en la web en la Biblia
 
           
SPIRA, DIETAS DE
Guardar como Pdf Guardar como Pdf
Imprimir Imprimir
Enviar este enlace por e-mail a un amigo Enviar este enlace por e-mail a un amigo
Ver más Enciclopedia Ver más Enciclopedia
 

Dietas de Spira es el nombre de varias convocatorias político-eclesiásticas, celebradas en esa ciudad alemana, en el siglo XVI que tuvieron importancia para el devenir de la Reforma.

La dieta con el emperador
La dieta con el emperador
Dieta de 1526.
Cuando el archiduque Fernando inauguró la dieta imperial en Spira el 15 de julio de 1526 la situación política era desfavorable para los simpatizantes de la Reforma. Por la paz de Madrid, 14 de enero de 1526, el emperador Carlos V tenía carta blanca y podía esperar imponer dentro del imperio las provisiones del edicto de Worms. Los príncipes católicos alemanes meridionales habían formado una estrecha alianza en Regensburgo en julio de 1524; los príncipes alemanes septentrionales, en Dessau el 26 de junio. Por lo tanto cuando, ya en 1526, el duque Enrique de Beunswick llegó a España, para rogar el apoyo del emperador en favor de la antigua fe, Carlos gozosamente accedió a la solicitud. El 23 de marzo de 1526 anunció que esperaba comenzar por Roma en junio y luego proceder en Alemania para acabar con el luteranismo.

Por lo tanto las instrucciones imperiales a los Estados en Spira no exigían más que la consideración sobre los modos y formas por las que las ordenanzas de la Iglesia podían ser administradas como usualmente. Pero aunque los jefes de la facción evangélica, el elector Juan de Sajonia y el landgrave Felipe de Hesse, no habían llegado, los dos colegios principescos, el 30 de junio, demandaron alguna acción en cuanto a la terminación de los abusos. Las ciudades declararon imposible la ejecución del edicto de Worms. Al mismo tiempo exigieron que fueran abolidas las prácticas opuestas a la palabra de Dios. El 4 de julio este memorial de las ciudades fue comunicado a los colegios principescos y fue aceptado sin alteración. En esta coyuntura, cada uno de los tres tribunales, electoral, principesco y municipal, eligió un comité separado, cuyo oficio era decidir entre abusos a ser abolidos y buenas prácticas a ser retenidas. El temperamento anti-romano de la mayor parte de la nación alemana surgió de nuevo y un poderoso reforzamiento surgió con la llegada a Spira del landgrave Felipe el 12 de julio y del elector Juan el 20 de julio. Por un acuerdo suscrito en Torgau el 2 de mayo, aprobado por otros príncipes evangélicos el 12 de junio, los líderes se sometieron a una confesión abierta de la verdad evangélica. El comité de los príncipes respaldó el matrimonio de los sacerdotes y la copa para los laicos como artículos dignos de ser resueltos, pero el comité municipal propuso una votación libre para que cada Estado manejara los asuntos ceremoniales hasta la convocatoria del concilio. Por tanto el 30 de julio un "gran comité" fue designado para considerar posteriormente todo el asunto; pero el 3 de agosto el archiduque Fernando apareció con la abrupta notificación de que una recomendación colateral imperial de 23 de marzo prohibía todo el procedimiento e invocó simplemente la ejecución del edicto de Worms. La mayoría de los Estados escucharon esta comunicación con aversión. Finalmente los colegios principescos acordaron informar a los comisionados imperiales de que, en la cuestión de la creencia religiosa, cada Estado "se comportaría y permanecería de modo que pudiera rendir leal cuenta ante Dios, su majestad imperial y el reino."

