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JANSENISMO
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Jansenismo es el nombre del movimiento que se originó por la controversia sobre la doctrina de la gracia.

Jean Du Vergier de Hauranne
Jean Du Vergier de Hauranne
Origen del movimiento.
Dividió a la Iglesia católica de Francia durante más de un siglo y desarrolló un espíritu puritano y separatista, en muchas maneras análogo al del calvinismo francés. Ya que los escritos de Agustín, tras los de Pablo, habían influenciado principalmente a Lutero y Calvino, la Contrarreforma se guió por una actitud práctica, aunque velada, de hostilidad hacia sus enseñanzas especiales. Esos escritos habían tenido una poderosa influencia en la Edad Media sobre los místicos y escolásticos, que dejaron su huella en la teología tomista de la orden dominica. En el concilio de Trento, con respecto a las doctrinas de la gracia y del pecado, los dominicos se opusieron a la tendencia escotista hacia el semipelagianismo, ejemplificada en los franciscanos y jesuitas. Sin embargo, serían éstos quienes saldrían victoriosos y pronto desarrollarían atrevidamente sus deducciones de las concesiones que se les hicieron. La doctrina paulina y agustiniana era ahora sostenida especialmente por Miguel Bayo, profesor de Lovaina. Los franciscanos obtuvieron la condenación de setenta y seis de sus proposiciones en 1567 y 1579. Cuando el jesuita Molina, en 1588, enseñó el semipelagianismo, los dominicos levantaron serias acusaciones contra él. Para solventar la disputa entre las dos órdenes, Clemente VIII convocó en 1597 una congregatio de auxiliis para definir decisivamente la relación de la gracia con la conversión, pero fue disuelta en 1607 por Pablo IV. Al aumentar la sima entre la Iglesia católica y las iglesias de la Reforma, el espíritu semipelagiano en la vida y la doctrina se hizo más grande en la Iglesia católica y al degenerar el tomismo en un escolasticismo sin vida, no es extraño que la doctrina de Agustín fuera, en 1612, una nueva revelación para dos jóvenes y celosos estudiantes de la universidad de Lovaina, Cornelio Jansenio y Duvergier de Hauranne, posterior abad de St. Cyran.

Cornelio Jansenio
Cornelio Jansenio
Cornelio Jansenio.
Cornelio Jansenio nació en Acquoy en Holanda septentrional el 28 de octubre de 1585 y murió en Ypres el 6 de mayo de 1638. Estudió teología en el colegio de Adriano VI en Lovaina, donde estableció una estrecha amistad con Duvergier. Rehusó ser profesor de filosofía, odiando a Aristóteles como padre del escolasticismo y creyendo que las ideas de Dios y de la virtud de Platón eran superiores a las de los teólogos católicos. Como presidente del colegio de Santa Pulqueria enseñó teología. Por la continua lectura de los escritos de Agustín, llegó a la convicción de que los teólogos católicos de ambas tendencias se habían desviado de la doctrina de la Iglesia primitiva y en 1621 resolvió, con su amigo Duvergier, trabajar en pro de una reforma. Con este propósito entró en contacto con prominentes teólogos irlandeses y con los líderes de la nueva congregación francesa del Oratorio. A su instigación, la universidad de Lovaina excluyó a los jesuitas como profesores y en favor de la universidad hizo viajes a Madrid en 1623 y 1627, con motivo de ciertas usurpaciones de los jesuitas. En 1630 fue designado profesor de Sagrada Escritura en Lovaina y en 1636 obispo de Ypres. Plasmó los resultados de sus estudios de Agustín en su obra Augustinus, seu doctrina Sancti Augustini de humanae naturae sanitate, aegritudine, medicina adversus Pelagianos et Massilienses (3 volúmenes, Lovaina, 1640). El primer volumen da una exposición histórica de las herejías semipelagianas; el segundo establece la doctrina agustiniana del estado de inocencia y caída, mientras que el tercero trata de la gracia de Cristo y de la predestinación, en el espíritu de Agustín. Mientras la obra estaba todavía en la imprenta en Lovaina, los jesuitas hicieron grandes esfuerzos, por el nuncio papal en Colonia, para prohibir su aparición, aunque sin éxito. Fue inmediatamente reimpresa en París y Rouen. La bula In eminenti (1642) reprochó a Jansenio la renovación de las herejías de Bayo, pero para entonces ya había muerto hacía cuatro años. Fue solamente tras una resistencia de varios años por parte de los obispos, universidades y estados provinciales, que la bula fue publicada en los dominios españoles en los Países Bajos, siendo su aceptación impuesta por la fuerza.

