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MAHOMA Y EL ISLAM
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Mahoma e islam son los nombres respectivos del hombre y la religión que están indisolublemente unidos entre sí.

Página del Corán
Página del Corán

Introducción.
El islam es uno de los grandes fenómenos de la historia mundial, siendo una de las tres grandes religiones monoteístas (aunque sus seguidores dirían que es una de las dos, ya que para ellos el cristianismo es triteísta) y su principio fundamental es esencialmente el mismo que el contenido en la shema' de Israel: "Oye Israel, el Señor nuestro Dios es uno." (Deuteronomio 6:4). A diferencia del judaísmo o de otras religiones no tiene carácter nacional, sino mundial. Tiene, como el judaísmo y el cristianismo, orígenes semíticos y se ha extendido hasta abarcar pueblos de muy diversa índole. Por tanto, es una de las religiones misioneras, procurando hacerse con el primer puesto mundial en cuanto a número de seguidores. Se enfrenta a la misión cristiana en los grandes territorios de Asia y África y presenta espinosos problemas para el misionero y el apologista cristiano. Surgió durante la vida de un hombre, fue modelada por su mano y dirigida por su mentalidad. Es una religión en la cual lo milagroso es minimizado, aunque en el plazo de ochenta años logró un imperio tan grande como lo era el cristianismo en el tiempo de Constantino, continuando, actualmente, la extensión de su influencia. El éxito inicial del islam se debió no simplemente a su propio poder, sino en gran parte a las condiciones de los tiempos y al efecto sorpresa. Una Arabia unificada fue el asombro del mundo. La península estaba fuera de las rutas de los movimientos mundiales y sus fuerzas eran desconocidas. Además, Roma y Persia se habían agotado la una a la otra en su vigor por siglos de luchas. Además de eso, la Iglesia cristiana estaba dividida y a ninguna rama le importaba ver a la otra aplastada por un tercer poder. El ascenso de los árabes, inspirado por la certeza de la conquista y la seguridad del paraíso si caían en batalla, fue irresistible hasta el año 732, cuando su avance fue detenido en el oeste por Carlos Martel y en 740, cuando fueron derrotados en el este por León III en Acroinon.

Nacimiento de Mahoma, miniatura de códice turco del siglo XVI. Museo Topkapi, Estambul
Nacimiento de Mahoma, miniatura de códice
turco del siglo XVI. Museo Topkapi, Estambul
Mahoma; primeros años, físico, temperamento.
Mahoma, "el alabado", el hijo póstumo de Abdulah con Amina, miembro de la tribu qurays, nació en La Meca el 20 de agosto de 570 y murió en Medina el 8 de junio de 632. Su abuelo, Abdu al-Muttalib, se hizo cargo de él cuando a la edad de seis años perdió a su madre, dándole su madrastra protectores adicionales al formar parte de los Bani Saad. De nuevo quedó desolado a la edad de ocho años por la muerte de su abuelo, entrando en la familia su tío, Abu Talib. De su madre heredó un temperamento nervioso y excitable y una tendencia a la epilepsia, manifestada en un ataque cuando tenía cuatro años, de nuevo a los seis y posteriormente por recaídas. Su disposición era melancólica, fácilmente depresivo, extraordinariamente sensible a olores desagradables, supersticioso, creyente en duendes, augurios, sueños y encantamientos, vívido en imaginación y con un gusto por lo sublime. En la madurez era de estatura media y de constitución fuerte, aunque algo cargado de espaldas. Su cabello era largo y ondulado, su rostro oval, con ojos negros de mirada penetrante, nariz prominente y una gran boca con dientes bien separados. Una protuberancia rodeada de lunares en su espalda era para él una señal de su misión profética. Era escrupuloso en hábitos, amante del baño y los perfumes, tierno en disposición y excesivamente aficionado a los deleites de la mesa. Su desarrollo espiritual comenzó a la edad de doce años, cuando su tío le llevó a Siria poniéndole en contacto con judíos y cristianos. Fue posiblemente en ese tiempo cuando tuvo su primera percepción de la difusión de la idolatría y la inmoralidad árabe. Cuando tenía veinticinco años entró al servicio de Hadiğah, una rica viuda de La Meca, que le confió sus negocios, por lo que pudo visitar otra vez Arabia, donde obtuvo un conocimiento más profundo del judaísmo y del cristianismo. Probablemente a iniciativa de Hadiğah se casó con ella, aunque le llevaba quince años a él y mientras ella vivió no se casó con otra. Mientras tanto, ejerciendo su innata sagacidad, había obtenido una reputación de sabiduría práctica y era frecuentemente consultado para solucionar disputas. Cuando tenía treinta y cinco años resolvió en forma característica una enconada pelea religiosa entre cuatro facciones en La Meca, al reclamar cada una de ellas el derecho a poner en su nicho la Piedra Negra de La Meca; los representantes de las cuatro facciones la levantaron al nivel de su posición tomándola de las cuatro esquinas de un manto colocado debajo y entonces Mahoma mismo puso la piedra en su lugar. Fue en este período cuando comenzó a sentir su misión; más y más se entregó a la contemplación, retirándose a una cueva en una montaña para meditar y, finalmente, en 609, a consecuencia de una visión en la que el ángel Gabriel le encomendó (aunque era analfabeto) leer lo que aparece en el Corán como la sura 96:1-5, comenzó a predicar.