Un memorial propuesto el 4 de agosto por las ciudades a los Estados llamaba la atención sobre la alteración en la situación política, desde que las instrucciones debatidas habían sido decretadas. El emperador, que estaba en guerra con el papa, tuvo que admitir lo inoportuno del mandato de Worms. Ya que un concilio no sería convocado inmediatamente se aconsejó que se informara mediante despachos y enviados al emperador sobre el estado actual de los asuntos y se le suplicó que suspendiera el edicto de Worms y aprobara la asamblea nacional que había sido prohibida por el mismo emperador. El 5 de agosto los Estados concurrieron con la propuesta de las ciudades y las instrucciones a ser mandadas por los enviados se terminaron el 21 de agosto. Los enviados tenían que recordar al emperador que aunque algunos de los Estados imperiales eran todavía de la antigua fe y práctica, otros se habían adherido a una enseñanza eclesiástica diferente, que en su estimación también era cristiana; por lo tanto ambas partes sostenían su propia manera de entender la verdad cristiana. Se le pidió al emperador que fuera a Alemania tan pronto como pudiera, de modo que se pudiera era elaborar una recomendación mediante su presencia. Más aún, se le pidió que en el plazo de año y medio se convocara en territorio alemán "un concilio libre" o, al menos, una asamblea nacional libre. También se le pidió que dejara a un lado el asunto del edicto de Worms. Esta propuesta fue adoptada en la dieta de 27 de agosto y fue aceptada por los comisionados imperiales. Los amigos de la Reforma tenían razón para estar contentos por el resultado de la dieta. Aunque la provisión que dio a la dieta su significación histórica duradera no produjo paz permanente, estaba destinada a ayudar a desbloquear el momentáneo atasco mediante una tregua que postergaba la última decisión. Pero en lo que respecta a la regulación del tema religioso nunca fue aprobada y como ni el concilio ni la asamblea nacional, ni siquiera la propuesta embajada al emperador, llegaron a realizarse, siendo la embajada expresamente prohibida por el emperador, el 27 de mayo de 1527, los Estados evangélicos del reino se sintieron justificados por los dictámenes de la dieta para continuar y terminar las reformas en sus jurisdicciones. De este modo las resoluciones de Spira se convirtieron en el fundamento legal para la facción evangélica, además de las innovaciones en religión. Pero ya que los Estados católicos, en su supresión del evangelio, podían también apelar a los dictámenes de Spira, la división religiosa de la nación alemana comienza efectivamente en esta dieta.

El Imperio en el siglo XVI - Los príncipes y la Reforma
El Imperio en el siglo XVI - Los príncipes y la Reforma

Los evangélicos presentan su protesta en la dieta de Spira de 1529,
por George Cattermole
Dieta de 1529.
La situación política había llegado a ser aún más amenazante para los Estados evangélicos cuando una segunda dieta imperial se convocó en Spira en 1529. Carlos V, que entonces estaba a punto de concluir la paz con el papa, estaba resuelto a acabar con el luteranismo en el imperio. En la inauguración de la dieta del 15 de marzo, la alocución imperial a los Estados expresaba en los términos más rotundos el disgusto del emperador a causa de los "perniciosos errores" fuera de Alemania, viendo que habían causado tumulto y levantamiento. El emperador no consentiría esos desórdenes; el concilio, que el papa enérgicamente promovía, debía ser convocado tan pronto como fuera posible. Hasta entonces el emperador prohibió, bajo pena de destierro del imperio, que cualquiera pudiera ser forzado o engañado a una creencia injusta. Desde la antigua norma de Spira, habían sucedido "grandes daños y malentendidos contra nuestra santa fe"; por lo tanto, el emperador ahora la rechazó y ordenaba la regulación prescrita en su manifiesto.

