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ANGLICANA, IGLESIA
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Iglesia anglicana o Iglesia de Inglaterra es la Iglesia nacional, en esa nación, establecida por ley, pudiendo considerarse un producto de la Reforma protestante y desde ese punto de vista su historia comienza con el rechazo de Enrique VIII a guardar lealtad al papa y la declaración resultante de que el rey era la cabeza de la Iglesia en sus dominios. En teología está en armonía general con el protestantismo, pero en cuanto al gobierno eclesiástico afirma haber retenido la sucesión ininterrumpida desde los apóstoles, y por tanto de Cristo mismo, de las tres órdenes mayores: Obispo, sacerdote y diácono. En ritual y adoración mantiene un orden uniforme del culto, partes del cual se derivan inmediatamente de los ritos antiguo y medieval. Ocupa una posición intermedia entre la Iglesia católica y las iglesias de la Reforma. Muchos escritores anglicanos estiman a la Reforma como un mero incidente en la historia de la Iglesia de Inglaterra, que no interrumpe su continuidad histórica, que procede de Agustín e incluso de la antigua Iglesia celta. Un considerable número, particularmente en la facción de la Alta Iglesia, estiman que la Reforma fue un grave error, por no decir un crimen.

Período británico y sajón.
La primera información confiable sobre la introducción del cristianismo en Bretaña viene de Tertuliano, quien en el siglo tercero escribió (Adv. Jud., vi) que el cristianismo había penetrado en regiones de Bretaña inaccesibles a los romanos. La historia de la Iglesia británica fue desde entonces la misma del cristianismo antiguo en todas partes. Tuvo víctimas en la persecución, una de las cuales, Alban de Verulam, fue canonizado; envió representantes a los concilios, por ejemplo, al de Arlés (314) y fue cuna del hereje Pelagio. El período sajón data de la llegada, en 597, del monje Agustín, quien había sido enviado por Gregorio Magno. Como arzobispo de Canterbury, Agustín entró en conflicto con los obispos de la antigua Iglesia británica o celta; pero el tipo romano de cristianismo prevaleció sobre el celta y lo desplazó. Las diferencias sobre la fecha de Pascua, el modo de la tonsura y la lealtad a Roma, determinaron que los británicos permanecieran independientes del dominio de Roma. Agustín convocó a los obispos británicos a un coloquio en Severn, pero ellos rechazaron reconocer su autoridad y Agustín invocó y predijo el juicio sobre ellos. El cristianismo se difundió rápidamente en el sur de Inglaterra, siendo introducido en Northumbria por Paulino, quedando como la religión permanente por los trabajos de Aidan de Irlanda. Bajo Teodoro de Tarso (consagrado arzobispo de Canterbury en 668) el episcopado inglés quedó más plenamente realizado y la diócesis se agrupó alrededor de Canterbury como sede central y superior. Teodoro celebró sínodos y trató a los cristianos británicos de manera prepotente. Durante este período se fundaron monasterios; y aquí y allá en forma solitaria destacaron figuras prominentes como Caedmon, el monje de Whitby, Beda "el padre del saber", el erudito Alcuino, llamado a la corte de Carlomagno, o Alfredo, el rey cristiano y patrón de las letras. Los invasores daneses de los siglos octavo y noveno interrumpieron el trabajo y devastaron la propiedad de las iglesias y las órdenes monásticas. Pero la juiciosa sabiduría y celo iluminado de Dunstan (959-988), el primero de muchos estadistas eclesiásticos ingleses, reparó sus correrías y efectuó una disciplina más severa y una organización más compacta del clero. Dirigió el Estado durante los nueve años del reinado del inválido Eldred. Durante el período anglosajón el gobierno papal obtuvo reconocimiento en medida creciente. Los miembros de la familia real fueron a Roma y se pagó el óbolo de San Pedro al tesoro romano. Bajo los últimos reyes sajones la Iglesia cayó en la ignorancia y la corrupción. No hubo sínodos; los sacerdotes estaban casados o vivían en concubinato y la simonía era libremente practicada.

