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Hebreos
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Cristo mediador de Blake

Contenido

Hebreos se puede dividir en cuatro partes:

Superioridad de Cristo como mediador (1:1-4:16).
El escritor comienza diciendo que la revelación del Nuevo Testamento tiene como mediador al Hijo de Dios, quien es superior a los ángeles (1:1-14) y cuya revelación no puede ser descuidada sin peligro mortal (2:1-4). Por su sufrimiento ha obtenido la salvación, consistente en la liberación del poder de la muerte y el otorgamiento de la gloria (2:5-18). Luego muestra que Cristo es mayor que Moisés, igual que el constructor es mayor que la casa y el hijo es superior al siervo (3:1-6), por lo que es necesario escuchar su voz ya que la incredulidad impide la bendición de la salvación, como se aprecia en la historia de Israel (3:7-19). Aquella generación que salió de Egipto no entró en el descanso por su incredulidad, continuando vigente la promesa del mismo y debiendo nosotros entrar, acudiendo por ayuda a nuestro gran sumo sacerdote (4:1-16).

Cristo el verdadero sumo sacerdote (5:1-7:28).
Igual que todo sumo sacerdote, Cristo es tomado de entre los hombres para representarlos en adoración, siendo llamado por Dios (5:1-5); pero a diferencia de los demás él fue hecho sumo sacerdote según el orden de Melquisedec y por tanto es autor de salvación eterna para los que le obedecen (5:6-10). Como los lectores no eran capaces de comprender todo lo que podía decirse sobre el sacerdocio de Cristo, el autor les exhorta a avanzar en un mayor conocimiento, a tener cuidado con la apostasía y a ser diligentes para heredar, por la fe y la paciencia, las fieles promesas de Dios (5:11-6:20). Volviendo al asunto del sacerdocio, el autor describe el carácter único de Melquisedec (7:1-10) y contrasta el sacerdocio de Cristo con el de Aarón con respecto a la descendencia carnal (7:11-14), duración (15-19), solemnidad y trascendencia (20-22) y número (23-24), recalcando la necesidad de tal sumo sacerdote (25-28).

Superioridad del nuevo pacto (8:1-10:18).
Como sumo sacerdote Cristo está ministrando ahora en el cielo, del que el tabernáculo terrestre era una sombra, al ser mediador no del antiguo sino del nuevo pacto (8:1-13). El culto y el santuario de la antigua dispensación eran meramente figuras para el tiempo de entonces y señalaban al mejor culto que Cristo, el mediador del nuevo pacto, realizaría en el santuario celestial, pues no entró con sangre de animales sino con su propia sangre, obteniendo eterna redención (9:1-28). Los sacrificios del antiguo pacto no podían quitar el pecado, de ahí que Cristo se ofreciera a sí mismo por nuestra purificación y para darnos acceso a Dios (10:1-18).

Aplicaciones de las verdades expuestas y epílogo personal (10:19-13:25).
El escritor exhorta a sus lectores a acercarse a Dios con confianza y les avisa contra la apostasía, recordándoles sus ruinosas consecuencias y su anterior aguante, asegurándoles que el justo vivirá por la fe (10:19-39). Ilustra este punto al presentarles una larga lista de personajes que triunfaron en la fe (11:1-40). Ante esos ejemplos, y sobre todo el ejemplo supremo de Jesús, les anima a sobrellevar la disciplina que es señal de filiación y les ministra para su santificación, alertándoles contra desechar la gracia de Dios (12:1-17). Al haber recibido mayores privilegios que los santos del Antiguo Testamento, han de esforzarse por servir a Dios aceptablemente con reverencia y piadoso temor (18-29). Luego siguen algunas exhortaciones generales sobre la hospitalidad, el matrimonio, el contentamiento, la imitación de sus maestros y la necesidad de guardarse de doctrinas extrañas (13:1-17), tras lo cual acaba con unas noticias personales y salutaciones (18-25).

Características

La carta a los Hebreos no tiene la forma de las otras cartas. No contiene el nombre del autor, ni los destinatarios. Y si no fuera por unos pocos datos personales (10:34; 13:18,25) y por los saludos al final, se podría considerar este escrito un tratado más que una carta.

La relación que tiene con el Antiguo Testamento es única. No considera la ley como un conjunto de mandamientos impuestos para ser obedecidos sino como un sistema ritual que Dios ha proporcionado por su misericordia, mostrando claramente su insuficiencia para la eliminación del pecado, al quitar solamente la contaminación ceremonial sin purificar el corazón. Mientras que Pablo considera la ley un episodio temporal, por causa del pecado, entre la promesa y su cumplimiento, esta carta contempla la ley como una representación, una revelación primitiva de las bendiciones a las que señala la promesa. En la ley la imagen de las realidades del Nuevo Testamento se ve débilmente; es el capullo que gradualmente se desarrolla en una bella flor. Las realidades que se corresponden con las sombras del Antiguo Testamento se muestran en detalle y por tanto esta carta es el comentario inspirado del ritual del antiguo pacto, haciendo que Levítico sea iluminado.

Esta carta es peculiar por la manera en que cita el Antiguo Testamento. Mientras que en las cartas que llevan el nombre de Pablo las citas son parcialmente del hebreo y parcialmente de la Septuaginta, en esta carta son todas de la Septuaginta. Además las fórmulas empleadas para las citas son diferentes a las otras cartas, que suelen referirse a sus autores humanos, salvo en los casos en que Dios habla en primera persona en el Antiguo Testamento. En cambio esta carta se refiere al autor primario, esto es, Dios o el Espíritu Santo.

