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Deuteronomio

Rembrandt, Moisés con las Tablas de la LeyEl quinto libro de Moisés lo designan los judíos como "estas son las palabras" (éile jadvarím) o simplemente "palabras" (devarím). Esa denominación hace justicia al contenido, porque el libro constituye no un relato de hechos, aunque hay algunos recogidos al principio y también salpicados a lo largo del libro, sino una exposición de enseñanza sistemática. El nombre Deuteronomio, que le da la Septuaginta y lo recoge la Vulgata, significa "segunda ley", es decir repetición de la ley.

Contiene un largo discurso de Moisés al pueblo, pronunciado en las llanuras de Moab a los hijos de la generación que salió de Egipto, antes de que entraran en Canaán. Es un recordatorio de la importancia suprema de la palabra de Dios, cuya vigencia no se agotó con la generación de sus padres, y un aviso sobre lo que se van a encontrar en Canaán en la esfera moral y espiritual. El libro se puede dividir en tres partes: Discurso de Moisés (1:1-32:47), bendición de Moisés (33) y muerte de Moisés (34). En la primera parte hay una porción inicial, los capítulo 1 al 3, que son un recordatorio resumido del itinerario recorrido hasta llegar a las llanuras de Moab, tomando el discurso, a partir del capítulo 4, un tono didáctico y preceptivo.

Una de las nociones capitales de este libro es la de posesión y herencia, que aparece 66 veces, lo cual indica que Dios sigue mirando hacia adelante, hacia el propósito por el cual los sacó de Egipto, a pesar de los reiterados fracasos del pueblo en el desierto. Que la palabra de Dios es central en este libro se aprecia en que el bienestar del pueblo de Dios dependerá de su obediencia a ella. Una y otra vez se recalca la frase 'para que te vaya bien' (4:40; 6:3,18; 12:28), un resultado condicionado a esa palabra. Teniendo en cuenta la experiencia de la generación anterior, que se perdió precisamente por su desobediencia a la misma, aquí se pone el acento en la necesidad de que la nueva generación la ponga por obra, lo cual será imprescindible para que puedan poseer la tierra (8:1) y permanecer sobre ella (11:8-9).

Esa palabra tiene varios niveles, según sea el grado de alcance que tenga. Hay mandamientos cuya naturaleza es primordialmente moral; en este orden entrarían los Diez Mandamientos (5:6-21), que se exponen de nuevo, cosa que ya se había hecho en Éxodo 20:1-17. Hay mandamientos cuya naturaleza es civil, como la institución de las ciudades de refugio (19:-10) o las leyes sobre la guerra (20:1-15). No faltan las leyes dietéticas (14:3-21). Hay leyes de carácter social, como el año sabático (15:1-6) o sobre la esclavitud (15:12-18). Hay leyes de carácter ceremonial, como las tres grandes fiestas anuales (16:1-17). Hay leyes sobre la sexualidad, donde se marcan los límites de su uso (22:13-30). De todas esas leyes algunas eran específicamente para Israel cuando entrara en Canaán y se constituyera como nación, pero otras son de valor universal y permanente, sin importar tiempo ni lugar.

Dado que aquella generación había vivido en el desierto, la entrada en Canaán significará un choque de profundo calado. Se encontrarán con un entorno hostil no sólo en lo militar sino también en el ámbito de las creencias y prácticas. La religión y culto cananeo estaban plagados de inmoralidad y degradación. No se trataba solamente de la idolatría que era común al mundo pagano, sino de una idolatría que había tocado fondo en cuanto a su aberración, de lo cual dan testimonio los descubrimientos arqueológicos modernos llevados a cabo en los lugares donde se establecieron los cananeos. La tentación, por tanto, era muy poderosa para un pueblo que había vivido en una 'burbuja' en el desierto; de ahí los reiterados avisos describiendo lo que se van a encontrar cuando entren en esa tierra (18:9-11).

De su actitud hacia esa palabra de Dios penderá, pues, su presente y futuro, presentándose una alternativa de obediencia y desobediencia, de bendiciones y maldiciones, en el capítulo 28, algo que ya aparece resumido en 11:26-28. Que esas advertencias son una realidad y no meras palabras que se lleva el viento es lo que en los libros siguientes de Jueces, Samuel y Reyes se constatará fehacientemente, pues en ellos el curso de la nación será según sea su actitud hacia la palabra de Dios. Es decir, en Deuteronomio está el principio rector que establecerá las dos alternativas que se presentan ante Israel, dependiendo su futuro de cuál elija.

Una noción vital que hay en este libro es la de la gracia, mostrada hacia Israel en su elección, basada no en méritos suyos de ninguna clase sino en la soberanía de Dios y en su fidelidad a las promesas dadas (7:6). Siempre hay la tendencia a pensar que el favor de Dios es merecido de alguna manera; sin embargo, este libro recalca que no es por la grandeza numérica (7:7), ni por el poder propio (8:17-18), ni por la justicia propia del pueblo (9:4-5) que Dios les entrega la tierra.

Que esta palabra no es solamente para la generación que en ese momento vivía, se aclara con los mandatos a los padres para que instruyan a sus hijos en ella (6:7,20).

Las lecciones del pasado deben ser un recordatorio constante para aplicarlas al presente y de este modo apreciar lo que Dios ha dado y evitar caer en los tropiezos anteriores. Por eso la palabra 'acuérdate' es reiterativa en este libro (5:15; 7:18; 8:2,18; 9:7; 15:15; 24:9). Es decir, la historia debe ser una gran maestra, pues su olvido tendrá consecuencias perjudiciales.

La importancia de este libro en el Nuevo Testamento se manifiesta en que cuando Jesús fue tentado por el diablo, sus respuestas para rechazar las tres tentaciones procedieron de este libro (8:3; 6:16; 6:13), lo cual indica que la palabra de Dios era la directriz suprema en su vida. También Jesús señaló cuál es el más grande de los mandamientos, usando Deuteronomio para ello (6:4-5).

Mapa de la tierra de Canaán antes de la conquista israelita

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