Mapa del cristianismo en las islas británicas hasta el siglo VIII

Detalle del tapiz de Bayeux del siglo XI que muestra la batalla de Hastings (1066).
Musée de la Tapisserie de la Reine-Mathilde, Bayeux, Francia.
Período normando.
El período normando procede de la conquista de Inglaterra por Guillermo el Conquistador en 1066 bajo una bandera bendecida por Alejandro II. Se distingue por el completo vasallaje en el que la Iglesia cayó ante la sede papal, el sometimiento del Estado al dominio eclesiástico y la creciente corrupción del clero. El Estado a su vez procuró emanciparse de la presión eclesiástica mediante la legislación y el pueblo liberarse de la incompetencia y escándalos clericales por una reforma en la vida y doctrina de la Iglesia. Guillermo el Conquistador destituyó a todos los obispos sajones salvo a Wulfstan de Worcester y los reemplazó por prelados normandos. Él prácticamente escogió a todos los dignatarios eclesiásticos e insistió en el derecho de investidura como su prerrogativa real. Resistió las pretensiones de Gregorio VIII para considerar a Inglaterra su feudo. Lanfranco, arzobispo de Canterbury (1070-1089), procuró la institución de tribunales eclesiásticos especiales, en el que los casos eclesiásticos fueran juzgados. Después de él, arzobispo tras arzobispo lucharon con la realeza, unas veces por los superiores derechos de la Iglesia y la investidura papal y otros por las libertades del pueblo. El sucesor de Lanfranco, Anselmo (1093-1109), designado por Guillermo Rufus, peleó la batalla de la investidura y hubo de marchar al exilio antes que recibirla del rey. Bajo su primado los cánones contra el matrimonio y concubinato clerical (1102, 1107, 1108) fueron renovados por la acción sinodal, pero Eadmer informa que "casi la mayor y mejor parte del clero inglés" eran hijos de sacerdotes. El siguiente gran arzobispo Thomas Becket (1162-1170), luchó contra Enrique II, quien procuraba reformar los abusos crecientes de la exención clerical de la jurisdicción civil. La actitud de Becket provocó las famosas Constituciones de Clarendon en 1164, que prohibían que los breves papales fueran recibidos en Inglaterra sin el consentimiento real, o que los prelados fueran a Roma sin el mismo consentimiento. Aunque Becket fue asesinado, la victoria no quedó del lado del rey. El Estado permaneció en sujeción al poder eclesiástico de Roma, lo cual se realizó durante el reinado de Juan.

John Wyclif
John Wyclif
Resistencia a Roma en la pre-Reforma.
Una nueva era parecía amanecer con la sincera y llana predicación de los frailes dominicos (1221) y franciscanos (1224); pero al engordar con las tierras perdieron su popularidad en la mente del pueblo. Aquí y allá un gran obispo, como Grosseteste (1235-53), levantaba su voz contra la corrupción del clero, atreviéndose a resistir la pretensión del papa de imponer nombramientos dentro de su diócesis e insistiendo en la autoridad y predicación de las Escrituras. El gran cronista inglés Matthew Paris, a mediados del siglo XIII, expresa la protesta del pueblo contra las exacciones monetarias del papa y sus emisarios. El Estado no estaba completamente paralizado, pero procuraba enfrentar el dominio de los abusos eclesiásticos con medidas legislativas. Dos grandes actos surgieron en protesta contra ellos. El estatuto de mortmain (1279) prohibía la alienación de tierras a corporaciones religiosas de manera que quedaran exentas de impuestos, mientras que los estatutos de Præmunire (1351, 1391, etc.) hacían la licencia real necesaria para la validez de los nombramientos y bulas papales dentro del reino. El estatuto de præmunire y los estatutos condicionales prohibían recurrir a tribunales extranjeros (incluida la curia) para la adjudicación de causas eclesiásticas, sin permiso expreso de la corona. Los estatutos condicionales iban contra la reserva del papa para sí o sus favoritos de los beneficios ingleses y contra la colecta de los ingresos sin servicio equivalente. En caso de que las posesiones dotadas quedaran vacantes con tal intención, los ingresos iban a parar directamente al tesoro real. Ninguna de esas actas logró mucho en ese tiempo, pero la última fue usada efectivamente por Enrique VIII. En 1366, un parlamento de Eduardo III definitivamente rechazó pagar el tributo anual de 1.000 marcos prometidos por Juan a la sede apostólica. En el siglo XIV comienzan las sonoras protestas del pueblo y el clero. John Wyclif (1324-1384), "el lucero de la Reforma", tradujo las Escrituras y afirmó los derechos del Estado y la conciencia individual. Publicó en 1381 doce tesis contra la transubstanciación y declaró que el Señor estaba en el sacramento como un rey está en su reino. Insistió en la práctica de predicar, denunció la ociosidad e ignorancia de los monjes, definió a la Iglesia como "la organización de los elegidos" y exhortó al papa a que abandonara su orgullo y riqueza. William Longland, sin la erudición de Erasmo, pero con una vena más sincera y popular, ridiculizó a los frailes en rimas. Los lolardos eran tan numerosos que, según el cronista Knighton, por cada persona en la calle había un lolardo. Pero la enérgica oposición de la Iglesia y el Estado fue eficaz silenciándolos o induciéndolos a retractarse. El estatuto "para quemar herejes" fue impuesto en 1401. Por orden del concilio de Constanza (1415) las cenizas de Wyclif fueron desenterradas y echadas al río Swift. La Iglesia dormitó durante más de un siglo, pero finalmente llegó el gran movimiento, en el que el cristianismo de Inglaterra, cristalizado de nuevo en una Iglesia distintivamente nacional, se lanzó en una carrera de vida y logros renovados.

