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Hageo
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TABLA CRONOLÓGICA
Fecha a. C. Hebreos Egipcios Romanos Babilonios Persas Griegos
538 Edicto de Ciro
Regreso del primer contingente
Caída de Babilonia
Dominio persa
Edicto de Ciro
Imperio persa
c. 520-515 Reedificación del templo Dominio Persa Darío I
c. 458 Llegada de Esdras Artajerjes I Pericles
c. 445 Llegada de Nehemías Decemviros en Roma

Hageo exhortando a Zorobabel y Josué
Ilustración para la traducción de la Biblia de Lutero, 1534, folio 49
Hageo fue contemporáneo de Zacarías, profetizando ambos en el tiempo en el que los judíos reedificaron el templo (Esdras 5:1; 6:14). Su nombre procede de la palabra hebrea hag, que significa fiesta. Su ministerio fue muy breve, tres meses, según está registrado en su profecía (1:1,15; 2:1,10,20), pero aunque corto fue determinante, pues llegó en un momento crítico, cuando los adversarios de los judíos habían obtenido una victoria que parecía definitiva (Esdras 4:23-24) y la desmoralización y desánimo cundía entre los judíos. Su mensaje lo dirige a los dos representantes de los judíos, Zorobabel y Josué, gobernador el primero y sacerdote el segundo, quienes son, por tanto, la autoridad civil y religiosa del pueblo respectivamente, que formaron parte del primer contigente que regresó a Jerusalén tras el edicto de Ciro (Esdras 2:2). Zorobabel era de linaje real y su nombre aparece en la genealogía de Jesús (Mateo 1:12-13).

El libro se puede dividir en cuatro partes:

1. Palabra de confrontación (1:1-15).
2. Palabra de consolación (2:1-9).
3. Palabra de instrucción (2:10-19).
4. Palabra de remuneración (2:20-23).

1. Palabra de confrontación (1:1-15).
La palabra de Hageo viene a confrontarlos con lo que están haciendo y con lo que están dejando de hacer. Lo que están haciendo es estar centrados en ellos mismos, en sus casas (1:4), lo cual es su prioridad. Lo que están dejando de hacer es la reconstrucción de la casa de Dios. Se ha llegado a esta condición no sólo por la oposición del enemigo sino porque con el paso del tiempo los ánimos del principio se han ido enfriando, hasta el punto de encontrar una justificación para su desidia (1:2). El resultado de este estado de cosas es la pérdida de bendición (1:6,10,11), de ahí la exhortación a reflexionar (1:5,7). La respuesta de los dirigentes, Zorobael y Josué, y del pueblo fue inmediata (1:12-14).

2. Palabra de consolación (2:1-9).
Ante la palabra de confrontación y la reacción del pueblo para reanudar la obra, Hageo trae una palabra de consolación y de promesa de parte de Dios, quien les asegura su presencia entre ellos (2:4), lo mismo que en la antigüedad cuando salieron de Egipto (2:5). La expresión traducida el Deseado de todas las naciones, en referencia al Mesías, es factible traducirla como lo deseado o precioso, es decir, el tesoro de las naciones, lo cual concordaría con la profecía de Isaías 60:6 y también con Mateo 2:11. Aunque la casa es humilde en comparación con la primera, la que construyera Salomón, no obstante constituye el centro de interés de Dios (2:9). Parece que lo que están haciendo no es importante y por tanto se podrían preguntar si merece la pena el esfuerzo. Pero Dios responde afirmativamente, porque es él quien otorga su justo valor a las cosas. Podría peguntarse en qué sentido este segundo templo tuvo más gloria que el primero y si bien Herodes lo engrandecería materialmente siglos después, la única respuesta coherente es porque fue en este templo donde Cristo estuvo (Lucas 2:46; Marcos 11:11; Juan 7:28).

3. Palabra de instrucción (2:10-19).
Sobre la necesidad de la santificación, dado que la tarea que están llevando a cabo no es la reconstrucción de una casa cualquiera o para cualquiera, sino de la casa de Dios. Los dos principios propuestos (2:12-13) enseñan que la contaminación se comunica automáticamente mientras que la santidad no. De ahí que si los ofrendantes están contaminados su ofrenda también lo estará. Por eso es necesaria la reflexión (2:15,18) para cambiar de actitud.

4. Palabra de remuneración (2:20-23).
La remuneración tiene dos vertientes; una es contra las naciones paganas, enemigas de lo que el pueblo de Dios está haciendo; otra es a favor de Zorobabel, representante de quienes trabajan en la casa de Dios. Es una palabra de exaltación, al compararle con un anillo de sellar, instrumento usado por los reyes para otorgar legalidad a los documentos. Del mismo modo Zorobabel será un utensilio precioso en las manos de Dios para efectuar su obra. En esa utilidad está la gloria del instrumento.

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