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HIMNODIA
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Introducción.

Dos páginas de un libro de coro de la catedral de Toledo,
copiado hacia 1544
Definiciones y términos.
Un himno es una meditación espiritual en prosa rítmica o verso, cuyo principal constituyente es la alabanza y oración a Dios. Es la comunión del alma con Dios. La noción moderna de un himno es, por tanto, más amplia que para Agustín, quien dice: "[Un himno] es un canto con alabanza a Dios. Si alabas a Dios y no cantas no se trata de un himno; si cantas y no alabas a Dios, no es un himno; si alabas a otra cosa... aunque cantes y alabes no es un himno. Un himno, entonces, contiene estas tres cosas: canto, alabanza y a Dios." (Sobre el Salmo 149). Por otro lado, las iglesias griega y latina, a diferencia de las protestantes, incluyen entre los himnos canciones métricas a María y los santos. Los escritores del Nuevo Testamento emplean tres términos: psalmos, hymnos y odĕ pneumatikē (Efesios 5:19; Colosenses 3:16). La palabra hymnos era común a griegos y romanos, quienes cantaban a sus divinidades y en honor de hombres de renombre. El poema de Homero contiene tales himnos y Hesíodo representa a las Musas cantando himnos a los dioses. Píndaro denomina himnos a sus odas. La literatura egipcia también contiene himnos, de los que uno de los más notorios, al sol saliente y poniente, se encuentra en el Libro de los Muertos (cap. cxxv; cf. P. Le Page Renouf, Lectures on the Origin and Growth of Religion, as Illustrated by the Religion of Ancient Egypt, Londres, 1880). Pablo, en la colina de Marte, citó de un himno de Arato de Cilicia (siglo III a. C.) las palabras "porque linaje suyo somos" (Hechos 17:28). El himno cristiano difiere del himno pagano de la antigüedad en su espíritu y objeto de adoración, pero no necesariamente en forma. Va dirigido a Dios o a una de las tres personas de la Trinidad, no admitiendo nada impuro.

Breviario de Isabel la Católica, Folio 155, verso
Investigación general.
Los himnos desde tiempos antiguos han sido un elemento importante en los servicios en el santuario y en todos los periodos han contribuido a la piedad de la Iglesia. El Antiguo y el Nuevo Testamento frecuentemente presentan a los cuerpos y huestes celestes alabando a Dios (Job 38:7; Isaías 6:3; Apocalipsis 5:9 y sgg.), mientras que los mejores periodos de la historia hebrea y cristiana expresaron el fervor religioso en el canto sagrado (cf. Hechos 16:25). En las iglesias griega y latina, desde el siglo sexto en adelante, cantar himnos quedó confinado a las iglesias y conventos, estando restringido al clero en las iglesias, aunque en Alemania la congregación cantaba el Leisen, cerrando ciertos himnos con el Kyrie eleison. Los flagelantes de los siglos XIII y XIV cantaban himnos en latín o la lengua vernácula, mientras que los lolardos ingleses del siglo XIV y los husitas bohemios del siglo XV revivieron el uso popular del canto sagrado. La Reforma introdujo el canto congregacional en la adoración. El avivamiento inglés del siglo XVIII estuvo marcado por un gran impulso en la composición de himnos, en lo que miembros de la Iglesia nacional (Toplady, Newton y otros compitieron con los dirigentes del movimiento metodista. Los himnos "han consolado al triste, controlado al gozoso, sometido al furioso, refrescado al pobre" (Nicetio de Tréveris, De psalmodiæ bono). Han estado en las lenguas de los creyentes en el primer ardor de su fe y han ascendido en la última proclamación fervorosa de los mártires en la pira. Son la común herencia de los creyentes y vínculo de todas las edades. En ellos se esfuman las distinciones denominacionales. Los himnos de Ambrosio, Juan de Damasco, Lutero, Tersteegen, Wesley, Toplady, Mühlenberg y Newman están juntos en los himnarios, concordando en la alabanza al único Dios y en el amor al único Salvador.

Himnos hebreos.

La himnodia hebrea tuvo un origen temprano. Los cantos de Miriam, Moisés, Débora y Ana (Éxodo 15; Deuteronomio 32; Jueces 5; 1 Samuel 2:1-10) son poemas sagrados de sublime imaginería e inspirados con una fervorosa devoción a Dios. El libro de los Salmos es el mejor himnario y en todas las edades la Iglesia ha encontrado en el mismo una fuente de devoción y alabanza.

