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MELANCHTHON, PHILIPP (1497-1560)
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Philipp Melanchthon, reformador y humanista alemán, nació en Bretten, a 21 kilómetros al nordeste de Carlsruhe, Alemania, el 16 de febrero de 1497 y murió en Wittenberg el 19 de abril de 1560.

Philipp Melanchthon, grabado de Alberto Durero, 1526
Philipp Melanchthon, grabado de Alberto Durero, 1526
Educación.
Su padre, Georg Schwarzerd, era armero del conde palatino Felipe. Melanchthon recibió su primera enseñanza en la escuela de su ciudad natal, teniendo luego un tutor privado, Johann Unger, en la casa de su abuelo. En 1507 fue enviado a la escuela latina en Pforzheim, cuyo rector Georg Simler de Wimpfen, le introdujo en el estudio de los poetas latinos y griegos y en la filosofía de Aristóteles. Pero su mayor influencia vino de su tío abuelo Johann Reuchlin, el gran representante del humanismo, quien le aconsejó cambiar su apellido familiar, Schwarzerd, por la forma griega equivalente, Melanchthon. Cuando todavía no había cumplido trece años ingresó en 1509 en la universidad de Heidelberg, donde estudió filosofía, retórica y astronomía, destacando como un buen estudioso en griego. Al no satisfacerle las clases en la universidad leyó privadamente gramática, retórica, dialéctica y a los antiguos poetas e historiadores. Al serle negado el grado de maestro en 1512, a causa de su juventud, fue a Tubinga, donde siguió estudios humanistas y filosóficos, pero dedicándose también al estudio de la jurisprudencia, matemáticas, astronomía e incluso medicina. Tras completar su curso filosófico, recibió el grado de maestría en 1516, comenzando a estudiar teología. Bajo la influencia de hombres como Reuchlin y Erasmo, se convenció de la verdad de que el cristianismo era bastante diferente de la teología escolástica, tal como era enseñada en la universidad. Pero en ese tiempo no se había formado opiniones teológicas, aunque posteriormente llamó a Lutero su padre espiritual. Llegó a ser conventor en el contubernium y tuvo que instruir a jóvenes estudiantes. También dio clases sobre oratoria, Virgilio y Livio. Sus primeras publicaciones fueron una edición de Terencio (1516) y su gramática griega (1518), pero antes había escrito el prefacio a la Epistolæ clarorum virorum de Reuchlin (1514).

Profesor en Wittenberg.
Cuanto más sintió la oposición de la facción escolástica para las reformas instituidas por él en la universidad de Tubinga, más intensamente atendió una llamada a Wittenberg como profesor de griego, donde causó gran admiración por su inaugural De corrigendis adolescentiæ studiis. Enseñó a quinientos o seiscientos estudiantes y luego a mil quinientos. Fue grandemente estimado por Lutero, cuya influencia le atrajo al estudio de la Escritura, especialmente de Pablo y por lo tanto a un mayor conocimiento de la doctrina evangélica de la salvación. Estuvo presente en la disputación de Leipzig (1519) como espectador, pero influyó en la discusión por sus comentarios y sugerencias, por lo que dio a Eck excusa para un ataque. En su Defensio contra Johannem Eckium (Wittenberg, 1519) ya había desarrollado claramente los principios de la autoridad de la Escritura y su interpretación. Por su interés en la teología mostrada en sus clases sobre Mateo y Romanos, junto con sus investigaciones en la doctrina de Pablo, le fue otorgado el título de bachiller en teología, siendo trasladado a la facultad teológica. Enseguida quedó unido más que antes a Wittenberg por su matrimonio con Katharina Krapp, hija del alcalde, un matrimonio contraído a petición urgente de sus amigos y especialmente de Lutero (25 de noviembre de 1520).

