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VALDÉS, JUAN DE († 1541)
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Juan de Valdés nació en Cuenca, España, hacia finales del siglo XV y murió en Nápoles en el verano de 1541. Era hermano gemelo de Alfonso de Valdés.

Juan de Valdés
Juan de Valdés
En diciembre de 1528 Juan había escrito su diálogo Mercurio y Carón, una mordaz sátira contra los falsos cristianos. A la vez España es declarada más feliz que Alemania, donde el luteranismo ha dado a luz a muchas otras sectas. Se mantiene la justicia del castigo de Roma y se subraya la absoluta necesidad de una reforma. Tanto el 'Mercurio' como el 'Lactancio' de su hermano Alfonso, se imprimieron anónimamente, probablemente en 1529, siguiendo otras ediciones. Usoz y Río lo publicó en Madrid en 1850 en Reformistas antiguos españoles iv. Juan de Valdés se quedó en España cuando su hermano Alfonso partió con el emperador. Sin embargo, en 1531-32 estaba en Roma, donde fue cameriere di spada e cappa en la corte papal. En Bolonia el papa y el emperador concluyeron una alianza el 24 de febrero de 1533. El papa prometió apresurar la decisión sobre el matrimonio de la tía del emperador con Enrique VIII de Inglaterra, quien la había repudiado. Esta decisión, 23 de marzo de 1534, fue en favor de la reina a quien Juan defendió en su Mercurio y el papa, deseando mostrar intenciones amigables, dio a Juan un lugar en su corte, aunque él mismo era atacado en el diálogo de Valdés. Los deberes de Juan eran meramente nominales, pero se quedó en Roma hasta la muerte del papa (25 de septiembre de 1534), cuando se puso al servicio del cardenal Ercole Gonzaga en Nápoles, donde pasaría el resto de su vida. Allí, en la última parte de 1534, escribió, a petición de sus amigos, su única obra no religiosa, el Diálogo de la lengua (Madrid, 1737). En Nápoles se convirtió en guía espiritual de una de las más distinguidas y bellas mujeres de Italia, Giulia Gonzaga, viuda de Vespasiano Colonna, duque de Trajetto. Perturbada por la tristeza personal y por la inquietud espiritual, Giulia derramó su corazón a Juan un día en Cuaresma de 1536, cuando la acompañaba a casa después de un sermón de Bernardino Ochino. Para su consolación escribió Alfabeto christiano, en el que mantiene que la perfección cristiana consiste en amar a Dios por encima de todas las cosas y al prójimo como a uno mismo. Tal perfección no es exclusiva de monjes y monjas, sino que es común a todos en proporción a su fe y amor a Dios. En 1534 Giulia parece que se retiró al monasterio franciscano de Santa Clara, aunque no tomó los votos.

Portada de la primera edición del Diálogo de Doctrina Cristiana, de Juan de Valdés, Alcalá de Henares, 1529
Portada de la primera edición del Diálogo de Doctrina Cristiana,
de Juan de Valdés, Alcalá de Henares, 1529
Escritos posteriores.
Parece que antes de que terminara 1536 Valdés envió a Giulia su traducción del Salterio desde el hebreo, con una introducción para ella y probablemente su exégesis de los Salmos. Al año siguiente le envió su comentario a Romanos y 1 Corintios (Ginebra 1556-57; Madrid 1856 Reformistas antiguos españoles x-xi]). Igualmente tradujo y explicó las restantes epístolas paulinas, salvo Hebreos, pero toda huella de esos escritos se ha perdido. De las epístolas Valdés se volvió a los evangelios y en 1540 completó El Evangelio según San Mateo, que envío a Giulia con una introducción general. Sobre su obra adicional sobre los evangelios nada se sabe. Además de esta obra exegética, escribió más brevemente sobre una variedad de problemas individuales de religión, en su Considerazioni (110 en número, publicado en traducción italiana en Basilea en 1550). Esta obra también contiene los escritos menores de Valdés: siete cartas (han existido colecciones de al menos treinta cartas y treinta y tres respuestas a preguntas, aunque solo una respuesta, en italiano, ha sobrevivido) y su De la Penitencia cristiana, de la fe cristiana, y del vivir cristiano. Además de la respuesta ya mencionada, existe en italiano solo el Modo che si debe tenere ne l'insegnare e predicare il principio della religione cristiana (Roma, 1545), conteniendo esta colección además de la versión italiana de De la Penitencia, Della giustificacione, Della medesima giustificacione, Che la vita eterna è dono de Dio per Gesúi Cristo y Se al cristiano conviene dubitare ch'egli sia in grazia di Dio, Seventeen Opuscules, la introducción a los Salmos, Romanos, 1 Corintios y los evangelios, las siete cartas didácticas, 'Consideraciones' y los cinco tratados.