Los monarcas de Inglaterra y Escocia en los siglos XVI y XVII
Los monarcas de Inglaterra y Escocia en los siglos XVI y XVII

Enrique VIII de Inglaterra, c. 1540, por Hans Holbein el Joven. Galería Nacional, Roma
Enrique VIII de Inglaterra, c. 1540, por Hans Holbein el Joven.
Galería Nacional, Roma
Enrique VIII.
El mismo principio general de protesta contra la corrupción eclesiástica estaba presente en el movimiento de Reforma en Inglaterra tal como ocurrió en la Reforma del continente. Sin embargo, el movimiento en Inglaterra tuvo sus propias características destacadas, preservando en continuidad ininterrumpida las órdenes eclesiásticas y la sucesión de la Iglesia católica. Las circunstancias habían estado preparando el camino para la Reforma en Inglaterra. Las señales de los tiempos en la primera parte del siglo XVI indicaban un poderoso movimiento en las mentes de los hombres en Inglaterra y en el continente, como se aprecia por el avivamiento del saber clásico con nombres tales como Erasmo, Colet y Thomas More, las atrevidas sátiras contra los abusos clericales, la independencia de pensamiento mostrada en la apelación de Erasmo al Nuevo Testamento griego en el prefacio de su edición (Basilea, 1516) y en los sueños de More de una mejora en la Iglesia y el Estado en su Utopia. La revuelta abierta se declaró con la traducción del Nuevo Testamento por Tyndale (1526) y su circulación, a pesar de la desaprobación eclesiástica. Las palabras de Lutero, declarando que el dominio papal era la cautividad babilónica de la Iglesia (1520), hallaron una entusiasta audiencia en Inglaterra, no pudiendo la quema pública de sus tratados por Wolsey (1521) frenar el creciente movimiento contra el dominio católico. Enrique VIII, el "Defensor de la fe", era un leal hijo de Roma y se posicionó contra la Reforma en doctrina o en el ritual. La ayuda que su actitud otorgó a la Reforma lo fue sin deliberada intención por su parte. La ruptura abierta entre Roma e Inglaterra, que no era inconcebible que pasara, fue verdaderamente impuesta, no como una protesta de principios religiosos contra los abusos eclesiásticos, sino como un recurso político al que Enrique VIII echó mano para justificar su divorcio de Catalina de Aragón y su matrimonio con Ana Bolena. En 1531 Enrique acusó al clero de violación del estatuto de præmunire y de ser cómplice con el cardenal Wolsey, quien había ejercido la función de legado sin el consentimiento real. Las dos convocaciones sumaban el pago de 118.000 libras; pero el rey, no satisfecho con esta evidencia de sumisión, exigió que fuera reconocido como "protector principal, el único señor y cabeza suprema de la Iglesia y clero en Inglaterra."

Enrique VIII entrega la Gran Biblia a Thomas Cranmer (izquierda) y Thomas Cromwell

Thomas Cranmer
Thomas Cranmer
La convocación de Canterbury aceptó el título, pero añadió la cláusula limitadora: "Hasta donde la ley de Cristo lo permite." En 1533 un estatuto parlamentario prohibió a todos los eclesiásticos hacer apelaciones fuera del reino. Al año siguiente, impelido por el mandato del papa de que volviera tomar a Catalina, Enrique obtuvo la aprobación del Acta de Supremacía, que hacía a todos los nombramientos papales dentro del reino ilegales y otorgaba autoridad ilimitada a la corona para reformar los abusos eclesiásticos. La Iglesia inglesa quedó cortada de la comunión papal y se convirtió en un organismo independiente. No mucho antes el rey, en 1536-39, hizo un osado uso de su nueva autoridad al abolir los establecimientos monásticos y confiscar su riqueza, que sumó 38 millones de libras. En Thomas Cranmer, quien le había ayudado a divorciarse de Catalina, Enrique halló un primado capaz. Era amigo de las nuevas ideas, se casó con una luterana y desde antes era fuertemente luterano en doctrina. Sin embargo, el rey tenía poca o ninguna simpatía hacia la Reforma continental. Atacó a Lutero en un tratado sobre los siete sacramentos y la ruda respuesta de Lutero confirmó a Enrique en su oposición a la Reforma. Los artículos adoptados por la Convocación de 1536 retenían la doctrina de la presencia real, el uso de imágenes, las oraciones a los santos, el purgatorio y la confesión auricular y sólo despojó a esas prácticas de algunas supersticiones groseras. El rey pareció dar un paso más allá cuando dio su sanción a la traducción de las Escrituras conocida como la Gran Biblia (1539). Pero todas las esperanzas de una Reforma totalmente doctrinal quedaron decepcionadas. Los llamados seis "Artículos Sangrientos" de 1539 denunciaban toda negación de la transubstanciación como herejía y se declaraban firmemente a favor de la confesión auricular, el celibato del clero y el sacrificio de las misas privadas. El castigo por negar la transubstanciación era la hoguera.