Melanchthon bautizando, por Lucas Cranach
Disputas teológicas.
A comienzos de 1521 en su Didymi Faventini adversus Thomam Placentinum pro M. Luthero oratio (Wittenberg, sin fecha), defendió a Lutero, demostrando que éste solo rechazaba las prácticas papales y eclesiásticas que se apartaban de la Escritura, pero no la verdadera filosofía ni el verdadero cristianismo. Pero mientras Lutero estuvo ausente en Wartburgo durante los disturbios causados por los profetas de Zwickau, aparecieron por vez primera las limitaciones de Melanchthon, su falta de firmeza y timidez que, de no haber sido por la intervención enérgica de Lutero, no habrían silenciado a los profetas. La aparición de Loci communes rerum theologicarum seu hypotyposes theologicæ (Wittenberg y Basilea, 1521) de Melanchthon, fue de gran importancia para la confirmación y expansión de las ideas reformadas. En estrecha sintonía con Lutero, Melanchthon presentó la nueva doctrina del cristianismo bajo la forma de una discusión de los 'pensamientos rectores' de la carta a los Romanos. Su propósito no era hacer una exposición sistemática de la fe cristiana, sino dar una clave para la recta comprensión de las Escrituras. Sin embargo, continuó enseñando sobre los clásicos y tras el regreso de Lutero habría dejado totalmente su obra teológica, de no ser por su persuasión. En un viaje en 1524 a su ciudad natal, tuvo un encuentro con el legado papal Campegio, quien intentó apartarlo de la causa de Lutero, aunque en vano. En Unterricht der Visitatorn an die Pfarherrn im Kurfürstenthumb zu Sachesen (1528), Melanchthon estableció una base para la reforma de las doctrinas y regulaciones para las iglesias y escuelas, sin ningún ataque directo a los errores de la Iglesia católica, presentando claramente la doctrina evangélica de la salvación. En 1529 acompañó al rector a la dieta de Spira para representar la causa evangélica. Sus esperanzas de inducir a la facción imperial a un reconocimiento pacífico de la Reforma no se vieron cumplidas. Más tarde se arrepintió de la amistosa actitud mostrada hacia los suizos y la dieta, llamando a la doctrina de Zwinglio sobre la Cena 'un dogma impío' y confirmando a Lutero en su actitud de no aceptación.

La Confesión Augustana,
sostenida por las manos de Melanchthon
Confesión de Augsburgo.
Aunque estaba basada en los artículos de Lutero de Margurbo y Schwabach, la Confesión de Augsburgo que fue presentada ante la dieta de Augsburgo en 1530 fue principalmente obra de Melanchthon. Es cierto que Lutero no escondió el hecho de que la actitud pacificadora de la confesión no era lo que él había deseado, pero ni él ni Melanchthon eran conscientes de ninguna diferencia en doctrina y por lo tanto el símbolo más importante en doctrina es un monumento de la armonía de los dos reformadores en las enseñanzas del evangelio. Pero en la dieta Melanchthon no mostró esta actitud firme y digna que la fe en la verdad y la justicia de su causa debería haberle inspirado, aunque es cierto que no buscó la parte de un líder político, ya que le faltaba el necesario conocimiento de la naturaleza humana, así como energía y decisión. La Apología de la Confesión de Augsburgo, igualmente obra de Melanchthon, fue también una clara exposición de las doctrinas en disputa, extraídas directamente de la experiencia y la Escritura. Ahora podía dedicarse tranquilamente a sus trabajos académicos y literarios. La obra más importante de ese periodo fue Commentarii in Epistolam Pauli ad Romanos (Wittenberg, 1532), un libro notorio que por vez primera estableció la doctrina de que 'ser justificado' significa' 'ser contado como justo', mientras que la Apología todavía ponía los dos significados uno al lado del otro: 'ser hecho justo' y 'ser contado como justo'. La fama de Melanchthon dio ocasión a varias invitaciones a Tubinga (septiembre de 1534), a Francia y a Inglaterra, pero la consideración del elector le indujo a rechazarlas.