Comentario al evangelio de San Mateo, manuscrito de Juan de Valdés
Comentario al evangelio de San Mateo,
manuscrito de Juan de Valdés
Ideas teológicas.
Los principios básicos del evangelio fueron resumidos por Valdés en su Instrucción cristiana para los niños. Los niños deben saber que Dios es su Padre por el nacimiento humano y la regeneración cristiana y que Cristo, en quien los pecados del mundo fueron castigados, es el Señor que redime del pecado, la muerte y el infierno. Tras su ascensión, Cristo envió el Espíritu Santo, por quien Dios comenzó el cumplimiento de lo que había prometido a Abraham. La unión de todos los que reciben el evangelio y son bautizados en el nombre de la Trinidad es la Iglesia y la característica del cristiano es el amor. La vida cristiana debería ser constante oración (aunque solo por lo que está prometido en la Biblia), ayuno y festejo; solo se salvarán quienes han aceptado el evangelio que se hace eficaz en sus vidas y se han refugiado en el bautismo como Noé en el arca. En su doctrina de la Trinidad, Valdés es perfectamente ortodoxo, sosteniendo que Cristo es el Hijo de Dios por generación, mientras que el cristiano lo es por regeneración. De la confesión habla largamente en el Alfabeto, declarando que el pecador recibe el perdón no porque se confiese, sino porque cree en Cristo. Al comentar 1 Corintios 11 Valdés ataca agudamente los abusos que entonces había en la celebración de la misa, aunque en el Alfabeto mantuvo que el más profundo beneficio espiritual debe obtenerse de la adoración del sacramento, defendiendo oír misa siempre que sea posible. Profesó la mayor fe en la Biblia y en su inspiración divina, pero miró más allá de la letra al espíritu del que la letra procede, porque halló que su fe se liberaba de la letra por las mismas inconsistencias en ciertos detalles que a él le parecía ver en la misma. En su tratado sobre la penitencia, la fe y la vida, expone sus ideas sobre la predicación y la disciplina en la Iglesia. Los que llevan una mala vida y se adhieren a vanas ceremonias y observancias supersticiosas deberían ser excomulgados tras tres avisos. Entonces habría una Iglesia como la de los tiempos apostólicos y casi un modelo de la vida eterna. Se abstuvo de criticar a la Iglesia católica. En ese tiempo había una fuerte tendencia en Italia hacia los principios evangélicos. Un concilio general estaba a las puertas y entre los adherentes de Valdés hubo teólogos papales, obispos y arzobispos, incluyéndose en su círculo personal a Vermigli, Ochino y Carnesecchi. No fue hasta años después que sus libros fueron prohibidos.

El siguiente pasaje es de su obra Diálogo de doctrina cristiana

'Dice Sant Pablo que la Ley se dio para que mostrase el pecado, quiere decir, para que nos mostrase cómo en muchas cosas cada día pecamos, porque del pecado de nuestro primer padre cobramos esta mala inclinación de ser aparejados para mal. Esta mala inclinación no la conocimos hasta que vino la Ley, la cual nos la mostró, e nos mostró asimesmo el bien. Pero no era bastante para darnos fuerzas para obrarlo; solamente ganábamos con ella que nos daba a conocer nuestra miseria, poquedad e mala inclinación, para que con este conocimiento nos humillásemos delante de Dios y nos conociésemos por pecadores. Y así dice Sant Pablo que no conociera la concupiscencia si no le dijera la Ley: No cobdiciarás. Veis aquí el oficio de la Ley. Después, venido Jesucristo, danos spíritu con que obremos aquello que la Ley nos muestra que es bueno, y de aquí nos viene que conocemos que lo que por nuestras fuerzas y industria no pudíamos hacer, mediante el favor de Jesucristo podamos cumplir, y así conocemos por experiencia cómo nosotros por nuestra propia naturaleza no podemos hacer cosa perfectamente buena, y que por el favor de Jesucristo podamos hacer y cumplir todo lo que conocemos ser bueno. Y así, desconfiando totalmente de nuestras propias fuerzas, aprendemos a confiar enteramente en el favor y gracia divinal... De lo dicho podéis colegir la diferencia que hay entre la Ley y el Evangelio.'
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