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Números
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Los judíos llaman a este libro "En el desierto" (bamidbár), frase que aparece nada más comenzar. La Septuaginta le dio el título de "Números" (arithmoi) y este título lo usó también la Vulgata. La razón para dicho título se aprecia en los dos primeros capítulos del libro, donde se recogen las cifras de los censados para la guerra.

El libro narra primero los preparativos que se hicieron para la salida del Sinaí. Enseguida narra esa misma salida y el trayecto hasta la llegada a las llanuras de Moab, terminando después con una relación de ciertos sucesos que se llevaron a cabo junto con algunas instrucciones para la conquista y la repartición de la tierra.

El libro, pues, se divide en tres partes principales:

1. Preparativos para la salida del Sinaí (1:1-10:10).

Entre los preparativos se manda la cuenta del censo para la guerra (capítulo 1) y el posicionamiento de cada tribu al acampar en el desierto (capítulo 2). También se instituye la figura de los levitas, con las funciones específicas ordenadas a cada clan (capítulos 3 y 4). Los levitas son sustitutos de los primogénitos y la consagración que éstos debían a Dios al haberles redimido en la Pascua es la que aquéllos deberán ejercer. El capítulo 5 detalla tres ordenanzas; la primera sobre la expulsión de los contaminados ceremonialmente, la segunda sobre la restitución, cuando ha habido daño a terceros, y la tercera sobre los celos, cuando hay sospechas en el matrimonio por parte del marido hacia la esposa. Es evidente que una ley así sería intolerable en nuestro tiempo, dado que pone la carga de sospecha sólo sobre la mujer, pero para comprenderla hay que tener presente el contexto cultural de esta ordenanza; a pesar de su valor relativo ofrece una solución a un problema conyugal que podía terminar de manera violenta, como tantas veces está sucediendo en nuestro tiempo.
El capítulo 6 recoge la institución del nazareato, mediante la cual cualquiera en Israel podía consagrarse a Dios. Es importante esta institución al tener en cuenta que la consagración formal era exclusiva de una sola tribu, la de Leví. Sin embargo, el nazareato ofrecía esa posiblidad a cualquiera, fuera hombre o mujer, por un tiempo definido o indefinido. Tres señales externas distinguían al nazareo; su abstinencia de alcohol, lo que señala que su gozo no procede de la sustancia que de por sí es sinónima de alegría, sino de Dios; su cabeza sin cortarse el cabello, lo que indica que su persona (prefigurada en la cabeza) está sometida a Dios; la limpieza ceremonial, al no tocar muerto, que prefigura la limpieza interior. Hay tres nazareos famosos en la Biblia: Sansón (Jueces 13:5), Samuel (1 Samuel 1:11) y Juan el Bautista (Lucas 1:15).
Los capítulos 7, 8 y 9 detallan las ofrendas destinadas para la dedicación del altar de bronce, la ceremonia de consagración de los levitas y la celebración de la Pascua al pie del monte Sinaí. En 9:15-23 se establece que la nube sobre el tabernáculo, símbolo de la presencia de Dios, es quien marca la pauta para la marcha y acampada de Israel por el desierto. Las dos trompetas de plata (10:1-10) servían para reunir a la congregación, como señal de partida, como señal de alarma para la guerra y para las festividades.

2. Las jornadas del Sinaí a las llanuras de Moab (10:11-21:35).
Se establece el orden de marcha de las tribus por el desierto (capítulo 10). Israel no es una muchedumbre desorganizada, sino un ejército ordenado.
El capítulo 11 contiene el primero de los fracasos de Israel en su recorrido que este libro constata. Es la queja por el maná, que dará ocasión al envío de codornices y al juicio consecuente de Dios sobre el ingrato pueblo. Una nueva expresión de queja es la expresada por Aarón y María contra Moisés, en el capítulo 12. La misión de los espías a Canaán se convertirá, por su incredulidad, en otra ocasión de enojo de Dios, capítulos 13 y 14, contra los diez espías incrédulos y contra toda aquella generación que salió de Egipto que se puso de su lado, la cual es condenada a perecer en el desierto sin entrar en la tierra que desecharon.
Tras la provocación de los espías y el consecuente castigo, la frase con la que comienza el capítulo 15 es reveladora, 'cuando hayáis entrado en la tierraa', porque encabeza las instrucciones a tener en cuenta cuando entren en Canaán, frase que se vuelve a emplear a en 15:18, lo cual indica que el propósito de Dios al sacarlos de Egipto no se viene abajo ni siquiera por el fracaso de su pueblo. La instrucción de las franjas en los vestidos (15:38-40) es a consecuencia de la deliberada violación del sábado que una persona comete (15:32).
Los capítulos 16 y 17 recogen otro momento crítico en este libro, cuando se produce la rebelión de Coré contra Moisés y Aarón. Coré era un levita que pretendió equipararse con los dos dirigentes de Israel y disputarles el puesto. Tras la muerte súbita de los amotinados, Dios reitera, mediante el florecimiento sobrenatural de la vara de Aarón, que el ministerio sacerdotal le corresponde a Aarón y sus descendintes. En el siguiente capítulo, 18, se especifica la jerarquía que hay entre sacerdotes y levitas, siendo los segundos ayudantes de los primeros (18:6).
El capítulo 19 especifica la provisión de limpieza para quienes han quedado en estado de contaminación ritual.
En el capítulo 20 hay una escena más de murmuración del pueblo por falta de agua; es la última de toda la serie de escenas anteriores parecidas, pero en ésta Moisés estalla, lo que le supondrá no poder entrar en Canaán. La negativa de Edom a dejar pasar a Israel por su territorio, lo que muestra la enemistad que le tiene, será recordada posteriormente (Amós 1:11). En las inmediaciones se produce la muerte de Aarón y su sucesión en el cargo en la persona de su hijo Eleazar.
En el capítulo 21 se narran las primeras refriegas militares que tuvo Israel según se acercaba a la frontera de Canaán, con los pueblos de Arad, Sehón y Og. Son refriegas preparatorias para lo que se encontrarán una vez crucen el Jordán. Pero la escena principal en ese capítulo está en 21:4-9, donde tras otra murmuración del pueblo y el juicio divino, donde Dios mismo provee la solución de la serpiente de bronce, cuya visión sana a los mordidos. Es una figura anticipada de la expiación, en la que alguien que ha tomado sobre sí el pecado es el remedio para los que han sido dañados por ese pecado, figura que Jesús se aplicará a sí mismo y su obra en la cruz (Juan 3:14).