Conferencia de Marburgo sobre la Cena
Melanchthon sentado de frente en el centro de la mesa
Discusiones sobre la Cena y la justificación.
Tomó un importante papel en las discusiones sobre la Cena que comenzaron en 1531. Aprobó plenamente la Fórmula de Concordia enviada por Bucero a Wittenberg y a instigación del landgrave de Hesse discutió la cuestión con Bucero en Cassel, a finales de 1534. Trabajó enérgicamente por un acuerdo, pues sus estudios patrísticos y el Diálogo (1530) de Ecolampadio le hicieron dudar de la corrección de la doctrina de Lutero. Más aún, tras la muerte de Zwinglio y el cambio de situación política se perdieron sus primeros escrúpulos con respecto a una unión. Bucero no fue tan lejos como para creer con Lutero que el verdadero cuerpo de Cristo en la Cena es masticado por el diente, pero admitió el ofrecimiento del cuerpo y sangre en los símbolos del pan y el vino. Melanchthon discutió las ideas de Bucero con los más prominentes seguidores de Lutero, pero éste no estuvo de acuerdo con disfrazar simplemente la disputa. La relación de Melanchthon con Lutero no se vio perturbada por su tarea como mediador y aunque éste durante un tiempo sospechó que Melanchthon era 'casi de la opinión de Zwinglio', sin embargo, quiso 'compartir su corazón con él'. Durante su estancia en Tubinga en 1536 Melanchthon fue severamente atacado por Cordatus, predicador en Niemeck, porque había enseñado que las obras son necesarias para la salvación. En la segunda edición de sus Loci (1535) abandonó su anterior y estricta doctrina determinista, que iba más allá de Agustín, y en su lugar enseñó más claramente su denominado sinergismo. Repelió el ataque de Cordatus en una carta a Lutero y otros colegas, señalando que él nunca se había apartado de las comunes enseñanzas sobre esta materia y en la controversia antinomiana de 1537 estuvo en armonía con Lutero.

Efigies de Melanchthon y Lutero
Relación con Lutero.
Es cierto que la relación personal de estos dos grandes reformadores se vio sometida a prueba en esos años, pues Amsdorf y otros intentaron soliviantar a Lutero contra Melanchthon, hasta el punto de que la estancia de éste en Wittenberg parecía a veces casi insostenible, comparándose a sí mismo con 'Prometeo encadenado al Cáucaso'. Hacia ese tiempo sucedió el notorio caso de la bigamia de Felipe de Hesse. Melanchthon, quien, como Lutero, contemplaba esto como un caso excepcional, estuvo presente en el matrimonio, aunque exhortó a Felipe a que lo mantuviera en secreto. Pero la publicación del hecho afectó tanto a Melanchthon, entonces en Weimar, que cayó gravemente enfermo. En octubre de 1540 tomó una parte importante en el coloquio religioso de Worms, donde defendió clara y firmemente las doctrinas de la Confesión de Augsburgo. Ha de hacerse notar que Melanchthon usó como base para la discusión de la Confesión de Augsburgo, lo que había sido revisado por él y que más tarde llamó Variata. Aunque Eck señaló el cambio no esencial del Artículo X sobre la Cena, los protestantes no vieron en ello motivo de ofensa. El coloquio fracasó, no por la obstinación e irritabilidad de Melanchthon, como se ha afirmado, sino por la imposibilidad de hacer más concesiones a los católicos. La conferencia de Ratisbona en mayo de 1541 fue también infructuosa, debiéndose a la firmeza de Melanchthon los artículos sobre la Iglesia, los sacramentos y la confesión auricular. Sus ideas sobre la Cena, desarrolladas en unión con Bucero con ocasión de la elaboración de un borrador para el electorado de Colonia (1543), levantaron severas críticas por parte de Lutero, quien deseaba una clara declaración sobre el 'cuerpo y la sangre recibidos físicamente'. Lutero dio libre cauce a su insatisfacción desde el púlpito y Melanchthon esperaba ser expulsado de Wittenberg. De sus exabruptos fue protegido por los esfuerzos del canciller Brück y el elector, pero desde ese momento Melanchthon tuvo que sufrir del mal temperamento de Lutero, siendo también afligido por varios problemas domésticos. La muerte de Lutero el 18 de febrero de 1546 le afectó en la manera más profunda, no solo por la carrera común de sus vidas y batallas, sino también por la gran pérdida que para él suponía la muerte del reformador para la causa protestante.

Matthias Flacius Illyricus
Matthias Flacius Illyricus
Controversias con Flacius.
El último y triste periodo de su vida arranca con controversias sobre el Interim y la adiáfora. Es cierto que Melanchthon rechazó el Interim de Augsburgo que el emperador intentó imponer a los derrotados protestantes, pero en las negociaciones sobre el denominado Interim de Leipzig había hecho concesiones que en ninguna manera pueden justificarse, incluso considerando su difícil posición, de oposición al elector y al emperador. Al aceptar varias costumbres católicas, Melanchthon partía de la opinión de que son adiáfora (secundarias) a la verdadera doctrina y los sacramentos que Cristo instituyó, pero ignoró el hecho de que esas concesiones, realizadas bajo tales circunstancias, podían ser contempladas como una negación de las convicciones evangélicas. Él mismo se dio cuenta de sus faltas en el transcurso del tiempo y se arrepintió, teniendo que sufrir más de lo justo por el desagrado de sus amigos y el odio de sus enemigos. Desde entonces hasta su muerte vivió repleto de problemas y sufrimientos. Tras la muerte de Lutero fue el 'líder teológico de la Reforma alemana', aunque no indisputablemente, pues los luteranos estrictos, con Flacius a la cabeza, le acusaron de herejía y apostasía. Melanchthon sobrellevó las acusaciones y calumnias con admirable paciencia, dignidad y dominio propio. No se puede negar, por otro lado, que los luteranos se defendían contra no solo supuestas sino también reales desviaciones de sus creencias, aunque su celo a veces les llevó a extremos, ni que Melanchthon y sus seguidores representaron un punto de vista justificable, que no siempre expresaron dentro de los límites apropiados.