Su lenguaje es el mejor griego literario del Nuevo Testamento. Las frases están bien equilibradas y el estilo fluye con gran regularidad, con gran amplitud de lenguaje para expresar la abundancia de pensamientos que desarrolla.

Autoría

La autoría de la carta es una cuestión sin resolver, habiéndose dado diversas soluciones. Pablo, algún discípulo de Pablo, Apolos, Silas, Lucas, Bernabé y otros personajes han sido propuestos, pero no hay evidencia que corrobore ninguna de esas proposiciones.

Destinatarios

Los destinatarios de la carta son judíos cristianos, familiarizados con los temas que la carta abarca, como el tabernáculo y su servicio y el sacerdocio que allí ministraba. De hecho, la carta presupone que sus lectores están en peligro de recaer en el judaísmo.

Composición

Precisamente esa posibilidad de apostasía es el motivo de la carta. Durante un tiempo habían profesado el cristianismo (5:12), habiendo sufrido por esa causa persecución e incluso soportado gozosamente la pérdida de sus bienes (10:32-34). Pero estaban desanimados en dos aspectos. En primer lugar por su expectativa del inminente regreso de Cristo en triunfo sobre sus enemigos, transformando la aflicción de sus seguidores en bendición eterna. Pero Cristo no había regresado y los sufrimientos continuaban, habiendo aumentado en severidad. En la oscuridad envolvente no tenían apoyo visible para su fe. En segundo lugar estaban desanimados por la actitud de su propio pueblo hacia la fe cristiana, al ser evidente que los judíos en conjunto no aceptaban a Cristo. Sus hermanos en la carne persistían en su oposición, aumentando su rechazo hacia los seguidores de Jesús. Al considerar todo ello, la debilidad se ha apoderado de ellos (12:12), han dejado de crecer espiritualmente (5:12), están inclinados a la incredulidad (3:12) y en peligro de apartarse (6:4-6). La tentación es volver al judaísmo, eludiendo así la persecución y disfrutando de sus antiguos privilegios.

El autor desea avisarles de los peligros a los que están expuestos y exhortarles a permanecer fieles a su llamamiento. Para ello muestra, por vía de contraste, el valor intrínseco de la fe cristiana. El culto del Antiguo Testamento no contenía sino la sombra de la realidad del Nuevo Testamento. Cristo es mayor que los ángeles (capítulo 1), que Moisés (capítulo 3) y es el verdadero y único sumo sacerdote, que por su sufrimiento abrió el camino al cielo y proporciona acceso libre a Dios (capítulos 5-10). Fue perfeccionado mediante sufrimientos, para que pueda identificarse con los suyos en sus pruebas y aflicciones (2:10,17,18; 4:15), siendo poderoso para guiarlos del sufrimiento a la gloria. Si es ahora invisible al ojo humano es porque ha entrado en el santuario celestial, donde continuamente ministra las necesidades espirituales de los suyos y les asegura el libre acceso al trono de Dios (4:16; 6:18-20; 9:24; 10:18-22). Puede parecer distante, pero está cerca y quienes creen disfrutan de su presencia y se fortalecen mediante la fe, la cual es su verdadero apoyo en tiempos de necesidad (capítulo 11; 12:1-2). Y aunque tarde, vendrá a su debido tiempo para llevar a los suyos a la gloria. Ellos deben salir fuera del campamento, llevando su vituperio, ya que poseen mayores privilegios que los santos del Antiguo Testamento y finalmente recibirán su herencia eterna.

No es fácil determinar la fecha de esta carta, al no contener datos de tiempo, suponiéndose que es un poco anterior a la destrucción de Jerusalén en el año 70, ya que se da por supuesto que todo el sistema de culto seguía su curso.

Importancia

El valor permanente de la carta yace en dos hechos, que suponen un tercero. En primer lugar resalta, como ningún libro del Nuevo Testamento hace, la unidad esencial del Antiguo y del Nuevo Testamento. Ambos son de Dios; ambos se centran en Cristo; ambos tratan las mismas verdades espirituales y ambos procuran llevar al hombre a Dios. En segundo lugar la carta subraya la diferencia entre los dos pactos, conteniendo el primero las sombras y el segundo la realidad; el culto del primero es terrenal y por tanto externo y temporal, mientras que el del segundo es celestial y por tanto espiritual y definitivo; el ministerio del primero efectúa sólo ceremonialmente la pureza y la unión con Dios, pero el del segundo efectúa la purificación interior y la comunión espiritual con Dios. Al tratar la carta de la relación del antiguo pacto con el nuevo, se convierte en un comentario inspirado de todo el ritual del Antiguo Testamento.

TABLA CRONOLÓGICA DE LOS DOCUMENTOS DEL NUEVO TESTAMENTO
Fecha Emperador Mateo Marcos Lucas Juan Pablo Desconocido Santiago Pedro Judas
53 Claudio 1 y 2 Tesalonicenses
56 Nerón Filipenses
57 1 Corintios
2 Corintios
Gálatas
58 Romanos Carta
61 Colosenses
Efesios
Filemón
63 Evangelio
64 1 Carta
65 Hechos 1 Timoteo
Tito
66 Evangelio 2 Carta
67 Evangelio 2 Timoteo Hebreos Carta
95 Domiciano Apocalipsis
98 Trajano Evangelio
Cartas
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