Mahoma con su hija Fátima, su yerno Alí y sus nietos
Mahoma con su hija Fátima, su yerno Alí y sus nietos
Segundo período.
Sus primeros trabajos fueron en su familia y entre sus íntimos. Hadiğah fue su primera convertida, Alí y Zaid, sus hijos adoptivos, fueron los siguientes y luego su amigo Abu Bekr. Tras tres años de predicación había ganado 50 seguidores y luego (612) comenzó a enseñar en público, usando una casa enfrente de la Kaaba. Sus principios fundamentales eran tres: (1) la unidad de Allāh quien (2) reveló su voluntad a los hombres (3) escogiendo algunos que eran profetas (cf. el principio de la sura 96). Para este tiempo él había abandonado la idolatría a consecuencia de su primer principio. Parte del período que siguió al inicial de su trabajo estuvo marcado por los intervalos de depresión, durante los cuales Hadiğah le consolaba. Sus oyentes demandaron credenciales de su misión mediante milagros. Pero él negó tener el poder de producirlos; su credencial era su predicación, en la que rememoraba a sus predecesores Adán, Abraham, Moisés, David y Jesús; ya que él había sido enviado a predicar, si sus oyentes lo rechazaban tendrían que responder de ello. Al ser su audiencia indiferente, echó mano de la invectiva, lo que a su vez provocó el insulto y la persecución, por lo que sus seguidores huyeron a Abisinia. En este tiempo él transigió con la idolatría, habiendo sido engañado, según dijo, por Satanás. Los habitantes de La Meca argumentaron que si una revelación era satánica otras podían serlo también, a lo que Mahoma pudo replicar sólo mediante oratoria apasionada. Rechazado por los de La Meca, comenzó a predicar a extranjeros que visitaban la ciudad, entre ellos algunos de Yatrib (que pronto sería conocida como Medinat al-Nabi, "ciudad del profeta", o simplemente Medina), quienes llevaron su relato a su ciudad y enviaron a otros para escucharle. Los de Medina le exhortaron a que dejara La Meca y adoptara su ciudad como hogar, prometiéndole protección. La fiera oposición de los de La Meca continuó y se intensificó hasta el punto de desterrarlo a él y a sus seguidores, produciéndose la huida de Mahoma a Medina, la Hégira, el 16 de junio de 622, fecha que los musulmanes toman por comienzo de su calendario. Éste fue el punto decisivo en su carrera, el comienzo del éxito.

Mahoma es transportado al cielo. Está representado sin rostro. Miniatura de la escuela de Bagdad del Museo Británico de Londres
Mahoma es transportado al cielo. Está representado sin rostro. Miniatura de
la escuela de Bagdad del Museo Británico de Londres
Período de Medina.
El islam debe mucho a las diferencias entre La Meca y Medina. La primera, construida alrededor de la Kaaba en la que había con la Piedra Negra más de 300 ídolos representativos de los dioses de las tribus, se convirtió en un centro de comercio de la religión y sede de un fanatismo extremo. La propaganda de Mahoma al parecer golpeó los mismos fundamentos del comercio y prominencia de la ciudad, quedando su prestigio y su perspectiva futura amenazada cuando Mahoma atacó la idolatría. Medina, 250 millas al norte, era un centro de tráfico, abierto a las influencias civilizadoras de los imperios de Roma y Persia, y consecuentemente más cosmopolita y tolerante. La idolatría ya estaba bajo sospecha, por lo que hubo una apertura hacia la predicación resolutiva de Mahoma. La reputación de sabiduría de Mahoma creció con la frecuencia con la que fue llamado a actuar como árbitro; sus decisiones no las atribuía a sí mismo, sino a los dictados de Allāh, erigiéndose pronto en el juez y gobernante de la ciudad. Enseguida formuló ordenanzas prácticas, como dirigir la oración hacia La Meca (no hacia Jerusalén, que, en el intento de conciliar y obtener el apoyo de los judíos, había adoptado anteriormente) y cambiar el ayuno del mes de Tisri por el de Ramadán. Los cinco fundamentos del islam fueron concebidos y formulados en Medina. Por encima de todo la ciudadanía no dependía ya de la familia sino de la fe, preparando el camino para una Arabia única y una religión mundial. Para el triunfo de la fe había que renunciar a los lazos de parentesco si suponían un obstáculo, no titubeando Mahoma en hacer guerras fratricidas. El idólatra, aunque fuera un hermano, quedaba sentenciado a menos que abandonara esa práctica, quedando para el creyente los bienes del idólatra. En este aspecto se puso de manifiesto la astucia de Mahoma, sabiendo capitalizar la codicia de los árabes por el botín. La Meca era idólatra, por lo tanto sus caravanas eran un codiciado botín. Cuando los de La Meca tomaron represalias fueron derrotados por la furia de los ataques musulmanes. La batalla de Bedr (13 de enero de 624) fue el resultado de una incursión en la que Mahoma esperaba capturar una rica caravana, pero en lugar de eso se encontró con una fuerza armada dos veces superior a la suya, sobre la cual, no obstante, logró una victoria decisiva. A pesar de todo, el período de Medina no fue de éxito continuo. Mahoma fue derrotado en la batalla de Ohod (enero de 625), cuando los qurays derrotaron a los musulmanes y en algunos asuntos menores perdieron sus seguidores. Este período estuvo marcado también por los muchos asesinatos instigados o sancionados por Mahoma y por las matanzas de aquellos que se le oponían o cuya riqueza ambicionaba para sus seguidores, incluyendo la de los judíos. Éstos últimos se burlaron de las pretensiones de Mahoma de estar recuperando la religión de Abraham, por lo que en represalia y mediante traición tomó a todos los hombres de una tribu, ochocientos en número, y los asesinó a sangre fría, vendiendo a sus mujeres e hijos como esclavos y repartiendo las posesiones entre sus seguidores. Los árabes se congregaron con él y pronto estuvo preparado para marchar hacia La Meca, a la que ya había señalado como centro de la fe. En esta decisión fue indudablemente influenciado por su parentesco con los qurays y para seguir la línea de menor resistencia y eventualmente reconciliar a sus habitantes.