Andreas Osiander
Andreas Osiander
Disputas con Osiander y Flacius.
En su controversia sobre la justificación con Andreas Osiander satisfizo a todas las partes. Tomó parte en una controversia con los que sostenían que Cristo fue nuestra justificación solo según su naturaleza humana. También tuvo una fuerte oposición de los católicos, pues fue por su consejo que el elector de Sajonia se declaró dispuesto a enviar diputados al concilio convocado en Trento, pero solo bajo la condición de que los protestantes tuvieran parte en las discusiones y que el papa no lo presidiera. Se acordó que se enviaría una confesión a Trento, elaborando Melanchthon la Confessio Saxonica que es una repetición de la Confesión de Augsburgo, aunque discutiendo en gran detalle, pero con moderación, los puntos de controversia con Roma. En su camino a Trento, Melanchthon vio los preparativos militares en Dresden de Mauricio de Sajonia y tras llegar hasta Nuremberg regresó a Wittenberg (marzo de 1552), al haberse vuelto Mauricio contra el emperador. Gracias a este hecho las condiciones de los protestantes fueron más favorables, aumentándose más con la Paz de Augsburgo (1555), aunque los trabajos y sufrimientos de Melanchthon se incrementaron en ese tiempo. Los últimos años de su vida quedaron enrarecidos por las disputas sobre el Interim y la renovada controversia sobre la Cena. Al parecer por la frase 'las buenas obras son necesarias para la salvación' en el Interim de Leipzig, sus oponentes luteranos atacaron a Georg Major, amigo y discípulo de Melanchthon, de modo que éste dejó caer la fórmula al ver cuán fácilmente podía ser malentendida. Pero toda su precaución y reserva no impidió que sus oponentes continuaran trabajando contra él, acusándolo de sinergismo y zwinglianismo. En la conferencia en Worms en 1557 a la que asistió con dudas, los seguidores de Flacius y los teólogos sajones intentaron vengarse humillando a Melanchthon, de acuerdo con el malicioso deseo de los católicos de condenar a todos los herejes, especialmente a los que se habían apartado de la Confesión de Augsburgo, antes del comienzo de la conferencia. Al ir dirigidas contra Melanchthon, él protestó, de forma que sus oponentes se fueron, lo que dio gran satisfacción a los católicos que rompieron el coloquio, echando toda la culpa sobre los protestantes. La Reforma en el siglo XVI no experimentó mayor insulto, como dice Nitzsch. Sin embargo, Melanchthon perseveró en sus esfuerzos por la paz de la Iglesia, siguiendo un sínodo de la facción evangélica y elaborando para el mismo propósito el Receso de Francfort, que defendió contra los ataques de sus enemigos. Más que ninguna otra, la controversia sobre la Cena significó una amarga prueba en los últimos años de su vida. La renovación de esta disputa se debió a la victoria en la Iglesia reformada de la doctrina calvinista y su influencia sobre Alemania. Melanchthon nunca dio su consentimiento a sus principios, ni usó sus fórmulas características. La presencia personal y la auto-impartición de Cristo en la Cena eran especialmente importantes para él, pero no definió cómo el cuerpo y la sangre se relacionan con ello. Aunque rechazó el acto físico de masticación, sin embargo asumió la presencia real del cuerpo de Cristo y por lo tanto la auténtica auto-impartición. Melanchthon también se apartó de Calvino sobre la relación de la Cena y la justificación.

