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SACERDOCIO
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Nociones cristianas antiguas y patrísticas.
Las ofrendas y los sacerdotes son factores esenciales en todas las religiones pre-cristianas, las unas como medios de procurar el favor divino y los otros como mediadores entre los suplicantes y la divinidad al presentar tales ofrendas. Una característica destacada del cristianismo primitivo es que no tenía ofrendas y por lo tanto no tenía sacerdotes. Todos los fieles eran conceptuados como sacerdotes y la oración su ofrenda única; pero, si todos eran sacerdotes, no había lugar para un sacerdocio profesional y la oración no podía ser concebida como algo material. Esta idea de una congregación de sacerdotes (el sacerdocio universal como es denominado) fue principal en la Iglesia antigua y estimada como parte de la superioridad del cristianismo (Justino Mártir, Trypho, cxvi). Ireneo (Hær., IV, viii. 3) la usa para justificar su designación de los apóstoles como sacerdotes. Tertuliano (De exhortatione castitatis, vii) fundamenta en ello el derecho de todos los cristianos a administrar los sacramentos (cf. De baptismo, xvii; De monogamia, vii). Orígenes (por ejemplo, "Sobre la oración"xxviii. 9) y Agustín (Civitas Dei, xx. 10) la conocen y aprueban e incluso León Magno la menciona (por ejemplo, Sermo, iv. 1) con aprobación. Sin embargo,con el tiempo otro conjunto de ideas suplantaron a la del sacerdocio universal, haciéndose costumbre llamar a los obispos y presbíteros "sacerdotes". La designación se usó en África en el tiempo del Tertuliano (cf. De baptismo, xvii; De exhortatione castitatis, vii) y se encuentra en Roma y en el este en el siglo tercero. La comparación entre los oficiales cristianos y el sacerdocio del Antiguo Testamento quedó instituida ya a finales del primer siglo (cf. 1 Clemente xl. y sgg.); esto pudo haber llevado a dar el nombre de los primeros a los segundos, pero es más probable que esta idea fuera introducida por la de una ofrenda cristiana. Ya en la Didaché (cf. capítulo 14) a los elementos de la eucaristía se les llama "ofrendas." El uso al principio era figurativo y la congregación, no los oficiales, eran los encargados de hacer la ofrenda (cf. Justino, Trypho, cxvii; Apol., i. 67; Ireneo, Hær., IV, xvii. 5, xviii. 1). Pero al entrar en uso la fraseología se hizo inevitable que la noción progresara. La idea de un altar cristiano, el lugar de la ofrenda, creció en el tiempo cuando los cristianos todavía declaraban que "no tenemos altar" (cf. Constituciones Apostólicas, ii, vii). De todo esto no estaba lejos la idea de que los obispos y presbíteros eran sacerdotes, no como cristianos, a causa del sacerdocio universal, sino en virtud de su oficio, mostrando el lenguaje de Tertuliano que la transición ya se había hecho. Las nociones del Antiguo Testamento sin duda añadieron su influencia. En el siglo tercero las ofrendas ya no eran hechas por los fieles y el sacerdote cristiano se había convertido en el mediador entre Dios y sus siervos. El sentido figurativo se recordó durante un tiempo además de las nuevas interpretaciones, pero finalmente se perdió de vista. Las cartas de Cipriano en muchos pasajes presentan obispos, presbíteros e incluso diáconos como "sacerdotes", que ofrecen sacrificios a Dios y cumplen un oficio mediador; ellos y no la congregación hacen la ofrenda eucarística y se asume que los pasajes del Antiguo Testamento son aplicables a los sacerdotes cristianos. El desarrollo del pensamiento en la Iglesia griega fue el mismo (cf. Constituciones apostólicas, II, xxv. 12, IV, xv. 1; el tercero de los cánones apostólicos; cánones uno y dos del sínodo de Ancira, Mansi, Collectio, ii. 513; sínodo de Laodicea, canon 19, Mansi, 567; Crisóstomo, "Sobre el sacerdocio" iii. 4, iv. 1, vi. 4, 11. La idea de Crisóstomo del sacerdocio todavía se mantiene inmutable en la Iglesia griega).