Mapa de la Iglesia de Inglaterra en el tiempo de Enrique VIII

Retrato de Eduardo, príncipe de Gales, a los seis años, por Hans Holbein el Joven. Metropolitan Museum, Nueva York
Retrato de Eduardo, príncipe de Gales,
a los seis años, por Hans Holbein
el Joven. Metropolitan Museum, Nueva York
Eduardo VI y María.
Bajo Eduardo VI (1548-53) se realizó la reforma doctrinal. Los Seis Artículos fueron rechazados y la simpatía hacia los reformadores continentales se apreció por la invitación a Bucero y Fagius a Cambridge y de Pedro Mártir y Ochino a Oxford. En 1549 se publicó un Libro de Oración y los Cuarenta y Dos Artículos fueron elaborados en 1552. Declaraban que "la Iglesia de Roma había errado no sólo en sus beneficios y ceremonias, sino también en asuntos de fe" (19); expresamente negaban la transubstanciación, permitían el matrimonio del clero, suspendían la confesión auricular y aprobaban la comunión en ambas especies. Con su adopción se cierra el período formativo de la Iglesia de Inglaterra. El reinado de María (1553-58), firme adherente de la fe católica, detuvo la Reforma momentáneamente, pero no la aplastó, aunque se hizo un esfuerzo determinado para restaurar el control papal sobre la Iglesia inglesa, siendo la intolerancia propia de la época libremente empleada. Hooper, Latimer, Ridley y Cranmer fueron llevados a la hoguera y muchos refugiados huyeron a Basilea y Ginebra; pero esas persecuciones, que fueron atribuidos a la influencia española, pues María se había casado con Felipe II, sólo avivaron la resistencia. El número de ejecuciones certificadas por razones religiosas durante su reinado fue 286, de las cuales 46 fueron mujeres.

Isabel I
Isabel I
Isabel.
La ascensión de Isabel I restauró la independencia de la Iglesia de Inglaterra, que a pesar de la resistencia ocasional desde dentro y la oposición papal desde fuera (1570), se convirtió en el hogar religioso permanente de la gran mayoría en el país, quedando firmemente establecida por la derrota de la Armada española en 1588. Dos períodos permanecen en la historia de la Iglesia bajo Isabel. En la primera parte de su reinado la separación de la Iglesia nacional de la católica quedó completada y en la segunda parte el conflicto entre anglicanismo y puritanismo se profundizó, resultando en la victoria de la facción anglicana. La reina no era una reformadora celosa, pero dirigió los asuntos de la Iglesia con la sagacidad de un estadista que puso la unidad y la paz nacional del reino por encima de cualquier otra consideración. En el primer año de su reinado se renovó el Acta de Supremacía y se aprobó el Acta de Uniformidad. Por la primera toda lealtad a príncipes o prelados extranjeros quedaba prohibida. Por la segunda el uso de la liturgia fue impuesto. El título real de "defensor de la fe y cabeza suprema de la Iglesia" se retuvo, con la ligera alteración de "cabeza" por "gobernador", pero se eliminó la deprecación de la letanía que leía: "De la tiranía del obispo de Roma y de todas sus detestables enormidades, oh buen Señor, líbranos." La reina retuvo, contra la protesta de los obispos, un altar, un crucifijo y velas encendidas en su propia capilla, desaprobando el matrimonio del clero, interrumpiendo al predicador que habló desdeñosamente del signo de la cruz e imponiendo imperiosamente su voluntad a los prelados indispuestos. Pero a pesar de parecer aproximarse a la Iglesia de Roma en puntos de ritual, Isabel no interfirió en ninguna medida pública en los resultados de la Reforma de Eduardo VI. La reducción de los Cuarenta y Dos Artículos a Treinta y Nueve (1563), la forma en la que desde entonces han sido retenidos, no impide su carácter protestante.

Un dibujo pro-anglicano contrasta al 'verdadero ministro ortodoxo' predicando en la Iglesia, con el separatista 'seductor y falso profeta' predicando desde la ventana de una taberna
Un dibujo pro-anglicano contrasta al 'verdadero ministro ortodoxo' predicando en la Iglesia,
con el separatista 'seductor y falso profeta' predicando desde la ventana de una taberna

