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ORDENACIÓN
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Ordenación es el acto solemne por el cual alguien es apartado para el ministerio cristino. La ordenanza es distintamente entendida en las diferentes confesiones cristianas y la forma de su administración varía.

En las Iglesias ortodoxa y católica.
Las Iglesias católica y ortodoxa contemplan la ordenación como uno de los siete sacramentos. El concilio de Trento declaró que por la ordenación "se imprime un carácter que nunca puede ser borrado ni quitado"; las palabras del obispo, "recibe el Espíritu Santo", imparten este carácter; a partir de ese momento los que han sido debidamente ordenados nunca pueden volver a ser laicos (sesión xxiii, Doctrina de sacrameto ordinis). El "carácter" es independiente de la persona o vida del ordenante o del candidato y, al igual que el bautismo, la ordenación no puede repetirse. Ordenar pertenece al obispo y cada obispo tiene el poder, pero en ciertos casos los presbíteros pueden ordenar a las cuatro órdenes menores (por ejemplo, un abad puede ordenar a alguien ya sujeto a él en su monasterio). Cada ordenación por un obispo apropiadamente ordenado es "válida" (valida), pero para que sea también "lícita" (licita) deben ser cumplidas ciertas provisiones del derecho canónico, por ejemplo que el obispo no sea un hereje, cismático, o esté suspendido y debe actuar dentro de su competencia. De ahí que la ordenación por los obispos suecos, daneses y anglicanos no está reconocida por Roma. En cuanto a competencia, el principio es que el candidato debe estar bajo la jurisdicción del ordenante según el derecho canónico. El obispo está obligado a excluir al incompetente e inepto y a observar normas en cuanto a rito, lugar y tiempo.

En la Iglesia anglicana.
En la Iglesia de Inglaterra y en la Iglesia episcopal Protestante de los Estados Unidos, la ordenación no tiene el significado de sacramento. La idea de los reformadores ingleses no fue que la imposición de manos confiriera gracia alguna. Sólo los obispos tienen el derecho a ordenar y la idea generalmente acreditada es que la ordenación no realizada por manos episcopales es inválida. Sin embargo, la ordenación presbiteriana fue reconocida por los reformadores del período isabelino. La costumbre que ahora prevalece universalmente de reordenar clérigos de otras denominaciones protestantes que solicitan las órdenes, se dispensa en el caso de sacerdotes de las Iglesias católica y ortodoxa.

Ordenación de los primeros misioneros
americanos al extranjero en Salem
En otras Iglesias protestantes.
Las Iglesias luterana y reformada siempre han reconocido y practicado la ordenación, pero sus confesiones y teólogos han puesto el énfasis en la necesidad de llamamiento divino o vocación al ministerio. La Confesión de Augsburgo (art. xiv) dice: "Nadie puede enseñar públicamente en la Iglesia, o administrar los sacramentos, salvo el que ha sido llamado legítimamente" (rite vocatus). La ordenación se valora como la solemne aprobación de la Iglesia y la pública confirmación de su llamamiento interior. Además de la imposición de manos incluye la lectura de la escritura en 1 Timoteo 2 y Hechos 20, la promesa para el ministerio y conducta evangélica y acaba con la Cena. En las iglesias de la comunión reformada (presbiterianas, etc.) el rito es administrado por presbíteros, quienes conjuntamente imponen sus manos sobre la cabeza del candidato mientras que se ora por él, apartándolo de esta manera para el ministerio. Los moravos reservan el rito de la ordenación a sus obispos, pero reconocen la ordenación de otros cuerpos protestantes como válida. Los Discípulos de Cristo, cuáqueros y Hermanos de Plymouth no reconocen ningún rito humano de ordenación. Sostienen que todos los cristianos son iguales y aunque aceptan plenamente la doctrina de un llamamiento interior y divino para predicar, rehúsan otorgar ninguna eficacia a la ordenanza humana de apartar para funciones ministeriales.

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