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Isaías
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TABLA CRONOLÓGICA
Fecha a. C. Israel Judá Asirios Heteos Sirios Romanos
740 Jeroboam II Muerte de Uzías Salmanasar V Caída de los Estados heteos Caída de Damasco (734) Fundación de Roma (753)
721 Caída de Samaria Jotam
Acaz
Sargón II
701 Ezequías
Asedio de Jerusalén
Senaquerib

Mapa del imperio asirio en tiempos de Isaías

Isaías en la Capilla Sixtina (Miguel Ángel)Con Isaías comienza una nueva sección de los libros del Antiguo Testamento, que son los profetas. Mucho antes de los profetas que son los autores de los libros canónicos de esa sección, el Antiguo Testamento constata la existencia de otros profetas, siendo Abraham el primero al que así se denomina (Génesis 20:7). Por supuesto, Moisés entra de lleno en esa categoría (Deuteronomio 18:18), apareciendo posteriormente una diversidad de personajes que ejercen esa función, como Débora (Jueces 4:4), Samuel (1 Samuel 3:20), Natán (1 Reyes 1:10), Elías (1 Reyes 18:36), Eliseo (2 Reyes 6:12) y otros, algunos de los cuales son anónimos.

El hecho de que alguien lleve tal título no le otorga automáticamente la legitimidad, pues la prueba de la misma es la propia legitimidad del mensaje (Deuteronomio 13:1-2), esto es, si viene de Dios, razón por la cual abundan los falsos profetas (1 Reyes 18:20; Jeremías 23:9) que hablan por su propia cuenta y son fuente de engaño.

La misión del profeta no es necesariamente hacer vaticinios sobre el futuro sino ser portador de un mensaje de parte de Dios, siendo testigo suyo en la tierra. Por tanto, es la predicación el núcleo de su función, especialmente cuando el rumbo espiritual y moral colectivo se ha torcido. En el Nuevo Testamento se le denomina a Juan el Bautista profeta (Lucas 1:76), si bien jamás hizo un vaticinio.

Es evidente que hay una componente de valentía que debe ir aparejada al ejercicio de la función profética, dado que la denuncia del mal acarrea consecuencias. Especialmente es así, cuando ese mal es mayoritario y está fomentado desde el poder. Por eso algunos de los profetas tuvieron que pagar un alto precio de rechazo y persecución por su fidelidad al mensaje recibido. Difícil es, sobre todo, cuando ese mensaje va dirigido contra la propia nación a la que el profeta pertenece, que es la nación escogida por Dios, alcanzando la denuncia a suss dirigentes y pueblo.

Entre la función profética y la sacerdotal hay una complementación, pues mientras la segunda es necesaria para proporcionar el medio de acceso objetivo a Dios, el sacrificio, la primera es precisa para recordar que la actitud interior, el arrepentimiento, es vital. De ahí las denuncias proféticas sobre un culto mecánico y meramente ritualista (Isaías 1:11; Jeremías 6:20). Eso no quiere decir que el profeta desecha la noción de culto y sacerdocio en sí, sino que lo que condena es su vaciamiento de contenido interno. Lo objetivo, el medio de acceso a Dios, y lo subjetivo, la actitud personal, son dos remos que han de moverse armónicamente.

El libro de Isaías lleva el nombre del mismo profeta. En el título el nombre aparece como yesha'yah. Este nombre puede ser una composición de yesha' (salvación) y yahu (Jehová). Por tanto probablemente significa "Jehová es salvación", lo que es todo un anuncio premonitorio del mensaje del libro. En la Septuaginta el nombre es Hesaías y en la Vulgata Esaías o Isaías.

Hasta para un lector superficial el libro tiene una clara división: Desde el capítulo 1 al 39 sería la primera parte y desde el 40 hasta el final la segunda. Mientras que la primera parte tiene una variedad de destinatarios, pues sus profecías van dirigidas a muchas naciones, no sólo a Israel, la segunda es exclusivamente para el pueblo de Dios, pues incluso el capítulo 47, que tiene como tema el juicio sobre Babilonia, repercute directamente sobre Israel, al quedar vindicada la nación por la caída de sus enemigos. El tono de la primera parte es mayoritariamente de severidad y juicio, mientras que el de la segunda lo es de consolación y salvación, tal como dice 40:1. A grandes rasgos se podría dividir de la siguiente manera:

I. Isaías 1:1-12:6. Profecías sobre Judá y Jerusalén.
II. Isaías 13:1-24:23. Profecías sobre las naciones.
II Isaías 25:1-35:10. Advertencias proféticas.
IV. Isaías 36:1-39:8. Apéndice histórico.
V. Isaías 40:1-66:24. Mensaje consolador para el pueblo de Dios.

