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NAVIDADES
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Navidades es el nombre popular de la época en la que se conmemora el nacimiento de Cristo.

La Navidad en la noche, óleo de Geertgen tot Sint Jans, finales del siglo XV; en la National Gallery, Londres
La Navidad en la noche, óleo de
Geertgen tot Sint Jans, finales del
siglo XV; National Gallery, Londres
Nombre.
El nombre griego es hemera genethlios, ta genethlia Iesou Christou (tou Soteros) ("el nacimiento de Jesucristo [o, del Salvador]"), aunque Gregorio de Nacianzo (Oratio, xxxviii) procuró inútilmente introducir el nombre de Teofanía, para distinguir esta festividad de la de Epifanía, celebrada separadamente el 6 de enero. En latín el nombre es Natalis (dies), Natalitia, Nativitas Domini (Jesu Christi), de donde viene el italiano Natale y el español Natividad. El francés Noël puede derivarse de natalis, o posiblemente de noe, un clamor de regocijo con ocasión del nacimiento de un príncipe. El anglosajón géol, yole, yule se cree que significa solsticio. En Escandinavia, el período desde Navidad hasta Epifanía se llama Jólafridr, Jólahälgh. Yule y Yuletide se usan todavía en Escocia, mientras que en Inglaterra esta antigua designación fue reemplazada por Christmas ("misa de Cristo"), que aparece en holandés como Kerstmisse, Kersmis. El alemán Weihnachten representa el alto alemán medio Wihem Nahten ("noches santas"). La festividad incluye tanto el período completo desde el 25 de diciembre al 6 de enero, la semana que va hasta el 31 de diciembre, los cuatro días del 25 al 28 de diciembre (las festividades de Navidad, San Esteban, San Juan evangelista y Santos Inocentes), o, finalmente, el día 25 solamente.

Relación con el equinoccio de invierno.
La elección del 25 de diciembre como fecha del nacimiento de Cristo debe distinguirse claramente de la celebración de las festividades de Navidad. Mucho antes de que se suscitara la cuestión de una festividad del nacimiento de Cristo, la fecha de su nacimiento había sido buscada y determinada. La iglesia de los dos primeros siglos no pensó en celebrarla como festividad. Orígenes (In Lev. hom., viii. 3, In Matt. xiv. 6), seguido por Jerónimo (In Matt., xiv. 6), se pronunció decisivamente contra la celebración del nacimiento de santos y mártires, pues los días de su muerte deberían ser considerados sus natales dies. Clemente de Alejandría (Strom., i. 21) dice que desde el nacimiento del Señor hasta la muerte de Cómodo (31 de diciembre de 192) habían pasado 194 años, un mes y 13 días, por lo que el 18 de noviembre de 751 de la fecha de la fundación de Roma fue el nacimiento de Cristo; probablemente deberíamos leer 23 en lugar de 13 días, por lo que la fecha se convertiría en el 8 de noviembre. En el De pascha computus, incorrectamente atribuido a Cipriano (fechado por Usener en 243), el día del equinoccio de primavera (25 de marzo) es reconocido como el primer día de la creación y el 28 de marzo como el del nacimiento de Jesús, en el año 1549 después del Éxodo; mientras que las homilías clementinas fijan este día en el equinoccio invernal mismo. En su cronografía Julio Africano, en 221, escogió el mismo día como el de la concepción de Jesús, siendo el primero en dar el 25 de diciembre, exactamente nueve meses más tarde, para la fecha de su nacimiento; e Hipólito, en el cuarto libro de su comentario sobre Daniel, da el 25 de diciembre del año cuatro a. C. como el día del nacimiento de Cristo y el 25 o el 29 de marzo como el día de su muerte. En todos esos cómputos el equinoccio de primavera juega una parte, tanto para el tiempo de la creación del mundo como de la encarnación o concepción de Jesús; en este último caso el nacimiento va nueve meses más tarde. Duchesne asume que el 25 de diciembre fue escogido en el oeste y el 6 de enero en el este como el día del nacimiento de Cristo al reconocer el 25 de marzo (Tertuliano, Adv. Judæos, viii; Hipólito, Acta Pilati) o el 6 de abril, día de su muerte y también el de su concepción, por lo que nueve meses más tarde, en un caso el 25 de diciembre y en el otro el 6 de enero, se convirtieron en la fecha de su nacimiento, aunque Duchesne mismo admite que la celebración del 6 de abril como el día de la muerte de Cristo aparece sólo en una secta montanista (Sozomeno, Hist. eccl., vii, 18).

