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Eclesiastés
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'Vanidad de vanidades, todo es vanidad' Rey Salomón anciano y meditativo (Isaak Asknaziy) - EclesiastésEclesiastés forma con Job y Proverbios la tríada de libros sapienciales de la Biblia. En hebreo el libro lleva el título "Las palabras del predicador (divere qohelet), el hijo de David, rey de Jerusalén" (1:1). La palabra qohelet está relacionada con el nombre qahal (asamblea). La Septuaginta lo traduce como ekklesiastes (miembro de una asamblea). La Vulgata lo traduce como concionatur (orador ante una asamblea), de ahí la traducción al español como predicador. La palabra qohelet es exclusiva, en todo el Antiguo Testamento, de este libro.

Se podría denominar a Eclesiastés el libro filosófico de la Biblia, en el sentido de que hay una búsqueda de sentido y propósito en la vida. Pero la diferencia entre la mera filosofía y Eclesiastés es que la primera comienza y acaba esa búsqueda en ella misma, mientras que el segundo concluye esa búsqueda con una respuesta no filosófica sino teológica, es decir, en Dios. Al ser la búsqueda de significado el tema de Eclesiastés, eso convierte a su contenido en algo universal, sin importar tiempo ni geografía, y por lo tanto dicho contenido es muy actual. La pregunta que late detrás del libro es: ¿Para qué?. Mientras que en el libro de Job la pregunta es ¿por qué?, ¿por qué me ocurre esto o aquello?, y en el de Proverbios es ¿cómo?, ¿cómo debo vivir?, en Eclesiastés la pregunta vital es ese ¿para qué?, esto es, ¿para qué sirve que me esfuerce por conseguir los logros anhelados?.

La palabra clave en el libro es vanidad, que aparece más de treinta veces, y cuyo significado procede de la palabra hebrea para 'vapor', es decir algo sin consistencia, sin solidez. El término podría clasificarse de acuerdo a tres categorías:

  • Vanidad, en vista de la insatisfacción profunda (2:11,19,23; 4:4,8; 6:2)
  • Vanidad, en vista del sin sentido de las cosas (2:15; 6:7)
  • Vanidad, en vista de la brevedad de la vida (3:19; 6:12; 11:10)
Es posible discernir en Eclesiastés varias notas recurrentes muy distintas entre sí, que serían:
  • La nota del pesimismo (4:2-3; 9:10; 11:7-8), que surge a consecuencia de la perspectiva de la dura realidad de esta vida y de su término.
  • La nota del disfrute (3:12-13; 5:18; 8:15; 9:7-9), que brota como compensación a la anterior.
  • La nota del realismo (4:1; 5:13-14; 7:15-17; 8:8,10,14; 9:3,11; 10:5-7), en la que se plasma el acontecer humano tal cual es.
  • La nota de sabiduría (5:1-2,4-5; 7:1-6; 8:12-13; 11:9-12:7), en la que se reflexiona y sopesa sobre la actitud por la que hay que regirse.
  • Declaraciones inquietantes (3:19-21; 9:5), por las que se duda de lo trascendental o se llega a conclusiones que parecen desmentir lo que en otras partes de la Biblia se afirma.
Pero como colofón y respuesta a todos los interrogantes que hayan podido surgir en el curso del contenido del libro, hay una conclusión final (12:13-14) que pone las cosas en su sitio, al situar la meta suprema de la existencia humana en el temor de Dios, que es obediencia a su voluntad. En eso consiste el todo, es decir, la plenitud, de la vida del hombre, teniendo en cuenta que hay una remuneración personal final, resultado del juicio de Dios. De modo que el ¿para qué? de la vida se mide no en función de nuestra relación con las cosas de aquí abajo, sino en función de nuestra actitud hacia Dios. Eso es lo determinante y definitivo, por encima de todo lo demás. Por tanto, el mensaje de Eclesiastés va en la misma dirección en la que va en el resto de la Biblia.

Fragmentos de Eclesiastés. Manuscritos del Mar Muerto
Hay varias filosofías que a lo largo de la historia han sido prominentes y que es posible detectar en este libro, si bien todas ellas quedan superadas por su mensaje.
  • Pesimismo. Filosofía que tuvo su representante más conspicuo en Arthur Schopenhauer (1788-1860), quien enseñó que la vida es lucha continua, insaciable deseo y perpetuo dolor por la imposible satisfacción de nuestras aspiraciones.
  • Existencialismo. Filosofía que marcó el siglo XX y que alcanzó su apogeo por la crisis suscitada por las dos guerras mundiales, teniendo como representantes destacados a Heidegger, Sartre, Marcel y otros. La pregunta que late en este sistema es ¿para qué existo?.
  • Hedonismo. Filosofía que enseña que el propósito de la vida es la felicidad, consistiendo tal felicidad en la obtención del placer y la evasión del dolor. Es evidente que además de un hedonismo filosófico hay un hedonismo práctico, que está en auge en nuestro tiempo.
  • Agnosticismo. Filosofía que enseña que nada se puede saber con certeza, aparte de lo que experimentamos. Todo el conocimiento procede de nuestros sentidos y facultades, quedando sujeto a la duda cualquier otro que venga de otra parte.
  • Materialismo. Filosofía que enseña que la realidad última es la materia. No hay nada más que lo material y, en última instancia, todo queda reducido a esa entidad, que es el origen y fin de todo.
Aunque el libro de Eclesiastés se detiene momentáneamente en cada una de estas filosofías para considerar el valor que tienen, dando en ocasiones la impresión de que el autor las estima y valora como la respuesta definitiva al gran interrogante de la vida, es evidente que finalmente las supera a todas. Hay una esperanza que derrota al pesimismo; una respuesta que da sentido a la vida; una felicidad y alegría en la voluntad de Dios; una certeza que va más allá del propio conocimiento; una trascendencia que se eleva hasta lo alto.
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