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CATOLICISMO
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Catolicismo es la palabra que describe a la mayor confesión cristiana, en número y extensión, de las tres grandes existentes: ortodoxa, protestante y católica.

La primera comunión, de Pablo Ruiz Picasso. Museo Picasso, Barcelona
La primera comunión, de Pablo Ruiz Picasso.
Museo Picasso, Barcelona
Introducción.
En su propia estimación es la auténtica Iglesia fundada por Cristo sobre la tierra. Bellarmino, uno de sus teólogos más apreciados, define la Iglesia consistente de aquellos que (1) profesan la verdadera fe, (2) participan de los verdaderos sacramentos y (3) se someten a la autoridad del papa como cabeza de la Iglesia. La primera característica excluye a todos los herejes, así como a judíos, paganos y musulmanes; la segunda excluye a los catecúmenos y excomulgados; la tercera a los cismáticos (es decir, cristianos griegos y orientales, quienes sostienen sustancialmente "la verdadera fe" y los siete sacramentos, pero rechazan la obediencia al papa). Los protestantes, sin distinción, están excluidos al ser tantos herejes como cismáticos. Los miembros de la comunión anglicana también pertenecen a esta categoría de herejes por decisión de León XIII en una carta apostólica del 13 de septiembre de 1896, declarando las órdenes anglicanas inválidas. Pero todos los que sostienen los tres puntos mencionados pertenecen a la Iglesia militante sobre la tierra, sin miramientos a su carácter moral (etiamsi reprobi, sclesti et impii sint), aunque solo los buenos miembros se salvarán. Definida de esta manera, la Iglesia, dice Bellarmino, es tan visible y palpable como la (quondam) república de Venecia o el (quondam) reino de Francia. Niega totalmente la distinción entre Iglesia visible e invisible. Un escritor católico de derecho canónico, Philipp Hergenröther, define la Iglesia como "la comunión de aquellos que están unidos bajo una cabeza, Cristo, y su visible vice-regente para la confesión de una fe y la participación en los mismos medios de gracia." Una de las cualidades fundamentales de la Iglesia católica es la visibilidad. Se encuentra en todos los continentes y en todas las naciones, pero es más fuerte en Italia, España, Francia, Austria, Irlanda, Portugal y América Latina. Concuerda en todas las doctrinas esenciales y costumbres con la Iglesia ortodoxa (salvo el papado), pero tiene más vitalidad y energía. La Iglesia de Roma tiene una rica y destacada historia y todavía ejerce un poder sobre las masas del pueblo, mayor que cualquier otro cuerpo de cristianos. Se extiende en sucesión ininterrumpida hasta los gloriosos días de la Roma pagana, ha sobrevivido a todos los gobiernos de Europa y es probable que permanezca cuando el neozelandés de Macaulay "en medio de una inmensa soledad, se sitúe sobre un arco roto del London Bridge para hacer un boceto de la iglesia de San Pablo."

Doctrina.
El sistema católico de doctrina está contenido en los credos ecuménicos (el Credo de los Apóstoles, el niceno con el filioque y el atanasiano), en las decisiones dogmáticas de los concilios ecuménicos (21 en número, desde el año 325 al 1965) y en los pronunciamientos ex cathedra de los papas. Las autoridades principales son los cánones y decretos del concilio de Trento, la profesión de fe tridentina, comúnmente llamada el "credo de Pío IV", el catecismo romano (1566), el decreto de la Inmaculada Concepción (1854) y el decreto del Vaticano I sobre la fe católica y la infalibilidad del papa (1870). Un tesoro de decisiones sobre toda clase de cuestiones doctrinales y disciplinarias se contiene en los libros de derecho canónico comenzando con la "Concordancia" de Evaciano (c. 1150), aunque esto nunca ha sido formulado como autoridad final. El mejor resumen de los artículos de la fe católica se contiene en el credo de Pío IV, que es obligatorio para todos los sacerdotes y que debe ser confesado por todos los convertidos. Consiste en el credo niceno y 11 artículos. A ello se deben añadir los dos dogmas adicionales de la Inmaculada Concepción de la Virgen María y la infalibilidad del papa. El sistema católico de doctrina en cuanto a la materia se halla en las obras de los Padres (especialmente Ireneo, Cipriano, Agustín, Jerónimo, León Magno, Gregorio Magno), siendo lógicamente analizado, definido y defendido por los escolásticos medievales (Anselmo, Alejandro de Hales, Pedro Lombardo, Tomás de Aquino, Duns Escoto) y vindicado en oposición al protestantismo, por Bellarmino, Bossuet y Möhler y concretado en el dogma Vaticano de la infalibilidad papal, que excluye toda posibilidad de reforma doctrinal. Una cuestión una vez resuelta por la autoridad infalible está resuelta para siempre y no puede ser reabierta. Pero la misma autoridad puede añadir nuevos dogmas, tales como la Asunción de la Virgen María (1950), o la Inmaculada Concepción (1854).