Supuesta relación con el culto del sol y las saturnales.
Se ha conjeturado también que el día fue seleccionado a causa de su importancia en el calendario romano, donde llevaba el nombre de dies invicti solis ("el día del sol invicto"), ya que en este día el sol comienza a adquirir preponderancia y a vencer la noche. Esta idea es respaldada por Polydore Vergil (De rerum inventoriubus, v, Lión, 1558), J. A. Fabricius, D. E. Jablonski, E. F. Wernsdorf, J. A. W. Neander, K. A. Hase y otros; y es verdad que tras la introducción de la festividad de Navidad, la venida de Cristo como la luz del mundo fue comparada muchas veces con el dies invicti solis de los romanos, como hizo Agustín (Sermo in nativitatem Domini, vii y in nativitatem Johannis Baptistæ), Gregorio de Nisa, Máximo de Turín (Sermo, iii y iv, De nativitate Domini), etc. Sin embargo, es improbable que el nacimiento de Jesús fuera determinado primero por esta festividad pagana. Ni se puede asumir que Navidad deba su origen a las saturnales, ya que duraban del 17 al 19 de diciembre e incluso con la prolongación de siete días acabarían el 23 de diciembre. Todavía menos puede ser el origen la festividad solar germana, ya que la festividad de Navidad surge mucho antes de la cristianización de los germanos, aunque algunos usos populares conectados con Navidad puedan tener una fuente romana o teutónica.

División del año eclesiástico
División del año eclesiástico
Fecha de la antigua celebración romana en diciembre.
La principal cuestión en relación a la Navidad es cuándo la festividad del nacimiento, originalmente combinada con la del bautismo el 6 de enero, se celebró primero separadamente el 25 de diciembre. Usener ha hecho una exhaustiva investigación sobre este asunto, comenzando con la monografía de Filocalo (354), que contiene una lista de días conmemorativos de la Iglesia (depositio martyrum), siendo la primera entrada: "Ocho de las calendas de enero; Cristo nace en Belén de Judea." Usener entonces aduce una alocución del papa Liberio (consagrado el 22 de mayo de 352) cuando Marcelina, la hermana de Ambrosio, tomó el voto de virginidad (Ambrosio, De virginitate, iii. 1). Liberio comienza aludiendo al día del nacimiento del Señor y entonces procede a tratar el milagro de las bodas de Caná y el de los panes y los peces. Usener insiste que las palabras debieron ser pronunciadas el 6 de enero y no el 25 de diciembre, porque las bodas de Caná y el milagro de los panes y los peces estuvieron siempre relacionados con la festividad de Epifanía. Además, según una antigua costumbre de la Iglesia, un voto de virginidad podía ser pronunciado sólo en Epifanía o Pascua, como los dos días de bautismo, por lo que la fecha más antigua para este suceso debió haber sido el 6 de enero de 353; y ya que en la cronografía de 354 el 25 de diciembre es ya señalado como el día del nacimiento de Cristo, ese día debe haber sido observado por vez primera en Roma en 354. Esta teoría de Usener ha ganado mucho apoyo y tanto P. Lagarde como A. Harnack estiman las pruebas irrefutables. Sin embargo, Duchesne (Bulletin critique, xi. 41 y sgg.), estima la argumentación de Usener como "más ingenua que correcta." No se aduce prueba de que Marcelina tomara los votos antes del exilio de Liberio (355-358); el relato del discurso no fue escrito por Ambrosio hasta 24 años más tarde de su pronunciación; incluso si los informes son absolutamente correctos Ambrosio mismo declara que Liberio habló en el "nacimiento del Salvador" y en 377, cuando él escribió, esto podría sólo ser entendido del 25 de diciembre. Sin embargo, el punto más importante, es que, en la cronografía precedente a la depositio martyrum, hay una depositio episcoporum, es decir, de los últimos 12 obispos de Roma. Los nombres no están dados en orden cronológico, sino según los días del calendario del año. Sin embargo, los dos últimos obispos, Marcos († 7 de octubre de 336) y Julio († 12 de abril de 352), aparecen tras Eutiquiano, que murió en diciembre de 283, lo cual muestra que la cronografía ya estaba terminada antes de octubre de 336, siendo los últimos nombres añadidos en 354. A partir de ahí la fecha del 25 de diciembre dada en la depositio martyrum, demuestra que la festividad de Navidad debe haber sido observada en Roma como muy tarde en 335.

