en la web en la Biblia
 
           
CLERO
Guardar como Pdf Guardar como Pdf
Imprimir Imprimir
Enviar este enlace por e-mail a un amigo Enviar este enlace por e-mail a un amigo
Ver más Historia de la Iglesia Ver más Historia de la Iglesia
 

Clero es el nombre aplicado al conjunto de oficiales o ministros en la Iglesia, debidamente apartados para su oficio mediante la consagración o la ordenación; el resto de la comunidad cristiana, en contraposición al clero, constituye el laicado.

El canónigo Matías Allue, por Goya. Museo de Castres, Francia
El canónigo Matías Allue, por Goya.
Museo de Castres, Francia
Nombre.
La palabra "clero" procede del latín eclesiástico (clericus) que a su vez procede del griego klēros, "porción", que fue aplicada el clero "bien porque son la porción del Señor o bien porque el Señor mismo es su porción" (Jerónimo, Epist., lii; cf. Hechos 1:26; Números 18:20: Deuteronomio 10:9; 18:2, Septuaginta). Otro término del latín eclesiástico es spirituales. Pablo había designado como "espirituales" a ciertos cristianos en quienes el espíritu de Cristo se manifestaba con poder especial (1 Corintios 14:37; Gálatas 6:1; cf. Ireneo sobre 1 Corintios 2:6; Hær., V. vi.1; Teodoreto sobre 1 Corintios 2:15). El sacerdote, según Crisóstomo ("Sobre el sacerdocio 3:4) tiene una vocación que no está instituida ni por "hombre, ni por ángel o arcángel, ni por cualquier otro poder creado, sino por el Paracleto mismo." Según Pedro Lombardo (Sent., iv, dist. 4), el oficio es un munus spirituale; los siete grados de las órdenes sagradas son spirituales; el ordo es "algo sagrado por el que el poder del Espíritu es impartido al ordenado." A consecuencia de esta idea, la designación "spirituales" fue atribuida a los titulares del oficio.

No instituido por Cristo como oficio distintivo.
Cristo prometió y envió el Espíritu Santo a su congregación aquí abajo e instituyó los sacramentos. Según la creencia católica y anglicana también instituyó un estatus especial dentro de su congregación, que en distinción al resto de la congregación debería ser investido con las prerrogativas de la profesión espiritual. A estos los denominó los doce, les hizo sus compañeros y representantes y en Mateo 18:18 les dio la seguridad de que cualquier disposición que adoptaran en su nombre y para la continuación de su obra sería efectiva en el cielo. Los cuerpos protestantes, aparte de los anglicanos, rechazan esa afirmación. En su despedida, en Juan 13-17, los discípulos allí reunidos fueron considerados por Jesús en una relación doble: por un lado como fundadores designados por Jesús mismo para su congregación y por otro como la congregación misma, que Jesús dejaba en la tierra; pero no como un estado ordenado de administradores con una comisión por encima del resto de la congregación. En Juan 20:21-23 el Cristo resucitado revela a los presentes la transformación que su resurrección ha efectuado en su relación con su persona y su actitud hacia el mundo; pero lo que dice no se aplica a ellos y a sus sucesores en distinción al resto de la congregación. En 2 Corintios 3:3-10 Pablo trata de la gloria del ministerio del Nuevo Testamento, pero no de su institución particular; Efesios 4:11 subraya el "él" (griego autos): por él, el Cristo exaltado, se les encomienda trabajar para la congregación, pero al pasaje le falta una especial institución cuando Jesús estuvo en la tierra. De nuevo se señala en Hechos 20:28-29 que el Espíritu Santo ha designado a ciertas personas a las que se denomina "supervisores", pero no que fueran constituidos por medio de un acto especial eclesiástico. En realidad se nos confronta en el Nuevo Testamento con toda clase de designaciones respecto a los que estaban activos en la instrucción y administración de las congregaciones: "ancianos" (Hechos 15:2; 20:17, 1 Timoteo 5:17; Tito 1:5; Santiago 5:14); "los que os presiden" (1 Tesalonicenses 5:12); "los que os gobiernan" (Hebreos 13:7); "supervisores" u "obispos" (Hechos 20:28; Filipenses 1:1; 1 Timoteo 3:2); "diáconos" (Filipenses 1:1; 1 Timoteo 3:8,12); "pastores" (Efesios 4:11); "ángeles" (Apocalipsis 1:20); "evangelistas" y "maestros" (Efesios 4:11). La deducción más evidente de todos esos nombres es la actividad especial de los mencionados; no habiendo duda de una jerarquía o un organismo continuamente incambiable en sus principales características. Lo más que se puede decir es que en el período antiguo del Nuevo Testamento las congregaciones no estaban faltas de personalidades definidas, activas en sus cargos; en este aspecto la congregación de Corintio no constituyó una excepción.