Batalla entre anglicanismo y puritanismo.
La independencia de la Iglesia nacional quedó permanentemente afirmada, a la espera de resolver sólo disputas. La gran cuestión era si el puritanismo sería tolerado. Esto no era una cuestión de doctrina, pues las ideas doctrinales prevalecientes eran calvinistas y los obispos de Isabel, casi sin excepción, eran calvinistas. Era una cuestión de política eclesiástica, ritual y vestiduras. Muchos de los refugiados que habían huido al continente en el reinado de María regresaron fuertemente prejuiciados contra un ritual elaborado y en favor de la forma ginebrina de gobierno. Thomas Cartwright, profesor de Margarita de teología en Cambridge, fue el exponente más capaz de esas ideas (1570). No había uniformidad practicada en la dirección de los cultos públicos ni en la indumentaria del clero. Hooper, obispo de Gloucester, quien había muerto en la hoguera en 1555, durante largo tiempo rechazó ser consagrado por escrúpulos de conciencia con las usuales vestiduras episcopales y el obispo Jewel declaró que la indumentaria clerical era una "reliquia de los amorreos." Hay que destacar que dos de los arzobispos de Isabel, Matthew Parker y Edmund Grindal, eran contrarios a imponer la uniformidad en esos asuntos. El segundo, con los obispos Parkhurst y Ponet, no sólo hubiera permitido una autoridad coordenada con el sistema presbiteriano de Ginebra, sino que hubiera querido incluso ir más allá. Grindal incurrió en la suspensión de su cargo como primado al desobedecer el mandato de la reina de suprimir las "prophesyings" puritanas o predicaciones informales. Por una proclamación real quedaron suprimidas y por otra se exigió el uso de vestiduras clericales. Se decidió que no se toleraría la libertad en la dirección de la adoración pública y en las vestiduras clericales. Esas actas hicieron que muchos del clero puritano renunciaran a sus beneficios. En el sucesor de Grindal, John Whitgift, Isabel tuvo un prelado idóneo. La brecha entre las dos facciones se hacía cada vez mayor y si la Iglesia, por su parte, rechazaba tolerar cualquier disidencia, los puritanos, por la suya, se reafirmaron como en la denominada Controversia Marprelate (1588), cuando publicaron libelos contra la reina y los obispos. La controversia terminó en 1593 por un acta del parlamento que convertía el puritanismo en un delito. Tras la derrota de la Armada española algunos puritanos fueron ejecutados y otros buscaron refugio en Holanda y posteriormente en América.

William Laud, arzobispo de Canterbury
Triunfo de los principios de la Alta Iglesia bajo los Estuardo.
La historia del siglo XVII está marcada por la consolidación de la Iglesia de Inglaterra a pesar del triunfo temporal del puritanismo y por el desarrollo de la doctrina del derecho divino del episcopado, mostrándose la primera por las controversias puritanas en el período isabelino, con una inamovible resistencia de todos los disidentes en cuanto al ritual y doctrinas, culminando con la legislación represiva de Carlos II. Bajo Jacobo I (1603-05), quien vino desde Escocia a Inglaterra con un marcado odio hacia el presbiterianismo, la facción puritana fue completamente humillada. Todas las esperanzas puritanas expresadas en la famosa Petición Milenaria, firmada por 800 clérigos, solicitando la retirada de los "usos supersticiosos" del Libro de Oración, etc., quedaron decepcionadas, aunque Jacobo ganó la aprobación de los eclesiásticos y disidentes a la vez por la preparación, bajo sus auspicios, de la Versión Autorizada de la Biblia inglesa que apareció en 1611. Jacobo mantuvo relaciones con las iglesias reformadas del continente y envió cinco comisionados para representar a la Iglesia de Inglaterra en el sínodo de Dort, con instrucciones para "no favorecer innovaciones en doctrina y conformarse a las confesiones de las vecinas iglesias reformadas." Pero la simpatía plena con las iglesias continentales era impracticable y el reconocimiento de sus órdenes (como fue el caso bajo Isabel) imposible por las ideas de la Alta Iglesia hacia el episcopado que se estaban difundiendo, las cuales, bajo Carlos I (1625-49) y el arzobispo Laud (1633-45), asumieron una forma extrema. Éste enseñó que el episcopado no sólo era necesario para el bienestar, sino esencial para la misma existencia de la Iglesia. Su administración revivió, en la mente de la baja Iglesia y puritana, el ritual de Roma y mostró tanta simpatía hacia ella que se dice que le fue ofrecido un capelo cardenalicio. Abbot, arzobispo de Canterbury (1611-35), fue un estricto calvinista, pero no pudo detener el crecimiento de las ideas arminianas defendidas por Laud, cuya fidelidad a sus principios le costaron la vida en 1645. Él y Carlos I han sido estimados como mártires por un sector de los anglicanos que reprobaron todo lo que oliera a puritanismo como contrario a la Iglesia y a Dios. Desde su día una gran libertad de opinión se ha permitido y practicado en la Iglesia de Inglaterra sobre la cuestión del ritual y el episcopado; las ideas de la Alta Iglesia de Laud y de la baja Iglesia de Parker y Grindal, tienen sus representantes.