Relación con la Epifanía en el este.
Por tanto todo lo que puede ser señalado definitivamente es que la festividad fue celebrada primero en Roma en el siglo cuarto y no más tarde que el año 354. Durante largo tiempo estuvo subordinada a otras festividades en importancia e incluso en 389 Valentiniano no la incluyó entre los días eclesiásticos en los cuales los procedimientos legales estaban prohibidos. Cuán tenazmente muchos intentaron aferrarse al 6 de enero como fecha del nacimiento de Jesús, incluso después de que el 25 de diciembre se hubiera convertido en usual en el oeste, se muestra por Máximo de Turín (primera mitad del siglo quinto), quien dice en un sermón para Epifanía: "En este día el Señor Jesús nació o fue bautizado; se tienen diferentes opiniones en el mundo" (Sermo, vi). Desde Roma, Navidad, como festividad distinta a la de Epifanía, se difundió al este, según el testimonio expreso de Crisóstomo (Hom. in nativitatem Domini), especialmente al confirmarse la ortodoxia contra el arrianismo. Gregorio de Nacianzo la celebró primero en Constantinopla en 378 y Crisóstomo pronunció un sermón elocuente de Navidad en Antioquía en 388 a 387, en el que dice: "No hace ni 10 años que este día ha sido claramente conocido por nosotros." No hay duda de que esta celebración de Navidad por Crisóstomo era de peculiar importancia y que toda la población participó por vez primera en la fiesta. En el año 352, Gregorio de Nisa celebró la Navidad y la Epifanía juntas en Capadocia, y en Egipto, a finales del siglo quinto, según Casiano (Collationes, x. 2), el nacimiento y bautismo de Jesús estaban todavía combinados con la Epifanía. Sólo después del concilio de Éfeso, en 431, Pablo de Emesa predicó un sermón de Navidad en la iglesia principal de Alejandría. La tierra del nacimiento de Cristo, Tierra Santa, resistió largamente la introducción de esta festividad, siendo acusada por su obstinación por Jerónimo (Commentarium in Ezek., i. 3). En un sermón pronunciado el día de San Esteban (26 de diciembre), Basilio de Seleucia alaba a Juvenal de Jerusalén por haber celebrado la Navidad, aunque por otro lado, Cosmas Indicopleustes (c. 550) expresamente señala que en su día tanto la Navidad y el bautismo de Cristo eran celebrados juntos en Epifanía en Jerusalén, mientras que el 25 de diciembre era la fiesta de la familia de Jesús (es decir, David, su antecesor y Jacobo, su hermano y primer obispo de Jerusalén), siendo incierta la naturaleza precisa de esta festividad. El nacimiento y bautismo de Cristo son todavía celebrados juntos el 6 de enero por los armenios. El doctor Enrico Masini, un erudito italiano, en su elaborada "Cronografía de la vida de Cristo" sostiene que la verdadera fecha del nacimiento de Jesús fue el 28 de noviembre de 748, domingo, año de la fundación de Roma. También da el 18 de marzo de 782 como la fecha de su muerte.

En el rito romano.
El Missale Romanum especialmente distingue esta festividad al asignarle tres misas, la primera celebrada in nocte (tras el Te Deum en maitines), la segunda in aurora (tras laudes y primas) y la tercera in die (tras la tercia). No exige a cada sacerdote que celebre todas las misas, aunque puede hacerlo. El color litúrgico del altar y de la casulla es blanco hasta el octavo de Epifanía. En una fecha antigua se ponía un pesebre en la iglesia con las figuras apropiadas. En la iglesia de Santa María la Mayor, construida por Liberio y renovada totalmente por Sixto III (432-440), hubo una capilla para el sagrado pesebre. Esta costumbre desembocó en las representaciones de Navidad, con canciones y diálogos, que primero se hacían dentro de las iglesias y luego fuera de ellas. De las costumbres populares, el árbol de Navidad no debe su origen, como muchos suponen, a una antigua costumbre alemana, pues la primera noticia está en Estrasburgo en el siglo XVII. La octava de Navidad se observa el uno de enero, fiesta de la circuncisión, como sustitución para la festividad pagana de año nuevo.

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