El profeta vivió durante los reinados de Uzías (quien murió en 740 a. C.), Jotam, Acaz y Ezequías, estando todavía vivo cuando el rey asirio Senaquerib fue asesinado (37:38). Según una tradición Isaías murió bajo el reinado de Manasés, quien mandó aserrarlo por la mitad, de lo cual habría una alusión indirecta en Hebreos 11:37. Los dramáticos acontecimientos que se vivieron en Jerusalén bajo el reinado de Ezequías, cuando la ciudad estuvo bajo asedio de los asirios, tuvieron como testigo e instrumento a este profeta (36-38). El ministerio de Isaías se llevó a cabo en un momento crítico de la historia de Judá. El poder asirio se estaba levantando y ante este hecho aparecieron dos grupos dentro de la nación. Uno trataba de aliarse con Egipto (30:2; 31:1) y el otro con Asiria (2 Crónicas 28:16-21). Sin embargo, Isaías condenó las alianzas humanas (30:7) y exhortó a la nación a que confiara en Dios (30:15). Contemporáneo de Isaías fue Miqueas, existiendo de hecho un texto que es común a ambos (Isaías 2:1-4; Miqueas 4:1-4), si bien Miqueas añade algo más.

En el Nuevo Testamento hay más referencias a Isaías que a todos los demás profetas juntos, lo cual no es extraño al haber en este libro más referencias al nacimiento y ministerio del Mesías que en todos los demás, razón por la cual se ha hablado de que así como hay un evangelio según Mateo, según Marcos, según Lucas y según Juan, hay un evangelio según Isaías, al ser tan numerosos los datos anunciados sobre el Mesías. Por ejemplo, Juan el Bautista es la voz que clama en el desierto para preparar el camino al Señor (40:3; Mateo 3:3; Lucas 3:4–6; Juan 1:23). Isaías habló de la concepción virginal de Jesús (7:14; Mateo 1:23; Lucas 1:34). El endurecimiento de la generación de Isaías es premonitorio del de la generación de Jesús, lo que explica por qué enseñó en parábolas y por qué su mensaje no fue recibido (6:9–10; 29:13; Mateo 13:13–15; 15:7–9; Juan 12:39–40; Hechos 28:24–27). Jesús es el siervo sufriente de Isaías, lo que explica su rechazo y sufrimiento (53:1; Juan 12:38; Hechos 8:27–33). Los anuncios de Isaías adelantan la misión de Jesús a los gentiles (9:1–2; Mateo 4:13–16); Jesús se aplicó a sí mismo lo que Isaías anunció sobre la misión del siervo (61:1–3; Lucas 4:14–21). La gloria inefable que vio Isaías es la gloria de Jesús (6:1–3; Juan 12:41). Pablo apela a este profeta para exponer la incorporación de los gentiles al pueblo de Dios (11:10 en Romanos 15:12; 65:1 en Romanos 10:20) y para proclamar la existencia de un remanente de Israel (1:9 en Romanos 9:29; 10:22–23 en Romanos 9:27–28).

Hay varios temas dominantes en este libro:

  1. El Santo de Israel.
  2. El Redentor de Israel.
  3. Otros atributos de Dios.
  4. El remanente.
  5. El Siervo del Señor.
  6. El Espíritu de Dios.
  7. Anuncios sobre el Mesías.
  8. El reino de Dios.
  9. Escatología gloriosa.

Isaías contempla la visión de Dios, ilustración para la traducción
de la Biblia de Lutero, 1534, folio 1
1. El Santo de Israel. Cuando Isaías recibió su llamamiento al ministerio en el capítulo 6 contempló una teofanía de Dios. Entre los atributos de majestad y gloria, destaca el de santidad que se proclama tres veces. Por todo el libro la expresión 'el Santo de Israel' es una de las designaciones preferidas de este profeta para referirse a Dios (1:4; 5:19,24; 10:17,20; 12:6; 17:7; 29:19,23; 30:11–12,15; 31:1; 37:23; 40:25; 41:14,16,20; 43:3,14–15; 45:11; 47:4; 48:17; 49:7; 54:5; 55:5; 60:9), siendo peculiar de su libro. Aunque en el Antiguo Testamento se aplica a determinadas personas y objetos, se trata de una santidad derivada que les ha sido otorgada, mediante un acto de santificación. Ese estado puede perderse, si hay profanación o corrupción del propósito para el cual fueron santificados. Pero el término santo aplicado a Dios tiene un sentido singular, ya que su santidad no es derivada ni adquirida, sino que se trata de un atributo esencial, inmutable y pleno. Mientras que en las criaturas pueden darse grados de santidad, avance y retroceso, la santidad de Dios es perfecta y no puede experimentar aumento ni disminución. Pero al nombre Santo el profeta Isaías añade una relación y de ahí surge la expresión Santo de Israel, que alude a quien en medio de Israel es santo, a quien manifiesta su santidad a través de Israel y a quien santifica a Israel.