Oliver Cromwell
La República, la Restauración, la casa de Hanover.
Durante la República la Iglesia establecida fue, de hecho, una religio ilicita, habiendo abolido un acta del parlamento el episcopado y desestimado el uso de la liturgia (10 de septiembre de 1642). El puritanismo triunfó durante un tiempo y la Asamblea de Westminster en 1643 estableció un gobierno presbiteriano; pero a pesar de los fuertes intereses teológicos que la apoyaban y a pesar de la masiva voluntad de Cromwell, que no era presbiteriano, sino independiente, el puritanismo fracasó en Inglaterra. La ascensión de Carlos II (1660) restauró la Iglesia de Inglaterra a la posición nacional que desde entonces ha tenido. Siguieron duras medidas contra los puritanos. Por el Acta de Uniformidad de 1662 quedó impuesto el uso del Libro de Oración rígidamente y 2.000 clérigos ingleses, entre ellos algunos de los más eruditos y piadosos teólogos del tiempo (tales como Baxter y Howe), fueron privados de sus beneficios. Esos castigos a los disidentes se incrementaron por el Five Miles Act de 1665, mientras que el Test Act de 1673 excluía a todos los puritanos de cargos, marcando la culminación de la legislación contra los disidentes. Carlos II murió, según se cree comúnmente, como católico y su hermano, Jacobo II, vivió como tal; pero la nación estaba contra él y sus esfuerzos para restaurar la confianza en la tolerancia hacia la Iglesia católica fracasaron. El ascenso de Guillermo y María en 1688 abrió una nueva época. El principio de que la Iglesia establecida tenía un derecho exclusivo a la existencia y protección quedó abrogado. El movimiento en favor no sólo de la tolerancia sino de la absoluta libertad de adoración e igualdad política, sin referencia a la afiliación eclesiástica comenzó con este reinado. Puesto más y más en práctica este principio efectuó la abolición de la mayoría, si no todas, de las incapacidades políticas por causa de diferencias religiosas. La primera legislación en esta dirección fue el Acta de Tolerancia de 1689, estableciendo la libertad de adoración. El siglo XIX fue testigo del rechazo del Test Act (1828), la eliminación de las barreras a los católicos (1829) y a los judíos (1858) y la separación de la Iglesia irlandesa del Estado (1868).

John Wesley predicando en Irlanda, atribuido a Maria Spilsbury-Taylor
Deísmo; surgimiento del metodismo.
El siglo XVIII se caracterizó por una apatía religiosa extendida y una mundanalidad entre el clero, que culminó con la aparición del deísmo, que identificaba la revelación cristiana con la religión natural y excluía del cristianismo como no genuino y falso todo lo que no estuviera contenido en la religión natural. Pero la influencia del deísmo fue enfrentada por el espíritu y actividad evangélica de Whitefield y los Wesleys, graduados de Oxford, que trabajaron con irresistible poder sobre las masas, sacando al clero de su indiferencia a un nuevo sentido de sus obligaciones espirituales. John Wesley (1702-91), fundador del movimiento, fue un hombre de notable poder de organización, así como un gran predicador, llegando a las masas y hablando como nadie lo había hecho en Inglaterra desde Wyclif. Charles Wesley dio al pueblo inglés algunos de sus mejores himnos. Whitefield en América así como en Inglaterra se ganó la reputación del predicador más popular que Inglaterra haya dado. Contra su voluntad John Wesley fundó una nueva iglesia organizada. Vida fresca surgió en la Iglesia de Inglaterra como resultado de este avivamiento de la religión. Los denominados evangélicos, incluyendo algunos de los más famosos pastores, fervientes predicadores, devotos poetas y filántropos, hombres como Venn y Newton, Cowper y Wilberforce, dieron una cálida consagración a su obra y compitieron con los más elocuentes e igualmente devotos líderes del movimiento metodista para esparcir las verdades de la religión vital. El siglo terminó con una compasión intensa hacia los paganos en el exterior y las clases depravadas en el interior. Las escuelas dominicales quedaron organizadas por el laico Robert Raikes de Gloucester en 1780 y en 1799 se fundó la Church Missionary Society, mientras que el movimiento que resultó en la abolición del comercio de esclavos fue inaugurado por Wilberforce.

John Henry Newman
Historia posterior.
El siglo XIX se caracterizó por movimientos filantrópicos, por el surgimiento del movimiento de Oxford, que influenció profundamente a la Iglesia, y por la afiliación estrecha con las iglesias episcopales en los Estados Unidos y las colonias británicas. La Sociedad Bíblica Británica y Extranjera unió a los eclesiásticos y disidentes en una empresa común y la Alianza Evangélica, en 1846, procuró unificarlos en espíritu y oración. Ningún periodo precedente se distinguió tanto por la piedad práctica y generosa. Sin embargo, la Iglesia recibió un golpe que, a los ojos de sus oponentes, amenazó con aplastarla, cuando John Henry Newman, Henry Edward Manning, Frederick W. Faber y otros hombres de eminencia entre el clero y el laicado se pasaron a la Iglesia católica. Una escuela muy diferente, igualmente devota de la Iglesia de Inglaterra, pero adherida a los principios de la Reforma más que a los anglo-católicos, incluyó a hombres como los Hares, F. D. Maurice y el arzobispo Whateley. En la segunda mitad del siglo XIX la erudición bíblica llegó a su cima por hombres como el arzobispo Trench, el deán Alford, los obispos Lightfoot y Westcott de Durham, el obispo Ellicott, el deán Stanley y los profesores Hatch y Hort. La facción de la Alta Iglesia subraya el derecho exclusivo del episcopado y la sucesión apostólica, manteniendo un ritual avanzado, junto con la existencia de la doctrina de la presencia real y la regeneración bautismal. El ala extrema ha reintroducido prácticas abrogadas bajo influencia luterana y calvinista, como la veneración del sacramento, la confesión auricular, la comunión en una especie para los laicos y el establecimiento de órdenes monásticas. Se distinguen por el elaborado y reverente carácter de sus servicios, por la frecuente celebración de la eucaristía, a la que se considera sacrificio, y por el gran celo y devoción en la obra benéfica de la Iglesia. En el lado opuesto está la facción de la baja Iglesia, que sostiene estrictamente la interpretación natural de los Treinta y Nueve Artículos, niega que el episcopado sea esencial a la Iglesia y denuncia las denominadas prácticas rituales. Entre ambas hay una tercera facción que surgió a mediados del siglo XIX. Su combinación de tolerancia y algunas veces latitudinarismo simpatiza con lealtad hacia la Iglesia, lo que le ha procurado el nombre de facción liberal.