Pero es necesario e indispensable.
No obstante la profesión clerical es indispensable aunque no esté instituida inmediatamente por Cristo, pues los medios de gracia por la palabra y los sacramentos otorgados por Jesús han de administrarse, debiendo organizarse y dirigirse los poderes que están presentes en la congregación por el Espíritu de Cristo. Con este propósito hay necesidad de personalidades específicas que pertenecen a la congregación y no son menos dependientes, como individuos, de los medios de gracia y poder otorgados a la congregación que la congregación como un todo, pero que además asumen una posición de liderazgo dentro de la congregación. Tal liderazgo es autoritativo para la congregación hasta donde los titulares de este oficio administren esos dones y poderes en el nombre del Señor y acuerdo a su voluntad. En este aspecto hay una profesión clerical o espiritual y un oficio espiritual y debe haberlos en tanto la congregación de Cristo vive sobre la tierra separada de su Señor por los límites de lo visible y rodeada por un mundo no cristiano.

Abad (izquierda) y obispo (derecha), libro de registro en la catedral nueva de Winchester, c. 1031. Stowe MS 944, f. 6v
Abad (izquierda) y obispo (derecha), libro de
registro en la catedral nueva de Winchester,
c. 1031. Stowe MS 944, f. 6v
Idea de las Iglesias católica y griega.
La evolución histórica partió de dos conceptos del oficio clerical, de los cuales uno halló su expresión en el sacerdotium católico y el otro en el ministerium ecclesiasticum protestante. Ya en la edad post-apostólica la celebración de la Cena era válida sólo cuando estaba presidida o autorizada por el obispo (Ignacio, Ad Smyr., viii). El derecho a bautizar termina limitado al obispo o a los presbíteros y diáconos "no sin autorización del obispo", Tertuliano, De baptism., xvii; o al sacerdote, Constituciones Apostólicas, VI. xv.1. El obispo y otros sacerdotes han sido encomendados por los apóstoles con la comisión de la doctrina (Constituciones Apostólicas, VI. xviii. 5); deben ser escuchados, pues a través de ellos habla el Señor (Agustín, Serm., clase ii. 20). En la celebración del sacramento el sacerdote ejecuta un sacrificio que sobrepasa el acto de Elías en el monte Carmelo; el sacerdote excede a los gobernantes, pues su autoridad se extiende al cielo. Esta doctrina se desarrolló en la teoría católica de la profesión sacerdotal, convirtiéndose en una mediación entre Dios y los hombres. La idea de la Iglesia griega es sustancialmente la misma. La consagración del sacerdote es un sacramento por el que el Espíritu Santo, a través del obispo, ordena a candidatos debidamente elegidos para el oficio de administrar los sacramentos y alimentar al rebaño de Cristo.

Doctrina luterana.
Lutero rechazó la teoría de que la dignidad clerical dependiera de ninguna consagración eclesiástica. "Si no hubiera en nosotros una consagración más elevada que la que el papa o el obispo da, no habría nunca más un sacerdote constituido por la consagración del papa o el obispo; tampoco podría celebrar misa o predicar o absolver." (An den christlichen Adel). Pero al mismo tiempo estaba convencido de la necesidad de una profesión especial. "La Iglesia requiere la palabra de Dios, el bautismo, el sacramento del altar, el uso de las llaves, y, finalmente, conocemos a la Iglesia externamente por el hecho de que consagra o llama a ministros de la Iglesia o tiene oficios que son administrados. Pues debe tener obispos, pastores o predicadores que pública y expresamente dispensen, administren y ejerzan los cuatro artículos antedichos de la salvación, a causa y en el nombre de la Iglesia, y, también mucho más, en razón de la institución de Cristo." (Von den Conciliis und Kirchen, parte iii). Sostiene que la profesión clerical no es hecha innecesaria por el sacerdocio universal. "Todos somos sacerdotes, pero no obstante no podemos, ni debemos, todos predicar y enseñar y gobernar: se debe entonces ciertamente, desde todo el cuerpo, separar y elegir a algunos a quienes tales deberes sean encomendados y el que los ejerce no es sacerdote a causa del oficio (ya que todos los otros lo son), sino un siervo de los demás." (Exposición del Salmo 110). Sostener que la profesión espiritual es instituida por Dios no es inconsistente con esas ideas de Lutero, ya que la obra que ha de ser llevada a cabo es instituida por Dios; de ahí que las confesiones y los teólogos luteranos, sin vacilación, designan la profesión de institución divina. De esta teoría procede una nueva doctrina, representada principalmente por Kliefoth y Vilmar, según la cual la profesión clerical fue instituida inmediatamente por Cristo, envargándosele el cumplimiento de los medios de gracia, no como algo de parte de la congregación, sino conferido exclusivamente por el Señor, lo cual se ha perpetuado a través de los siglos por la imposición de manos. Esta doctrina, que no está sustanciada por la Escritura, ha sido contestada especialmente por Höfling, Hofmann y Harless.

