considera con ternura. El hecho de que el ministerio de Oseas tuviera lugar durante el próspero reinado de Jeroboam II es prueba de que una nación puede marchar viento en popa ecónomica y militarmente y, sin embargo, andar en decadencia y ruina moral. Es llamativo el contraste entre los mensajes de Oseas y Amós, que profetizaron al reino del norte en el mismo tiempo, pues mientras el primero subraya la fornicación física y espiritual que domina a la sociedad israelita, el segundo destaca la injusticia social que prevalece en amplias capas de esa sociedad. En nuestro tiempo, con su sensibilidad por los temas sociales y la indiferencia hacia el desorden sexual, el mensaje de Amós es el favorito de muchos y el de Oseas es desechado por obsoleto. Pero el que inspiró a Amós es el mismo que inspiró a Oseas también, por lo que lejos de ser dos mensajes contradictorios, son complementarios. Si la justicia social es importante para Dios, no lo es menos el orden sexual.

Las referencias a la prostitución y el adulterio recorren los capítulos del libro, palabras perfectamente definitorias de las extendidas prácticas que habían arraigado en la nación y que elocuentemente resumían el estado de Israel. La prostitución sagrada, costumbre religiosa cananea, había penetrado en Israel, de modo que se puede hablar de prostitutas corrientes y prostitutas de los santuarios, diferencia que se aprecia en 4:14, donde se emplean las palabras zonot (prostitutas corrientes) y quedeshot (prostitutas de los santuarios), además de los términos fornicar y adulterar, el primero para personas solteras y el segundo para casadas. Los lugares preferidos para la adoración con prácticas sexuales incluidas se describen bien en 4:13. En conjunto, esos vocablos aparecen en 1:2; 2:4,6,7; 3:1,3; 4:2,10,11,12,13,14,15,18; 5:3,4; 6:10; 7:4; 9:1. La continuada repetición de esos términos indica cuán profundamente, en todos los ámbitos de la vida, el desorden sexual estaba presente. También Ezequiel, entre los profetas, echará mano de la sexualidad pervertida para ilustrar la historia de la nación (Ezequiel 16 y 22).

El estilo de Oseas es variado; por ejemplo, abunda en cortas y vívidas comparaciones, como en 6:3,4; 9:10; 11:11; 13:3; 14:5-7; a veces usa una gran fuerza expresiva, como en 1:7; 2:3,18,21,22; 4:2; 6:5; 11:4; 12:1; en otras ocasiones es grandemente vivaz, como en 5:8; 8:1; 9:14; 13:14; el libro contiene alegóricas descripciones, como en 7:11-12; 8:7; 10:11-13; 13:15; también apela al sentimiento profundo, como en 11:3,8-9. Echa mano de elocuentes figuras 5:14; 8:7; 10:8; 13:7-8. A Dios se le describe en diversos términos, como un marido celoso (2:12-13); un pastor rechazado (4:16); una polilla o carcoma destructiva (5:12); un feroz león (5:14; 13:7-8); un cazador inevitable (7:12). Pero también se le describe como un marido perdonador (3:1-3); un médico sanador (6:1); una lluvia vivificadora (6:3); un padre amante (11:3-4); un león protector (11:10-11); como rocío (14:5) y como árbol (14:8). En otras ocasiones las referencias son oscuras, aunque seguramente eran claras para sus contemporáneos (10:14).

