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BENEFICIO
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Las Cortes de Valencia: el brazo eclesiástico, por Vicente Requena. Palau de la Generalitat, Valencia
Las Cortes de Valencia: el brazo eclesiástico,
por Vicente Requena.
Palau de la Generalitat, Valencia
Significado del término
Beneficio (beneficium ecclesiasticum) es un término que incluye dos significados: el espiritual, relacionado con los deberes eclesiásticos asociados al mismo, y el temporal, relacionado con los ingresos y otras ventajas materiales del oficio. El primero es más estrictamente el significado de la palabra, aunque la relación de ambos ya fue reconocida antiguamente en la frase beneficium datur propter officium. De hecho, el término beneficium no se usa generalmente cuando sólo se contempla el temporal, sin deberes correspondientes. Tal caso puede ser una commendam, cuyo titular tiene derecho a los ingresos de una iglesia, sin tener responsabilidades, o un præstimonium, que es un cargo para ayudar a los ingresos de la Iglesia, o una pensio, que es el uso de una parte de los ingresos. Sin embargo, esas relaciones, cuando son permanentes, caen bajo las normas generales aplicables a los beneficios. El beneficio propiamente dicho es ordinariamente permanente, aunque algunas veces por un tiempo especificado.

Remuneración del clero.
Históricamente en la Iglesia antigua toda la propiedad de una diócesis formaba un todo, administrado por el obispo; su propósito era primordialmente el sostenimiento de los obispos y clérigos pobres, suponiéndose, si no tenían medios privados, que se sostendrían por su propio trabajo. Aquellos que no tenían medios de sostenimiento recibían un estipendio mensual del fondo general. Con el reconocimiento de la Iglesia bajo Constantino y la consecuente aceptación de la propiedad eclesiástica y las subvenciones estatales, el sistema cambió. Pero legalmente la iglesia episcopal era todavía la unidad para cualquier consideración de la propiedad diocesana y el obispo era todavía su custodio exclusivo. Este sistema continuó incluso en el caso de que la propiedad eclesiástica quedara dividida en tres o cuatro partes y una de ellas fuera destinada para el apoyo del clero. Sin embargo, mientras que mucho tiempo antes la teoría había cambiado, en la práctica comenzó una tendencia a la descentralización y a reconocer las parroquias individuales como unidades separadas. Esto surgió sobre todo a raíz de las donaciones destinadas por el donante a una iglesia particular, cuyo clero sería apoyado en consecuencia. Tras el siglo quinto se hizo costumbre para los obispos, en lugar de pagar a su clero de un fondo central, asignar porciones de tierra para su apoyo, el de los pobres y la adoración pública. Esas asignaciones se convirtieron gradualmente en irrevocables, disolviéndose finalmente la unidad diocesana y haciéndose cargo las iglesias separadas de la posesión permanente de esas propiedades.

Provisiones que afectaban a los beneficios.
La íntima relación entre officium y beneficium se muestra por una revisión de las provisiones que afectan a los beneficios. Se dividen en regulares y seculares, según estén servidas por el clero monástico o secular; en beneficia curata, las asociadas a la cura de almas y non curata, tales como las de capellanes, canónigos de catedrales y semejantes. El concilio de Trento prohibió cambiar un beneficium curatum en un non curatum o simplex. La creación o constitución de un beneficio, la asociación permanente de ciertos ingresos para la realización de ciertos deberes, se reservó a las autoridades eclesiásticas. La fundación de obispados fue originalmente una función de los sínodos provinciales, pero después del papa, quien también tenía poder exclusivo para fundar iglesias colegiatas. El obispo tenía poder para fundar otros beneficios dentro de su diócesis y sus oficiales decidían si el otorgamiento era suficiente y si la fundación propuesta sería útil y no dañina para cualquier otra parte. El fundador tenía ciertos derechos para poner condiciones para la tenencia de su beneficio, que, una vez confirmado, era perpetuo.