Himnos cristianos antiguos.
Desde el comienzo de la dispensación cristiana han llegado himnos que son conocidos generalmente por sus títulos latinos, usualmente derivados de las primeras palabras en las versiones latinas. Son el Magnificat de María (Lucas 1:46-65), el Benedictus de Zacarías (Lucas 1:68-79) y el Nunc dimittis de Simeón (Lucas 2:29-32). Otras partes del Nuevo Testamento sugieren por su forma que son fragmentos de himnos (Hechos 4:24-30; Efesios 5:14; 1 Timoteo 3:16; Santiago 1:17; Apocalipsis 15:3). En la institución de la Cena (Mateo 26:30) Jesús y sus discípulos cantaron un himno, posiblemente una parte del Hallel. Los cristianos de la era apostólica usaban los himnos como medio de edificación (1 Corintios 14:26; Efesios 5:19; Colosenses 3:16). Parece probable que en la asamblea pública el himno, como la profecía y la predicación, era a veces el espontáneo producto del momento (1 Corintios 14:26). Desde la edad sub-apostólica hasta el uso de himnos en el servicio cristiano hay testimonios de fuentes paganas y cristianas. A principios del siglo II Plinio informa a Trajano que los cristianos tenían la costumbre de reunirse antes del amanecer y cantar himnos a Cristo como Dios (Epist. x. 97). Eusebio (Hist. eccl., V, xxviii. 5) cita a un autor de finales del siglo II que habla de los "muchos salmos e himnos, escritos por hermanos fieles desde el principio [que] celebran a Cristo el Verbo de Dios, hablando de él como divino". El himno cristiano en uso más antiguo, aparte de los mencionados, es probablemente "Pastor de tierna juventud" por Clemente de Alejandría (c 200) que ha ganado contemporaneidad en la traducción de Henry M. Dexter, hecha en 1846 (cf. Schaff, Christian Church, ii. 228-31). El himno "Luz de gozo, resplandor divino", cantado todavía en la Iglesia griega, fue antiguamente atribuido a Atenágoras († 169); pero Basilio de Cesarea († 379) niega su autoría, aunque refiere el himno a una composición antigua. Los primeros gnósticos crearon un conjunto de himnos y Orígenes habla de un gran número en uso. Bardesanes y su hijo, Harmonio, estuvieron entre los poetas gnósticos (cf. E. Preuschen, Zwei gnostische Hymnen, Giessen, 1904).

Himnos de la Iglesia oriental.
La costumbre de cantar himnos fue tan general y popular en el siglo III que una de las acusaciones del tercer sínodo de Antioquía (269) contra Pablo de Samosata fue que había suprimido los himnos en honor de Cristo. Teodoreto señala (Hist. eccl., ii. 19) que el canto antifonal comenzó en Antioquía y se difundió desde allí en todas direcciones en el siglo IV. Mientras Crisóstomo era obispo de Constantinopla la facción trinitaria se reunía en las plazas y luego marchaba en procesiones nocturnas por la ciudad cantando himnos como medio de combatir a los arrianos, quienes también tenían sus propios himnos. El cardenal Pitra señala que el número de himnos griegos es muy grande, suficientes para publicar quince o veinte volúmenes, mientras que un número igual sobrevive en manuscritos. Efrén Sirio († c. 378) es el padre de la himnodia cristiana siria. Teodoreto ensalza sus himnos que conmemoran los grandes hechos en la vida de Jesús, las muertes de los cristianos y las vidas de los mártires (cf. H. Burgess, Select Metrical Hymns... of Ephraem, Londres, 1853). Gregorio de Nacianzo († 390) y Anatolio son los dos escritores más grandes en el periodo de la himnodia griega antigua. El himno "Fierce was the wild bilow" se atribuye a Anatolio. Los mejores himnos de esta rama de la Iglesia fueron escritos en lo que John Mason Neale llamó el segundo periodo, 720-820. A este periodo pertenecen Romano († c. 720), a quien el cardenal Pitra atribuye veinticinco himnos que muestran originalidad y vigor; Andrés de Creta († 732); Cosmas; Juan de Damasco, el gran teólogo de la Iglesia griega, cuyo "Este es el día de la resurrección" ha pasado a muchos himnarios ingleses y Esteban del monasterio de Mar Saba († 794), cuyo "Estás cansado, estás lánguido" es la letra más simple y apacible sobre las palabras de Jesús "Venid a mí los trabajados." Tres escritores posteriores son Teodoro el Estudita († 826), quien escribió "Ese día temible, ese día de terror", José el Estudita († c. 830), quien escribió "Jesús, Señor de vida eterna" y Teoctisto el Estudita († c. 890), autor de "Jesús, nombre sobre todo nombre."

Himnos de la Iglesia latina.

Periodo antiguo.
Los fundadores de la himnodia latina fueron Hilario de Poitiers († 368) y Ambrosio de Milán († 397). Hilario fue desterrado de la Galia a Asia Menor, entrando en contacto con la Iglesia oriental y al regresar a su diócesis compuso el libro de himnos que Jerónimo menciona. Daniel le adjudica seis himnos, pero es dudoso si un solo himno de Hilario todavía existe. Cantar himnos fue muy popular en Milán, donde Ambrosio fue obispo, debiéndose a él la música llamada ambrosiana usada por la congregación (Conf., ix. 7). Noventa y dos himnos se atribuyen a la escuela ambrosiana, de los cuales algunos son de Ambrosio mismo. Combinan el vigor con la sencillez y conmemoran los grandes hechos y doctrinas del cristianismo. Buenos ejemplos son el Veni, redemptor y el Deus Creator. Algunos de los mejores himnos latinos son de Prudencio, un laico español († no antes de 405) de los que unos quince están tomados de poemas más largos. Dos, muy admirados, son "Belén, de las ciudades más nobles" sobre el nacimiento de Cristo y "Salve, niños mártires" sobre el asesinato de los inocentes. En el siglo V Sedulio, posiblemente de Roma, que no ha de ser confundido con Sedulio Escoto del siglo VIII, compuso algunos himnos excelentes.