Período final.
Los preparativos para la campaña contra La Meca se iniciaron a principios de enero de 630. La ciudad cayó fácilmente, sin duda porque algunos de sus habitantes favorecieron a Mahoma y en parte porque su fuerza era demasiado grande para ser resistida. Se proclamó una amnistía general de la cual diez personas fueron excluidas, aunque de ésas, por la intercesión de personas del círculo de Mahoma, sólo cuatro fueron ejecutadas. En la Kaaba se destruyeron todos los ídolos excepto la Piedra Negra. Los qurays fueron reconciliados, quedando salvaguardados los privilegios tradicionales de la ciudad como centro religioso. Los de Medina, a cuya fidelidad les debía tanto, quedaron decepcionados, pero Mahoma los convenció mediante apelaciones a su lealtad y a su promesa de quedarse a vivir con ellos. Como dueño de La Meca, centro de peregrinación y santuario de todos los árabes, el profeta pudo determinar los términos en los que las tribus podrían adorar allí. Taif, una sede de idolatría rival, se rindió en diciembre de 630 y su ídolo fue destruido. Un último intento de derribar la nueva religión, hecho por una confederación de tribus, fue derrotado con relativa facilidad. Las tribus aceptaron enseguida el islam, ya que la política de Mahoma hacia los árabes era la reconciliación si era posible y si no la sumisión a cualquier costo. En 631 la Kaaba fue cerrada para todos menos para los musulmanes. Este acto definió a la península como musulmana. Antes de la muerte del profeta toda Arabia estaba a sus pies; a los cristianos y judíos se les permitió existir, pero sólo bajo la condición de pagar un pesado tributo.