Antoine Arnauld
El jansenismo condenado por el papa.
El líder de la facción jansenista tras la muerte de Jansenio y Duvergier fue Antoine Arnauld, sabio doctor de la Sorbona que, en 1643, publicó De la fréquente communion sobre la base de la doctrina de la predestinación tal como era enseñada por Agustín y Jansenio. Al mismo tiempo, los jesuitas estaban activos para lograr la condenación de los principios jansenistas, siendo ayudados en sus esfuerzos por los dominicos franceses, mientras que los dominicos españoles e italianos se ponían de parte de Jansenio. La universidad de Lovaina solicitó la ayuda de la Sorbona para repeler la intromisión jesuita e impedir la condena de los escritos de Jansenio. Como ninguna doctrina particular de Jansenio había sido condenada como herética en la bula papal, los jesuitas intentaron formular, en proposiciones definidas, la herejía de la que le acusaban, siendo finalmente reducidas a cinco y en 1650 fueron llevadas a Roma. Son las siguientes:

1. Algunos mandamientos de Dios son imposibles de ejecutar por el justo y la gracia por la que pueden ser verdaderamente cumplidos falta;
2. En el estado de la naturaleza caída la gracia interior nunca es resistida;
3. En el estado caído el mérito y el demérito no dependen de la libertad que excluye la necesidad interna;
4. Los pelagianos admitieron la necesidad de una gracia preveniente interior para la realización de cada acto (bueno), incluso para el primer acto de fe; su herejía consistía en la afirmación de que su gracia era de tal naturaleza que la voluntad del hombre podía resistirla u obedecerla;
5. Es semipelagiano decir que Cristo murió o derramó su sangre por todos los hombres sin excepción.

El papa Inocencio X condenó esas tesis en 1653 en la bula Cum occasione de acuerdo a las siguientes sentencias:
1. Declarada y condenada como temeraria, impía, blasfema, condenada como anatema y herética.
2. Declarada y condenada como herética.
3. Declarada y condenada como herética.
4. Declarada y condenada como falsa y herética.
5. Declarada y condenada como falsa, temeraria, escandalosa y entendida en el sentido de que Cristo sólo murió por la salvación de los predestinados, impía, blasfema, injuriosa, que anula la piedad divina, y herética.
Aunque esta bula no fue confirmada por la asamblea de clérigos ni por el parlamento, fue enviada a las diferentes diócesis para que fuera firmada, a instigación de los jesuitas. Los jansenistas declararon su voluntariedad para condenar las cinco tesis en su sentido herético, pero no como proposiciones de Jansenio. La mayoría de ellos admitieron la infalibilidad del papa en asuntos de fe, pero no en cuanto a los hechos del conocimiento meramente humano. En 1654 el papa declaró que esas tesis condenadas estaban en el Augustinus de Jansenio y que su condenación como enseñanza de Jansenio tenía que ser suscrita bajo pena de destitución. Ante esa amenaza cientos del 'partido de la gracia' firmaron la condena.

