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INQUISICIÓN
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Inquisición (Inquisitio hæreticæ pravitatis) o Santo Oficio (Sanctum officium) fue el nombre del tribunal espiritual de la Iglesia católica para detectar y castigar a aquellos cuyas opiniones difirieran de sus doctrinas.

En la Iglesia antigua.
Fue un desarrollo comparativamente tardío de la antigua disciplina eclesiástica. "En la iglesia primitiva no había nada que pudiera tener ni un remoto parecido con la Inquisición... todo el instinto y el elenco prevaleciente de pensamiento de la cristiandad en los primeros cuatro siglos era opuesto a la compulsión en asuntos religiosos." (J. J. I. von Döllinger, Kleinere Schriftem, p. 295, Stuttgart, 1890.) La institución del "presbítero para arrepentimiento" que ocurre en el siglo tercero, era portadora de un carácter bastante diferente, como el mismo nombre indica. Por supuesto se combatían las desviaciones en la esfera de la doctrina cristiana, pero casi siempre con armas espirituales y esta práctica continuó hasta Teodosio († 395), cuando un emperador cristiano encontró aconsejable imponer la pena de muerte a una herejía (maniquea). Crisóstomo repudió tal acción: "No es justo sentenciar a un hereje a muerte, ya que una guerra implacable vendrá al mundo" (Hom. xlvi sobre Mateo 13:24-30); y alrededor del año 450 el historiador Sócrates caracterizó la persecución por herejía como algo extraño a la Iglesia. Sin embargo, entre tanto Agustín, en su conflicto con los donatistas, había expresado la doctrina contraria en el oeste y había recomendado la compulsión y los castigos contra los herejes (epístolas 93, 185), aunque no aprobó la pena de muerte. Seis siglos más pasaron antes de que la teoría de la compulsión religiosa y de la extirpación violenta de la herejía tuvieran validez universal, aunque el papa León Magno (epístola 15, ad Turribium) la había aprobado en el siglo quinto. Esta larga época de tolerancia comparativa es impresionante en vista de las circunstancias que en Italia, bajo los gobiernos godo oriental y lombardo, tuvieron que vivir católicos y arrianos en estrecha proximidad, o incluso juntos (como en Rávena). El impulso para adoptar métodos severos vino por la decisión de que los numerosos restos de paganismo debían ser finalmente extirpados, elaborándose ciertas medidas en esta dirección por la legislación carolingia (Capitularia Caroli Magni de 769 y 813). Los comienzos de la Inquisición episcopal se han de ser buscar en los tribunales sinodales para investigar la herejía.

Santo Domingo presidiendo un Auto de fe, tabla de Pedro Berruguete, c. 1503; en el Prado, Madrid
Santo Domingo presidiendo un Auto de fe, tabla de Pedro Berruguete,
c. 1503; en el Prado, Madrid
Organización y competencia.
Por los términos de sus negociaciones en Verona en 1184 el papa Lucio III y el emperador Federico Barbarroja convirtieron la Inquisición episcopal en una institución universal, que había de ser apoyada incondicionalmente por el poder temporal. Este fue el momento en el que una nueva y peligrosa doctrina, mezclando elementos cristianos y paganos a la manera de las antiguas especulaciones gnósticas, se difundió camino del este y prestó su ayuda al popular antagonismo religioso que estaba siendo constantemente inflamado por las condiciones mundanas de la jerarquía. Hacia 1179 los seguidores de la nueva doctrina eran tan numerosos, especialmente en el sur de Francia, que Alejandro III se impuso el plan de suprimirlos por la fuerza. Inocencio III († 1216) organizó una guerra sistemática contra ellos y entre las agencias empleadas estuvieron las inquisiciones episcopales, con sus modos de operación garantizados por el acuerdo de Verona y el dispuesto apoyo de todos los tribunales temporales. Sin embargo, esta forma de la Inquisición le pareció a Honorio III († 1227) sujeta a obstrucción y no lo suficientemente capaz para realizar su tarea por falta de centralización. Él y su sucesor, Gregorio IX, querían que todo el procedimiento estuviera en una sola mano, creando de esta forma la nueva Inquisición papal, que recibió ahora el nombre específico de Sanctum officium, en distinción al oficio episcopal. La información más exacta para esta institución la proporciona el Directorium de Emmerich. Los oficiales eran responsables directamente ante el papa. No es el obispo quien permanece a su cabeza, sino el gran inquisidor, que está respaldado con notarios, consultores por el lado judicial, criados y ayudantes de toda clase (por ejemplo, carceleros) en el lado práctico. En la República de Venecia cada caso fue tratado con una asistencia complementaria de tres "entendidos en herejía" quienes salvaguardaban los intereses del Estado. La nueva institución recibió importantes privilegios, de hecho con el pleno poder en la provincia eclesiástica; los oficiales, al ser comisionados por el papa directamente, eran independientes de los obispos y estaban protegidos por altas prerrogativas, siendo inviolables e inmunes. Todos sus privilegios fueron nuevamente confirmados en 1458 por la bula Injunctum nobis, y de nuevo en 1570 por la constitución Sacrosancta Romanæ ecclesiæ. Una vez que la orden dominica hubo surgido en el siglo XIII y sus adherentes se habían mostrado excepcionalmente cualificados, el oficio fue transferido a ellos especialmente, aunque no con la exclusión de miembros de otras órdenes. Los poderes oficiales del inquisidor eran grandes, incluyendo sentencia de excomunión y entredicho, suspensión de los que estaban bajo sospecha y adjudicación de toda clase de exenciones. Los procedimientos judiciales eran celebrados en salas de tribunales especiales o en el tribunal diocesano oficial. Para el juicio y sus diferentes etapas, para la imposición del castigo y semejantes se ejecutaban las más exactas prescripciones, que continuamente eran complementadas si la ocasión lo demandaba. Pero la detallada forma de procedimiento se dejaba en gran medida a la discreción del inquisidor. El nuevo tribunal papal invadió en varias maneras la esfera de la Inquisición episcopal, surgiendo conflictos de jurisdicción, que los papas no siempre hallaron fácil resolver, porque, en cualquier caso, la Inquisición episcopal no quedó abrogada. Sin embargo, en caso crítico, la autoridad más alta descansaba en el inquisidor y su ámbito ejecutivo era más extenso que el de los oficiales episcopales. Los cargos de herejía contra obispos, e incluso nuncios, quedaron sujetos a los inquisidores papales.