3. Acontecimientos en las llanuras de Moab (22:1-36:13).
Es en las llanuras de Moab donde tienen lugar los acontecimientos de los que Balaam es protagonista (22-24). Comprado a sueldo para maldecir a Israel, es, sin embargo, forzado por Dios para bendecirlo. Pero lo que Balaam no pudo mediante sus artes adivinatorias, lo conseguirá mediante la incitación a la fornicación y la idolatría (25:1-2), lo que provocará la ira de Dios. Balaam en el Nuevo Testamento será la representación del falso profeta y maestro (2 Pedro 2:15; Judas 11; Apocalipsis 2:14).
Tras la mortandad de Baal-peor, Dios ordena efectuar un nuevo censo de los disponibles para la guerra (26), arrojando un número total (26:51) similar al censo que se efectuó cuarneta años antes (1:46), si bien sólo dos personas que estaban en el primero también estuvieron en el segundo: Josué y Caleb (26:63-65).
El capítulo 27 recoge la petición de cinco mujeres que son reconocidas como herederas legítimas de su padre, al no haber varón en la familia, igualmente recoge la designación de Josué como sucesor de Moisés.
En los capítulos 28 y 29 se estipulan las convocaciones santas, ya especificadas en Levítico 23, que son Pascua, Siega, Trompetas, Expiación y Tabernáculos.
En el capítulo 31 se subraya la seriedad de los votos, aunque la validez de los mismos en el caso de la mujer depende de la aprobación del varón, sea el padre o el marido. Se trata de una de esas leyes en las que el contexto cultural familiar es determinante.
El capítulo 31 registra la venganza de Dios contra Madián por la celada preparada a Israel en Baal-peor, batalla en la que perecerá Balaam (31:8).
Hay un incidente destacable en el capítulo 32, cuando las tribus de Rubén y Gad deciden quedarse en el territorio de la margen derecha del Jordán, esto es, no en la tierra de Canaán propiamente dicha. Pero la orden de Moisés es que deben pasar el Jordán y luchar con sus hermanos, tras lo cual podrán quedarse en el territorio oriental como era su deseo; de este modo se establece un principio de solidaridad y unidad entre las tribus, al estar el bien común por encima del bien particular.
En los capítulos 33 y 34 se detallan las jornadas de Israel desde su salida de Egipto hasta las cercanías de Canaán y se delimitan las fronteras territoriales en la tierra a conquistar. En el capítulo 35 se estipula que las tribus habrán de dar ciudades a los levitas para que moren en ellas e igualmente se ordena la existencia de seis ciudades de refugio, adonde pueda acogerse y ser protegido el homicida involuntario.
Finalmente, el capítulo 36 recalca la obligatoriedad de las herederas de casarse dentro de la tribu a la que pertenezcan, para que la heredad no sea enajenada.

Moisés y la serpiente de bronce, ilustración para la traducción
de la Biblia de Lutero, 1534, folio 98
Resumen.
La etapa del desierto que relata el libro de Números es el pleriplo de las continuas desobediencias y altercados de Israel contra Moisés y contra Dios. Desde la salida de Sinaí (10:11) hasta el suceso de Baal-peor (25), las jornadas del trayecto están salpicadas continuamente por actos de murmuración y crítica, cuando no de abierta rebelión (capítulos 11, 12, 14, 16 y 20). Esa generación que sale de Egipto morirá en el desierto y no entrará en Canaán, lo que servirá al apóstol Pablo para ponerlos como ejemplo del que escarmentar en cabeza ajena (1 Corintios 10:1-11), al igual que el autor de Hebreos (3:7-19). Será también tema recurrente de reflexión en los Salmos (78, 81, 95, 106.

El libro, por tanto, describe de forma realista la dureza, obstinación e ingratitud de un pueblo que le debía todo a Dios, pero que no quiso creer en su bondad en los momentos de prueba y dificultad. Su castigo es todo un aviso para las generaciones posteriores. También el libro es un testimonio sobre la justicia retributiva de Dios, así como de su paciencia. Pero igualmente lo es de su fidelidad a las promesas dadas, dado que los hijos de los rebeldes entraron en Canaán.

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