Doctrina reformada y anglicana.
Los calvinistas rechazan la idea católica del sacerdocio, aunque subrayan fuertemente la institución, autorización y organización divina de los ministros (Confesión de Basilea, 15-20; Confesión Galicana, 29; Catecismo de Ginebra, De Verbo Dei; Segunda Confesión Helvética, 18). La elección divina está confirmada por la designación para el oficio (Confesión de Basilea, 17). La Iglesia anglicana hace a la membresía en la profesión clerical dependiente de la recepción del acto del estado privilegiado mismo (cf. el texto latino de los Treinta y Nueve Artículos, artículo 23 y las formas del Libro de Oración Común sobre la "constitución, ordenamiento y consagración de obispos, sacerdotes y diáconos.")

El llamamiento (Vocatio).
La cooperación de la congregación en el llamamiento de su clero es muy antigua. El hecho de que Pablo no haga mención de esta cooperación en Tito 1:5, en relación con la comisión para designar presbíteros, no es un argumento convincente para lo contrario, ya que las condiciones excepcionales en Creta pudieron haber obligado a Tito a desechar la cooperación de la congregación o lo que es también posible, pudo haber ejecutado la comisión en conferencia con la congregación. En favor de la cooperación de la congregación se hallan referencias más o menos claras (Didaché, xv. 1; Cipriano, Epist., xxxviii, lxvii. 2; Crisóstomo, "Sobre el sacerdocio", iii. 15; Constituciones Apostólicas, vii. 31; León Magno, Epist., x. 6; sínodo de Orleáns, ii. 7; iii. 2; Missale Francorum, allocutio in ordinatione presbyteri). Que el derecho de la congregación fuera a veces grandemente invadido no se puede disputar. En el concilio de Trento no se revocó el derecho en principio, declarando meramente que el procedimiento opuesto era el válido (Sesión xxiii, cap. 4).

Lutero distinguió dos clases de llamamiento. El primero procede sólo de Dios, sin ningún medio, debiendo tener signos y testimonios externos. El otro llamamiento no necesita signos, viene a través de los hombres y está previamente confirmado por el mandato de Dios en el monte Sinaí: amar a Dios y a tu prójimo como a ti mismo. De esta idea de Lutero procedió la doctrina luterana de la vocatio immediata y mediata. Con referencia a esta última la Confesión de Augsburgo exige que el que desempeña un oficio clerical debe ser "debidamente llamado." Los dogmáticos luteranos generalmente reconocen la cooperación de la congregación. Ha de observarse que esta vocación siempre es entendida como una esfera de operación definitivamente circunscrita.

Según Calvino ("Institutos" IV. iii. 17) la vocatio puede ocurrir "con el consentimiento y aprobación del pueblo, pero otros pastores deben presidir la elección." Según las ordenanzas de Ginebra el clero realiza la elección y el laicado proclama su consentimiento (Segunda Confesión Helvética, xviii). Una descripción detallada de la elección dirigida por la congregación se halla al final de la Liturgia in ecclesia peregrinorum en Francfort sobre el Maguncia, 1554.

© No se permite la reproducción o copia de este material sin la autorización expresa del autor. Es propiedad de Iglesia Evangélica Pueblo Nuevo
Iglesia Evangélica Pueblo Nuevo c/ Villacarlos, 14 28032 - Madrid
info@iglesiapueblonuevo.es - Horario de culto: Domingo 11 horas
Inscrita en el Ministerio de Justicia con el número 015638