Mapa de las disidencias, herejías y órdenes mendicantes en los siglos XII-XIV

Relación con los poderes seculares.
El incondicional apoyo del brazo secular fue invocado por la Inquisición papal en virtud del acuerdo de Verona (aunque no fue hecho propiamente para ese fin). El brazo secular era el "ejecutor" o "ministro" de la Inquisición. Los papas constantemente lucharon para tener la cooperación de los poderes seculares incorporada a las leyes del Estado, estatutos municipales y semejantes. Para este fin Inocencio IV en la bula Ad extirpanda, concedió al Estado una porción de la propiedad que había de ser confiscada, asumiendo el Estado a su vez la carga de infligir el castigo, hasta la pena capital, si fuera necesario. El primer ejemplo de una ejecución bajo imputación de herejía se aplicaó en el año 385 por el usurpador Máximo, en un suceso que no aprobó Agustín. Aunque el acuerdo de Verona dejó la cuestión abierta, el rey Pedro de Aragón, ya en 1197, amenazó con la pena capital a los herejes que no se sometieran al decreto de expulsión; y en el curso del siglo XIII esta amenaza quedó reforzada en los más amplios términos. Incluso el emperador Federico II, hombre reputado como "librepensador", decretó la pena de muerte en Lombardía en 1224, en Sicilia en 1230 y con Gregorio IX, para Roma en 1231. La sentencia misma estaba determinada, como podía esperarse, por el tribunal eclesiástico (papal), aunque la ejecución era realizada por las autoridades temporales, de ahí que sea posible para ciertos apologistas de la Iglesia católica afirmar que esa Iglesia nunca ha derramado sangre (cf. Die Selbstbiographie des Cardinals Bellarmins, edición de J. J. I. von Bellinger y F. H. Reusch, páginas 233 y sgg., Bonn, 1887).

Italia.
Esta nueva forma de la Inquisición se hizo efectiva con mano de hierro en Italia, Francia, los Países Bajos e Inglaterra. En Italia, que especialmente en el norte y centro era foco de herejía, la situación fue manejada por Inocencio III. Por ejemplo, en Viterbo los procedimientos fueron instituidos con severidad ejemplarizante contra los patarenos en 1207 (cf. Muratori, Rerum Italicarum scriptores, iil, 1, Milán, 1723). La lucha civil que surgió desembocó repetidamente como en Viterbo en 1265 y en Parma en 1277, en la expulsión de los inquisidores; algunos incluso fueron asesinados, como Pedro Mártir en Verona en 1245, convirtiéndose de esta manera en el santo de la Inquisición. "Pero esto produjo venganzas espantosas... si las quejas eran demasiado ruidosas, el papa podría tomar nota de la reprobación del inquisidor, pero esto no era más que el deseo del papa de podar la excrecencia de la institución." (Döllinger, ut sup.). En Venecia prevaleció un especial arreglo en interés del Estado, pero una política suave era excepcional en este caso. Más aún el papa designaba al inquisidor que el Senado clasificaba como un oficial del Estado, al otorgarle una "provisión" o salario; la extensión de su influencia por ser "el entendido en la herejía" dependía enteramente de la influencia de la curia romana sobre el Estado mismo.