Esta vez en la dieta la facción católica tuvo la inmensa mayoría entre los 18 miembros del "gran comité", que fue constituido el 18 de marzo para elaborar los dictados de la dieta, pues sólo tres eran evangélicos. De ahí que los católicos sacaran adelante sus mociones, a pesar de la resistencia de los miembros evangélicos. Antes del 22 marzo el comité resolvió presentar ante la dieta el rechazo del precedente decreto de Spira. El memorial del comité fue comunicado a los Estados el 3 de abril y aceptado por los príncipes el 6 y 7 de abril. Pero cuando los príncipes evangélicos declararon que ellos no se moverían del antiguo decreto de Spira, la moción fue devuelta al comité para modificación, pero con la provisión de que la "sustancia" permanecería incambiable. El memorial, tan difícil de digerir para la facción evangélica, fue dejado prácticamente sin alterar, siendo trasladado a los Estados principescos el 10 de abril y adoptado el 12 de abril, aunque el elector Juan inmediatamente hizo público que protestaría contra el mismo. Poco después fue entregado a las ciudades para su aprobación final. Cuando los enviados municipales fueron citados uno por uno para pronunciarse sobre si aceptaban el decreto, 21 ciudades dieron su consentimiento el 12 y 13 de abril; otras respondieron evasivamente. Sin embargo, el resto, además de las ciudades que protestaron de Francfort, Hall en Suabia, Goslar y Nordhausen, tuvieron el coraje de rechazar la complicidad. El 12 de abril, los príncipes evangélicos elaboraron un escrito de queja para ser leído públicamente, en el que ofrecían argumentos para su declinación de la resolución mayoritaria, pidiendo su alteración. Pero los Estados respondieron meramente (13 de abril) que habían entregado su decreto, junto con la queja, a los comisionados imperiales. Habiendo sido los Estados convocados en reunión solemne el 10 de abril, los comisionados, mediante el rey Fernando, anunciaron que en nombre del emperador adoptaban la resolución de los Estados. Respecto a la queja de los Estados evangélicos señalaban que habían tenido conocimiento y dejaban que permaneciera o cayera por su propio peso, confiando que los Estados referidos no rechazarían la norma debidamente decretada por la mayoría.

De esta forma la situación de los Estados evangélicos era muy seria. En la dieta imperial se quedaron totalmente aislados. Sin embargo, los líderes evangélicos se sostuvieron firme y unánimamente, aun cuando la oposición intentó efectuar su separación utilizando las disensiones entre Lutero y Zwinglio. Los magistrados de las ciudades evangélicas, especialmente de Nuremberg y Estrasburgo, contribuyeron no poco, con sus animosas instrucciones, a que sus defensores en Spira mantuvieran su valiente determinación. Tras el ultimátum de los comisionados imperiales, el elector Juan, el margrave Jorge, el landgrave Felipe y el príncipe Wolfgang de Anhalt, así como el canciller de los duques Ernesto y Franz de Lüneburg, que no habían llegado a Spira, regresaron a la sala de la audiencia, de donde ellos se habían retirado para una breve consulta, y protestaron oralmente contra el decreto, señalando que ellos no tomarían parte en ningún procedimiento posterior de la dieta imperial. Y cuando Jacob Sturm anunció que las ciudades evangélicas se adherían a la protesta, incluyeron en los registros de la dieta un escrito de protesta, que mientras tanto había sido apresuradamente elaborado por el canciller sajón, por el que declaraban que no estaban ligados, sin su consentimiento, a rescindir el antiguo decreto unánimemente resuelto y que protestaban contra la norma mayoritaria como nula y vacía. Para la elaboración de un segundo y más explícitamente detallado escrito de protesta, comisionaron al canciller de Brandeburgo, Jorge Vogler, quien preparó con la máxima rapidez un borrador, que todavía existe en los archivos de Bamberg, en 16 páginas en folio. Este documento con la aprobación de los príncipes evangélicos fue enviado al rey Fernando el 20 de abril. Al principio, de hecho, lo aceptó, pero poco después lo devolvió con desaprobación. En el último momento, el duque Enrique de Brunswick y el margrave Felipe de Baden hicieron un intento de mediación que halló pronta respuesta en los príncipes evangélicos, pero fue rechazado por Fernando. El decreto fue firmado el 22 de abril y la dieta, en la que los príncipes evangélicos no tomaron más parte, fue clausurada. Sin embargo, los delegados protestantes anunciaron que ellos se conducirían pacífica y amistosamente hacia todos los Estados.