Canto llano de un manuscrito toledano del siglo XVI
Edad Media.
Gregorio Magno († 604) y Fortunato de Poitiers († 600) marcan la transición al periodo medieval de la himnodia latina. La música ambrosiana fue sustituida por la gregoriana, se introdujo el recitativo y el canto público en las iglesias se restringió al coro de sacerdotes, uniéndose la congregación sólo en la respuesta. Los mejores himnos de Fortunato son Vexilla regis y Pange, lingua. Los himnos de la Edad Media no muestran el tono gozoso y jubiloso de los himnos de Ambrosio y Prudencio, estando compuestos en una clave menor. Nacidos del claustro tienen el eco de los tonos bajos de la contemplación devota. Los cantores se detienen en la cruz y ponderan la agonía más que la brisa clara de la mañana de la resurrección; describen las terribles solemnidades del juicio y la gloria celestial. Los principales centros de producción de poseía sagrada fueron los monasterios de Saint-Gallen, San Marcial en Limoges, Cluny, Clairvaux y San Víctor, ceca de París. Una vasta colección de los poemas religiosos producidos la hicieron Dreves y Blume, siendo, salvo pocas excepciones, editados por vez primera. Servían al propósito de la lectura devocional, habiendo pasado pocos de ellos al culto eclesiástico. Emplearon la rima universalmente tras 1150 e incluyen una variedad de prosas, himnos, secuencias, salterios y oraciones rimadas para el rosario. Los salterios se dividen en 150 partes en imitación de los Salmos y van dirigidos a la Trinidad, a Jesús y a María. El término "secuencia" se aplicó originalmente a la melodía, siendo Notker de Saint-Gallen el primero en adaptar poemas a las secuencias. Los tropos eran versos intercalados en los oficios de la liturgia e iban unidos al gloria, el hosanna y otras partes del servicio; se originaron en Francia y fueron muy populares en Inglaterra. La mayoría de la poesía religiosa de la Edad Media se produjo en Francia y Alemania. Algunos himnos estaban en alemán y a veces en latín y alemán con líneas o palabras entremezcladas.

Tracto de la Vigilia de Pascua, escrito en neumas (siglo XI)
Compositores individuales.
Entre los poetas sagrados de la Edad Media estuvieron Gregorio Magno, Nortker de Saint-Gallen († 912), Pedro Damián († c. 1072), Anselmo de Canterbury († 1109), Hildeberto de Tours († c. 1134) y Abelardo († 1142). Las mejores composiciones inglesas son las de John Peckham, arzobispo de Canterbury († 1292), del que de su oficio rimado a la Trinidad se tomaron tres himnos (Daniel proporciona los tres; i. 276 sqq; cf. Dreves xxiii, páginas 5-6). Bernardo de Clairvaux († 1153), uno de los más grandes escritores de himnos, introdujo la corriente mística en su composición. Mabillon dudó de la autenticidad de todos sus poemas menos de dos, mientras que Vacandard (Vie de S. Bernard, ii, París, 1895, p. 103) y Hauréau (Les Poēmes latins attribués à S. Bernard, París, 1890) duda de todos. Pero la tradición más antigua los atribuye a él, no pudiendo encontrarse a nadie tan idóneo como él para ser su autor. Hacia 1150 Bernardo de Cluny compuso su poema sobre la "Lucha del mundo", consistente de unas 3.000 líneas, del que se han derivado "Jerusalén la dorada" y otros dos himnos. El más prolífico escritor de himnos medieval fue Adam de san Víctor (destacó c. 1170), llamado por Gautier, Neale y Trench "el más destacado entre los poetas sagrados latinos de la Edad Media." De Buenaventura († 1274) procede Recordare sanctæ crucis. Tomás de Aquino contribuyó con tres himnos al breviario. Dos de ellos, Pange, lingua y Laude, Zion, pertenecen al ritual del Corpus Christi, yendo dirigidos a la hostia y enseñando la transubstanciación. El himno más famoso de la Edad Media, y tal vez de todos los tiempos, es el Dies irae atribuido a Tomás de Celano, amigo y biógrafo de Francisco de Asís. La descripción reverencial y sublime del sobrecogimiento y terror del juicio final nunca ha sido superada, desafiando la habilidad de muchos traductores, entre ellos Sir Walter Scott. Philip Schaff lo denomina "la obra maestra reconocida de la poesía latina y el más sublime de todos los himnos" (Christ in Song, Nueva York, 1868, p. 372). El himno más tierno de la Edad Media es Stabat mater dolorosa, atribuido a Jacopone da Todi († 1306). La primera línea está tomada de Juan 19:25. A esta clase de himnos, aunque posteriores en el tiempo, pertenecen los de Francisco Javier († 1552) y Teresa de Ávila († 1582). En general se puede decir que los mejores de los himnos posteriores de la Iglesia latina, tales como los de Madame Guyon, John Henry Newman ("Lead, kindly light") y Faber, están en la clave de la himnodia medieval.

Himnos alemanes.

Ilustración de un coro cantando
Periodo de la Reforma.
Alemania posee una himnodia más voluminosa que cualquier otro país. En 1786 Ludwig van Hardenberg preparó una lista de 72.732 himnos alemanes, habiéndose superado con creces, naturalmente, esa cifra hoy en día. Uno de los primeros resultados de la Reforma en Alemania fue el uso de los himnos en el canto congregacional, por lo que hubo en ese país un considerable número de himnos antes de que se escribieran en inglés. El padre de la himnodia alemana fue Martín Lutero. Posiblemente recibió su estímulo de los himnos de Hus, que le enviaron los Hermanos Bohemios, haciendo una traducción libre de Jesus Christus, nostra salus. En 1523 Lutero publicó ocho himnos propios y en 1545 había escrito 125. Fueron difundidos por cantores itinerantes de población en población. Tanto protestantes como católicos testifican de la eficacia de los himnos de Lutero; Coleridge considera que Lutero hizo "por la Reforma tanto por los himnos como por la traducción de la Biblia", mientras que el católico Conzenius afirmó que "los himnos de Lutero han destruido más almas que sus escritos y sermones." Sus himnos están marcados por una fe robusta y gozosa. Totalmente característico es Ein' feste Burg ist unser Gott, que fue el himno de batalla de la Reforma y se convirtió en favorito del pueblo alemán. Pero él pulsó otras notas además de las del desafío y la guerra, como en su reflexivo Nun freut euch, liebe Christengemein. Entre los colaboradores de Lutero en este campo estuvieron Justo Jonás, Paul Eber y Michael Weiss, editando este último (1531) las traducciones almenas de los himnos de los Hermanos Bohemios y añadiendo algunos propios. Los anabaptistas del siglo XVII produjeron una destacada himnodia. Sus mejores himnos están recogidos en Auss Bundt. Muchos de esos himnos fueron compuestos por mártires poco antes de su ejecución.

