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CONVERSIÓN
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Conversión (latín, conversio, griego, epistrophē) denota tanto el acto en el que el hombre se vuelve a Dios como la actividad divina por la que esa acción tiene lugar. Los dogmáticos diferenciaron posteriormente la segunda como conversio transitiva de la primera, la conversio intransitiva.

El regreso del hijo pródigo, por Rembrandt.
Museo del Ermitage, Leningrado
Fundamentos exegéticos de la doctrina.
Los términos del Nuevo Testamento que expresan la idea de conversión son epistrephein y metanoein o metanoia (cf. Hechos 3:19; 26:20). El término correspondiente en el Antiguo Testamento es shubh (por ejemplo, Isaías 1:27; 10:21; Jeremías 3:12,14,22; 2 Crónicas 6:24). En el Nuevo Testamento el uso de la palabra epistrephein como norma denota el hecho por el que una persona se vuelve de los ídolos o el mal a Dios (Hechos 14:15; cf. 15:19; 26:18,20; 1 Tesalonicenses 1:9; 1 Samuel 7:3) o al Señor (Hechos 9:35; 2 Corintios 3:16; cf., también 1 Pedro 2:25). En el mismo sentido la expresión se usa absolutamente (Lucas 22:32; Hechos 28:27). Según Hechos la conversión se efectúa mediante la predicación del evangelio; consiste en la vuelta del hombre de las tinieblas y el mal a Dios. Si en los pasajes citados la palabra epistrephein se usa en un sentido intransitivo, en Lucas 1:16; Santiago 5:19-20, se usa transitivamente con respecto al hombre; mientras que en 1 Pedro 2:25 ha de ser probablemente entendida en un sentido pasivo. Si epistrephein denota más el cambio de la tendencia religiosa, metanoein y metanoia denotan más bien el cambio de disposición ética (Hechos 8:22). Es el abandono de la disposición pecaminosa (Apocalipsis 2:21) así como de la mala conducta (Apocalipsis 2:5,16,22; 3:3,19; 9:20-21; 16:11; Hebreos 6:1,6; 2 Corintios 13:21; 2 Pedro 3:9; Mateo 11:20-21; 12:41; Lucas 15:7,10; 5:32; 16:30). Por otro lado, se subraya el lado positivo de la nueva disposición. El llamamiento al arrepentimiento tiene como meta la confesión del pecado y una nueva vida moral (Mateo 3:2,6,8,10; Marcos 1:15; Lucas 13:3,5; 2 Timoteo 2:25; Hechos 17:30; Hebreos 12:17; Apocalipsis 16:9), que se muestra en nuevas obras morales (Mateo 3:8; Hechos 26:20) y procura para el hombre la salvación y el perdón de pecados (2 Corintios 7:10; Lucas 24:47; Hechos 8:22; 11:18). El término metanoein cuando se combina con pistis denota la nueva vida completa del cristiano, como en Marcos 1:15; cf. Hebreos 6:1; Hechos 20:21. Se esperay se ordena la metanoia del hombre (Mateo 3:2; 4:17; Marcos 6:12). Pero es igualmente cierto que Dios obra el arrepentimiento en el hombre (Hechos 11:18; 5:31; Romanos 2:4; 2 Timoteo 2:25).

Historia de la doctrina.
Aquí es donde yace el auténtico problema del concepto. Por un lado se demanda del hombre que se vuelva a Dios y por el otro se dice que Dios produce esa vuelta. El contraste está claramente señalado en Filipenses 2:12-13: "Ocupaos en vuestra salvación con temor y temblor, porque Dios es el que en vosotros produce así el querer como el hacer, por su buena voluntad." Este contraste no fue contemplado en primera instancia como un problema por la Iglesia; se podía fácilmente esperar todo del libre albedrío del hombre al igual que hablar de que su ser está inmerso en el pecado y la muerte. La Iglesia griega nunca superó esta falta de claridad. El hombre comienza a hacer lo bueno y de algún modo Dios le ayuda en el propósito: "Nuestro es el escoger y querer, pero Dios lo completa y lo lleva a un fin" (Crisóstomo, In Heb. hom., xii). Agustín en el oeste acometió una solución en relación con sus doctrinas del pecado original y la predestinación. El hombre muerto en pecado es convertido al bien, al proporcionársele esto está predestinado. La virtus divina guía a la voluntad humana indedinabiliter et insuperabiliter, por lo que se convierte en una nueva voluntad (De corrupt, et grat., xii. 38). En la Edad Media se subrayó fuertemente la obra del hombre. Las teorías bajo la influencia del nominalismo posterior afloraron en el pelagianismo. En oposición la Reforma subrayó de nuevo la incapacidad del hombre para escoger lo bueno y la redención por la sola gratia. El Espíritu Santo efectúa la conversión. Engendra en el hombre los "nuevos motivos espirituales", la regeneratio y renovatio. La voluntad humana es sólo subjectum convertendum; "no hace nada sino que sólo recibe, es puramente pasiva." Sin embargo, la conversión está mediada por la "predicación y recepción de la palabra", esto es, no es efectuada sin un movimiento por parte del sujeto. No obstante, en tanto el hombre es hombre, el cambio no puede tener lugar del mismo modo en que una estatua es formada de la piedra o en alguna forma similar, sino que la pasividad que caracteriza el acto de recepción se convierte, tan pronto como (quam primum) el Espíritu Santo se ha apoderado efectivamente del corazón, en la actividad de una sinergia, que, sin embargo, actúa sólo en virtud de los nuevos poderes recibidos. El servum arbitrium se convierte en liberatum arbitrium y en virtud de ello el hombre puede captar lo bueno y bajo la continua operación del Espíritu perseverar en ello. El momento en el que el Espíritu Santo efectivamente se apodera del corazón es, según la Fórmula de Concordia, el de la conversión. Pero cuando esto tiene lugar la nueva vida con su cooperación está también presente. Incluso donde hay un mínimo de fe, oración y deseo de salvación, tiene lugar la conversio. Similarmente, para los antiguos teólogos luteranos la voluntad del hombre coopera en la conversión "porque Dios primero viene a nosotros en la palabra y la influencia divina mueve e impulsa la voluntad. Pero una vez que este impulso ha sido divinamente dado, la voluntad humana no es puramente pasiva, sino que, movida y ayudada por el Espíritu Santo, no resiste, sino que asiente y se convierte en colaboradora con Dios." (Chemnitz, Loci, i. 199).

Expresión dogmática de la doctrina.
Según la concepción en la Escritura y el entendimiento evangélico de la gracia, la concepción dogmática se puede definir como sigue: Dios libera al hombre de la vieja tendencia mediante la operación personal del Espíritu Santo. Cuando el Espíritu hace sentir al hombre la realidad de su presencia eficaz y los nuevos objetivos se le hacen conscientes, el hombre es interiormente hecho libre para dejar que Dios le influencie y dedicar su vida al servicio de Dios. Pero este acto puede suceder sólo cuando el hombre mismo experimenta a Dios y se entrega con pleno propósito a él. La influencia divina de la gracia, por tanto, proporciona al hombre la capacidad para llevar una nueva vida, pero esta nueva vida no es realizada concretamente en ninguna otra manera que en los actos del alma. La conversio trasnsitiva es por tanto la causa de la conversio intransitiva. Al mismo tiempo la conversión se puede definir, por un lado, como el seguimiento de la nueva tendencia por vez primera y, por otro, se puede usar el término para designar ese conjunto total de experiencias y transacciones interiores que denotan el fundamento de nuestro estado cristiano.

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