Gobierno y disciplina.
La Iglesia católica ha construido el mayor sistema gubernamental conocido en la historia. Es una monarquía espiritual absoluta, culminando en el papa, quien afirma ser el sucesor de Pedro y Vicario de Cristo y de Dios sobre la tierra y por tanto suprema e infalible cabeza de la Iglesia. Los laicos están excluidos de toda participación incluso en asuntos de administración temporal; deben obedecer al sacerdote; el sacerdote debe obedecer al obispo y los obispos al papa, a quien están sometidos por el juramento más solemne. Este sistema es la culminación de siglos y alcanzó su declaración final en el concilio Vaticano I. La pretensión del obispo de Roma de dominio universal sobre la Iglesia e incluso sobre los reinos temporales que profesa la fe católica retrocede hasta los días de León Magno (440-461) y fue renovada por Nicolás I, Gregorio VII, Inocencio III, Bonifacio VIII, León X y por otros menos prominentes pontífices. Pero esta pretensión ha sido siempre resistida por la Iglesia ortodoxa, que ha reclamado iguales derechos para los patriarcas orientales y por los emperadores alemanes y otros príncipes, que eran celosos de los derechos independientes de su soberanía. El conflicto entre el papa y el emperador, entre el altar y el trono, corre a lo largo de toda la Edad Media y fue reavivado en un nuevo aspecto por el Syllabus papal de 1864, que reafirmaba las más extravagantes pretensiones del papado medieval y provocó la denominada Kulturkampf en Alemania y Francia, que acabó culminando en la completa separación de la Iglesia y el Estado. El papa es ayudado en el ejercicio de sus funciones por un colegio de cardenales. Al principio el papa era escogido por el clero y el pueblo romano, pero desde el tiempo de Gregorio VII ha sido elegido por los cardenales. El papa con los cardenales forman el consistorio. Los diversos departamentos y la administración están asignados a las congregaciones, bajo la presidencia de un cardenal, tal como la Congregación de Ritos Sagrados, la Congregación de Indulgencias o la Congregación de Propaganda Fide. El papa tiene nuncios regulares en las principales capitales del mundo.

Ordenación sacerdotal en San Juan de Letrán
Ordenación sacerdotal en San Juan de Letrán
Adoración y ceremonias.
Están incorporadas en la misa, el breviario romano y otros libros litúrgicos para la devoción privada y pública. La Iglesia católica acompaña a sus miembros desde la cuna hasta la sepultura, recibiéndolos en el bautismo, despidiéndolos por la extremaunción y consagrando todos sus actos importantes por los sacramentos. La adoración es un elaborado sistema de ritualismo, dirigido principalmente al ojo y al oído, usando el arte para su servicio. Catedrales, altares, crucifijos, vírgenes, cuadros, estatuas y reliquias de santos, rica decoración, solemnes procesiones y música sacra se combinan para el pueblo común y las personas cultivadas en el gusto por lo estético y la exaltación de los sentimientos. Cada día del calendario está dedicado a la memoria de uno o más santos. Las festividades principales son Navidad, Pascua, Pentecostés, Inmaculada Concepción, Anunciación (25 de marzo), Purificación de la Virgen (2 de febrero), Asunción (15 de agosto) y Todos los Santos (1 de noviembre). La adoración católica es la misma en todo el mundo y hasta el concilio Vaticano II se realizaba en la misma lengua, el latín, que es la oficial de la Iglesia católica. El culto gira alrededor del altar, quedando el púlpito desplazado a un lado. En el altar se celebra la misa, que se considera una repetición incruenta del sacrificio expiatorio de Cristo en la cruz. En el momento cuando el sacerdote oficiante pronuncia las palabras "esto es mi cuerpo", los elementos del pan y el vino se transustancian en el mismo cuerpo y sangre del Salvador, siendo ofrecidos a Dios Padre por los pecados de los vivos y los muertos en el purgatorio. Los reformadores vieron en la misa una vuelta al judaísmo, una refinada forma de idolatría y una negación virtual del único sacrificio de Cristo, quien "con una sola ofrenda ha perfeccionado para siempre a los santificados" (Hebreos 10:14). Pero los católicos niegan la acusación y reverentemente estiman la misa como una conmemoración dramática y una aplicación renovada del gran misterio de la redención, siendo la nutrición diaria del creyente devoto.