Paulus Gerhardt
Desde la Reforma.
El lugar alcanzado por la Iglesia luterana en el campo de la himnodia ha sido mantenido continuamente por una cadena de eminentes escritores. Entre los más notorios del siglo XVI está Philipp Nicolai († 1608), quien, durante la peste de 1597, escribió un himno destacado por su suavidad majestuosa, Wachet auft I ruft uns die Stimme y Wie schön leuchtet der Morgenstern. Al mismo periodo pertenece Ludwig Helmbold († 1598), cuyo Von Gott will ich nicht lassen ha sido traducido frecuentemente, como por Catherine Winkworth "From God shall naught divide me." El periodo de la Guerra de los Treinta Años produjo algunos himnos notables, entre los que se puede mencionar el himno de batalla de Gustavo Adolfo, Verzage nicht, du Häuflein klein y el vigoroso de acción de gracias de Martin Rinkart († 1649) Nun danket alle Gott, que ha sido llamado el Te Deum alemán. Entre los más fértiles escritores del siglo XVII estuvo Johann Heermann († 1647), cuyas experiencias de severo sufrimiento está incorporadas en himnos de abundante riqueza. Con él hay que considerar a Johann Rist († 1667), quien escribió unos 680 himnos, entre ellos O Ewigkeit, du Donnerwort. La culminación de la himnodia alemana se alcanza con Paul Gerhardt († 1676). De sus 123 himnos más de 30 son clásicos, entre ellos O haupt voll Blut und Wunden y Befiehl du deine Wege son representativos. De la Iglesia reformada el primer escritor de himnos fue Joachim Neander († 1680), quien refleja la influencia de Spener. Uno de los himnos más populares en Alemania es su Lobe den Herren, den mächtigen König der Ehren. Los pietistas fueron fértiles productores de himnos durante los siglos XVII y XVIII, Philipp Jakob Spener escribió nueve himnos, de los cuales tres se tradujeron al inglés. August Hermann Francke († 1727) y Johann Anastasius Freylinghausen († 1739) fueron los más eminentes de esta escuela. Benjamin Schmolke († 1737), pastor en Silesia, escribió muchos himnos de alto mérito y valor permanente, siendo el más popular Mein Jesu, wie du willst, traducido en el favorito inglés "My Jesus, as thou wilt." Para los moravos de Herrnhut el conde Zinzendorf († 1769) escribió una gran número de himnos de peculiar y efusivo fervor, de los que más de 200 han pasado al himnario inglés moravo y un gran número aparece en otras colecciones inglesas. Wesley usó sus composiciones con libertad. Un buen ejemplo de la composición de Zinzendorf es su Christi Blut und Gerchtigkeit. Contemporáneo de Zinzendorf fue Gerhard Tersteegen († 1769), un laico de la Iglesia reformada, de cuyos 111 himnos el más popular es Gott ist gegenwärtig, lasset uns anbeten. Georg Friedrich Philipp von Hardenburgh († 1801 a la edad de veintinueve años), quien escribió con el seudónimo "Novalis" compuso, entre otros himnos, Ich sage jedem dass er lebt y Wenn ich ihn nur habe. Varios de los himnos de Johann Caspar Lavater († 1801) han sido traducidos al inglés, especialmente O Jesus Christ, wachs du in mir ("O Jesus Christ, grow thou in me.")

La primera parte del siglo XIX fue testigo de un avivamiento en la himnodia alemana, coincidiendo con el tercer centenario de la Reforma en 1817. Este movimiento fue dirigido por Schleiermacher, Claus Harms y Ernst Moritz Arndt. Uno de los propósitos era contrarrestar la tendencia, dirigida por Justus Gesenius (en su colección de himnos publicada en 1647), de mutilar y cambiar los himnos de los antiguos escritores. Se dio ayuda material a este movimiento por las colecciones de C. C. J. von Bunsen, Ewald, Rudolf Stier, H. A. Daniel y Albert Knapp. Otros fértiles contribuidores fueron Karl Johann Philipp Spitta († 1869) y Albert Knapp († 1864); pero muchos magníficos himnos han sido añadidos por Ernst Moritz Arndt († 1860), Friedrich Rückert († 1867), Meta Heusser († 1876) y Karl Gerok.