Por razones de seguridad contra ataques hostiles, el elector Juan y el landgrave Felipe, el 22 de abril, tuvieron un "entendimiento" con Nuremberg, Estrasburgo y Ulm, en el que términos más particulares serían definidos en junio, en una dieta en Rotach. El 25 de abril el acta formal de protesta fue dotada de finalidad legal mediante un instrumento de apelación, en el que todos los registros anteriores fueron debidamente citados y revisados. En este aspecto, los consejeros del elector Juan de Sajonia, del margrave Jorge de Brandeburgo, de los duques Ernesto y Franz de Lüneburg, del landgrave Felipe de Hesse y del príncipe Wolfgang de Anhalt, protestaron contra el decreto y al mismo tiempo apelaron al emperador, al concilio, a la asamblea nacional y a todo juez cristiano imparcial. Las delegaciones de las 14 ciudades hicieron declaraciones simultáneas de su adherencia a esta apelación. Los príncipes evangélicos partieron de Spira el 25 de abril y prepararon la publicación de la protesta. Ésta la efectuó el landgrave el 5 de mayo y el elector el 12 de mayo. Una diputación, cuyos miembros fueron determinados en Nuremberg el 26 de mayo, tenía que entregar la apelación al emperador. Esos enviados lo intentaron en julio, pero no fue hasta el 12 de septiembre, en Piacenza, que pudieron entregar su mensaje al emperador. El 12 de octubre él les aseguró que esperaba que los Estados protestantes obedecieran el decreto, ya que de otra manera procedería contra ellos con severas medidas. Finalmente arrestó a los enviados, no dejándolos en libertad hasta el 30 de octubre. De esta protesta en Spira reciben los partidarios de la Reforma el apelativo de "protestantes".

Firmas de los signatarios de la protesta en la dieta de Spira de 1529
La "protesta" de la cual se deriva el nombre "protestantes" ha sido entendida por los católicos como una protesta contra la tolerancia expresada con referencia al edicto de Worms por la dieta. Pero el edicto vinculaba a aquellos que mantenían que Lutero y sus adherentes no tenían derechos, ni siquiera de alimento y protección, permitiendo su expolio y persecución; los términos de la dieta exigían la ejecución de sus mandatos. Las directrices de la dieta además no admitían la legitimidad de la Reforma donde ya se hubiera implantado y prohibían progresos posteriores; si la parte evangélica hubiera firmado esto, habrían admitido de hecho que la Reforma era un fraude. La dieta además intentó prohibir la predicación contra la doctrina católica del sacramento de la Cena, incluso donde la posición luterana fuera sostenida por la mayoría; ya que también exigía que la misa no sería abolida en las jurisdicciones evangélicas, obligando incluso al clero evangélico a leer la misa, lo cual prácticamente significaba la prohibición de la celebración evangélica de la Cena. La acusación tal como la sostienen los católicos es de intolerancia por parte de los evangélicos, ya que las masas habían actuado en gran manera en disturbios en su oposición a las observancias e instituciones católicas. Las teorías medievales estaban en este aspecto todavía en práctica. Por el otro lado, la posición católica no era mejor, pues explícitamente suponía la extinción de la fe y práctica protestante. Pero la "protesta" incorporó una presentación clara y concreta de los principios del protestantismo y fue una declaración valiente ante una mayoría adversa. En resumen, las resoluciones de la dieta consistían en tolerancia absoluta para los católicos en los Estados protestantes, pero intolerancia para los luteranos en los Estados católicos, e intolerancia en todas partes para zwinglianos y anabaptistas; los luteranos no introducirían innovaciones en sus dominios y la jurisdicción y propiedades eclesiásticas serían inviolables. «Mucho tememos el entredicho del imperio -escribió uno de los participantes en la dieta- pero tememos mucho más todavía la maldición de Dios.» Y Dios, proclamaban, debe ser obedecido por encima del hombre. Fue esto un llamamiento dirigido a Dios y a la conciencia que arrolló todas las consideraciones legales. Fue la verdadera esencia de la Reforma, aunque con frecuencia lo han negado los reformadores mismos, y explica satisfactoriamente el hecho de que la protesta, en la cual encarnaron los luteranos este principio, haya dado nombre, a falta de otro mejor, a las Iglesias que negaron su obediencia a Roma.