Varios clérigos de la Edad Media en su indumentaria
Varios clérigos de la Edad Media en su indumentaria
La Iglesia medieval.
La iglesia medieval aceptó esta noción sin cuestionarla. A partir de ella o en relación con ella los teólogos (por ejemplo, Pedro Lombardo, cf. las "Sentencias" iv. dist. 24J) desarrollaron la doctrina del sacrificio de la misa. Las autoridades sobre el gobierno eclesiástico hicieron de ello el fundamento del derecho exclusivo de la jerarquía y especialmente del obispo de Roma para gobernar la Iglesia. Tomás de Aquino recordó el sacerdocio universal, pero extrajo sólo la conclusión de que todos los fieles como sacerdotes traen ofrendas espirituales a Dios, no deduciendo que no tienen necesidad de mediadores humanos (Summa, iii, quest. 82, art. 1; cf. iii. quest. 26, art. 1, Sup. iii. quest. 37, art. 2). Si la misa es sacrificio, el celebrante debe ser catalogado como sacerdote en el pleno sentido de la palabra. Por lo tanto, el sacerdocio universal se perdió de vista hasta que fue recuperado por la Reforma. Entonces aparece como la consecuencia necesaria del cristianismo mismo. Toda la noción de sacrificio quedó rechazada y con ella el peligro de un retorno a las ideas de donde había surgido.

Doctrina católica.
La Iglesia católica se adhiere a la doctrina medieval. Ciertamente su catecismo (De ord. sacr.,§§ 505–506, p. 613, edición de Danz) habla de un doble sacerdocio, uno "interior" y otro "exterior", el primero común a todos, el segundo prerrogativa de una clase puesta aparte para un apropiado servicio. Pero cuán fuertemente se pone el énfasis en el segundo se desprende del juicio sin reservas del concilio de Trento (sesión xxiii, De sacr. ord., cap. iv): "Si alguno afirmara que todos los cristianos indiscriminadamente son sacerdotes del Nuevo Testamento o que están igualmente capacitados con un poder espiritual parejo, claramente no hace otra cosa que confundir la jerarquía eclesiástica, que es un ejército desplegado." El sacerdocio eclesiástico, se sigue del sacrificio del Nuevo Testamento y las Escrituras, concordando la tradición eclesiástica que fue instituido por el Señor y que tiene su "poder de consagrar, ofrendar y administrar su cuerpo y sangre, así como el de perdonar y retener los pecados", habiendo sido entregado a los apóstoles y a sus sucesores (l.c., cap. i.; cf. canon i).

Santo Domingo de Silos, c. 1474/77, tabla de Bartolomé Bermejo. Museo del Prado, Madrid
Santo Domingo de Silos, c. 1474/77, tabla de Bartolomé Bermejo.
Museo del Prado, Madrid
Al orden sacerdotal se entra siempre mediante un acto de bendición, que fue concebido como sacramento ya por Agustín (Contra epist. Parmeniani, ii. 24, 28, 29). Pedro Lombardo ("Sentencias" iv, dist. 24) repite las ideas de Agustín y Tomás de Aquino (Summa, iii, Sup. quest. 34–40) las desarrolla ligeramente. La doctrina escolástica está resumida en la bula Exultate Deo de Eugenio IV. Sobre esos antiguos fundamentos está edificada la doctrina anti-protestante en los escritos autoritativos de la Iglesia católica. Se dice: "Como Cristo fue enviado por el Padre y los apóstoles por Cristo, así actualmente los sacerdotes son enviados, con el mismo poder que invistió a Cristo y a los apóstoles, para la perfección de los fieles y la edificación del cuerpo de Cristo. Nadie puede asumir este honor por sí mismo, sino que debe ser llamado por Dios y son llamados por Dios quienes son llamados por los "legítimos ministros de la Iglesia" (Catecismo Romano, De ord. sacr. I.. p. 603). La ordenación puede ser impartida sólo por los obispos. Es un sacramento, cuyo efecto es el inefable carácter espiritual en virtud del cual el sacerdote tiene el poder de "hacer el sacrificio a Dios y administrar los sacramentos de la Iglesia", especialmente para "producir el cuerpo y sangre de nuestro Señor." Este carácter distingue al sacerdote de los otros creyentes. El efecto secundario es la recepción de la "gracia de justificación", que capacita al receptor para desempeñar su oficio rectamente. La ceremonia de ordenación se hace para conformarse a esas ideas. El obispo y los sacerdotes presentes ponen sus manos sobre el candidato, colocando el obispo la estola sobre sus hombros y cruzándola ante su pecho, ungiendo las manos del candidato y dándole luego la copa llena y la patena con la hostia. El candidato se convierte en "intérprete y mediador entre Dios y el hombre, lo que es considerado la principal función del sacerdote." Finalmente, hay otra imposición de manos con las palabras: "Recibe el Espíritu Santo, a quienes le remitas los pecados...". El candidato debe estar bautizado y ser varón, exigiéndose que sea moralmente sano. Debe tener conocimiento de las Escrituras y de la administración de los sacramentos. La ordenación está prohibida a los casados, a los menores de 25 años de edad, esclavos, a los que han derramado sangre, a los que tienen graves defectos corporales y a los hijos ilegítimos. En la Iglesia antigua no era permitida sin inducción al mismo tiempo a un beneficio apropiado y el concilio de Trento renovó esta provisión. Sin embargo, el concilio abrió la puerta para evitar la restricción al proveer que, si el titulus beneficii faltara, la ordenación puede tener lugar en base a un titulus patramonii, esto es, la posesión por el candidato de medios personales adecuados. El titulus mensæ, esto es, la seguridad por otro de proporcionar el apoyo del candidato, puede ser sustituida por el titulus patrimonii.