Muerte.
Antes de que esas y otras disensiones teológicas hubieran terminado, finalmente fue liberado por la muerte; unos días antes se puso a escribir las razones para no temerla. A la izquierda estaban las palabras, 'Serás librado de los pecados y serás libre de la acritud y furia de los teólogos'; a la derecha, 'Verás la luz, verás a Dios, contemplarás a su Hijo, conocerás esos maravillosos misterios que no has podido entender en esta vida'. La causa inmediata de su muerte fue un grave enfriamiento que había contraído en un viaje a Leipzig en marzo de 1560, seguido por una fiebre que consumió su fuerza, quedando debilitado con muchos sufrimientos. El único cuidado que le ocupó hasta el último momento fue la desolada condición de la Iglesia. Se fortaleció a sí mismo en oración casi ininterrumpida y escuchando pasajes de la Escritura. Especialmente significativas le parecían las palabras: 'Los suyos no le recibieron, pero a los que le recibieron les dio potestad de ser hechos hijos de Dios'. Cuando Caspar Peucer, su yerno, le preguntó si quería algo, contestó: 'Nada sino el cielo'. Su cuerpo fue enterrado al lado del de Lutero en la iglesia en Wittenberg.

Lutero y Melanchthon, por Lucas Cranach el Joven
Lutero y Melanchthon, por Lucas Cranach el Joven
Lutero y Melanchthon.
La importancia de Melanchthon para la Reforma yace esencialmente en el hecho de que sistematizó las ideas de Lutero, las defendió públicamente y las hizo base de la educación religiosa. Ambos, al completarse mutuamente, lograron armoniosamente grandes resultados para la Reforma. Sólo el heroísmo y poder creativo de un Lutero pudo romper el dominio de la Iglesia reinante. Melanchthon fue impelido por Lutero a trabajar para la Reforma, siendo su propia inclinación la de ser un estudioso. Sin la influencia de Lutero, Melanchthon habría sido un 'segundo Erasmo', aunque su corazón estaba lleno del más profundo interés por la Reforma. Mientras que Lutero difundió las chispas entre el pueblo, Melanchthon, por sus estudios humanistas, se ganó la simpatía del pueblo educado y de los eruditos para la Reforma. Además de la valentía de la fe de Lutero, la versatilidad y tranquilidad de Melanchthon, su temperancia y amor por la paz, fueron un factor en el éxito del movimiento. Ambos hombres tenían una clara conciencia de su posición mutua y de la necesidad divina de su común llamamiento. Melanchthon escribió en 1520: 'Antes moriría que separarme de Lutero', a quien luego compararía con Elías y lo llamaría 'el hombre lleno del Espíritu Santo'. A pesar de las tensas relaciones en los últimos años de la vida de Lutero, Melanchthon exclamó a su muerte: '¡Ha muerto el jinete y carro de Israel, que gobernó la Iglesia en esta última etapa del mundo!'. Por otro lado, Lutero escribió de Melanchthon en el prefacio al comentario de éste a Colosenses (1529): 'Tengo que luchar con chusma y demonios, por eso mis libros son belicosos. Soy el rudo pionero que tiene que abrir el camino; pero el maestro Felipe viene luego suave y gentilmente, sembrando y regando apasionadamente, ya que Dios le ha dotado ricamente con dones'. Lutero hizo también justicia a las enseñanzas de Melanchthon, alabándole un año antes de morir en el prefacio a los propios Loci revisados de Melanchthon, llamándole 'un instrumento divino que ha logrado lo mejor en la esfera de la teología para furia del diablo y su sórdida tribu'. Es notorio que Lutero, que atacó a hombres como Erasmo y Bucero, cuando vio que la verdad estaba en juego, nunca habló directamente contra Melanchthon e incluso durante sus melancólicos últimos años conquistó su temperamento. La tensa relación entre esos dos hombres nunca procedió de cuestiones externas, tales como rango humano y fama, mucho menos de otras ventajas, sino siempre de asuntos de la Iglesia y doctrina y principalmente de la diferencia fundamental de personalidades; se repelían y atraían el uno al otro 'porque la naturaleza no había hecho de ellos un hombre'. Sin embargo, no puede negarse que Lutero fue más magnánimo, porque aunque muchas veces quedó insatisfecho con las acciones de Melanchthon, nunca pronunció una palabra contra él; sin embargo Melanchthon a veces evidenció una falta de confianza en Lutero. En una carta a Carlowitz se quejó de que Lutero, a causa de su naturaleza polémica, ejerció una presión humillante sobre él. Ciertamente Lutero nunca procuró ejercer tal presión, y si existió, fue culpa de Melanchthon.