Blaise Pascal
Blaise Pascal, grabado de Augustin de Saint-Aubin
Arnauld y Pascal.
En 1654 un sacerdote en St. Sulpice en París rechazó dar la absolución al duque de Liancourt por su protección a un sacerdote que había rechazado la suscripción. Como consecuencia Antoine Arnauld publicó su Lettre à une personne de qualité, de la que dos proposiciones fueron inmediatamente extraídas por sus oponentes: (1) La gracia de Dios, sin la cual no podemos hacer nada bueno, abandonó a Pedro cuando negó a Jesús; (2) ya que nadie puede convencerse de que las cinco tesis condenadas están en Jansenio, una sumisión de silencio obsequioso a la decisión papal es suficiente; la sumisión de fe no se puede exigir del hecho. Arnauld fue expulsado de la Sorbona (1656) y ochenta doctores salieron con él antes que firmar su excomunión. En ese tiempo Blaise Pascal publicó sus Lettres à un provincial, atacando en la primera a los tomistas por oponerse a las enseñanzas de Jansenio y Arnauld, mientras que ellos mismos según él, con su idea mecánica de la predestinación, realmente compartían sus ideas. En las siguientes cartas atacó la teología casuística y moral de los jesuitas. Pero Luis XIV procuraba erradicar totalmente el jansenismo. En 1660 en una asamblea del clero francés se preparó un formulario que condenaba las cinco proposiciones de Jansenio, siendo requerida de nuevo la suscripción, no solo del clero, sino también de las monjas. Los que rechazaran serían encarcelados, como De Sacy, uno de los más excelentes hombres de Port-Royal, en la Bastilla. Arnauld insistió en la distinción entre fait y droit aunque en 1656 Alejandro VII en la constitución Ad sanctam beati Petri sedem, había establecido de nuevo el hecho de que Jansenio había enseñado las cinco tesis en un sentido cuestionable, tal como muestra el siguiente artículo de tal constitución:
(§ 6) Declaramos y definimos que aquellas cinco proposiciones fueron extractadas del libro del precitado Cornelio Jansenio, obispo de Ypres, que lleva por título Augustinus, y condenadas en el sentido intentado por el mismo Cornelio.
En 1661 emitió una nueva constitución en la que requería a todo el clero que aceptara mediante una nueva firma los pronunciamientos papales de 1642, 1653 y 1656. Cuatro obispos nada más firmaron el hecho y otros lo hicieron con reservas, para proteger la doctrina de Agustín. La fuerza de la oposición impresionó a la curia y al rey. Tras alguna vacilación la distinción entre fait y droit y la posibilidad de un 'silencio obsequioso' fue admitida por Clemente IX en 1688, lográndose de esta manera una paz temporal. Esta 'paz de Clemente IX' era evidentemente una derrota para la curia, que admitió prácticamente que la situación se le había ido de las manos a menos que fuera ayudado por el brazo secular.

Pasquier Quesnel
Pasquier Quesnel
Quesnel. La bula Unigenitus.
Las disensiones se reavivaron por la prohibición del Nouveau Testament en français avec des reflexions morales (1693) de Quesnel que iba dedicado a Noailles, en aquel tiempo obispo de Châlons. Pero antes del desarrollo de esta nueva etapa, el jansenismo del anterior periodo había llegado a su fin. Luis XIV estaba más y más celoso de su autoridad e inclinado a conseguir el perdón de sus pecados mediante la persecución de los herejes. Se aprovechó de una disensión que había estallado entre los jansenistas mismos, exhortando al papa Clemente XI a que adoptara severas medidas contra ellos. Éste estaba contento por la oportunidad de afirmar su autoridad sobre la Iglesia galicana y emitió la bula Vineam Domini (1705) en la que las cinco tesis de Jansenio eran incondicionalmente condenadas. Las monjas de Port Royal rechazaron suscribir la bula y su convento fue suprimido en 1709 y destruido un año más tarde. Mientras tanto, el cardenal de Noailles había llegado a ser arzobispo de París. Por su protección al Nuevo Testamento de Quesnel había incurrido en el odio de los jesuitas, que influenciaron al papa para que condenara ciertas proposiciones que Le Tellier, el confesor jesuita del rey, había seleccionado del Nuevo Testamento de Quesnel. En consecuencia el papa emitió la bula Unigenitus, en la que 101 proposiciones de Quesnel fueron condenadas como jansenistas o heréticas en otra manera. Entre ellas había no solo algunas que se pueden encontrar casi literalmente en las Sagradas Escrituras y en Agustín, sino incluso sustancialmente idénticas con los decretos del concilio de Trento, como por ejemplo la segunda: 'La gracia de Jesucristo es necesaria para todas las buenas obras; sin ella nada (verdaderamente bueno) puede ser hecho'; la vigésimo sexta: 'Ninguna gracia es impartida salvo por medio de la fe'; la vigésimo novena: 'Fuera de la Iglesia no se da la gracia' y la quincuagésimo primera: 'La fe justifica cuando es operativa, pero lo es solo a través del amor'. La bula fue presentada ante la asamblea del clero francés, siendo aceptada por la mayoría. Noailles prohibió el libro, pero antes de aceptar la bula pidió al papa varias explicaciones. El parlamento obedeció la orden del rey de incorporar la bula a las leyes del reino, con la reserva, sin embargo, de que sus ideas sobre la excomunión no deberían interferir con la lealtad al rey. La Sorbona se dividió en dos facciones y algunos de sus más prominentes profesores fueron expulsados de París o perdieron su derecho al voto. El rey, intolerante a la resistencia, pensó en solucionar el asunto mediante un concilio nacional, pero el papa no quería oír hablar de un riesgo tal y a su muerte en 1715 Luis XIV dejó la cuestión jansenista en la mayor confusión y enconado sentimiento.