Carácter.
Los no musulmanes estiman al fundador en todas las maneras posibles, clasificándolo algunos entre los profetas más altamente capacitados y poniéndolo otros en el rango de los impostores. De sus capacidades mentales no cabe duda, siendo el Corán incontestable testimonio de su poder como poeta y orador, organizador y estadista; este libro, arreglado cronológicamente, proporciona una clave de su carácter y es el mapa de su desarrollo desde el tiempo en que empezó a escribir. La valentía personal de Mahoma era notoria, aunque parece haberle faltado sólo en una ocasión (cuando transigió temporalmente con la idolatría). Predicar contra la idolatría y bajo tales circunstancias en su hogar e incurrir en la persecución, prohibir posteriormente vino a los árabes amantes del vino, rechazar después el acomodamiento con lo que parecía una salida fácil de un evidente impasse e insistir sobre la sumisión absoluta que unificaría Arabia, son todas señales de un valor inusitado. No menos eminente entre sus características estaba su fe en sí mismo y su misión. Aparte de lo que ya se ha mencionado dos cualidades meritorias fueron su entusiasmo y patriotismo. La lealtad que inspiró entre hombres de valor tales como Abu Bekr es prueba absoluta de su profunda sinceridad. De su naturaleza espiritual son evidencia suficiente su repudio de la idolatría y elevada doctrina de Dios. Por otro lado, Mahoma tuvo muchos de los vicios de su tiempo y circunstancias. Mostró a veces un frío afán de venganza y una insistencia brutal en la revancha, así como una ruda severidad al procurar o permitir las matanzas de sus enemigos o de aquellos cuyas propiedades necesitaban sus seguidores. Su cambio de conducta tras la toma de La Meca no se debió a motivos de misericordia sino de política. Los que escaparon de la muerte en ese tiempo deben sus vidas a la intercesión de amigos cercanos a Mahoma, no a su clemencia. De su sinceridad original como reformador hay poca duda así como de su valor. Pero falló bajo la prueba del éxito. Su declive comenzó con el periodo de Medina. Las primeras suras del Corán soportan el examen de la prueba. Pero una vez que el éxito estuvo asegurado, muestran un creciente deterioro en el carácter del profeta. Las revelaciones posteriores no fueron siempre en interés de la fe, sino para respaldar los deseos de Mahoma. Cuando deseó otra esposa recibió una revelación que lo aprobaba. Si las anteriores declaraciones eran un obstáculo para el deseo actual, la doctrina de la aprobación permitiría la remoción del obstáculo. Cuando deseó la esposa de su hijo adoptivo Zaid, algo escandaloso entre los árabes, la sura 33 sancionó el divorcio de Zaid de su esposa para que pudiera quedar libre y casarse con el profeta. Aunque el límite legal de esposas para un creyente era de cuatro, la misma sura dio al profeta toda licencia. Y cuando la edad y la cercanía de la muerte revelaron sus celos por sus mujeres, aunque para la ley árabe una viuda no sólo podía sino que debía casarse, le fue revelado para su consuelo que sus esposas quedarían viudas.

Página decorativa de un manuscrito coránico, Valencia 1182. Estambul, Biblioteca de la universidad, Ns. A. 6753
Página decorativa de un manuscrito coránico, Valencia 1182.
Estambul, Biblioteca de la universidad, Ns. A. 6753
El Corán.
No cabe duda de que la Biblia del islam es la obra de un hombre y ese hombre es Mahoma. Quien habla, salvo en la oración de la sura inicial y en unos pocos dispersos pasajes, es Allāh. Pero como él es demasiado exaltado para hablar directamente incluso con su profeta, el medio de comunicación es Gabriel. El libro, se afirma, no es una creación nueva, sino que existe en arquetipo en el cielo, fijado en la misma esencia de Dios, siendo entregado gradualmente al profeta. Pero el arreglo se debe al editor. Mahoma no sólo memorizó sus propias entregas sino que tuvo que enseñarlas a sus seguidores. Necesariamente muchos sabían partes del Corán, pero ninguno lo sabía todo. Cuando el profeta murió, las proclamaciones existían sólo en porciones dispersas de cuero, hojas de palma e incluso en piedras y en la memoria de los fieles. En las guerras que sucedieron tras Mahoma muchos que sabían partes del Corán perecieron y Omar comenzó a temer que se perdería totalmente. Por tanto suplicó al califa Abu Bakr que lo compilara. Zayd de Medina, quien fue el editor, lo compiló a de todas las fuentes mencionadas. Pero existían textos variantes. Por tanto, Zayd elaboró una segunda edición, con la ayuda de tres miembros de la tribu qurays, que fue declarada canónica, siendo todas las demás variantes destruidas. En la edición no se siguió un principio homogéneo, siendo el único parcialmente observable que la primera sura es la más larga. Se afirma que la aceptación inmediata de este texto por aquellos que habían oído el original es una prueba de su fidelidad, especialmente en vista del antagonismo de los tiempos. Los musulmanes afirman que su contenido es evidencia de su inspiración total y completa. Ya que procede de Allāh es absoluta y totalmente confiable. Como monumento histórico el Corán es valioso por la luz que arroja sobre la mentalidad del profeta. Es significativo el carácter difuso y prosaico de las últimas suras comparadas con el estilo conciso, exaltado y poético mostrado en las primeras. En cuanto al orden en el que las suras fueron entregadas, ha de decirse que de cinco autoridades, Jajalu al-Din, Rodwell, Muir, Nöldeke y Hughes, no hay dos que concuerden y Palmer favorece un orden diferente. En cuanto a la originalidad que muestra no hay duda de que aunque mucho de su contenido es nuevo, Mahoma entreteje en sus entregas retazos de tradición tribal, dichos populares, leyendas y lo que había entendido de su trato con judíos y cristianos, aunque en el segundo caso el auténtico origen era apócrifo más que canónico, mientras que del primero era hagádico más que del Antiguo Testamento.