2. El Redentor de Israel. La figura del redentor procede de Levítico 25:25, siendo el pariente que acude en socorro del necesitado; se trata de una figura cercana y cálida y muestra la sensibilidad de Dios hacia los desprotegidos. Pero el salto que se produce en Isaías es que quien está necesitado de redención no es tal o cual individuo sino la nación en conjunto. En un contexto histórico en el que la nación se encontraba bajo la amenaza asiria, el mensaje de Isaías presentando a Dios como salvador y redentor es muy pertinente (43:1; 44:23; 48:17; 63:16). Pero lejos de limitarse a una redención militar o nacional, el profeta va más allá y anuncia que esa salvación es espiritual, esto es, del pecado (44:22).

3. Otros atributos de Dios. Aparte de los de Santo y Redentor, Isaías subraya una y otra vez que Dios es creador de todo (40:26; 42:5; 45:18). Es decir, en él se unifican la acción creadora y la salvadora, llegándose a la conclusión de que es el único Dios, no habiendo lugar para una diversidad de dioses, como en el paganismo, en el que cada uno tenía asignada una función diferente. De ahí surgen unas expresiones que son exclusivas de Isaías en el Antiguo Testamento, el referirse Dios a sí mismo como 'el primero y el último' (44:6; 48:12), lo cual significa que Dios no tiene antecesor ni en su existencia ni en su acción, ni tampoco sucesor en ambas cosas. Esa doble expresión la volverá a tomar Apocalipsis, aplicándola a Jesucristo (22:13). Hasta tal punto Isaías niega el dualismo, la enseñanza de que la creación tiene dos orígenes, que en el pasaje sobre el persa Ciro, y hay que recordar que los persas eran dualistas, afirma rotundamente el origen único de todas las cosas (45:7).

4. El remanente. Es el grupo dentro de Israel que sobrevive al juicio de Dios y en el cual se cumplen las promesas de salvación. El remanente distingue entre el verdadero y el falso pueblo de Dios. Si no fuera por el remanente la existencia del pueblo de Dios quedaría en el aire, lo cual significaría que también las promesas de Dios quedarían sin cumplirse. La noción aparece en 1:8-9; 6:13; 17:4-6; 24:13; 30:17. Lleva aparejada la noción de la gracia de Dios, que preserva al remanente de caer como el resto, una verdad que luego el apóstol Pablo tomará para explicar el rechazo mayoritario de Israel al evangelio (Romanos 9:27-29) y la preservación de un remanente por gracia.

5. El Siervo del Señor. Hay varias porciones en la segunda parte del libro que se refieren a un personaje al que se llama el Siervo. Se trata de un tema que es exclusivo de Isaías. Saber de quién se trata es vital, porque la obra que está llamado a realizar es de tal importancia y envergadura que tal cuestión no puede ser pasada por alto. Los pasajes en los que se menciona a dicho personaje son 42:1-9; 49:6-7; 50:4-9; 52:13-53:12. Algunos han dicho que se refiere al remanente de Israel, pero dicho remanente es objeto de salvación, no autor de ella. Otros han afirmado que se refiere a Ciro, el monarca persa que publicará el decreto de regreso de los judíos de Babilonia (45:1-4), pero esa obra no abarca la amplitud y profundidad de la obra que realizará el Siervo. La solución es que se refiere al Mesías, cuya obra es de alcance universal y de dimensión espiritual. El texto en 53:1-12 habla de su muerte vicaria y expiatoria en favor de los que han de ser redimidos.

6. El Espíritu de Dios. La actividad del Espíritu de Dios es amplia en Isaías, pues además de ungir al Mesías para la función que ha de realizar (11:2; 42:1; 61:1), también se declara que es autor de la creación (40:13-14). Pero más allá de la creación natural, el libro subraya su obra en la creación espiritual, en la renovación y en su derramamiento general (32:15; 44:3; 59:19), anunciando así lo que en el Nuevo Testamento se hará patente. Igualmente se manifiesta en su reacción contra el mal, desbocado y generalizado (59:19), y contra el mal dentro del pueblo de Dios (63:10).

7. Anuncios sobre el Mesías. Algunas de las citas más memorables recogidas en los evangelios procedentes del Antiguo Testamento son de Isaías. Por ejemplo, la de 7:14 que servirá para señalar el nacimiento virginal de Jesús en Mateo 1:23. O también la de 6:9-10, que será citada por Jesús (Marcos 4:11-12; Juan 12:39-40) y por Pablo (Hechos 28:25-27). Pero también son de este profeta las citas que se leen invariablemente en las celebraciones de Navidad (9:6-7; 11:1-10) o en Adviento (40:3-8). Jesús al comenzar su ministerio público se identificó con el pasaje de 61:1-3 en la sinagoga de Nazaret.

8. El reino de Dios. Íntimamente asociada al Mesías está la enseñanza sobre el reino de Dios, cuyas características se describen en 2:1-4; 9:7; 11:6-10; 32:1-4.

9. Escatología gloriosa. En Isaías están algunas de las páginas más elevadas sobre el futuro del pueblo de Dios (60), llegando a anunciar un cielo nuevo y una tierra nueva (65:17), algo que el libro de Apocalipsis desplegará en toda su dimensión (21-22).

Mapa del reino de Judá en tiempos de Isaías
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