Teología.
Las normas doctrinales de la Iglesia anglicana son los Treinta y Nueve Artículos y el Libro de Oración. A ellos se puede añadir el catecismo y los dos libros de homilías publicados en el reinado de Eduardo VI y sancionados por los Treinta y Nueve Artículos. Dentro del espectro de la Iglesia se han sostenido las ideas más divergentes sobre sus estatutos doctrinales. Por un lado ha sido presentada como fuertemente calvinista, tanto respecto a los sacramentos como a los decretos; por otro lado, teólogos tales como Newman (antes de su conversión al catolicismo), el obispo Forbes de Brechin y Pusey sostuvieron que nada se enseña en los Treinta y Nueve Artículos que no pueda armonizarse con los decretos tridentinos. Un estudio imparcial de la fraseología de los artículos, sin ninguna inferencia a lo que dejan sin decir, muestra que enseñan un calvinismo moderado y están esencialmente en simpatía con la Reforma protestante del continente. Se subraya la única suprema autoridad de las Escrituras (artículo sexto), la doctrina de la justificación por la fe, leyéndose en el artículo 11: "Por tanto, que somos justificados por la fe sola, es doctrina muy saludable", etc. El pecado original es la corrupción por naturaleza de cada descendiente de Adán (artículo nueve); y la predestinación es el propósito eterno de Dios para redimir "a aquellos a quienes ha escogido en Cristo de la humanidad" (artículo 17). Las doctrinas del purgatorio, celibato, etc. son específicamente denunciadas (artículos 22,32). La enseñanza sobre la eucaristía va claramente contra la transubstanciación, que, en el artículo 28, es declarada "repugnante a las palabras sencillas de la Escritura", siendo "el cuerpo de Cristo dado, tomado y comido en la Cena, sólo según el modo celestial y espiritual." Mientras que el artículo 27 se puede escasamente decir sin reservas que expone la doctrina de la regeneración bautismal, el caso es diferente en el oficio del bautismo del Libro de Oración. Después de que el niño ha sido bautizado, el sacerdote dice: "Viendo ahora... que este niño es regenerado e insertado en el cuerpo de Cristo", y de nuevo, tras repetir el Padrenuestro, da gracias a Dios por la regeneración del infante, etc. Esas palabras, naturalmente interpretadas, enseñan la regeneración bautismal aunque los de la baja Iglesia frecuentemente la explican en un sentido hipotético.

Liturgia.
La adoración de la Iglesia de Inglaterra es litúrgica y está regulada por el Libro de Oración Común. Las rúbricas (llamadas así por haber sido escritas originalmente o impresas en tinta roja) dan instrucciones para los detalles del servicio. Se provee para la oración matutina y vespertina diarias, consistiendo su servicio de oraciones, himnos (Te Deum, Benedicte, Magnificat, Nunc Dimitis, etc.), una lectura del Antiguo y otra del Nuevo Testamento, el Credo y el sermón. Tras la oración matinal el domingo, miércoles y viernes, se recita una letanía y la eucaristía, para la cual hay una liturgia separada, se celebra a diversos intervalos, diariamente en algunas iglesias. El propósito original era obviamente tener una celebración al menos una vez a la semana. Se observan 29 fiestas, mientras que Cuaresma y Adviento, junto a otros días, son ayunos. Se prescriben las formas del bautismo, confirmación, matrimonio, entierro y ordenación. Los credos son el de los apóstoles, el niceno y el atanasiano, este último atacado por una fuerte facción. Cualquier desviación, incluso en el más pequeño detalle, del Libro de Oración es ilegal.