Clément Marot
Himnos franceses.
Calvino, igual que Lutero, fue un defensor del canto congregacional y contribuyó a la literatura de la himnodia. Un himno de su autoría, Je te salue, mon certain redempteur, fue descubierto en un antiguo himnario ginebrino (cf. P. Schaff, Christ in Song, Nueva York, 1868, páginas 678 y sgg.) Mientras Calvino estuvo en Estrasburgo se hizo con doce de las versiones de los Salmos de Clément Marot, no sabiendo que eran suyas, junto con las versiones originales de los Salmos 25, 26, 91, 138, el Decálogo en verso, el Credo de los Apóstoles y el cántico de Simeón. Este libro, publicado en Estrasburgo en 1539 y conteniendo 21 piezas con el tono al comienzo de cada salmo, pero sin prefacio y firma, fue la primera colección para uso congregacional en la Iglesia reformada francesa. Clément Marot recibió en 1541 permiso para publicar su Trente Pseaumes, que apareció al año siguiente dedicado a Carlos V y en 1543 publicó Cinquante Pseaumes. Tras la muerte de Marot, Beza continuó la obra de traducir los salmos, aunque una edición completa del Salterio sólo apareció en 1562. Las versiones de Marot, con pocos cambios, continuaron en uso en las iglesias francesas. Les puso música Claude Goudimel. Sin embargo, en himnos propiamente dichos la Igleia francesa es muy pobre. Vinet otorga a César Malan el honor de restaurar este medio de devoción. Junto a Paul Bost publicó Chants de Sion, mejorada y editada como Chants chrétiens en 1841, con himnos y salmos incorporados de fuentes católicas (como el obispo Godeau, † 1672, quien había editado una colección de excelentes traducciones de los Salmos; Corneille, † 1684; Racine, † 1699 y Madame Guyon, † 1717). Malan tiene el crédito de haber compuesto más de mil himnos. Muchos de los himnos de Madame Guyon, señalados por su gracia y devoción, fueron traducidos por Cowper, quien simpatizaba con el temperamento místico de la autora.

Himnos escandinavos.

Thomas Hansen Kingo
Thomas Hansen Kingo
Producciones danesas.
Antes de la Reforma los países septentrionales poseyeron pocos himnos en la lengua vernácula aparte de las traducciones de originales latinos. Los himnos del culto católico fueron traducidos al danés y al sueco antes de la Reforma (G. E. Klemming, Latinska Sänger, 4 volúmenes, Estocolmo, 1885-87; el danés Tidebog está reproducido en la obra de C. Pederson, Danske Skrifter, volumen ii. Copenhague, 1851), desarrollando después Suecia, Dinamarca y Noruega una himnodia. En Dinamarca la poesía post-Reforma comenzó con sátira e ironía. El primer himnario danés fue de Claus Montersen Töndebinder, el reformador de Malmö, siendo llamado el "Himnario de Malmö" publicado en 1528, reimpreso al año siguiente y ampliado en 1533, con una edición posterior de Hans Taufer en 1544. Un gran himnario, con tonos para cada himno, conteniendo 261 daneses y ocho latinos fue publicado por Hans Thomissen, pastor de Vor Frue Kircke en Copenhague, en 1569, estando entre sus contribuidores los obispos Peter Palladius, Tygen Asmusen, Hans Albertsen, los nobles Knud Gyldenstjerne, Erik Krabbe, Elizabeth Krabbe Skram y el célebre teólogo Niels Hemmingsen y otros, incluyendo al editor, quien contribuyó con 49 himnos a la colección. El principio del arreglo fueron "los principales artículos de la fe cristiana." A comienzos del siglo XVII la edición de himnarios en Dinamarca fue tan frecuente que casi cuenta como industria. En 1699 el "Himnario Kingo" fue preparado por el obispo Thomas Hansen Kingo, estando en uso durante mucho tiempo después. Un rival se publicó en 1717 por el pastor B. C. Gjödesen, usado en algunas congregaciones hasta 1850. Otro, por Erik Pontopiddan, apareció en 1740, siendo el primero que designaba a los himnos por números, obteniendo el favor de la corte. Era pietista y uno de sus contribuidores fue Hans Adolph Brorson. Una tercera publicación danesa fue la del ministro de Estado Ove Hoegh-Guldberg y L. Harboe, obispo de Seeland, publicado en 1778 y conocido como "Himnario Guldberg". En 1698 se acometió una nueva empresa en el "Himnario cristiano evangélico" bajo la dirección de Nicolai Edinger Balle, obispo de Seeland, marcado por un tímido sobrenaturalismo y un variado racionalismo. Se añadió un complemento por un obispo posterior de Seeland, Jakob Peter Mynster, en 1846. En 1855 apareció Roskilde Konvents Psalmebog, al que Nicolai Frederik Severin Grundtvig, B .S. Ingemann y C. J. Boye contribuyeron, añadiéndose complementos en 1873 y 1890. En 1899 se publicó el himnario oficial de la Iglesia danesa con el título Psalmebog for Kirche og Hjem.

Olaus Petri
Noruega y Suecia.
En Noruega el cambio en las condicione políticas preparó el camino para el abandono de los himnarios "Kingo", "Guldberg" y "cristiano evangélico" que se habían empleado allí igual que en Dinamarca, publicándose en 1869 uno bajo el cuidado de M. B. Landstad y en 1783 un segundo himnario autorizado bajo el de A. Hauge. También hubo una colección de himnos en el dialecto campesino. En Suecia una pequeña colección, Svenska sänger eller visor, la publicó el reformador Olaus Petri, conteniendo diez himnos de los que cuatro o cinco eran suyos. Fue ampliada en las nuevas ediciones de 1530 y 1536. El hermano de Petri, el arzobispo Laurentius Petri, hizo una nueva edición en 1543 y en 1567 apareció el "Himnario Laurentius Petri", conteniendo unos cien himnos, muchos de ellos polémicos contra la Iglesia católica. Continuaron apareciendo otros himnarios a intervalos frecuentes, hasta que se publicó una edición oficial en 1645, conteniendo 166 himnos suecos y quince latinos. Un nuevo himnario fue proyectado por Jesper Svedberg, ayudado por el entendido Urban Hjärne y una comisión. Hizo su aparición en 1694, pero desató una tormenta de oposición por el polémico obispo Carl Carlson. Bajo una nueva comisión el proyectado y parcialmente terminado libro fue revisado por una nueva comisión, siendo conocido como "Himnario de 1695", año de su publicación. La difusión del pietismo en Suecia llevó a la publicación de Mose og Lambsens visor, que siguió publicándose durante mucho tiempo. La difusión del movimiento de Herrnhut en Suecia produjo la edición de Zions nya sånger por Anders Karl Rutström, que sirvió a ese movimiento igual que Mose og Lambsens visor para el pietismo. C. J. Lohmann, Samuel Troilius y el historiador Olof Celsius acometieron una revisión del libro de Svedberg, apareciendo dos partes en 1765-67, pero el resultado fue recibido con fuerte desaprobación. La entrada del racionalismo en Suecia llevó al deseo de un nuevo himnario, que apareció en 1793 en el "Himnario Upsala", revisado prácticamente en 1814 por una comisión. Más popular fue el himnario de Johan Olof Wallin, Estocolmo, 1816, al que se añadieron complementos de vez en cuando.

