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Miqueas
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TABLA CRONOLÓGICA
Fecha a. C. Israel Judá Asirios
721 Caída de Samaria Jotam
Acaz
Sargón II
701 Ezequías
Asedio de Jerusalén
Senaquerib

Miqueas predica a príncipes y sacerdotes. Al fondo el nacimiento de Jesús en Belén
Ilustración para la traducción de la Biblia de Lutero, 1534, folio 37
Miqueas fue contemporáneo de Isaías, habiendo de hecho un texto que ambos comparten (Isaías 2:1-4; Miqueas 4:1-4). Este profeta es mencionado en Jeremías 26:17-19, cuando algunos ancianos defendieron a Jeremías de la sentencia de muerte dictada contra él, aludiendo a que el mismo mensaje de destrucción había sido anunciado por Miqueas, sin que se tomaran represalias contra él.

A diferencia de otros profetas cuyo mensaje era solo para uno de los dos reinos, el de Miqueas es para ambos: Samaria (1:5) y Jerusalén (3:12), sus capitales que les representan (1:1).

Que la salvación es algo personal está fuera de toda duda. Dios tiene interés en los individuos, en las personas concretas, una por una. Pero eso no significa que se desentienda del aspecto colectivo que los seres humanos tenemos. Del mismo modo que necesitamos un remedio individual que se llama salvación, necesitamos un remedio colectivo que se llama reino. Pues bien, el gran tema de Miqueas es el reino de Dios, habiendo de hecho en su profecía un famoso texto indicando el lugar donde nacería el Rey (5:2).

Que el pecado es colectivo se aprecia en el fracaso de los dirigentes de la nación. No es un fracaso político, económico, militar o de cualquier otra índole. Es un fracaso moral. Frente a este estado de cosas se anuncia el reino venidero en el capítulo 4:1-4, donde está la descripción del reino de Dios. Un reino que tiene las siguientes características:

  1. Solidez. Manifestada en la palabra establecer.
  2. Prominencia. Expresada en la palabra cabeza.
  3. Poder de apelación. Pues corren a él los pueblos.
  4. Alcance universal. Sobre muchos pueblos, naciones hasta muy lejos.
  5. Directrices que lo mueven. Ley y palabra de Dios.
  6. Dominio. Juzgará y corregirá a muchos pueblos.
  7. Resultados. Paz, prosperidad y seguridad.

Nótese el orden de estos puntos del reino de Dios. Los resultados de paz, prosperidad y seguridad son consecuencia de las directrices marcadas por la ley y la palabra de Dios. Pretender esos resultados sin esas directrices fue el craso error que cometieron las dos naciones a las que el mensaje de Miqueas iba dirigido.

El libro de Miqueas contiene uno de los resúmenes más admirables de lo que a Dios le agrada, manifestado en tres actitudes: Hacer justicia, amar misericordia y humillarse ante él (6:8).

Un análisis de los capítulos podría ser el siguiente:

El capítulo 1 comienza con la descripción de la terrible intervención de Dios para ejecutar sus juicios contra Israel y Judá (1:1-5); primero contra Samaria, capital de Israel, cuya ruina el profeta lamenta (1:6-8); luego contra Jerusalén, amenazada por Senaquerib (1:9); también otras ciudades son amenazadas (1:10-15), acabando en el cautiverio (1:16).

El capítulo 2 comienza con un ay contra los maquinadores de maldad, los codiciosos u opresores (2:1-2), quienes sufrirán el mal que Dios maquina contra ellos (2:3), habiendo un contraste entre el mal que ellos piensan contra su prójimo y el mal que Dios piensa contra ellos, consistente en la pérdida de su tierra (2:4-5). Su negativa a atender, a pedir altivamente cuentas a Dios y a desarraigar todo vestigio de piedad (2:6-9) tendrá graves consecuencias (2:10), teniendo que contentarse con sucedáneos de profetas (2:11). Pero el capítulo concluye con una promesa de la vuelta de la cautividad (2:12-13).

El capítulo 3 es una dura diatriba contra los dirigentes de la nación, tanto civiles como espirituales, que salen condenados por su iniquidad, pretendiendo que Dios está con ellos a pesar de todo, razón por la que vendrá la ruina sobre Jerusalén.

La primera parte del capítulo 4 contiene la profecía gloriosa sobre el establecimiento del reino de Dios, un pasaje que también se encuentra en Isaías 2:1-4. La segunda parte del capítulo describe la restauración futura de la nación en términos de rebaño desperdigado recogido (4:6-7), aunque primero tendrá que experimentar la dureza del cautiverio (4:9-11), si bien el propósito final de Dios, oculto a las naciones adversarias, se llevará a cabo (4:12-13).

El capítulo 5 contiene una profecía sobre el lugar de nacimiento del Mesías, el nuevo David cuyos orígenes son anteriores a David (5:2), lo que indica la doble naturaleza que posee. Este pasaje fue el que emplearon los escribas y sacerdotes para responder a Herodes sobre su pregunta acerca del lugar de nacimiento del Mesías (Mateo 2:4-6). El versículo 3 puede referirse al tiempo de ceguera de Israel y a la reunión de judíos y gentiles en la fe del anunciado, quien gobierna en nombre de Dios (5:4). Al igual que ocurre con otros profetas la idea del remanente aparece en Miqueas, un remanente que es de bedición y de juicio hacia otros pueblos (5:7-9). Los últimos versículos continen una profecía contra la fuerza militar, la autosuficiencia, las prácticas ocultistas y la idolatría (7:10-15).

El capítulo 6 llama la atención de todos los elementos naturales para que sean testigos del pleito que Dios tiene con su pueblo (6:1-2), presentándole argumentos históricos que muestran su bondad que no ha sido correspondida (6:4-5). Lo que correspondía hacer no es rituales y ceremonias huecas (6:6-7) sino un verdadero culto manifestado en la justicia, la misericordia y la humildad (6:8). Sin embargo, la realidad presente es bien elocuente, cargada de injusticia y codicia material (6:11-12), lo que supondrá el advenimiento de las calamidades venideras (6:13-16).

El capítulo 7 comienza con el lamento por el estado moral de la nación, en la que es imposible encontrar a alguien leal o recto, estando a la cabeza de ese panorama la clase dirigente; ni siquiera los lazos naturales de parentesco son un freno para el engaño y la traición (7:1-6). Pero tras el lamento por lo que ve, a continuación viene la actitud ante Dios que el profeta muestra, de espera y de humildad (7:7-10), tras lo cual verá la derrota de sus enemigos y la restauración del pueblo de Dios (7:11-17). El libro conluye con una expresión de gratitud por el perdón de Dios, expresado en formas elocuentes (7:18-19), y por su fidelidad a sus promesas (7:20).

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