La religión; el trasfondo.
La aparición de Mahoma fue en un sentido oportuna. Las religiones locales de los árabes estaban en decadencia. Allāh ya era conocido, pero del mismo modo que Baal lo fue en el Canaán pre-israelita, pudiendo cada tribu llamar a su propia divinidad Allāh y habiendo comenzado ya un proceso de unificación. Esto se debió en parte a la influencia del judaísmo y del cristianismo. Muy probablemente había varias tribus judías en Arabia y para los árabes los judíos eran "el pueblo del libro." Los relatos judíos de los orígenes árabes fueron aceptados y ambos pueblos afirmaban tener a Abraham como antecesor común. Que el fundador derivó en sus primeros viajes de los judíos su tendencia hacia un rígido monoteísmo es al menos posible, empleando el islam muchos términos teológicos judíos. El cristianismo también, a través de dos canales, influenció al islam: (1) A través de los ermitaños, cuyas grutas y cuevas salpicaban el desierto, siendo respetados por los nómadas; (2) por la fe de los abisinios, cuyo país fue el refugio de los seguidores de Mahoma en los tormentosos tiempos del final del primer período de La Meca. Por Mahoma y sus seguidores Jesús fue reconocido como profeta, segundo en honor sólo tras Mahoma, mientras que el devoto musulmán nunca habla de él sin pronunciar la bendición "la paz sea sobre él." Pero el carácter del cristianismo que se refleja en el islam, como el del judaísmo, es apócrifo y no tanto el reflejado en los evangelios. Una tercera fuente de la inspiración de Mahoma fueron los hanifs. Hanif probablemente significa "penitentes" y el nombre se aplicó a los hombres que, sin constituir una secta, estaban dispersos por toda Arabia como solitarios, buscadores individuales de Dios. Entre esos hombres se había esparcido la creencia en una deidad como Allāh, que está elevado a una superioridad incomparable sobre los ídolos de las tribus. Los problemas del pecado y el juicio eran reales para esos hanifs y la práctica de la austeridad y la penitencia eran parte de su solución a la cuestión. A través de un primo de Hadijah, Mahoma entró en contacto con esos hombres y su desarrollado monoteísmo, de modo que la luz obtenida del judaísmo y del cristianismo iluminó para él las meditaciones de los hanifs que le fueron comunicadas. Su propia lógica e invencible espíritu le dirigieron a su propio monoteísmo absoluto y a los pasos posteriores ya indicados: Instrucción a sus amigos, predicación pública, intensificación de propósito por la oposición, desarrollo en Medina, asimilación de elementos no totalmente incompatibles con el sistema, ruptura con el judaísmo, politización de la fe y la sumisión de Arabia.

La oración, por Jean León Gérome
La oración, por Jean León Gérome
La teología y sus consecuencias.
La doctrina teológica fundamental del islam es la unidad de Dios, cuya voluntad, declarada por el profeta Mahoma, es ley para el hombre. La doctrina de Dios es intensa y llanamente unitaria. Los puntos especiales de antagonismo fueron la Trinidad cristiana y la deidad de Cristo. Se puso énfasis sobre la soberanía de Allāh y su ominpotencia. Allāh no era una primera causa filosófica, sino una agencia activa presente trabajando siempre en su mundo y llevando a cabo su propósito. En otras palabras, el monoteísmo de Mahoma no era especulativo sino práctico. Allāh está totalmente distinguido de su creación, en la que está incluida lo bueno y lo malo. El fundador no se amilanó ante las consecuencias lógicas de esta doctrina. Lo justo es justo no por su esencia, sino porque Allāh lo decreta. De ahí que la predestinación musulmana es arbitraria, tomando forma de fatalismo. El resultado práctico fue la inspiración de un valor magnífico pero terrible. Los guerreros árabes iban a la batalla convencidos de que su lapso de vida estaba tan definidamente determinado, que ya fuera que se quedaran en casa o fueran a la lucha su destino estaba prefijado. Este fanatismo quedó intensificado por la escatología, que es ordinaria, cruda y vívida. El cielo y el infierno son materiales, siendo ambos precedidos por la resurrección y el juicio, por el que todos los musulmanes pasarán con éxito, aunque algunos puedan necesitar ser purificados. Pero el guerrero que muere en la batalla tiene un lugar asegurado en el paraíso. A esto se debe el terror que inspira una yihad o guerra santa. El cielo está en siete regiones, de las cuales la primera es purgativa; todos los infieles están destinados al infierno. Al cielo se llega a través de un abismo sobre el que hay un puente ancho y fácil para el creyente, pero que se encoge hasta el grosor del filo de una navaja cuando los infieles intentan pasarlo, cayendo en el fuego eterno. Aunque los deleites de los musulmanes en el cielo descritos en el Corán son sensuales, no hay duda de que, como en otras religiones, la idea transmitida depende de la cultura mental y espiritual del individuo. Al comparar las ideas inspiradas en los cristianos por la lectura del libro de Apocalipsis, se distingue la diferencia cristiana y musulmana. La sura 13 demuestra que el cielo del profeta no estaba limitado a los deleites de los sentidos. Otra consecuencia de la unidad de Dios fue la prohibición de la idolatría, tanto de hacer como de adorar imágenes. La única inconsistencia es la retención de la Piedra Negra de la Kaaba, una inconsistencia reconocida y denunciada por algunos de los grupos del islam. Un corolario igualmente de la doctrina de lo absoluto de la deidad es la angeología del islam. Los ángeles son un postulado de la fe. Son ministros de Allāh, quien es demasiado exaltado para llevar a cabo sus propósitos mediante intervención directa. La angeología es elaborada, estando los ángeles divididos por rango, con los arcángeles Gabriel, Miguel, Israfil y Asrael a la cabeza, teniendo cada uno de ellos deberes aquí o allá en relación a la humanidad. Hay también ángeles cuyos informes aparecerán como testimonio en el juicio. De los ángeles de menor rango su número es innumerable; además de ellos están los genios, buenos y malos. El diablo es un ángel caído llamado Iblis.