Himnos ingleses.

Antes de la Reforma.
Del periodo anglosajón sólo han llegado débiles indicaciones de canto sagrado. Del obispo Aldhelmo († 709) se dice que mezcló cantos sagrados y seculares como ayuda en la evangelización. El himno de Caedmon no estaba destinado para el servicio de canto. Hay himnos latinos con glosas angloasajonas (cf. The Latin Himns of the Anglo-saxon Church, de. J. Stevenson para Surtees Society, Newcastle, 1851) y hay además paráfrasis del Padrenuestro, y el Gloria Patri; pero son propiamente meditativos y no pertenecen a la himnodia como parte del servicio divino. Posteriores indicaciones de himnodia inglesa antigua son los villancicos e himnos a la Virgen. Pero todo lo que se puede decir con seguridad antes del periodo de la Reforma es que predominó la práctica de la Iglesia latina, que se conoce mucho material del que pudieron elaborarse los himnos y que algunos de ellos se usaron en periodos posteriores, pero que este material no pretendía más que la meditación piadosa sobre temas religiosos. Lo mejor de este material está representado en los denominados Primers, basados en el Sarum use y el breviario romano, sabiéndose que estuvieron en uso al menos durante 1360-1700. Contienen traducciones en prosa o rimadas de partes del servicio, incluyendo oraciones.

George Herbert
Los Salterios.
Tras la Reforma la intensidad de la lucha entre el catolicismo y el protestantismo y el amplio lugar tomado por la Biblia inglesa en el sentir popular hizo que el uso de incluso los grandes himnos latinos fuera desagradable. Consecuentemente, aunque el canto se hizo parte de la adoración pública, apenas nada se usó salvo versiones de porciones de la Escritura, de las que grandes partes, especialmente los Salmos, se pusieron en forma métrica. Como resultado el periodo 1550-1700 ha sido llamado el periodo de los Salterios métricos, durante el cual se comenzaron más de 350 versiones de los Salmos y unas 125 se terminaron, aunque había indicaciones de que la himnodia de la Iglesia no se quedaría confinada al material bíblico. De ahí que la obra de Miles Coverdale, Goostly Psalmes and Spiritual Songs (antes de 1539) representara el deseo de incorporar el espíritu de los reformadores alemanes y consecuentemente incluye traducciones de algunos de los himnos y versiones de los Salmos. Sin embargo, la principal tendencia del periodo se muestra por lo que llegó a ser conocido en tiempos posteriores como "la antigua versión", comenzada por Thomas Sternhold, un oficial de las cortes de Enrique VIII y Eduardo VI. El propósito de Sternhold al publicarla fue proporcionar cantos sagrados para el pueblo, aunque la versión la comenzó para su propio "solaz piadoso"; a las piezas les puso música él mismo. La métrica empleada fue la corta y la común de las baladas populares. La primera edición (sin fecha, probablemente 1548) contenía sólo 19 salmos, pero el número en posteriores ediciones se amplió con la ayuda de los discípulos de Sternhold, John Hopkins y Thomas Norton, hasta que todos los salmos fueron traducidos al verso inglés en 1562, siendo el resultado el bien conocido "Salterio de Sternhold y Hopkins" o "versión antigua", que, combinado con el Libro de Oración Común, continuó en uso durante un siglo. A este le siguieron dios variedades que tuvieron más o menos favor, el ginebrino, influenciado por la versión francesa de Marot y el escocés, impulsado por la asamblea general de 1564, que tenía más de 140 tonadas asociadas. Otra versión, conocida como el "Salterio escocés" incluía principalmente temas de F. Rous y fue completado por la asamblea general de 1649 y autorizado por la de 1650, al que se añadió Biblical Paraphrases en el periodo 1745-81. Mientras tanto, en 1559 la reina Isabel I dio permiso para usar al comienzo y al final del servicio divino "cualquier himno o canto para alabanza del Dios Todopoderoso", mostrando este permiso que la escritura de himnos ya había comenzado y dado un ímpetu distintivo a esta clase de composición. Seis himnos se añadieron al Salterio de Sternhold y Hopkins, usándose públicamente; durante 75 años escritores tales como Robert Herrick (1591-1674), John Donne y George Herbert compusieron himnos que se cantaron, mientras que se hacían traducciones de partes de los tesoros de la Iglesia latina, incluyendo "Hierusalem, my happy home."

