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DOMINGO
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Historia de la observancia del domingo.

En la época apostólica.
Las primeras huellas de la observancia del primer día de la semana en recuerdo de la resurrección de Cristo se encuentran en el período paulino de la época apostólica. Antes de eso, los cristianos habían guardado, siguiendo el ejemplo de Cristo mismo y como continuación de la costumbre del Antiguo Testamento, el sábado, pero con cierta libertad en cuanto al método en su observancia. Al principio las reuniones se celebraban diariamente para dar gracias por la salvación. Pero pronto comenzó un movimiento entre los cristianos gentiles (cf. 1 Corintios 16:2 con Hechos 20:7) para celebrar servicios más largos en domingo, caracterizados en parte por la colecta de ofrendas voluntarias. El nombre "día del Señor", se convirtió en una designación para tal día (Apocalipsis 1:10; Ignacio, "Magnesios" ix). El autor de la epístola de Bernabé (capítulo 15) habla del día como del "octavo día" y justifica su observancia por la celebración de la resurrección de Cristo, su primera aparición a los discípulos y su ascensión. El día es llamado domingo por Justino Mártir, en conmemoración de la creación de la luz el primer día de la creación y también de la resurrección de Cristo, el "sol de justicia" de las tinieblas de la tumba. Después de Justino la mención del día del Señor como observancia semanal de los cristianos se hace más frecuente. En oposición a la afirmación de que los cristianos al celebrar el domingo se habían apropiado indirectamente de un día ya observado en honor de una divinidad pagana, ha de considerarse que además del motivo para observar ese día señalado por Justino y Bernabé, la gran aversión de los cristianos primitivos a la idolatría les hubiera impedido la posibilidad de tal apropiación.

Hasta la Reforma.
Desde Tertuliano (De corona, 3) y otras fuentes es evidente que, tras la época apostólica, ya que el domingo era un día de regocijo, el ayuno y el arrodillarse en oración no se observa. Tertuliano aconseja que la rutina ordinaria diaria del trabajo se evite, no a causa de la ley del Antiguo Testamento (Éxodo 20:8-9) sino para mantener el propósito de dedicar el día a una celebración gozosa. Esta idea del domingo continuó durante varios siglos; en 538, en el tercer sínodo de Orleáns (Hefele, Conciliengesichte, ii. 778) la idea de que no se podían preparar comidas en domingo y que no se podía trabajar quedó condenada como una superstición judía. El domingo fue primero regulado por las autoridades civiles en 321, bajo Constantino, mandando que ese día fuera santificado y observado apropiadamente. Mediante esta ley quedaron suspendidas las actividades jurídicas y laborales. Las leyes que regulaban la observancia del domingo se hicieron gradualmente más y más completas y rígidas por posteriores emperadores, prohibiendo participar o asistir en las plazas a las diversiones públicas y prescribiendo un trato más humano a los presos en ese día. Un decreto sinodal de 585 (canon uno, sínodo de Mâcon, Hefele, Conciliengeschichte, iii. 407) estableció duros castigos para la profanación del domingo. Pero esas estrictas regulaciones no fueron tomadas de la legislación del Antiguo Testamento, siendo sólo contemplado ampliamente como la continuación del sábado del Antiguo Testamento. "Sábado significa descanso, domingo significa resurrección", enseñó Agustín (sobre el Salmo 150). No fue hasta el tiempo de los carolingios que la idea de sustitución del domingo por el sábado prevaleció en la Europa cristiana. Las estrictas y numerosas regulaciones del domingo de Carlomagno se basaron explícitamente en el mandato del Antiguo Testamento para guardar el día del sábado y a partir de entonces, por toda la Edad Media, la idea del sábado del Antiguo Testamento fue la base para las leyes que regulaban la observancia del domingo y la situación en el este repitió la que había en el oeste, quedando el trabajo estrictamente prohibido en domingo, como hiciera León el Isáurico.