Peregrinos hacia La Meca, por León Auguste Adolphe Belly
Peregrinos hacia La Meca, por León Auguste Adolphe Belly
Sistema de prácticas.
Brevemente, los cuatro puntos prácticos del credo musulmán son:
(1) La oración cinco veces al día, dirigida a La Meca;
(2) la limosnas fijada en un mínimo por encima del cual queda a voluntad del individuo;
(3) el ayuno en el tiempo fijado en el mes de Ramadán;
(4) la peregrinación a La Meca al menos una vez en la vida.
Estas cosas son vinculantes para todos los musulmanes. Mediante la oración, en árabe, cinco veces al día mirando a La Meca, el día está dedicado a Dios. No obstante las oraciones son cortas y consecuentemente no una carga pesada. El viernes, además de las oraciones, hay en las mezquitas exhortaciones o sermones. Pero el viernes no es un día de descanso del trabajo. No cabe duda de que el mandato de volverse hacia La Meca en la oración proporciona apoyo a la observancia de la peregrinación. Son igualmente fieles los musulmanes en la observancia del mandato de dar limosnas, consecuencia de lo cual es la gran proporción de mendigos en muchos centros musulmanes. En su sistema social el islam se ha quedado rezagado en siglos por su noción de la poligamia, del divorcio por parte del marido a su voluntad y de la esclavitud. Los musulmanes están obligados a convertir a los idólatras con la alternativa de la muerte, mientras que para judíos y cristianos la alternativa es el pago de un pesado tributo. La fuerza se convierte en el fundamento de la propaganda y la espada en su instrumento, de ahí que las dos características que muestra el islam en contacto con otras creencias son el fanatismo y la intolerancia. Aunque no es improbable que el avance del islam en África en tiempos recientes se deba no solamente a la espada. La función de esta religión en la historia del mundo parece ser la de disciplinar a pueblos que tienen un bajo nivel de cultura. Su fracaso es que no pueden superar un nivel de progreso más allá de cierta etapa.

Musulmanes argelinos participan de la oración
Musulmanes argelinos participan de la oración
Los cuatro fundamentos de la doctrina y la práctica.
Aunque la doctrina primitiva del islam fuera así definida, no había de esperarse que el Corán fuera la única norma de acción. Esta obra meramente resumió el fenómeno dentro del horizonte del fundador. Consecuentemente, tal como el cristianismo creció en los concilios ecuménicos y las normas en la vida de la Iglesia llegaron a tener tanta autoridad como el Nuevo Testamento mismo, así en el islam se produjo un reconocimiento de cuatro fundamentos de autoridad: el Corán, la sunna, el igma y el qiyas. La sunna, "costumbre, uso", resume la doctrina de hasta donde son practicables los mandatos y han de ser seguidas las prácticas del fundador. Esto desembocó en una colección de tradiciones sobre Mahoma, hechas en el tercer siglo del calendario musulmán, que eran comparadas con el Corán, convirtiéndose ese cuerpo de tradición en una autoridad semejante a la del Corán. Igma es una palabra que es el equivalente islámico de la expresión cristiana semper, ubique, et ab omnibus, o "asentimiento universal." Es la colección de decisiones legales y doctrinales hechas por el profeta, sus compañeros y sus inmediatos sucesores. Es de tres clases, unanimidad en opinión, en práctica y consentimiento tácito. Donde existe esta unanimidad en referencia a cualquier doctrina, esa doctrina es tan vinculante como cualquier enseñanza explícita en el Corán o la sunna. Qiyas es el equivalente musulmán del Talmud judío. Es una colección de inferencias extraídas de los pronunciamientos más generales del Corán, la sunna y el igma, que se han de aplicar a casos especiales que puedan surgir en cualquier momento. Es por tanto la interpretación de las otras tres colecciones citadas aplicadas a la vida práctica. Ha de hacerse notar que esas tres adiciones al Corán añadieron al sistema una inmensa elasticidad.