Isaac Watts
Isaac Watts
Surgimiento de los himnarios.
El primer intento de un himnario distinguido de un salterio fue Hymns and Songs of the Church por George Wither, publicado en 1623 con una patente de Jacobo I permitiendo encuadernarlo con el Salterio. Consistía de dos partes, (1) paráfrasis métrica de la Escritura, (2) himnos para las festividades eclesiásticas y ocasiones especiales. Fue vuelto a publicar en forma ampliada como Hallelujah, Britain's Second Remembrancer en 1641. Pero el sentimiento puritano, que pronto se hizo dominante, prefirió los Salmos en métrica, mientras que los escritores de himnos eran principalmente partidarios del rey. Esto abrió el camino en Inglaterra para la "nueva versión" conocida como "Tate and Brady" (primera edición 1696; segunda 1698, con suplemento 1702), publicada con la aprobación de Guillermo III, y en América al The Bay Psalm Book. La nueva versión difería de la antigua en que fue escrita en métrica variada, haciéndose obra de referencia e influenciando posteriormente toda la himnodia. En 1782 se añadieron cinco himnos y posteriormente se admitieron otros. Mientras tanto escritores tales como Henry Vaughan, Jeremy Taylor, Thomas Ken (himnos de mañana y tarde y la doxología), y Joseph Addison ("The spacious firmament on high") habían estado escribiendo himnos que, en forma original o revisada, han sido posesiones permanentes. En 1683 John Mason publicó Songs of Praise, que pasó por muchas ediciones, y proporcionó la base para varios himnos que todavía se usan. Pero bajo el persistente sentimiento puritano el canto de himnos todavía estaba prohibido. Los bautistas quedaron envueltos en la controversia sobre lo apropiado de usarlos, dividiéndose las congregaciones según se cantaran o no. Los independientes comenzaron a usar himnos hacia 1690 (Collection of Divine Hymns, 1694), estando el tiempo maduro para Isaac Watts (1674-1748), quien ha sido llamado el creador de la himnodia inglesa. El sentimiento público del tiempo queda indicado por el hecho de que Watts consideró necesario escribir un prefacio a sus Hymns (1707) con un argumento apologético. La excelencia comparativa de sus composiciones obligó a su aceptación, convirtiendo el canto de los salmos como único medio de alabanza pública en algo obsoleto, y haciendo sus himnos necesarios en cada himnario desde su tiempo. Dejó unos 875 himnos y salmos, yaciendo su importancia en su apartamiento de la literalidad de los salterios y en el empleo de sentimiento y pensamiento moderno. Watts abrió las compuertas de la himnodia inglesa y desde entonces la corriente de himnos ha sido sostenida. Philip Doddridge (1702-51) compuso casi 400 himnos, muchos de los cuales fueron escritos y cantados como suplemento a sus sermones. Tuvo como contemporáneo más joven a Simon Browne (1680-1755), quien dejó 50 himnos, incluyendo "Rise, my soul, and Strecht thy wigns." Las creaciones de himnarios bajos esas influencias se sucedieron rápidamente. El himnario moravo se publicó en 1742 y fue normativo en 1789; una colección unitaria se hizo en 1757; el himnario de la Iglesia de Inglaterra comenzó con la obra de Martin Madan, Collection of Psalms and Hymns (1760), usando fuentes previas; el primer himnario metodista vio la luz en 1780 y el primer baustista fue el de Rippon (1787).

Compositores de himnos individuales.
Los siglos XVIII y XIX fueron testigos del surgimiento de una número de "poetas de la Iglesia", que produjeron composiciones que merecieron la popularidad y les dieron fama duradera. Algunos de ellos son: Joseph Hart (1712-68), "Come, Holy Spirit"; Anne Steele (1716-78), "Father, whate'er of earthly bliss"; William Williams (1717-91), un compositor de himnos galés que escribió 800 himnos, incluyendo "Guide me, O thou great Jehovah". John Cennick (1718-66), "Children of the heavenly king"; John Newton (1726-1807) y William Cowper (1731-1800), quienes colaboraron para producir "Olney Hymns"; William Hammond (1710-83), "Awake and sing the song"; Thomas Gibbons (1720-85), "Now let our souls on wings sublime"; Edward Perronet (1726-92), "All hail the power of Jesus' name"; Samuel Stennett (1727-95), "Majestic sweetness sits enthroned"; Thomas Haweis (1732-1820), quien escribió 266 himnos; los hermanos Wesley, destacado como escritor de himnos fue Charles (1730-86), quien escribió 6.000 himnos, 3.000 de los cuales quedaron en manuscrito; John Fawcett (1739-1817), "Blest be the tie that binds"; Augustus Montague Toplady (1740-78), "Rock of Ages, cleft for me" y otros 132; Anna Letitia Barbauld (1743-1826), "Come, said Jesus' sacred voice" y otros 143; Rowland Hill, (1744-1833), "Cast thy burden on the Lord"; James Montgomery, (1771-1834) "Oh! where shall rest be found"; Harriet Auber (1773-1862), "Our blest Redeemer, ere he breathed"; Reginald Heber (1783-1826), "By cool Siloam's shady rill"; Charlotte Elliott (1780-1871), "Just as I am, without one plea"; Henry Kirke White (1785-1806), "Oft in danger, oft in woe"; Sir Robert Grant (1785-1838), "Oh! worship the king, all glorious above"; Sir John Bowring (1792-1872), "In the cross of Christ I glory"; James Edmeston (1791-1867), "Savior, breathe an evening blessing"; Henry Francis Lyte (1793-1847), "Abide with me, fast falls the eventide"; Sarah Flower Adams (1805-48), "Nearer, my God, to thee"; Christopher Wordsworth (1807-85), "Oh! day of rest and gladness"; Horatius Bonar (1808-89), "I heard the voice of Jesus say"; Henry Alford (1810-71), "Come, ye thankful people, come"; Thomas Toke Lynch (1818-71), "Gracious Spirit, dwell with me" y otros 166; William Walsham How (1823-97), "For all thy saints who from their labors rest"; Edward Henry Bickersteth (1825-1906), "O God, the rock of ages"; Catherine Winkworth (1829-78), quien produjo Lyra Germanica que tanto ha influido en el canto moderno; Frances Ridley Havergal (1836-1879), "I gave my life for thee" y George Matheson (1842-1906), "O Love that will not let me go." No están mencionados entre los precedentes los miembros de un pequeño círculo, relacionados todos con el movimiento de Oxford, que influenciaron la himnodia inglesa no tanto por el número de himnos que produjeron sino por el elevado valor de sus composiciones como expresiones de devoción. Este círculo comprende John Keble (1792-1866), quien produjo Christian Year; Frederick William Faber (1814-63), "Paradise, O paradise" y "Hark! hark, my soul"; John Mason Neale (1818-1866), cuya traducción "Jerusalem the golden" es un destacado himno y quien produjo también el espléndido Medieval Hymns and Sequences (Londres, 1852); Edward Caswall (1814-78), quien produjo Lyra Catholica y John Henry Newman (1801-90), cuyo "Lead, kindly light" es uno de los más conocidos himnos ingleses.