Philipp Melanchthon
Su obra como reformador.
Como reformador, Melanchthon se caracterizó por la moderación, concienciación, prudencia y amor por la paz; pero esas cualidades a veces fueron solamente falta de decisión, consistencia y valor. No obstante, sus acciones no mostraron preocupación por su propia seguridad, sino por el bienestar de la comunidad y por el tranquilo desarrollo de la Iglesia. A Melanchthon no le faltó valor personal, pero no era tanto una naturaleza agresiva sino pasiva. Cuando se le recordó cuánto poder y fuerza había sacado Lutero de su confianza en Dios, respondió: 'Si no hago mi parte, no puedo esperar nada de Dios en oración'. La distinción entre Lutero y él se aprecia en una carta de Lutero de junio de 1530: 'Para tu gran preocupación que te debilita soy un cordial enemigo, pero la causa no es nuestra. Es tu filosofía y no tu teología lo que te tortura tanto, de modo que no logras nada sino ansiedades inútiles. En lo que respecta a la causa pública estoy contento y satisfecho, porque sé que es recta y verdadera; es más, es la causa de Dios y Cristo mismo. Por esta razón soy un mero espectador. Si caemos, Cristo también caerá. Y si caigo, prefiero caer con Cristo que quedar en pie con el emperador.' Otro aspecto de su carácter era su amor a la paz. Tenía una innata aversión a las peleas y discordias, aunque a veces era muy irritable. Su carácter pacífico le capacitaba para las ideas de otros, como se aprecia en su correspondencia con Erasmo y su actitud pública en la dieta de Augsburgo hacia el Interim. No era, sin embargo, un deseo personal de paz, sino su naturaleza conservadora religiosa, lo que le guió en sus hechos de conciliación. Nunca pudo olvidar que su padre en su lecho de muerte rogó a su familia que 'nunca dejaran la Iglesia'. Al tener una actitud de piedad y reverencia hacia la pasada historia de la Iglesia le fue más difícil a él que a Lutero captar el pensamiento de que era imposible la conciliación con la Iglesia católica. Subrayó la autoridad de los Padres, no sólo de Agustín sino también de los griegos. Su actitud en asuntos de adoración fue conservadora, aunque no era un cripto-católico, como Cordatus y Schenk dijeron. Nunca luchó por una reconciliación con los católicos al precio de la doctrina. Atribuyó más valor a la apariencia y organización externa de la Iglesia que Lutero, como se aprecia por su tratamiento de la 'doctrina de la Iglesia'. La concepción ideal de la Iglesia, que los reformadores opusieron a la organización de la Iglesia católica, la expresó en sus Loci de 1535, perdida para él después de 1537, cuando comenzó a subrayar la concepción de la verdadera Iglesia visible, tal como se halla entre los evangélicos. El sacerdocio universal fue para Melanchthon, como para Lutero, no un principio de constitución eclesiástica, sino un principio puramente religioso. De acuerdo a esa idea, intentó mantener la constitución tradicional y gobierno de la Iglesia, incluyendo el episcopado. No quería una Iglesia totalmente independiente del Estado, sino más bien, en acuerdo con Lutero, creía en el deber de las autoridades seculares para proteger la religión y la Iglesia. Concibió los consistorios como tribunales eclesiásticos que debían estar compuestos de jueces espirituales y seculares, pues para él la autoridad oficial de la Iglesia no yace en una clase especial de sacerdotes, sino en toda la congregación, representada no solo por los eclesiásticos, sino también por los laicos. Al defender la unión de la Iglesia no pasó por alto las diferencias en doctrina por causa de objetivos comunes. A medida que el tiempo pasaba, menos distinguía entre el evangelio como anuncio de la voluntad de Dios y la recta doctrina como el entendimiento humano del mismo. Por lo tanto, se tomó mucho trabajo en mantener la unidad en doctrina mediante fórmulas teológicas de unión, pero fueron tan amplias como era posible y restringidas a las necesidades de la religión práctica.