Una de las características de este profeta es la alusión a lugares y acontecimientos históricos que sientan un precedente y sirven de lección. Por ejemplo, en 2:15 se menciona el valle de Acor, lugar terrible de la ejecución de Acán (Josué 7:26) y por tanto lugar de turbación; pero ese mismo lugar se convertirá en una puerta de esperanza, por la gracia de Dios. Jezreel (1:5) es el sitio que evoca un lugar sangriento, donde Acab se apoderó de la viña de Nabot (1 Reyes 21:1) y otros derramamientos de sangre tuvieron lugar (2 Reyes 9:7). El desierto (2:14) es el paraje donde comenzó la relación entre Dios e Israel en el pasado y será el paraje solitario donde vuelva a ser restaurada. El becerro de Samaria (8:5) alude a la sedición de Jeroboam (1 Reyes 12:32). Gabaa (9:9) es la población que fue escenario de la vileza cometida contra la concubina del levita (Jueces 19:25) y la guerra civil resultante. En Baal-peor (9:10) tuvo lugar el vergonzoso (Números 25:1-2) pecado de fornicación e idolatría que Israel cometió. Gilgal (9:15) representa la apostasía que comienza tras el asentamiento de Israel en Canaán (Jueces 2:1). Adma y Zeboim (11:8) son dos de las ciudades destruidas juntamente con Sodoma y Gomorra (Deuteronomio 29:23). Todos esos lugares y lo que en ellos sucedió sirven de preludio para entender lo que está pasando en el presente o lo que pasará en el futuro. De esa manera los hitos históricos son algo más que meros acontecimientos del pasado.

El libro se puede dividir fácilmente en dos partes: La primera en los capítulos 1 al 3, que es autobriográfica de Oseas, y la segunda en los capítulos 4 al 14. Una división algo más exhaustiva sería la siguiente:

  1. Matrimonio de Oseas y relación de Dios con Israel (1:2-3:5).
    • Oseas, Gomer y sus hijos (1:2–2:1).
    • Los tres hijos (dos varones y una mujer) llevan nombres proféticos: Jezreel, Lo-ruhama y Lo-ammi. Jezreel significa Dios siembra y hace referencia a la cosecha que Israel va a recoger (1:4), por causa de Jehú, bisabuelo de Jeroboam II. Hay algo sorprendente en esta profecía porque Jehú ejecutó la venganza deseada por Dios contra Acab y su casa (2 Reyes 9:7). Sin embargo, en el transcurso de la misma Jehú se excedió en su celo y mató también a los familiares del rey de Judá (2 Crónicas 22:8). Hay una lección que aprender de Jehú, en el sentio de que es fácil ir más allá de lo ordenado por Dios y confundir su ira con la nuestra. Los otros dos nombres de los hijos hacen referencia al rechazo que la nación va a experimentar de Dios, al no reconocerlos como hijos (1:6,9). De hecho, hay una diferencia entre el alumbramiento del primero y de los otros dos, porque la construcción gramatical en el nacimiento de Jezreel indica que es hijo de Oseas y Gomer, pero la de los otros dos indica que son hijos de ella, pero no de él necesariamente. Con lo cual son hijos bastardos y por tanto no reconocidos al no ser propios. Así es cómo Dios ve a la nación. Hay un contraste entre lo dicho en 1:9 y lo dicho en Éxodo 6:7. Sin embargo, nada más pronunciar esa negativa de reconocimiento, se anuncia el reconocimiento público que Dios efectúa (1:10). ¿Cómo se explica esa contradicción? El apóstol Pablo usa el texto para explicar el rechazo de una parte de Israel y el acogimiento de los gentiles en el nuevo Israel (Romanos 9:25-26).
    • Matrimonio de Dios con Israel (2:2–23).
    • El capítulo 2 contiene el relato, con el trasfondo del matrimonio de Oseas, de la relación de Dios con Israel. El capítulo tiene consonancia con Ezequiel 16. La mujer es acusada de infidelidad y tratada como tal (2:5); un trato merecido (2:6-13) que será el preámbulo de la entrañable actitud de Dios hacia ella, descrita en términos de amor rescatador (2:14-20). Este nuevo idilio cuya iniciativa es totalmente de parte de Dios es fruto de su gracia, al dotar él a ella con los requisitos necesarios para un matrimonio estable, presidido por la rectitud, el amor y la fidelidad (2:19-20). Todos los verbos están puestos teniendo a Dios por sujeto y a la nación como objeto de la obra. La frase 'conocer a Dios' de 2:20 resume la nueva relación de intimidad. Ese nuevo comienzo sobre nuevas bases sugiere, aunque no se diga explícitamente, la promulgación de un nuevo pacto.
