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CAPELLÁN
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Capellán es el término con sus equivalentes (latín, capellanus, alemán, kaplan, francés desservant, inglés chaplain) que designa a los miembros del clero nombrados para alguna clase de servicio especial.

Capellán enseñando el catecismo, grabado de un original de Meunier. Colección particular. París
Capellán enseñando el catecismo, grabado de un original de
Meunier. Colección particular. París
En la Iglesia católica.
En la Iglesia católica un capellán es un sacerdote que actúa como ayudante del párroco. Según el derecho tridentino y el anterior, cada parroquia tiene un sacerdote a pleno cargo; si es demasiado grande para ser administrada apropiadamente por él solamente, puede designar un número suficiente de capellanes, con la aprobación del obispo. Sirven directamente bajo el párroco y están mantenidos por él, pudiendo ser destituidos a su voluntad. Sin embargo, hay casos en los que existe una fundación dentro de una parroquia, con capillas o altares en las que el titular está obligado a decir un cierto número de misas. Tales capellanes (capellani curati) están obligados a ayudar al párroco o pueden estar especialmente dirigidos a hacerlo por el obispo. Al ser clérigos beneficiados, no pueden ser removidos a voluntad de este último, pero él no está obligado a disponer de sus servicios, a menos que ciertos deberes parroquiales les sean asignados a ellos mediante los términos de su fundación. Tales casos ocurrieron principalmente en las capillas situadas a considerable distancia de la parroquia o en hospitales e instituciones similares. En caso de que el párroco no designe capellanes o no designe suficientes, cuando es dirigido a hacerlo por el obispo, éste, de acuerdo con la ley de devolución puede proceder a designarlos. En algunos lugares, ya sea por ley escrita o costumbre, el obispo tiene un derecho general de designación a su propia iniciativa y entonces los capellanes son removibles no por el párroco sino por el obispo, a menos que tengan derechos como los mencionados antes.

También históricamente el nombre de capellán se aplicó en la antigüedad a los sacerdotes que servían en capillas privadas, en castillos y palacios reales. Los obispos también tenían sus capellanes privados, quienes servían parcialmente como secretarios. Los papas también tuvieron siempre sus propios capellanes, quienes por norma ejercían en el papel de confesores suyos. Éstos últimos están divididos en tres clases: honorarios, ceremoniales y privados.

Los desservant franceses.
En Francia los capellanes fueron llamados desservant. La antigua ley francesa distinguía entre iglesias parroquiales (parochiales ecclesiae) y capillas subsidiarias (succursales) que las complementaban. El sistema del siglo XVII elaboró una distinción entre párrocos que eran independientes en sus funciones y capellanes que oficiaban sólo mediante licencia del obispo y eran revocables en cualquier tiempo. Este sistema lo suprimió Napoleón cuando pensó restaurar la Iglesia tras la destrucción provocada por la Revolución. El concordato de 1801 estableció sólo los principios fundamentales, especialmente respecto a los obispos, a quienes se les permitía nombrar titulares aprobados por el gobierno de las parroquias. Los "artículos orgánicos" de 1801 fueron más detallistas y tratados con el apoyo de las iglesias. Al asumirse el pago de los párrocos por el Estado, era deseable limitar su número, regulándose que habría uno en cada distrito. Pero como sus distritos eran demasiado grandes para ser administrados por un sacerdote, así como se necesitaban otros muchos para ser escogidos para las succursales, fueron sostenidos por sus pensiones y las ofrendas voluntarias de las congregaciones. Su nombramiento lo realizaba el obispo y lo revocaba a su voluntad. Los decretos imperiales de mayo y diciembre de 1804 reordenaron las designaciones y proporcionaron un estipendio de 500 francos a cada uno. Los desservants hicieron crecientes reclamaciones de independencia, pero los obispos no estaban dispuestos a ceder sus poderes, sancionando Gregorio XVI el arreglo existente hasta nueva orden. Surgieron repetidas controversias sobre la posición de esos sacerdotes, quienes eran los más numerosos en Francia, Bélgica y las provincias en la orilla izquierda del Rin y aunque eran teóricamente removibles, lograron imponer la norma en la práctica de que no serían desplazados salvo por una causa, tras una investigación por los oficiales diocesanos.

En el servicio militar y naval.
Los clérigos empleados en el ejército y la armada de los países histórica y nominalmente cristianos son llamados "capellanes" y están bajo diferentes normas y regulaciones. En el ejército británico están bajo un capellán general de las fuerzas armadas, no quedando asociados a regimientos o cuerpos particulares, sino a guarniciones y estaciones militares dentro y en el exterior. De acuerdo al tiempo de sus servicios se dividen en cuatro clases, correspondiendo a coroneles, tenientes coroneles, mayores y capitanes, respectivamente; tras 25 años de servicio tienen derecho a retirarse con una pensión. No todos son de la Iglesia de Inglaterra o de Irlanda, sino que algunos proceden de las Iglesias presbiteriana y católica. En los Estados Unidos los capellanes son designados por el presidente y asignados o transferidos por el secretario de Estado, informando mensualmente al general adjunto, especialmente sobre los bautismos, matrimonios y funerales que hayan oficiado. Sus funciones se centran en la dirección de la adoración pública según las maneras y formas de la Iglesia de la que son ministros. También facilitan, hasta donde sea posible, la realización del servicio divino por clérigos de otras iglesias que no sean de la suya propia y que el capitán al mando les permita hacerlo. Pueden, con la sanción del capitán, formar clases voluntarias para instrucción religiosa. Visitan a los enfermos frecuentemente, a menos que la condición de éstos no aconseje tales visitas. Su deber en batalla es ayudar a los heridos, bajo la dirección del capitán. Cuando un capellán es un hombre de buen testimonio, puede ser de gran ayuda para los oficiales, al promover buenas relaciones entre ellos y los subordinados, beneficiarios o internos. Las prisiones, hospitales, asilos e instituciones similares también tienen capellanes.

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