Aceptantes y apelantes.
El sucesor de Luis XIV, el frívolo duque de Orleáns, no se cuidó de ninguna facción, considerando ambas posturas igualmente necias. A los exiliados se les permitió regresar y la Sorbona retiró su semi-aceptación de la bula Unigenitus. El papa amenazó a Noailles con la destitución e incluso la excomunión. Pero ahora un número de los hasta entonces obispos sumisos comenzó a pedir explicaciones y en 1717 varios de ellos apelaron del papa y su bula a un futuro concilio general. Estos fueron llamados los apelantes, en distinción a los aceptantes, quienes recibieron la bula. Casi veinte obispos, la facultad de París y otras dos facultades teológicas y una gran parte del clero secular y monástico se unieron a la causa de los apelantes, siendo estigmatizados como jansenistas por sus oponentes, aunque en algunos casos injustamente. Noailles también se puso del lado de los apelantes, tras un vano intento de mediación. La facción de los aceptantes estaba encabezada por Mailly, arzobispo de Reims. Pero Dubois, favorito del regente, tenía la ambición de un capelo cardenalicio y se puso contra los apelantes, oprimiéndolos Luis XV, por instigación de su antiguo profesor, el cardenal Fleury. Noailles fue obligado a someterse (1728) y en 1730 la bula fue formalmente registrada como ley del reino.

Circunvolucionistas.
Un joven clérigo jansenista, François de Pâris, había muerto en 1727 como resultado de sus principios ascéticos con su 'apelación' en su mano; algunas curaciones milagrosas ocurridas en su tumba parecían ser la confirmación divina de la causa de los apelantes; incluso los niños caían en convulsiones y trances en su tumba, profetizando y testificando contra la bula. Miles fueron excitados por el fanatismo suscitado en la tumba de Pâris en el cementerio de la iglesia de St. Médard. En 1732 el rey ordenó que el cementerio fuera cerrado, pero hubo quienes extrajeron porciones de tierra de la tumba, de modo que eran igualmente eficaces, incrementándose el número de profetas convulsionados que ponían en entredicho al Estado y la Iglesia hasta que el movimiento acabó en disensiones y a veces en desorden moral, dando a los escépticos ocasión para extraer conclusiones desfavorables para los milagros del cristianismo.

Fin de las controversias.
Los jansenistas de la primera generación se habían propuesto reforzar la práctica de la confesión al párroco, no a los frailes ni jesuitas, pero la persecución subsiguiente les obligó a confesarse a sacerdotes apelantes. En su lecho de muerte, sin embargo, tenían que confesar con su sacerdote regular si es que querían ser enterrados por los ritos de la Iglesia católica. Bajo la influencia de los jesuitas, Beaumont, arzobispo de París, resolvió negar los últimos ritos de la Iglesia a los que no había evidencia de que se hubieran confesado, cuando estaban sanos, con su párroco. Cuando un sacerdote en 1752 rechazó la absolución a un apelante, el arzobispo fue citado ante el parlamento que le amenazó con la confiscación de sus ingresos. La mayoría de los obispos se pusieron del lado del arzobispo, en defensa del derecho sin restricciones de la Iglesia para controlar los sacramentos, mientras que otros parlamentarios se pusieron del lado de Pâris, sobre la base de que intentaban proteger a los ciudadanos contra la opresión clerical. En 1753 el rey prohibió al parlamento interferir en asuntos eclesiásticos, siendo sus miembros dispersados y exiliados, aunque al año siguiente fueron llamados de nuevo, si bien todavía insistían en sus derechos y el arzobispo que todavía rechazaba dar la absolución a los apelantes se exilió. Los obispos, apoyados por el rey, solicitaron la decisión del papa, quien ahora mostró más precaución en lo concerniente a la bula Unigenitus, al rechazar los sacramentos solo a aquellos apelantes que fueran reconocidos como tales pública y legalmente. El rey refirió las querellas sobre el rechazo de los sacramentos a los tribunales espirituales, aunque con el derecho de apelar a los seculares. Las disensiones del jansenismo cesaron solo con el procedimiento de expulsión de los jesuitas. La literatura de esas disputas del tiempo de la bula Unigenitus abarca tres o cuatro mil volúmenes en la Biblioteca Nacional de París.

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