Designación para un beneficio.
La designación para un beneficio (provisio, institutio canonica) incluía la elección de la persona (designatio) y la concesión del beneficio (collatio, concessio, institutio en el sentido reducido). La designación de los beneficios más grandes (obispados y semejantes) era a veces por elección y a veces por presentación de candidatura del soberano; para los menores, por la elección del obispo frecuentemente ante la candidatura de un patrocinador. La propuesta es el acto de los superiores eclesiásticos, del papa para los obispados (confirmatio) y del obispo para los beneficios menores.
Las condiciones de una designación canónica apropiada para un beneficio son varias: (1) Debe existir una vacante y que sea real, no la causada por la expulsión forzada del titular. De ahí que las espectativas quedan prohibidas, pero se permiten en la elección de un obispo-coadjutor cum jure successionis. (2) La persona designada debe ser una persona regularis e idonea, esto es, apropiadamente cualificada para hacerse cargo del beneficio. Bajo este encabezamiento está la posesión de las cualificaciones necesarias para la ordenación, aunque se puede otorgar un retraso de un año u otro tiempo especificado. Se incluyen las cualificaciones intelectuales, determinadas, según el concilio de Trento, mediante examen. (3) La designación ha de hacerse dentro del plazo legal, siendo la norma que ningún beneficio permanecerá vacante más de seis meses; de otra manera se pierde el derecho de presentación. (4) No puede haber simonía involucrada. (5) Lo que se denomina subreptitio y obreptitio está también prohibido, lo que afecta especialmente al caso de una persona que obtiene un beneficio sin que ponga en conocimiento que ya desempeña otro. El derecho eclesiástico prohíbe la pluralidad de beneficios, salvo, por ejemplo, en casos donde un beneficium simplex se desempeña concurrentemente con un beneficium curatum, siendo ambos compatibles. Esta norma fue a veces violada por dispensa papal, lo que causó gran descontento. (6) Han de observarse las formas apropiadas, tanto en la designación como en la propuesta.

Derechos de un beneficio.
Los derechos y deberes relacionados con un beneficio son parcialmente asuntos de ley universal y parcialmente de especial para el caso particular. El titular tiene derecho al usufructo de cualquier propiedad perteneciente al beneficio, diezmos, casas, oblaciones, etc. Todo esto es suyo absolutamente, pero la idea de que debería sólo usarlo hasta donde satisfaga su sostenimiento, dedicando el resto a propósitos eclesiásticos especialmente a los pobres, influyó en la legislación muy pronto, de manera que lo que venía de la Iglesia se suponía que revertía a la Iglesia, si no se había usado, a la muerte del clérigo. Esta norma, que en un tiempo fue positiva, se relajó considerablemente, dentro de ciertos límites. Por supuesto, el poder del titular sobre la propiedad eclesiástica está limitado por los derechos de su sucesor, no pudiendo hacerse arreglos que vayan más allá del tiempo de su vida, a menos que sea por la concurrencia de las autoridades apropiadas.

Tenencia.
Se supone que un beneficio es conferido de por vida y queda normalmente vacante sólo por la muerte del titular, pero puede quedar vacante antes por dimisión, ya sea expresa o tácita. La dimisión no puede ser arbitraria para el titular, ya que por su aceptación de la misma incurren ciertas obligaciones de las que debe ser liberado, los obispos por el papa y el clero inferior por sus obispos. Puede haber también una razón válida para ello. La dimisión tácita surgir por cualquier acto que ipso facto disuelve la relación: la toma de votos monásticos por el tenedor de un beneficium sæculare, la aceptación de un oficio secular, matrimonio, la aceptación de otro beneficio incompatible, cambio de fe, etc. La vacante como castigo puede ocurrir mediante la destitución o la remoción; esto incluye el traslado de un sacerdote, como medida disciplinar, a un cargo más pequeño.
El uso técnico de la palabra beneficio en las iglesias protestantes está principalmente reducido a la Iglesia anglicana, donde están todavía en vigor una gran parte de las prescripciones ya mencionadas. En la ley estatutaria de Inglaterra el término queda prácticamente restringido a un beneficio con cura de almas, distinto del ascenso catedralicio. En la Iglesia luterana de Alemania la distinción entre beneficium y officium todavía se mantiene, siendo la creación y alteración de beneficios un asunto que concierne a las autoridades eclesiásticas y seculares. Aquí el proponente ordinario para un beneficio es el consistorio. La tendencia de la legislación más moderna es dar a la congregación una voz en la elección del pastor.

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