Mapa de la expansión del islam desde el siglo VI al VIII
Mapa de la expansión del islam desde el siglo VI al VIII
El califato antiguo.
A la muerte de Mahoma había tres posibles candidatos para el liderazgo: Alí, sobrino y yerno del profeta, de quien se dice que Mahoma lo propuso como dirigente antes de su muerte, pero que el pronunciamiento fue suprimido por A'isa porque Alí la había acusado de infidelidad; Omar, suegro de Mahoma y Abu Bakr, padre de A'isa. Al rechazar Omar la propuesta Abu Bakr fue el elegido. Los partidarios de Alí se vieron impedidos de contestar la elección con armas sólo por la revuelta general de las tribus que salieron de La Meca, Medina y Taif, los únicos centros fieles, mientras que la revuelta fue aplastada sólo al regreso del ejército que entonces operaba en Tierra Santa meridional. Bajo el primer califa ("sucesor") Arabia quedó una vez más unida, quedando Persia, Tierra Santa, Siria, Mesopotamia, Babilonia y Egipto bajo dominio musulmán. Antes de morir, Abu Bakr (634) propuso a Omar, quien fue elegido, terminándose la conquista de los países citados y efectuándose la construcción de un estado musulmán bajo su capaz administración. A su muerte en 644, Alí era de nuevo el candidato, pero fue derrotado por Utman apoyado por los qurays, contra quien comenzaron inmediatamente los levantamientos siendo asesinado (655). Entonces fue elegido Alí y sus dos rivales huyeron a Persia, organizando una revuelta que fue suprimida, siendo A'isa capturada y los dos rivales asesinados (656). El gobernador de Siria en este tiempo era Mu'awiya, quien gozaba de una vigorosa posición por la mejor disciplina de los árabes que formaban su ejército. Él respaldó la causa de Utman y rechazó reconocer a Alí como califa, haciéndose un intento de arbitrar en la disputa. Mientras tanto los seguidores de Alí se dividieron, abandonándole una parte a la vez que se formaba una conspiración para asesinar a ambas partes y también al general Amr, que actuaba como árbitro. Sólo Alí cayó muerto, aunque Mu'awiya quedó herido. El hermano de Alí, Husayn, fue a La Meca para asumir el califato, pero fue asesinado y Mu'awiya fue reconocido en su lugar. De esta manera Mu'awiya fue el primer califa Omeya (nombre que procede del abuelo de Mu'awiya), de los catorce que hubo, gobernando en Damasco hasta el año 750, siendo sucedidos por los abasíes (que afirmaban descender de Abbas, tío del profeta). Como resultado de esta lucha, en la que estuvieron envueltos los cinco primeros califas, surgió la primera división en el islam entre sunna y si'ah, dos formas de doctrina en las que se aglutinan las demás distinciones menores o sectas en las cuales el islam ha estado y sigue dividido. La doctrina sunnita es que los cuatro primeros califas fueron legítimos; la si'ah sostiene que el oficio de califa no es electivo y no es usurpable, ya que procede de derecho divino y es espiritual y que Alí fue el primer califa o imán, de lo que fue impedido por A'isa y finalmente desplazado por Mu'awiya.

Imagen de Alí, santuario de Qum, Irán
Imagen de Alí, santuario de Qum, Irán
Chiítas y sunitas.
Probablemente la tradición que le atribuye a Mahoma la predicción de que el islam se dividiría en 72 sectas es apócrifa, pero para un hombre que conocía a su pueblo la predicción no es imposible. Mientras todavía vivía se sembraron las semillas de la división por el honor dado a los muhagirun, "compañeros en la hégira" que fueron con él desde la Meca a Medina (junto con los ansar, "ayudadores" que le invitaron) y en la distinción de éstos respecto a los convertidos que aceptaron el islam, de los cuales procedieron los Omeyas y que debían ser tan importantes en el futuro inmediato tras el tiempo de Mahoma. Los acontecimientos de la sucesión crearon una facción a la que se aplicó el nombre de "legitimistas", que sostenían que la sucesión era por designación de Allāh y no por elección de hombres. La elección del tercer califa fue un triunfo para los Omeyas, pero su asesinato y la elección del cuarto califa (Alí) fue un triunfo para los legitimistas. La lucha entre Alí y Mu'awiya fue fructífera en divisiones. De este modo la promesa que Alí dio a Mu'awiya de someter su derecho al califato a arbitrio, provocó la desaprobación de una gran facción de sus seguidores, porque el califa debidamente elegido no tenía derecho a cuestionar su incuestionable derecho. Estos fueron los kharijitas, "sediciosos", que se diferenciaban de los legitimistas en que sostenían que la elección otorga un derecho indisputable. Los kharaijitas a su vez continuaron durante siglos dividiéndose en facciones, cada una de las cuales se diferenciaba de la otra en varios aspectos, prácticos y teóricos, y sus supervivientes están en la actual secta de los ibadíes. Pero la gran división, ya definida, estaba entre la si'ah y la sunna. La si'ah partió como principio político de la cuestión primordial de la sucesión al califato; pero esto tenía una base teológica y naturalmente la distinción entre chiítas y sunitas se hizo esencialmente teológica. De la doctrina de la si'ah del derecho inherente de Alí surgieron divisiones según variara la concepción de la personalidad de Alí, siendo a veces contemplado como una encarnación de la deidad, otras como un imán en el que la luz celestial existía, etc., o de opiniones variadas sobre la línea por la que la legitimidad fluía, si era por los descendientes de Alí o su esposa Fátima, hija de Mahoma, o a través de algún otro de los descendientes de Ali. La gran libertad en la especulación que ha caracterizado siempre a la si'ah contribuyó aún más a la división en sectas según forjaron el panteísmo, misticismo y racionalismo, tendencias a las que las doctrinas apelaron. Germen de divisiones especialmente fue la doctrina del imanato, con las dos grandes facciones de los "septimanos" y los "duodecimanos", diferenciándose en la cuestión de si el imanato abarcaba a doce o sólo a siete generaciones de Alí antes del ocultamiento. Los drusos y los assasins no son sino desarrollos extremos en el círculo de la si'ah. La distinción entre chiítas y sunitas en su efecto total dentro del islam es la misma que hay entre la heterodoxia y la ortodoxia, siendo el segundo término aplicable a la doctrina de la sunnah solamente. Los sunitas fueron, por así decirlo, traídos a la existencia por la necesidad de oponerse a los principios y desarrollo de la si'ah. De ahí que los sunitas son los tradicionalistas del islam, cuya posición central es que en las cuatro fuentes de autoridad citadas anteriormente está contenida toda la guía necesaria. Pero aun cuando explícitamente desechan el filosofar, esta actividad la ejercieron algunos de sus seguidores, surgiendo diferencias de teoría y práctica, de las que nacieron discordias, no siendo la historia de la sunnah no menos divisiva que la de la si'ah. No obstante los sunitas son los más numerosos, constituyendo el noventa por ciento de los musulmanes.