Idea del domingo post-Reforma.
Tras la Reforma el protestantismo alemán se volvió de la teoría judaizante a la concepción original de la observancia del domingo. El Catecismo Mayor de Lutero enseñó que un día no es esencialmente mejor que otro sino que, ya que no es posible dedicar cada día de la semana a una celebración religiosa especial, se ponga aparte un día con ese propósito y que, para evitar la perturbación innecesaria que una innovación ocasionaría, continuara siendo el domingo. La Confesión de Augsburgo (artículo 28) protesta contra la teoría de la sustitución. Sin embargo, no hubo acuerdo total entre los primeros protestantes sobre este asunto, habiendo un número que defendían la adhesión literal a la ley sabática del Antiguo Testamento. Otros, al contrario, sostuvieron que el domingo era sólo un símbolo de la resurrección y que ninguna observancia formal externa se requería en ese día. Pero la idea más comúnmente aceptada entre los protestantes sancionó una observancia moderadamente liberal. Incluso las regulaciones más rígidas de Calvino no fueron resultado de la teoría de la sustitución. Los presbiterianos escoceses e ingleses regresaron a la idea de que el domingo había sustituido al sábado del Antiguo Testamento y que consecuentemente no se debía permitir el trabajo, quedando el día entero dedicado a la adoración (Schaff, Creeds, i. 777-778). Esta doctrina halló aceptación entre los anglicanos y tuvo seguidores en Holanda y Alemania. Sin embargo, la oposición al domingo puritano estaba presente tanto entre anglicanos como entre presbiterianos. En Inglaterra la controversia se enconó durante todo el siglo XVII. Los teólogos presbiterianos protestaron fuertemente contra un edicto de Jacobo I en 1616 que permitía la participación en ciertas diversiones el domingo, pero el edicto encontró defensores entre los teólogos y prelados anglicanos. Ha de hacerse notar que, en un avivamiento de la disputa hacia el final de ese siglo, John Bunyan tomó una posición que favorecía la idea más libre del domingo. John Milton en On Christin Doctrine (volumen iv. de su Prose Works, Londres, 1848-53) recogió opiniones que variaban parcialmente de las de la Confesión de Westminster. En la controversia que hubo entonces en el continente es notorio el desarrollo de las ideas extremas de los anti-sabatistas. Sostenían que los cristianos no están obligados a dedicar ningún día en particular a una celebración especial y que todo lo que un cristiano debe hacer, lo hace para la gloria de Dios. El trabajo ordinario, por tanto, no debía ser suspendido el domingo proveyendo sólo que los corazones de los trabajadores estuvieran en una actitud correcta hacia Dios.

Tres teorías del domingo.
De este modo se desarrollaron tres principales tendencias sobre la observancia del domingo: la puritana, la anti-sabatista extrema y la luterana moderada. La primera de esas posiciones estaba representada en las estrictas leyes dominicales de Escocia y en las colonias de Nueva Inglaterra. Se consideraba un derecho fundamental que el domingo debía ser cuidadosamente observado como día de descanso y el Estado debía respaldar tal observancia. Sin embargo, hubo siempre hombres de influencia que se opusieron a esa idea y en América particularmente la influencia de la escuela dominical ha tendido a moderar, en alguna medida, la idea puritana antigua.

Legislación del domingo.

Legislación romana.
No fue hasta que el cristianismo hizo sus convertidos por todo el imperio romano y el conjunto de cristianos había llegado a ser tan grande como para ser un elemento reconocido, que no surgió la legislación sobre el día de descanso. Los cristianos habían pasado por la agonía de la persecución y habían sido privados de la propiedad y derechos civiles. Constantino había gobernado la Galia y Bretaña, donde había mejorado las condiciones de los cristianos y cuando ascendió al poder en 313 fue secundado por Majencio en el célebre Edicto de Milán, por el que se otorgaban los derechos civiles a los cristianos, sus propiedades eran restauradas y la libertad religiosa general garantizada. En 321, Constantino, siendo ya el único emperador, publicó su famoso edicto, prohibiendo ciertos comercios y tareas en domingo. ("Que todos los magistrados y pueblo de la ciudad y todos los que trabajan como artesanos, descansen el venerable día del sol".) Había excepciones para los labradores, que de otra manera podrían perder sus cosechas. No obstante es extraño no ver en este edicto del emperador romano ningún reconocimiento del elemento religioso o de los ritos cristianos, quedando claro que no era la inauguración de una fiesta al sol o a Apolo, el representante pagano del sol, pues no era el día de Apolo. Apolo nunca fue adorado ni el primer día ni el séptimo de la semana, sino el séptimo día del mes, que era su día festivo. También está más allá de discusión que era una ley que ponía aparte por vez primera al primer día de la semana como festum, o día festivo, que entonces era guardado sólo por los cristianos quienes lo habían observado como un día de descanso y de adoración. Por el edicto de Constantino para la observancia del día, en la misma manera como los cristianos lo guardaban, se mandó que trabajar era ilegal. Sesenta y seis años más tarde, en 387, en otro decreto, el domingo fue llamado "día del Señor." Esto constituye el reconocimiento legal del nombre cristiano para el día, ya usado por los cristianos desde mediados del siglo primero. En 392 otro decreto prohibió en ese día todos los espectáculos que pudieran desviar la asistencia a las iglesias. La legislación romana del domingo nunca retrocede. Los decretos de Valente, Valentiniano I, Graciano, Valentiniano II, Teodosio el Grande, Honorio, Arcadio, Teodosio II, León I y Atenio, entre 364 y 467, añadieron otras inhibiciones, pero también hicieron de vez en cuando exención de algunas previsiones de la ley. En el tiempo de Justiniano en 685 las leyes del imperio sobre el asunto habían sido recogidas en códigos, que contenían la ley del imperio romano. Desde el año 800, cuando Carlomagno fue coronado, este código fue puesto en vigor en todo el "Sacro Imperio Romano", ese "complejo imperio franco", un Estado compuesto de muchos Estados. Durante la Edad Media hubo decretos y cánones de papas y concilios sobre la observancia del domingo, que, aunque eclesiásticos, tenían fuerza civil al tener el respaldo del poder civil.