    • Matrimonio de Oseas (3:1–5).
    • Se ha conjeturado si lo descrito en este capítulo es una vuelta de Oseas con la mujer ya mencionada o es otra relación, en cuyo caso la primera sería con una prostituta y la segunda con una adúltera. Entre los que sostienen esta hipótesis hay quienes agregan que esta segunda mujer representaría al reino del sur y la primera al reino del norte. Pero si se trata de la vuelta con Gomer, el texto señalaría un acuerdo de fidelidad mutuo, habiendo mediado una compra por la que ella ha pasado a ser propiedad de él, reflejo de la relación que habrá entre Dios y su pueblo.

  2. Mensajes proféticos (4:1-14:9).
    • Promiscuidad de Israel (4:1–19).
    • Tras el bosquejo biográfico, Oseas detalla la condición actual de la nación en los dos primeros versículos, donde especifica lo que no hay (versículo 1) y lo que hay (versículo 2), con las consecuencias resultantes (versículo 3). La condición de los sacerdotes (4:6-9) es reflejo de la del pueblo (4:11-14) y ésta similar a la de los gobernantes (4:18), de manera que la nación en conjunto está sumida en un abismo de degradación.
    • Castigo de Israel (5:1–15).
    • La palabra es contra los dirigentes de la nación, en la que se incluyen los dos reinos (1:5,12-13). Mientras que en 5:12 se describe la acción judicial de Dios como la de la polilla y la carcoma, esto es, imperceptible de momento pero destructiva a largo plazo, en 5:14 se decribe como la del león, poderosa en sus efectos. En este capítulo se menciona por vez primera la solución engañosa de Asiria (5:13), que era la tentación reiterativa a la que se aludirá otras veces en este libro (7:11; 8:9; 12:1), si bien, paradójicamente, será el lugar de deportación (9:3; 10:6; 11:5,11).
    • Negativa al arrepentimiento (6:1–7:16).
    • La religiosidad de Israel es superflua y la conversión reflejada en las palabras empleadas es fingida (6:1), confiando además que Dios la aceptará y enviará bendición (6:2-3). Es una fraseología aprendida que no va acompañada por un verdadero cambio, de ahí la reprensión que recibe (6:4). Lo que Dios quiere y lo que no quiere lo declara en 6:6. Las ciudades de refugio, pensadas para acoger al homicida involuntario, se han convertido en ciudades manchadas de sangre voluntaria (6:8,10). En el capítulo 7 Dios se lamenta de que a pesar de haber empleado todos los medios para reformar a Israel, persiste en su iniquidad sin temer las consecuencias (7:1-2); que quienes deberían frenar sus crímenes se agradan de ellos (7:3) y que están dispuestos al adulterio como el horno encendido está preparado para la masa (7:4). Sigue la descripción de los dignatarios de la nación, sus disoluciones (7:5), su persistencia en las mismas (7:6) y su auto-destrucción (7:7). Los tratos con los paganos (7:8) acarrean consecuencias de deterioro irreversible (7:9). La figura de una paloma que busca alivios distantes (7:11) es ilustrativa de la actitud de la nación, que será atrapada en la red (7:12) por no buscar su alivio en Dios (7:13). Los verbos usados expresan fehacientemente el mal proceder de Israel hacia Dios, pues no se volvieron a él ni le buscaron (7:10), se rebelaron y dijeron mentiras contra él (7:13), no clamaron a él (7:14), contra él pensaron mal (7:15) y su conversión fue engañosa (7:16); todo ello a pesar del proceder de Dios, que los redimió (7:13), los instruyó y fortaleció (7:15).
    • Juicio contra Israel (8:1–10:15).