Clero.
El clero de la Iglesia de Inglaterra consiste de tres órdenes: diáconos, sacerdotes (presbíteros) y obispos. La edad canónica es respectivamente de 23, 24 y 30 años. Los deberes del diácono son ayudar a los sacerdotes en el servicio del santuario y en la obra pastoral. Pueden predicar, leer las oraciones y las lecturas de la Escritura, ayudar en la distribución de los elementos de la comunión y administrar el bautismo. El sacerdote sirve al altar y consagra los elementos en la eucaristía. En su ordenación el obispo pronuncia sobre él las palabras: "Recibe el Espíritu Santo para el oficio y obra de un sacerdote en la Iglesia de Dios", siendo interpretada bien como una petición para la unción del Espíritu Santo o como una señal de la transmisión de una gracia divina por el obispo. El obispo tiene derechos exclusivos de ordenación, confirmación y la consagración de iglesias. Los obispos son nombrados por la corona. Un congé d'élire (real permiso al deán y cabildo en sede vacante para elegir el obispo) es enviado al capítulo cuando un obispado está vacante, pero se trata de una mera formalidad ya que el nombre del nuevo nombrado es enviado juntamente. Los deanes están al cargo de las iglesias catedrales y son asistidos por canónigos, cuyo número no puede exceder de seis por cada catedral. El archidiácono asiste al obispo en sus deberes oficiales como superintendente de la diócesis. Convoca sínodos, entrega cargos y visita las parroquias. A veces es ayudado por los deanes rurales. Estas clases son miembros de la Convocación en virtud de su oficio. A ningún obispo le está permitido traspasar los límites de su diócesis en la realización de funciones episcopales, a menos que le sea solicitado. Los obispos frecuentemente asocian con ellos mismos a obispos sufragáneos.

Gobierno.
Inglaterra está dividida en los arzobispados de Canterbury y York. En orden de dignidad las archidiócesis y diócesis son: Canterbury, York, Londres, Durham, Winchester, etc. La Iglesia irlandesa tiene sus propios arzobispos y obispos y la Iglesia episcopal escocesa tiene obispos. La primera sede colonial fue la de Nueva Escocia, que se creó en 1787.

Árbol de la Reforma

Relaciones de la Iglesia y el Estado.
La Iglesia de Inglaterra es uno de los estamentos del reino. Su relación con el Estado es de dependencia, siendo el soberano su gobernador supremo y el parlamento su legislador más elevado. El arzobispo de Canterbury es el primer Lord en el reino y corona al rey. Los obispos tienen sus "palacios" y tienen escaño en la Cámara de los Lores. La Iglesia no legisla independientemente por sí misma directamente, sino que está sujeta al parlamento. Las Convocaciones de Canterbury y York son los dos organismos oficiales más altos. La Convocación se reúne por mandato del rey y no puede proceder a crear nuevos cánones sin su licencia, no siendo válidas sus decisiones hasta que estén confirmadas por su sanción. Los asuntos judiciales se resuelven en tres tribunales. El inferior es el tribunal consistorio diocesano, presidido por el canciller del obispo. Los casos apelados van al tribunal de Arcos, presidido por el deán de los Arcos. El último tribunal de apelaciones es el rey en Consejo, o el Comité judicial del Consejo privado. Hay tres censuras eclesiásticas: suspensión (por negligencia en los deberes parroquiales), privación y degradación. Las dos últimas son por el mal uso del Libro de Oración, enseñanzas subversivas de los Treinta y Nueve Artículos, simonía o condena en un tribunal civil. El tribunal de Arcos sólo ejerce el derecho de destitución.

En 1888 se celebró el primer sínodo de Lambeth, que lo conformaban los obispos de la Iglesia de Inglaterra y las colonias y todas las iglesias protestantes episcopales de América. Igual que en América la oposición de un ala de la facción de la baja Iglesia al movimiento de Oxford desembocó en la formación de la Iglesia libre de Inglaterra así como en la introducción en Inglaterra de la Iglesia episcopal reformada.

El siguiente diagrama muestra de manera esquemática las doctrinas y funcionamiento de la Iglesia Anglicana.

IGLESIA ANGLICANA
FUNDAMENTOS DE LA FE Biblia Fuente y autoridad de toda doctrina.
Tradición Ayuda a interpretar la Biblia. Se subordina a ella.
Razón Ayuda a entender las obras de Dios y a tomar decisiones.
SACRAMENTOS Bautismo y Cena Instituidos por Cristo
Ritos sacramentales Confirmación, orden, reconciliación, matrimonio y unción. No tienen la misma naturaleza que los sacramentos. No fueron directamente instituidos por Cristo. No se aplican a todos los fieles.
JERARQUÍA Obispo Gobierna una diócesis.
Ordena presbíteros y diáconos.
Consagra a otros obispos.
Administra la confirmación.
Presbítero Dirige la parroquia.
Enseña, bautiza, celebra la comunión.
Pronuncia la absolución.
Tareas pastorales.
Diácono Ayudante del presbítero
SÍNODO Máximo poder legislativo y administrativo.
Compuesto de obispos, presbíteros, diáconos y laicos delegados por las parroquias.
CULTO La liturgia se basa en la Biblia, regulada por el año eclesiástico. En el Libro de Oración. En el himnario.
CORRIENTES Anglocatólicos Creen en el purgatorio. Veneran a María. Oran por los difuntos. Creen en los siete sacramentos.
Evangélicos La salvación es por gracia a través de la fe. Niegan el purgatorio. Dos sacramentos: Bautismo y Cena. Los otros cinco son importantes, pero de institución humana
Liberales Línea parecida a la que tienen los liberales en otras confesiones cristianas.
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