en la web en la Biblia
 
           
DIEZMOS
Guardar como Pdf Guardar como Pdf
Imprimir Imprimir
Enviar este enlace por e-mail a un amigo Enviar este enlace por e-mail a un amigo
Ver más Enciclopedia Ver más Enciclopedia
 

Sacerdote recibiendo los diezmos. Primera Partida de Alfonso X el Sabio, 1275-1300. Additional MS 20787, f. 106v.
Sacerdote recibiendo los diezmos. Primera Partida de Alfonso X
el Sabio, 1275-1300. Additional MS 20787, f. 106v.
Doctrina y práctica hasta 1517.
Los diezmos fueron contribuciones generales de la décima parte o de alguna otra porción definida de la cesión de un trozo de tierra o propiedad activa pagada al legítimo reclamador como base de renta. Son costumbre en relación con el dominio espiritual y temporal y estuvieron sometidos al derecho privado y público. Sin embargo, como norma el término diezmos está limitado a las contribuciones pagables a la Iglesia, con las cuales concierne este artículo únicamente. El diezmo acostumbrado con los hebreos pasó de la sinagoga a la Iglesia en un tiempo cuando el oficiante de ésta llegó a ser contemplado como sacerdote y el sacerdocio de la Iglesia como la continuación y cumplimiento del Antiguo Testamento. De ahí que ahora se requiriera de todos los cristianos que pagaran diezmos como una obligación religiosa (cf. Constituciones Apostólicas, II, xxv, xxxv, VII, xxix, VIII, xxx, ANF, vii. 408, 413, 471, 494; Cánones Apostólicos, IV, v, etc.; para la historia de la introducción y extensión de los diezmos se puede consultar L. Thomassin, Vetus ac nova ecclesiæ disciplina, parte III, libro I, caps, i-x, cf. xii-xiv, París, 1728). Sin embargo, pasó algún tiempo antes de que este requerimiento fuera generalmente reconocido. Los diezmos pagados llevaban la apreciación de una contribución voluntaria, continuando de ese modo hasta el siglo sexto. Por otro lado, el segundo sínodo de Mâcon (585) mandó el pago bajo amenaza de excomunión y desde ese tiempo en adelante el pago fue impuesto en varias maneras, especialmente a través del confesionario, donde la omisión para pagar diezmos se trató como pecado. Más aún, la liberalidad de los príncipes tuvo su efecto y cuando ésta se quedó corta, el recurso fue la legislación. Se estipuló que debían pagarse los bienes de la Iglesia que el Estado entregaba como un beneficio sujeto a reversión a la Iglesia, el diezmo, y, posteriormente una novena parte del restante noventa por ciento o dos diezmos en total. Sobre este punto el capítulo xiii de Capitulare Haristallense (779 d. C.) afirma lo siguiente: "De la propiedad de la iglesia actualmente bajo imposición, que el diezmo y la novena parte se paguen conjuntamente." Esta norma se repitió posteriormente, reconociéndose en principio e incluso aparte de esos beneficiosos ordenamientos la obligación de pagar los diezmos, que la Iglesia reclamaba, como en la carta del rey Pipino al obispo Lulo de Maguncia: "Puedes estipular y ordenar mediante nuestro mandato que todo hombre, voluntariamente o no, pagará su diezmo." Carlomagno lo repitió en el capítulo vii de las Capitulare citadas anteriormente. Los obispos quedaron por tanto investidos para recibir y distribuir diezmos. La obligación se transfirió a los recién convertidos sajones en los denominados Capitulatio de partibus Saxonias, cap. xvii. Esta posición se mantuvo a partir de entonces firmemente, reforzándose el mandato bajo amenaza de severos castigos. Desde ese tiempo en adelante, los diezmos estuvieron en continuo uso en Alemania y Francia, también en otros países, penetrando con la introducción del cristianismo, aunque a veces fueron fieramente combatidos. No fueron establecidos en Portugal hasta finales del siglo XI, hacia el mismo tiempo en Dinamarca e Islandia y en Suecia hasta comienzos del XIII. Más aún, la Iglesia confirmó el derecho al diezmo por medio de provisiones especiales, muchas de las cuales aparecen en las colecciones canónicas. Algunas de ellas procuran asegurar para la iglesia diezmos tales que habían sido retirados por alienación u otro medio. La posesión de los diezmos por el laicado fue declarada pecado. Todos los intentos de impugnar las pretensiones de la Iglesia a los diezmos fueron negadas por el concilio de Trento (sesión XXV, cap, xii, De reformatione).

Cambio tras la Reforma.
A consecuencia de la Reforma, la Iglesia católica sufrió pérdidas enormes en los diezmos que hasta entonces había recaudado, que ahora eran aplicados a objetivos evangélicos. Pues el punto de que el requerimiento de los diezmos es reprensible se afirmó escasamente. Sólo los anabaptistas en Suiza mantuvieron que los cristianos no tenían interés ni diezmos; incluso los turbulentos campesinos alemanes, en sus doce artículos de 1525, no negaron la obligación. Lutero generalmente aprobó el pago de diezmos y, en vista de su conveniencia práctica, los estimó la forma más conveniente de impuestos (Werke, edición de Walch, x. 1006, xvii. 40, 85). En opinión de Lutero, los diezmos habían de ser pagados al soberano temporal, pero en esto no fue secundado. En las iglesias evangélicas luteranas los diezmos se retuvieron, aunque con reajustes, definiéndose más estrictamente. En el ducado de Prusia y en Sajonia los inspectores eclesiásticos elaboraron las necesarias medidas para el pago de diezmos (cf. las regulaciones de 1527 y 1528 en E. Sehling, Die evangelischen Kirclwnordnungen, i. 144, 145, 172, Leipzig, 1902). Las contribuciones en especie se conmutaron frecuentemente, aunque el diezmo natural continuó legalmente en la práctica. Pero en el curso del tiempo aumentó la insatisfacción hacia los diezmos, parcialmente por razones económicas y parcialmente por el alejamiento hacia la Iglesia; por ejemplo, en Francia se abolieron sin indemnización (cf. art. 5 de los decretos de la Asamblea Nacional, de 4 de agosto a 3 de noviembre de 1789). En otros países se rechazaron con indemnización compensatoria y sólo quedaron abolidos ciertas clases peculiares de diezmos.

En muchas iglesias evangélicas no estatales, el sistema de diezmos voluntario por parte de sus miembros es el medio al que se recurre para el sostenimiento de quienes están dedicados plenamente al servicio de la iglesia.

© No se permite la reproducción o copia de este material sin la autorización expresa del autor. Es propiedad de Iglesia Evangélica Pueblo Nuevo
Iglesia Evangélica Pueblo Nuevo c/ Villacarlos, 14 28032 - Madrid
info@iglesiapueblonuevo.es - Horario de culto: Domingo 11 horas
Inscrita en el Ministerio de Justicia con el número 015638