Himnos americanos.

Portada del Bay Psalm Book (1640), impreso en Cambridge, Massachusetts. The Granger Collection, New York
Portada del Bay Psalm Book (1640),
impreso en Cambridge, Massachusetts.
The Granger Collection, New York
Descripción general.
La relación general entre las colonias e Inglaterra fue tan estrecha hasta 1770 que la himnodia americana tuvo poco distintivamente propio. El primer himnario fue el famoso Bay Psalm Book, que fue a veces reimpreso. Luego se hizo popular el Psalter de Tate y Brady, con un suplemento de himnos compuestos muchos por Watts, de los que se hicieron muchas ediciones. Tras la guerra revolucionaria la actividad denominacional en producción de himnarios se hizo intensa y este movimiento, estimulado por la producción de meritorios himnos, fue pronto más allá del uso de los salmos versificados. La Iglesia episcopal protestante editó himnarios oficiales (1789, 1808, 1826), también los bautistas (The Philadelphia Collection, 1790), igualmente los metodistas (antes de 1790); los universalistas publicaron dos colecciones en 1792, los unitarios una en 1795, los congregacionales otra en 1799, mientras que el primer himnario presbiteriano apareció en 1828-29. Aunque la actividad denominacional continuó durante toda la historia de ese país, posteriormente compositores de himnos como Edwin F. Hatfield, Thomas Hastings, Philip Schaff, quien colaboró con R. D. Hitchcock, y Charles Seymour Robinson, compilaron himnarios destinados al uso interdenominacional. Dos movimientos han contribuido a la cantidad, si no a la calidad, de los himnos americanos: el movimiento de la escuela dominical y los cultos de avivamiento bajo el liderazgo de Dwight L. Moody con la ayuda de P. P. Bliss e Ira D. Sankey.

Fanny Crosby e Ira D. Sankey
Compositores de himnos individuales.
Entre los escritores individuales cuya obra justifica la perpetuidad de su memoria están: Samson Occom (Ockum, Occum, 1723-92), un indio montauk y fructífero misionero entre su propio pueblo, quien escribió "Waked by the gospel's joyful sound," y con Joshua Smith y otros compiló un pequeño himnario originalmente publicado en Wilkesbarre, Pensilvania; Samuel Davies (1723-61), quien escribió 16 himnos, entre ellos "Lord, I am thine, entirely thine"; Nathan Strong (1748-1816), editor de Hartford Selection (1799) y autor de "Swell the anthem, raise the song"; Timothy Dwight, editor de la revisión Barlow de Watts y autor de "I love thy kingdom, Lord"; Francis Scott Key (1779-1843), autor de Star-Spangled Banner, quien también escribió varios himnos; Asahel Nettleton (1783-1844), compilador de Village Hymns (una constante fuente para himnarios posteriores) y del que se dice que escribió "Come, Holy Ghost, my soul inspire"; Thomas Hastings (1784-1872), conocido tanto por sus servicios a la música de himnodia como distinguido por las palabras y por el himno "Gently, Lord, oh, gently lead us"; William Cullen Bryant (1794-1878), cuyos himnos no tienen la celebridad de sus otros poemas; William Augustus Muhlenberg (1796-1877), "I would not live alway"; George Washington Doane (1799-1859), "Softly now the light of day"; James Waddell Alexander (1804-59), cuya espléndida traducción "O sacred head now wounded" reproduce fielmente el espíritu del original; Frederic Henry Hedge (1805-1890), autor de la traducción favorita del himno de batalla de Lutero "A mighty fortress is our God" que sólo tiene rival en la traducción de Carlyle, "A firm defense our God is still"; John Greenleaf Whittier (1807-92), "We may not climb the heavenly steeps"; Ray Palmer (1808-87), tal vez el más prolífico de los compositores de himnos americanos, "My faith looks up to thee"; Samuel Francis Smith (1808-95), "My country, 'tis of thee"; Oliver Wendell Holmes (1809-94), "Lord of all being, throned afar"; James Freeman Clarke (1810-88), compilador de himnarios y escritor de "Father, to us thy children humbly kneeling"; Samuel Longfellow (1819-92), editor de himnarios y autor de "Go forth to life, O child of earth"; Frances Jane van Alstyne ("Fanny Crosby" 1820-1915), "Tis the blessed hour of prayer" y Phœbe Cary (1827-71) quien colaboró con el Dr. Deems en Hymns for all Christians (1869) y escribió "One sweetly solemn thought".
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