Francia.
En Francia la operación más temible de la Inquisición comenzó en el siglo XIII y no terminó con la aniquilación de los albigenses. El pueblo la soportó con extrema aversión; en 1242 una desesperada multitud atacó a los inquisidores en el territorio de Aviñón. (Los asesinados fueron canonizados por Pío IX en septiembre de 1866, haciendo lo mismo al año siguiente con el atroz inquisidor español Pedro de Arbués.) La actitud de los reyes franceses ante la Inquisición muestra varias fases: Luis IX (San Luis) promulgó un mandato en 1228 que obligaba a la soberanía temporal a la colaboración incondicional con la Inquisición; por otro lado, Felipe el Hermoso decretó, en 1290, que la debida circunspección fuera observada en el asunto de arrestar supuestos herejes. Las violentas reacciones de la gente torturada y varios edictos reales tuvieron al final su efecto; y con el tiempo la revolución completa provocada por el Cisma de Occidente y la creciente independencia de la nación francesa puso fin a la Inquisición en Francia antes que en otras tierras.

Escudo de la Inquisición
Escudo de la Inquisición
España.
Mientras tanto la Inquisición en España había brotado con peculiar vigor. Es un error atribuirle, como Hefele (Cardinal Ximenez, Tubinga, 1844) y Ranke, el carácter de un tribunal real de justicia. Pues como han demostrado los jesuitas Grisar y Orti y Lara era completamente eclesiástica, teniendo sólo ciertos privilegios especiales estatales y una cierta influencia por la que el rey influía en la elección de los inquisidores. Se desarrolló desde el siglo XIII, con el trasfondo de la lucha contra musulmanes y judíos. Antes del siglo XVI su principal operación era contra los marranos o fingidos convertidos del judaísmo al cristianismo. El inquisidor general, Tomás de Torquemada, designado por el papa Sixto IV, sobrepasó a todos los precedentes en el modo de las ejecuciones y confiscaciones; fue bajo él, en Zaragoza, que Arbués encontró su sangriento final. La Inquisición española experimentó un peculiar desarrollo en tres aspectos: en primer lugar, tuvo una cabeza regiamente reconocida en el inquisidor general; en segundo lugar, bajo el inquisidor general del Consejo de la suprema actuaba uniformemente por toda España, con ayuda de las autoridades estatales; en tercer lugar, aunque la influencia del rey sobre el tribunal era indudablemente grande, nunca fue ejercida contra los intereses de la Iglesia; al contrario, la presencia del rey o de su representante en los autos de fe les impartía la cualidad de gran espectáculo autorizado por el Estado, casi de festividad popular. Es imposible estimar el número de víctimas. Los datos de Llorente son cuestionables y se pueden desechar. Sin embargo, del tratado del inquisidor Páramo De origine et progressu inquisitionis (Madrid, 1508), p. 140, se desprende que en 40 años (1480-1520), en Sevilla, hubo 4.000 quemados, siendo 30.000 "penitentes" sentenciados a varios castigos.

Alemania, Países Bajos e Inglaterra.
En Alemania, Conrado de Marburgo fue responsable del florecimiento de la institución. Pero por la ira del pueblo fue asesinado con su ayudante Droso, justo cuando su actividad comenzaba a madurar (1233). De ahí que en Alemania la Inquisición, en su mayor parte, fracasara en desarrollar una actividad más completa. Sin embargo, hasta el siglo XV hubo bastantes ejemplos de procedimientos aislados. Las actas confeccionadas por Frédéricq muestran que fue ordenada en Alemania y los Países Bajos en común. Este autor proporciona la instrucciones de Gregorio IX, dirigidas a los obispos, en 1233, para efectuar lo que ellos llamaban cazar las "pequeñas zorras", esto es, los herejes ostensiblemente convertidos; mientras que una serie completa de ordenanzas similares emitidas en el tiempo de la bula Summis desiderantes en 1484, en los términos cuando la actividad especial de la Inquisición iba dirigida contra la brujería, fue además dirigida contra los "valdenses" a lo largo del Rin, en Baviera y Austria, Bohemia y hasta la marca de Brandeburgo y Pomerania, así como contra sectas de todo tipo en los Países Bajos. Desencadenó una temible guerra de exterminio en el norte de Alemania, en el distrito de Bremen, 1233, contra los stedingi. De la información exacta en la obra de Frédéricq se desprende que la extensión de los sangrientos hechos en Amberes, Bruselas, Gante, Utrecht y otras ciudades fue mayor que lo que previamente se había conocido. Durante el período antes de la Reforma, Inglaterra se vio menos afectada por la Inquisición. Fue primero activa contra los lolardos. En 1401 Enrique IV hizo que el parlamento confirmara el estatuto De hæretico comburendo.