Causas del sectarismo.
La razón para esta gran diversidad de sectas en un sistema teóricamente tan rígido como el islam puede ser:
(1) El contacto con los demás pueblos produjo inmediatas consecuencias, como la tendencia a la filosofía especulativa y analítica. De este modo las contradicciones implícitas en el Corán sobre la predestinación y el libre albedrío, la interpretación y métodos de interpretar ese libro o las dificultades en la escatología promovieron las opiniones, prejuicios y pasiones individuales, abriendo simas entre los creyentes.
(2) La diversidad en la conformación humana de los grandes territorios conquistados por la fe islámica tuvo también su influencia. Pueblos tan diversos como los negros de África, los arios y razas nativas de la India y Persia, los malayos y mongoles no pueden dejar de imprimir su propia huella. No se puede esperar que pueblos tan diferentes sostengan la fe del mismo modo. Una ilustración de las modificaciones así producidas la proporciona Persia, donde la tendencia mental de los arios orientales hacia el panteísmo y el gusto por la teoría de la reencarnación obligaron al islam a incluir dentro de su redil a creyentes con principios originalmente no musulmanes.
(3) El fanatismo que Mahoma provocó y promovió contribuyó al ardor con el que cualquier principio, una vez enunciado y recibido con algún grado de favor, fue abrazado y su propaganda llevada adelante.
(4) Elementos coordinados fueron la tendencia semítica a la segregación y la extensión territorial del dominio musulmán. Árabes de innumerables clanes, babilonios, asirios, sirios, arameos, coptos, de hecho todo el mundo semítico, menos los judíos, aceptaron la fe. La escisión estaba en el mismo material del que el edificio estaba construido, aunque no se tuviera en cuenta el distanciamiento de pueblos, pues cada uno tenía su propia historia psicológica e intuiciones religiosas.
El misterio no es que las sectas surgieran, sino más bien que la religión haya agrupado a las tribus semíticas, por no mencionar la diversidad de otros pueblos a los que domina. Por tanto de esas raíces surge la división. El desarrollado escolasticismo y la discusión lógica, teológica y metafísica labraron un huerto que produjo los frutos de la discordia. Los mutazilíes negaron en la deidad la existencia de atributos y no admitieron la predestinación; los jabaríes se contentaban con negar la predestinación; los sifatíes mantenían la existencia de atributos y mediante ellos se convirtieron en los impulsores de las doctrinas antropológicas. Unas sectas interpretaban el Corán literalmente, otras insistían en una exégesis totalmente metafórica, algunas usaban en un momento lo literal y en otro lo metafórico, siendo acusadas por otras de inconsistencia. Los literalistas descendían al antropomorfismo, los metafóricos echaban a Allāh del mundo, salvo en lo que el panteísmo dejaba sitio para él. Y lo asombroso es que, aunque existe un odio mortal entre chiítas y sunitas, ambos se unen en un odio aún mayor hacia los "infieles", que niegan los principios del islam. Para las misiones cristianas el islam representa tal vez el campo más difícil al que hacer frente.

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