Legislación inglesa antigua.
Parece que la legislación inglesa del domingo recibió su impulso e iniciativa de la religión cristiana. Tales estatutos antiguos tal como son conocidos surgen después de la llegada de Agustín a Inglaterra y la conversión de los reyes sajones al cristianismo. Aparecen ya en la Eptarquía. Ina reinó en Wessex desde 688 hasta su abdicación en 725. Comenzó como un guerrero, convirtiéndose luego en estadista y legislador y murió como un interno religioso. Cuando conquistó mediante la guerra para su reino territorio de sus vecinos publicó un código de leyes, conocido como "Código Sajón Occidental" en el que había una ley para la observancia del domingo que prohibía todo trabajo ese día. En el este de Inglaterra, el reino de Kent, lugar de Agustín y campo de su trabajo, es extraño que no hubiera un registro de leyes sobre el domingo. Tal vez se estimaban los cánones eclesiásticos suficientes. Pero en el tiempo de Withred, rey de Kent, en 696, se impuso un estatuto prohibiendo trabajar desde el sábado al atardecer hasta el domingo al atardecer. Esto recuerda una costumbre antigua en Nueva Inglaterra sobre el comienzo y final de la observancia del domingo. La misma ley hacía libre al esclavo que trabajaba el domingo por mandato de su señor y esclavizaba al hombre libre que trabajaba sin mandato de su señor. Otros duros castigos también se mencionan. En 747 Eidelbald, rey de Mercia, promulgó la observancia del día del Señor para todos y prohibió todo negocio, viajes y reuniones. Antes de 900, Alfredo, rey de Wessex y "señor" del reino sajón de Inglaterra, había promulgado una ley para la observancia del domingo. Antes de 930, el reino de los sajones occidentales y Mercia quedaron unidos, prohibiendo el rey Athelstan, también "señor" de los otros reinos, todo comercio en el día del Señor. Edgar, rey del mismo reino 959-975, promulgó una ley del domingo prohibiendo comerciar, reunirse para diversión, cantar canciones paganas y juegos diabólicos y se dice que mandó que el domingo comenzara a las tres de la tarde del sábado y continuara hasta el amanecer del lunes. Ethelred, rey del mismo reino 978-1006, promulgó que toda "caza", tráfico, tribunales y tareas mundanas fueran prohibidas en domingo, aunque permitía a los tribunales actuar en casos de necesidad. Canuto, el primer rey danés de Inglaterra, llegó al trono en 1017 e impuso leyes prohibiendo la caza y el trabajo mundano en domingo así como comerciar, excepto por necesidad, prohibiendo la pena capital ese día. La dinastía sajona fue restaurada en 1040 y Eduardo el Confesor hacia 1056 amplió la ley del domingo de Canuto. Lord Mansfield en una decisión de un pleito (Swan vs. Browne, 3 Burrow, 1599), en el que se ventilaba la cuestión de si un tribunal podía hacer un juicio válido en domingo, es autoridad al declarar que tanto Guillermo el Conquistador como Enrique II ratificaron y confirmaron los cánones de los concilios de Tribury y Saint Medoro y las ordenanzas de Eduardo el Confesor en cuanto a la observancia del domingo, decretando que los códigos de Justiniano sobre el domingo eran ley en Inglaterra. Actas sucesivas del parlamento sobre la observancia del domingo se convirtieron en ley (por ejemplo la vigésimoctava de Eduardo II, capítulo 14 de 1354, la 12ª de Ricardo II, capítulo seis de 1388; la 11ª Enrique IV, capítulo siete, 1410; la sexta de Enrique VI, capítulo tres de 1428; la vigesimoséptima Enrique VI, capítulo cinco, de 1499; la cuarta de Eduardo VI, capítulo siete, 1464; la sexta de Eduardo VI capítulo tres de 1552; la primera de Jacobo I, capítulo 25 de 1603; la primera de Carlos I, capítulo siete, de 1625 y la tercera de Carlos I, capítulo primero, de 1627).