Sacerdote anglicano
Concepción anglicana.
Ha de hacerse notar que la Iglesia de Inglaterra deliberadamente rechazó sustituir el término "sacerdote" por el de "presbítero" en el Libro de Oración Común y retuvo la palabra sacerdote como designación del clero en la versión autorizada latina de los Treinta y Nueve Artículos (artículo 32). La controversia sobre el sacerdocio gira principalmente alrededor de dos puntos: (1) La ofrenda que los sacerdotes presentan, (2) la posición mediadora que ocupan. (1) Aunque se repudia cualquier sacrificio material en la Iglesia (salvo en el sentido más subordinado), o cualquier renovación de la muerte sacrificial de Jesús, los teólogos anglicanos han mantenido en la eucaristía una conmemoración continua, según la institución de Cristo, de una oblación perfecta y la aplicación de su virtud a nosotros, como en la ofrenda de paz, al participar de los elementos consagrados. Al mostrar la obediencia de Cristo hasta la muerte (la esencia del sacrificio) se nos enseña, según San Pablo, a ofrecernos a nosotros mismos, como miembros de su cuerpo místico, nuestras almas y cuerpos, como un sacrificio razonable, santo y vivo a Dios. Este es el lado sacrificial de la eucaristía en la liturgia anglicana y según sus representantes teológicos. Es un acto sacerdotal de todo el cuerpo bajo Cristo, el sumo sacerdote de nuestra profesión, dirigido por los representantes designados en la Iglesia en el oficio sacerdotal. El sacerdote no actúa como sustituto del pueblo, sino como su rector. Sin tal rector debidamente designado no puede haber celebración de la eucaristía, a la vez que no hay realización del servicio sin una congregación (cf. D. Waterland, A Review of the Doctrines of the Eucharist, cap. xii, en Works, volumen vii, 11 volúmenes, Oxford, 1823–28; J. Bramhall, Consecration of Protestant Bishops Vindicated, cap. xi, y Protestants' Ordination Defended, en volúmenes iii y v de sus Works, 2 volúmenes, Oxford, 1842–45; Answer of the Archbishops of England to the Apostolic Letter of Pope Leo XIII on English Ordinations, páginas 18, 19, 37, Londres, 1897). (2) El sacerdocio no es una casta separada o separable de la Iglesia; es el órgano divinamente ordenado por el que el cuerpo ejecuta las funciones ministeriales. En la oración pública como en la eucaristía el sacerdote es el rector de la congregación. En las ministraciones privadas igualmente es su oficio dirigir a las personas a Dios, ayudándolas, donde haya necesidad, en su penitencia y confesión, y luego autorizado para suplicar en nombre de la Iglesia, invocando sobre ellos las bendiciones de Dios o (donde estime oportuno) su absolución.

Por tanto en la ministración de los sacramentos el sacerdote actúa como representante de la Iglesia, así como del Señor que es la cabeza de la Iglesia. Los sacramentos son un acercamiento en una forma designada a Dios. Su administración va siempre acompañada por la oración, invocando el don que Dios ha prometido.

La idea anglicana del oficio del sacerdocio se muestra claramente en el ordinal. (1) A nadie se le permite actuar como sacerdote sin ordenación por un obispo, por el que la comisión ministerial se trasmite. (2) En esta ordenación el Espíritu Santo es invocado solemnemente, presentándose oraciones por el candidato que es capacitado por la imposición de manos para ejecutar el oficio de sacerdote en la Iglesia de Dios y queda obligado a ser fiel dispensador de la Palabra de Dios y sus sacramentos.

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