Condenados por la Inquisición, por Eugenio de Lucas. Casón del Buen Retiro, Madrid
Condenados por la Inquisición, por Eugenio de Lucas.
Casón del Buen Retiro, Madrid
La Reforma suprimida en Italia.
En 1542 el cardenal Caraffa, posterior papa Pablo IV, reorganizó la Inquisición romana según el modelo de la española. Él mismo asumió la dirección del Santo Oficio creado por la bula Licet ab initio. El procedimiento ejecutivo estaba centralizado en Roma, primariamente para toda Italia y el resultado estaba garantizado por una operación uniforme y rápida. La nueva organización, teniendo a su disposición la influencia total de la curia romana sobre cada Estado de Italia, puso fin a la Reforma en ese país en el tiempo de Pío V; sus defensores fueron o encarcelados o matados, viéndose los restantes obligados a huir mientras que las obras literarias eran buscadas y destruidas, salvándose restos insignificantes. Como ejemplo de la operación de la Inquisición en Italia se pueden enumerar sus acciones contra los "luteranos" u otros herejes en Venecia: en el siglo XVI, según las actas todavía preservadas en los archivos estatales, hubo 803 juicios por "luteranismo", cinco por "calvinismo", 35 por anabaptismo, 43 por recaída de convertidos al judaísmo, 65 por lenguaje blasfemo, 148 por brujería, 45 por contención contra la religión (esto es, ceremonias eclesiásticas, etc.) y más de esa clase. Más tarde esas cifras variarían notablemente. Se organizaron ramas de la nueva oficina romana en las demás ciudades de Italia, salvo Nápoles. Sin embargo, Roma continuó siendo el centro; cuán numerosos fueron los juicios desarrollados en esa ciudad se desprende de que en el libro de protocolo del registro accesible durante los tres años 1564-67 hay no menos de 111 sentencias, en las que en todas hay castigos severos, en algunas de pena de muerte y en otras de prisión vitalicia.

Retrato de Diego de Deza, arzobispo de Sevilla y sucesor de Torquemada. Por Francisco de Zurbarán, Museo del Prado, Madrid
Retrato de Diego de Deza, arzobispo de Sevilla y sucesor de
Torquemada. Por Francisco de Zurbarán, Museo del Prado, Madrid
En España y los Países Bajos.
Al igual que en Italia también en España el movimiento de Reforma del siglo XVI cayó presa de la Inquisición. En Sevilla y Valladolid el movimiento fue aplastado en el curso de cuatro autos de fe, 1559-60, floreciendo todavía la Inquisición en todo el país hasta 1700; según Llorente ocurrieron 782 autos de fe más bajo los primeros Borbones (1700-46), donde 14.000 personas fueron sujetas a castigos más pesados o ligeros. De hecho, Fernando VII restauró la Inquisición junto con la Restauración en 1814, quedando finalmente abolida en 1834. La Inquisición persistió largamente también en Portugal, donde fue principalmente dirigida contra los judíos; llegó a su final en 1826. En los Países Bajos imperiales la Inquisición combatió efectivamente la Reforma en el siglo XVI. Desde Bruselas como centro fue tan activamente dirigida o apoyada desde 1522 en adelante por los oficiales de Carlos V y luego por las dos princesas vice-regentes, que hacia 1530 su meta parecía lograda. Sin embargo, el espíritu no pudo ser sometido y surgió renovada bajo Felipe II, anticipando los crueles hechos del duque de Alba. Cuando eventualmente las provincias septentrionales conquistaron su libertad religiosa y política, la Inquisición había liquidado la Reforma en las provincias meridionales. Su actividad fue también llevada a las posesiones españolas en América y a las Indias orientales por los portugueses.
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