El gobernador puritano interrumpe los deportes en Navidad
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Resultados legislativos del puritanismo.
Las ideas puritanas obtuvieron ascendencia en Inglaterra y en 1676 se promulgó la vigésimonovena, capítulo siete de Carlos II. Este estatuto era el más completo, severo y detallado que cualquier otra ley inglesa sobre el domingo. Su propósito, expresado en el título, era para "la mejor observancia del santo día del Señor, comúnmente llamado domingo." Manda la cuidadosa ejecución de todas las leyes existentes relativas al día del Señor e impone ejercicios públicos y privados de piedad y religión en ese día, prohíbe todo trabajo, tarea o negocio de llamamiento ordinario exceptuadas sólo las obras de caridad o necesidad, pero quedan exentos los niños; prohíbe la venta de mercancías, fruta, hierbas o charlatanería bajo pena de confiscación; prohíbe viajar a caballo o en barco, excepto si es con permiso de un magistrado; exonera a la parroquia de responsabilidades por robo a un viajero en domingo; hace vacío todo servicio de procedimientos y escrituras legales, excepto en caso de traición, asesinato y ruptura de la paz. Ese estatuto fue prácticamente la ley de Inglaterra desde entonces. Se modificó en detalles y excepciones, haciéndose otras regulaciones por estatutos posteriores, pero la ley permaneció sustancialmente la misma durante siglos. En el tiempo de la Revolución Americana el estatuto de Carlos II había sido durante más de 100 años la ley de Inglaterra y de sus colonias. Con esta historia de la legislación del domingo en Inglaterra durante más de 900 años (desde 747), los puritanos llegaron a América. Vinieron con las tradiciones, civiles y religiosas, de su patria, particularmente las que desarrollaron la Reforma en Inglaterra, por lo que sus regulaciones coloniales en cuanto al domingo no podían dejar de tener tal influencia. Esto ha servido para elaborar toda una serie de relatos que son exageraciones de los hechos y ridículos en algunos aspectos, al aplicar las leyes a bestias sordas y a objetos inanimados. No obstante, es verdad que hubo leyes coloniales sobre el asunto de la observancia del domingo imbuidas fuertemente del espíritu religioso de las leyes inglesas sobre el mismo asunto y que los puritanos ingleses establecieron en las colonias. Fueron promulgadas en Massachusetts Bay. Las autoridades holandesas de West India promulgaron leyes del domingo para los Nuevos Países Bajos en 1641, 1647, 1656, 1657 y 1663. En 1665 las "leyes del duque" (leyes del duque de York) fueron puestas en vigor en la colonia inglesa de Nueva York, conteniendo una provisión contra la profanación del domingo; los estatutos coloniales para impedir la profanación del domingo fueron promulgados también por la Asamblea General de esa colonia en 1685 y de nuevo en 1695, estando en efecto en el tiempo de la Revolución Americana. Cuando la independencia de las colonias americanas se proclamó, el Congreso continental invitó a las colonias (entonces llamadas Estados), a elaborar cada una y adoptar una constitución, reconociendo todas la libertad de conciencia y de adoración y también al Dios de los cristianos y la obligación para con él por todos los beneficios. Esas características se retuvieron en las posteriores constituciones corregidas de los trece Estados originales así como en las constituciones de todos los estados posteriormente admitidos en la Unión.
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