Fundamento.
El registro más antiguo de una iglesia en Roma lo da la carta de Pablo a los Romanos (58 d. C.). Aunque no fue fundada por Pedro ni Pablo, puede posiblemente ser trazada a aquellos "extranjeros de Roma, judíos y prosélitos" que fueron testigos del milagro pentecostal en el nacimiento de la Iglesia (Hechos 2:10). Es probable que fuera la iglesia más antigua en el oeste, recibiendo gran distinción por el martirio de Pedro y Pablo. La colina vaticana, donde el principal de los apóstoles fue crucificado, se convirtió en el Calvario y Roma en la Jerusalén de toda la cristiandad latina. El martirio romano de Pablo es universalmente admitido. La estancia de Pedro en Roma ha sido cuestionada por eminentes eruditos protestantes, no pudiendo probarse desde el Nuevo Testamento (a menos que "Babilonia" en 1 Pedro 5:13 sea entendida figurativamente de Roma); pero es tan generalmente afirmada por los Padres antiguos, tanto griegos como latinos, que debe ser admitida como un hecho histórico, aunque Pedro probablemente no llegara a Roma antes del año 63 d. C., no habiendo mención de él en la carta a los Romanos ni en las cartas de Pablo de la cautividad romana, escritas entre el año 61 y el 63. La posición metropolitana de la ciudad, cuyo nombre mismo significa "poder" y que durante tantos siglos había sido la dueña del mundo, junto con la creencia ampliamente esparcida de que Cristo (Mateo 16:18) había instituido un primado perpetuo de la Iglesia en la persona de Pedro y sus sucesores en el oficio, son las principales causas secundarias del rápido crecimiento de esa congregación hasta la influencia más elevada. Heredó la ambición y prestigio del imperio y simplemente sustituyó la cruz por la espada como símbolo de poder. Durante quince siglos los destinos de la cristiandad estuvieron ligados a los de la Iglesia de Roma e incluso ahora, que ya no tiene el poder que tuvo antaño, conserva mucho de su actividad y vigor. Se pueden distinguir tres etapas en el desarrollo del catolicismo.

Catolicismo greco-latino.
Es la época del antiguo catolicismo greco-latino, desde el siglo segundo al octavo, antes de la ruptura final de las Iglesias griega y latina. Esta es la herencia común de todas las Iglesias. Es la época de los Padres, de los credos y concilios ecuménicos y de los emperadores cristianos. Muchas de las características distintivas del catolicismo, distinguidas del protestantismo, ya están en los siglo segundo y tercero y tienen sus raíces en las tendencias judaizantes combatidas por Pablo. El espíritu de tradicionalismo, sacerdotalismo, prelacía, ceremonialismo, ascetismo y monasticismo trabajó poderosamente en el este y el oeste, en la época nicena y post-nicena y produjo la mayor parte de esas doctrinas, ritos e instituciones que hasta el día de hoy sostienen las Iglesias ortodoxa y católica. Hay pocos dogmas y costumbres católicas que no puedan ser trazadas en embrión a los Padres griegos y latinos: de ahí el estrecho parecido de las Iglesias griega y romana, a pesar de su rivalidad y antagonismo. Pero, junto a esas tendencias romanizantes, se encuentran también, en la escuela de Agustín, las doctrinas evangélicas del pecado y la gracia que fueron, junto con la Biblia, la principal fuerza de propagación de la Reforma.

