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Nahúm

El profeta Nahúm (Aleijadinho) El profeta Nahúm, cuyo nombre significa 'compasión', escribió un duro mensaje de juicio contra Asiria en el siglo VII a. C. No se sabe nada de este profeta salvo su procedencia, la localidad de Elcos, lugar que no es posible situar con toda seguridad geográficamente.

Es importante situar históricamente la profecía de Nahúm y para ello nos ayuda el dato que el propio profeta aporta, al referirse a la destrucción de Tebas (3:8), que ocurrió en 664 a. C., y anunciar la de Nínive, que tuvo lugar en 612 a. C., a manos de medos y babilonios. Cuando Nahúm hace tal predicción el imperio asirio está todavía en la plenitud de su apogeo, que comenzará a decaer en 626 a. C., año en el que Babilonia comienza la larga guerra que provocará la caída de Asiria.

Asiria jugó un papel importante en la historia de los reinos de Israel y de Judá. Fue la causante de la desaparición del primer reino (2 Reyes 17:6) y puso en serias dificultades al segundo (2 Reyes 18:13). El profeta Isaías fue testigo directo del asedio al que los asirios pusieron a Jerusalén durante el reinado de Ezequías y de su milagrosa liberación por parte de Dios (Isaías 37:33-36). Son varias las advertencias que Isaías hace de parte de Dios ante el temor que provocan lo asirios, en vista de que el pueblo de Dios busca alianzas humanas para protegerse de ellos (Isaías 30:1-2; 31:1). Todo ello, sumado al aplastante dominio asirio sobre todas las naciones vecinas, produjo un sentimiento anti-asirio, dadas las brutales y despiadadas prácticas ejercidas sobre los pueblos conquistados, descritas en Nahúm 3:1, donde se dibuja la condición moral de la capital del imperio, Nínive. El asunto del que trata Nahúm es precisamente la caída de Nínive, que es la caída del imperio. Para ello se sirve de todos los recursos del lenguaje más descriptivo, en una poderosa sucesión de imágenes arrolladoras expresadas en los más vívidos colores, saturadas de elevación y majestad. En el capítulo 2 procede a describir el sitio de Nínive y su destrucción y en el capítulo 3 presenta las razones de la caída de la ciudad.

La imponente presentación de Dios en los primeros versículos del capítulo 1, donde destacan los atributos de ira, poder y trascendencia, no tiene igual en toda la Biblia. Esa presentación es la apropiada para la intervención de carácter judicial de Dios contra la poderosa y maligna potencia que era Asiria. Pero Nahúm también tiene presente el otro lado del carácter de Dios, que es el de bondad (1:7) y que balancea el de justicia. De ahí que en su mensaje haya dos componentes que van de la mano entre sí, como son el del castigo de Nínive y el de salvación del pueblo de Dios (1:15). Una salvación que incluye, precisamente, la destrucción de su mortal enemigo.

Es preciso comparar el libro de Jonás con el de Nahúm, ya que ambos tienen como tema la misma ciudad: Nínive. Hay un siglo de diferencia en el tiempo entre ambos profetas y también hay una abismal diferencia entre la acción de Dios en uno y en otro caso. Si bien la ciudad, que representa al imperio asirio, en ambos casos estaba bajo la hegemonía de la iniquidad y por tanto era objeto de la ira de Dios, en el primer caso es perdonada, por su profundo arrepentimiento, y en el segundo caso es entregada a la destrucción irreversible. Lo cual indica que el arrepentimiento de una generación no sirve para las siguientes, si éstas perseveran en la maldad. Nínive bajo Jonás muestra el lado misericordioso de Dios; Nínive bajo Nahúm representa el lado severo de Dios. Dos mensajes que cada nación debe tener siempre presente.

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