Dieta de 1542.
El propósito de esta tercera dieta imperial en Spira inaugurada por el rey Fernando el 9 de febrero de 1542, fue proporcionarle ayuda contra los turcos, que estaban presionando sobre Austria. Los estados protestantes se declararon dispuestos a ayudar a condición de que la paz religiosa de Nuremberg, cuyas provisiones habían sido renovadas en Regensburgo en 1541, fueran mantenidas intactas. No fue hasta el 12 de abril y tras prolongadas negociaciones, que se elaboró una norma por la que la deseada ayuda fue otorgada y el estatus de paz, como en Regensburgo, se extendió durante cinco años. Por los términos de un acuerdo con los Estados protestantes, ejecutado por orden de Fernando el día anterior, la "declaración" de Regensburgo permanecería en vigor durante el mismo período. Los Estados católicos no reconocieron este acuerdo, aunque aceptaron un ofrecimiento propuesto por el legado papal Morone para convocar un concilio el 15 de agosto en Trento. Los Estados evangélicos hicieron una protesta escrita contra el lugar seleccionado.

Dieta de 1544.
El 20 de febrero de 1544 Carlos V en persona inauguró la cuarta dieta imperial de Spira, trabajando especialmente el emperador para obtener el apoyo del imperio en su guerra con Francia. Los Estados protestantes de nuevo dieron su consentimiento a condición de que la "declaración" de Regensburgo fuera renovada y exigieron que esta provisión fuera incorporada en las normas de la dieta, punto al que los Estados católicos se negaron. Después de meses de prolongadas negociaciones quedó finalmente resuelto, el 27 de mayo, diferir el borrador de las provisiones al emperador. En este aspecto los Estados católicos anunciaron que apoyarían lo que el emperador pudiera resolver. La norma de la dieta imperial, firmada el 10 de junio, otorgaba concesiones esenciales a los protestantes. Con ocasión de una nueva dieta imperial, en el otoño o invierno siguiente, cuando el emperador esperaba de nuevo estar presente, tratarían en qué condiciones permanecerían en los artículos en disputa, hasta el concilio. Los procedimientos serían bosquejados por adelantado, según los proyectos de reforma que serían proporcionados por el emperador y los Estados. Mientras tanto la paz pública sería observada, a la vez que el decreto de Augsburgo y los juicios pendientes ante la corte suprema por causa religiosas quedarían suspendidos. Clero, dotaciones, claustros, escuelas y hospitales, independientemente de la confesión religiosa, continuarían disfrutando de los ingresos concedidos en 1541. La corte suprema misma quedaría compuesta de nuevo con jueces devotos y entendidos, independientemente de la afiliación religiosa. Los Estados católicos estuvieron lejos de quedar satisfechos con esta medida, mientras el papa formalmente protestó contra ella en un breve de 24 de agosto. Pero de hecho, ni siquiera los protestantes, a quienes el emperador en esta dieta había tratado con más favor que nunca antes, pudieron sentirse totalmente contentos con el resultado. Las concesiones del emperador era meramente provisionales y fueron equívocamente expresadas, no estimando los Estados católicos estar obligados a cumplirlas. Luego otra vez, la ayuda al imperio, que había sido otorgada al emperador, no sólo fortaleció tanto su poder material que pudo avanzar victoriosamente en Francia e imponer su voluntad en la paz de Crespy (14 de septiembre de 1544), sino que le dejó las manos libres, por el mismo golpe, para actuar en contra de los protestantes. De esta manera se evidencia que Carlos no había cambiado su mente en relación a la Reforma, sino que había abrigado la intención de oponerse a ella por la fuerza si la ocasión lo demandaba, lo que claramente se vio en el estallido de la Guerra de Esmalcalda, unos pocos años después.

© No se permite la reproducción o copia de este material sin la autorización expresa del autor. Es propiedad de Iglesia Evangélica Pueblo Nuevo
Iglesia Evangélica Pueblo Nuevo c/ Villacarlos, 14 28032 - Madrid
info@iglesiapueblonuevo.es - Horario de culto: Domingo 11 horas
Inscrita en el Ministerio de Justicia con el número 015638