Peregrinación a Nuestra Señora de Banelle, Auvernia. Biblioetca Nacional, París
Peregrinación a Nuestra Señora de Banelle, Auvernia. Biblioetca Nacional, París
Cristiandad medieval latina.
La etapa del catolicismo medieval latino, distinguida y separada del griego, se extiende desde Gregorio I (o desde Carlomagno) hasta la Reforma (590-1517). Es la etapa misionera del catolicismo entre los pueblos celtas y teutones en el norte y centro de Europa. Aquí se sitúa la conversión de los bárbaros bajo el patrocinio de los obispos de Roma; el crecimiento del absolutismo papal, aunque en constante conflicto con el poder secular, especialmente con el imperio alemán; la teología escolástica, que culmina con las discusiones de Anselmo y el sistema de Tomás de Aquino y también en las varias formas de misticismo, representadas por Bernardo, Ricardo y Hugo de San Víctor y Eckhart, Tauler y otros místicos alemanes; una teocracia impuesta sobre todas las naciones de Europa, aunque con fuertes elementos de oposición en su propia comunión que urgían a una reforma en cabeza y miembros. En este periodo suceden las cruzadas, que duraron dos siglos (1096-1292), naciendo el tipo gótico de arquitectura y siendo erigidas las imponentes catedrales del continente y Gran Bretaña. A este período pertenece el avivamiento del monasticismo con el surgimiento de las órdenes mendicantes, con Francisco de Asís y Domingo de Guzmán como sus fundadores y también el cisma papal con papas rivales reinando en Roma y Aviñón (1377-1417). La Edad Media es la cuna de la Reforma protestante así como de la Contrarreforma papal. Wyclif en Inglaterra, Hus en Bohemia, Wessel en Alemania, Savonarola en Italia, los valdenses, los Hermanos Bohemios, los concilios de Pisa, Constanza y Basilea y el avivamiento de las letras, prepararon el camino para el gran movimiento del siglo XVI que emancipó la cristiandad de la atadura espiritual de Roma.

Catolicismo moderno.
Es la época del catolicismo moderno, fechándose desde la Reforma o desde el concilio de Trento (1563). Aquí el catolicismo no solamente está en oposición a la Iglesia griega, sino también al protestantismo evangélico. En algunos aspectos fue un avance respecto a la Edad Media y experimentó gran beneficio de la Reforma. Ni Alejandro VI, un monstruo de maldad, ni Julio II, quien prefería la espada al báculo, ni León X, quien estaba más interesado en la literatura clásica y el arte que en la Iglesia, podrían haber sido elegidos en esta etapa para la cátedra de San Pedro. No ha habido escándalos tales como un cisma papal, con dos o tres papas rivales excomulgándose entre sí, que hayan desacreditado a la Iglesia desde el siglo XVI. Por otro lado, el papado ha dado sanción formal a las teorías escolásticas y tradiciones eclesiásticas contra las que los reformadores protestaron. Una y otra vez ha condenado expresamente sus doctrinas y al pretender ser infalible se ha hecho doctrinalmente irreformable. En 1816 la primera condenación de las Sociedades Bíblicas fue emitida por Pío VII, quien las declaró "la invención más sutil para la destrucción de los mismos fundamentos de la religión". Pío IV en 1564 expresamente condenó todas las versiones de las Escrituras hechas por autores heréticos, esto es, luteranos, zwinglianos, calvinistas y semejantes.