    • El capítulo 8 comienza con advertencias de invasión súbita y alarma, por su hipocresía (8:2), iniquidad (8:3), traición e idolatría (8:4), denunciándose especialmente el becerro de Samaria (8:5-6). La locura e inutilidad de andar en sendas de maldad se expone en breves pero contundentes frases (8:7-8). La multitud de altares, sacrificios y templos (8:11,13,14), contrasta con el desprecio a la palabra de Dios (8:12) y a Dios mismo (8:14). En el capítulo 9 Oseas reprende a Israel por sus sacrificios semejantes a los de los pueblos paganos (9:1), razón por la que vendrán el hambre y el exilio (9:2-3) y las ofrendas presentadas no serán agradables (9:4-5). Caerán ante el destruidor y recibirán la remuneración merecida (9:6-9). Las lecciones de la historia se presentan como hitos que marcaron los derroteros de la nación, como el suceso de Baal-peor (9:10). En 9:11-16 hay un juego de palabras entre el nombre Efraín, que significa fructífero, y la falta de fruto o el fruto inerte que produce su maldad. El capítulo 10 comienza con la viña fructífera que es Israel, pero corrompida por la idolatría. Continúa con la descripción de la división de su corazón (10:2), la reflexión (10:3) y el fingimiento del pacto (10:4), con las consecuencias resultantes (10:7-10). La metáfora agrícola de la siembra y la siega se emplea en 10:11-13, contrastándose la mala y la buena semilla con sus frutos respectivos.
    • Amor de Dios por Israel (11:1–12).
    • Este capítulo contiene uno de los más emotivos pasajes de todo el Antiguo Testamento en cuanto al amor paternal de Dios por su pueblo. Amor descrito en tiernos términos humanos (11:1,3,8), en contraste con la ingratitud, rebelión y mentira de ellos (11:2,7,12). Pero además de la compasión el capítulo muestra la majestad de Dios, poderosa como la de un león, para salvar a los suyos.
    • Pecado de Israel y Judá (12:1-14).
    • Comienza el capítulo con la acusación contra los reinos del norte (Efraín) y del sur (Judá) por sus pecados (12:1-2). En vista de los orígenes del padre de la nación (12:3-4), ésta debe actuar en consecuencia (12:6). Sin embargo, lejos de hacerlo se ampara en su pecado (12:7-8), de ahí que Dios le anuncie la pérdida de su posesión (12:9), habiéndole mandado profetas (12:10), si bien la iniquidad ha prevalecido (12:11). Dios le recuerda sus humildes orígenes en la persona de Jacob, que tuvo que servir y ser pastor (12:12), y su salida de Egipto por mano de Moisés (12:13). Pero la respuesta es de ingratitud y desprecio (12:14).
    • Ira de Dios (13:1–8).
    • Este capítulo muestra el pecado de la nación, consistente en la idolatría (13:2), cuyas consecuencias se anuncian en imágenes que les son bien familiares (13:3). En contraste con su maldad, Dios les recuerda sus favores pasados (13:4-5), de los que ellos vergonzosamente abusaron (13:6), quedando expuestos a terribles consecuencias (13:7-8).
    • Llamamiento a la conversión (13:9-14:9).
    • El tono final del libro de Oseas contrasta con su principio. Aunque el fracaso de la nación no tiene paliativos, con todo, todavía hay esperanza, la cual está en Dios (13:9). Las soluciones, internas y externas, en las cuales habían puesto su esperanza han demostrado ser un completo fiasco (13:10; 14:3). A pesar de ello, Dios promete desplegar su poder, en un pasaje (13:14) que tendrá resonancia en el Nuevo Testamento, en cuanto a la derrota final del último enemigo, la muerte, texto que será citado por Pablo en 1 Corintios 15:55. El empecinamiento en el pecado (13:12) no trae sino ruina (13:16), expresada en el sofocante viento oriental (13:15) y en los términos más duros (13:16). La vuelta a Dios (14:1), dando la espalda a los dioses falsos, es el paso para la restauración, la cual es fruto de la obra de Dios, sanando su rebelión, apartando su ira y amándolos de gracia (14:4). La bendición resultante es descrita en términos de florecimiento (14:5-7), lo cual reafirma la conversión de la nación a Dios (14:8). El libro termina con una reflexión final ante las dos actitudes posibles frente a los caminos de Dios.
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