La reliquia, por Sorolla, Museo de Bellas Artes de Bilbao
La reliquia, por Sorolla, Museo de Bellas Artes de Bilbao
Catolicismo tridentino y Vaticano I.
En el catolicismo moderno hay que distinguir tres períodos. El primero sería el catolicismo tridentino dirigido principalmente contra los principios de la Reforma protestante, fijando los dogmas de las reglas de fe (Escritura y tradición), el pecado original, la justificación por fe y obras, los siete sacramentos, el sacrificio de la misa, el purgatorio, la invocación de los santos, la veneración de reliquias y las indulgencias. Los "antiguos católicos", que se separaron en 1870 y fueron excomulgados, tomaron su posición primero sobre el concilio de Trento, en oposición al concilio Vaticano I, al que acusaron de apostasía y corrupción; aunque de hecho, tal como los protestantes entienden, el uno fue solo el desarrollo legítimo y lógico del otro. El segundo periodo sería el del catolicismo del Vaticano I que va dirigido contra la infidelidad moderna (racionalismo) y contra el catolicismo liberal (galicanismo) dentro de la Iglesia católica misma. Definió dos nuevos dogmas: la asunción de la Virgen María y el poder e infalibilidad del pontífice romano, cuestiones que habían quedado sin resolver en el concilio de Trento. El galicanismo floreció en Francia durante la edad dorada de su literatura y fue formulado por Bossuet en los famosos artículos de las libertades galicanas, pero desde la restauración de los jesuitas en 1814, la escuela ultramontanista, que defendía el absolutismo papal, ganó gradual ascendencia y logró un completo triunfo, primero en 1854, cuando Pío IX proclamó la Inmaculada Concepción de María como dogma de fe y luego en el concilio Vaticano I en 1870, que declaró al papa infalible. El mismo papa, en 1864, publicó el Syllabus de errores, un documento oficial en el que el papado arremete en guerra abierta contra la civilización moderna y contra las libertades civiles y religiosas. El reinado de Pío IX marcó un antes y después en la historia del papado: significó la cumbre de sus pretensiones y el desarrollo lógico del sistema doctrinal, pero también la pérdida de su poder temporal. El mismo día después de la aprobación de la infalibilidad papal (18 de julio de 1870), Napoléon III, el principal apoyo político y militar del papa, declaró la guerra a la Prusia protestante (19 de julio), retiró sus tropas de Roma y trajo sobre la Francia imperial una total derrota que contribuyó al surgimiento del nuevo imperio alemán con una cabeza protestante y la caída del poder temporal del papa. Víctor Manuel, apoyado por el voto del pueblo, marchó hacia Roma, cumplió el sueño de siglos al hacerla capital de una Italia libre y unida y confinó al papa en el Vaticano, con una jurisdicción puramente eclesiástica (20 de septiembre de 1870). La historia nunca había visto una revulsión más súbita y destacada. El gobierno de Pío IX, que duró 31 años, rompió la tradición de que ningún pontificado había excedido el de Pedro, del que se dice que duró 25 años. Su sucesor, León XIII, que se ganó el respeto de la cristiandad occidental por su cultura y carácter, anduvo en el camino de sus predecesores denunciando de nuevo al protestantismo como la "rebelión luterana, cuyos virus se difunden por casi todas las naciones" (encíclica de 1 de agosto de 1897), exaltando la teología escolástica al declarar formalmente a Tomás de Aquino como el teólogo por excelencia de la Iglesia católica y patrón de las escuelas católicas (Æterni Patris, 4 de agosto de 1879). Su sucesor, Pío XI, en su encíclica Pascendi gregis, 1907, tomó una posición contra toda libertad en la discusión bíblica y teológica condenando el modernismo, prohibiendo todos los encuentros del clero para la discusión teológica, salvo en los casos más raros y bajo severas restricciones y ordenando la designación de "consejos de vigilancia" en cada diócesis para condenar, sin dar razones, todos los escritos y enseñanzas que contuvieran el acento del "modernismo". Mostró también su política retrógrada al prohibir a las mujeres cantar en las iglesias y limitar la música eclesiástica al canto gregoriano.

Siglo XX.
El tercer período estaría inaugurado por los acuerdos que la Iglesia católica cerró con el Estado italiano en 1929, por los cuales se reconocía jurídicamente la soberanía de la Ciudad del Vaticano como Estado, recuperando de esta manera la soberanía temporal que tuvo, aunque reducida territorialmente a la mínima expresión. Otro acontecimiento de gran importancia fue la celebración del concilio Vaticano II (1965), en el que un nuevo tono y discurso se apreció por parte de la jerarquía, que contrastaba con el espíritu de confrontación que durante siglos había mantenido. Un dato puede ser revelador de ese nuevo espíritu al no haber ningún anatema en los documentos oficiales surgidos de dicho concilio. La apertura de la Iglesia católica al mundo y su puesta al día, sin perder su esencia, fueron los grandes objetivos propuestos. Los antiguamente denostados y condenados protestantes fueron calificados como "hermanos separados". Una actitud de diálogo y un impulso ecuménico desplazó a la antigua de rechazo y condenación. No obstante, pasadas ya varias décadas se ha detectado un repliegue y un retroceso a la antigua postura de hostilidad más o menos abierta. El pontificado de Juan Pablo II (1978-2005) fue el tercero más largo de la historia, cuya elección sorprendió al mundo, al proceder el elegido de una nación, Polonia, sometida a un régimen dictatorial comunista y ser el primer papa eslavo. Durante su papado se produjo el derrumbe del sistema comunista en toda Europa, lo que significó probablemente el acontecimiento más importante del siglo XX junto con la II Guerra Mundial.

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