Como erudito.
Como erudito Melanchthon incorporó toda la cultura espiritual de su tiempo. A la vez supo dar forma a su conocimiento en la manera más simple, clara y apropiada, por lo que sus manuales, aunque no siempre fueron originales, se introdujeron rápidamente en las escuelas, logrando un sitio durante más de un siglo. El conocimiento para él no era un fin en sí mismo; existía solo para el servicio de la educación moral y religiosa, preparando el maestro de Alemania el camino para los pensamientos religiosos de la Reforma. Él es el padre del humanismo cristiano, que ejerció una duradera influencia en la vida científica en Alemania. Sus obras no siempre fueron nuevas y originales, pero fueron claras, comprensibles y respondían a su propósito. Su estilo es natural y sencillo, aunque mejor en latín y griego que en alemán. No estaba falto de elocuencia, aunque su voz era débil.

Melanchthon, grabado de Lucas Kilian
Como teólogo.
Como teólogo no mostró una capacidad creativa, pero sí un genio para recopilar y sistematizar las ideas de otros, especialmente de Lutero, con el propósito de la enseñanza. Se concentró en lo práctico y se cuidó poco por una conexión entre las partes, de manera que sus Loci están en forma de párrafos sueltos. La diferencia fundamental entre Lutero y Melanchthon yace no tanto en la concepción ética de éste, sino en su modo humanista de pensamiento que formó la base de su teología, capacitándole no solo para reconocer verdades morales y religiosas fuera del cristianismo, sino también para llevar la verdad cristiana a un estrecho contacto con ellas, mediando de esa manera entre la revelación cristiana y la antigua filosofía. Las ideas de Melanchthon difirieron de las de Lutero solo en algunas modificaciones. Melanchthon contempló la ley no sólo como la correlación con el evangelio, por el que se prepara su eficacia salvadora, sino con el incambiable orden del mundo espiritual que es la base de Dios mismo. Redujo la idea de Lutero, mucho más rica, de la redención a la de satisfacción legal. No extrajo la vena mística que corre por la teología de Lutero, sino que subrayó los elementos éticos e intelectuales. Tras abandonar el determinismo y la predestinación absoluta y atribuir al hombre libertad moral, intentó definir la intervención del libre albedrío en la conversión, nombrando tres causas concurrentes en la obra de la conversión: la Palabra, el Espíritu y la voluntad humana, no pasiva, sino resistiendo su propia debilidad. Desde 1548 usaba la definición de libertad formulada por Erasmo: 'La capacidad de aplicarse a uno mismo la gracia'. A su definición de fe le falta la profundidad mística de Lutero. Al dividir la fe en conocimiento, asentimiento y confianza, hizo la participación del corazón posterior a la del intelecto, creando así la idea de la ortodoxia posterior de que el establecimiento y la aceptación de la pura doctrina debe preceder a la actitud personal de la fe. A su concepción intelectual de la fe se corresponde también su idea de que la Iglesia es sólo la comunión de los que se adhieren a la verdadera creencia y que su existencia visible depende del consentimiento de sus miembros no regenerados a sus enseñanzas. Finalmente, a la doctrina de Melanchthon sobre la Cena le falta la profundidad mística con la que Lutero unió los elementos sensuales con las realidades sobrenaturales, demandando al menos su distinción formal. El desarrollo de las idea de Melanchthon se puede apreciar a partir de la historia de los Loci. Al principio intentó sólo un desarrollo de las ideas principales que representan la concepción evangélica de la salvación, mientras que en las últimas ediciones se aproxima más y más a un libro de texto de dogmática. En 1535 trató por vez primera la doctrina de Dios y la Trinidad, rechazando la doctrina de la necesidad de cada suceso y denominando al libre albedrío causa concurrente en la conversión. La doctrina de la justificación recibió su forma forense, subrayando la necesidad de las nuevas obras en interés de la disciplina moral. Las últimas ediciones se distinguen de las primeras por la importancia dada al elemento racional y teórico.

Como moralista.
En ética, Melanchthon preservó y renovó la tradición de la moralidad antigua y representó la concepción evangélica de la vida. Sus libros que trataban directamente sobre la moral fueron extraídos de los clásicos, siendo influenciado no tanto por Aristóteles como por Cicerón. Sus principales obras en esta línea fueron Prolegamena al De officiis de Cicerón (1525); Enarrationes librorum Ethicorum Aristotelis (1529); Epitome philosophiæ moralis (1538) y Ethicæ doctrinæ elementa (1550). En su Epitome philosophiæ moralis trata primero con la relación de la filosofía con la ley y el evangelio. La filosofía moral, ciertamente, no conoce nada de la promesa de la gracia revelada en el evangelio, pero es el desarrollo de la ley implantada por Dios en el corazón humano y por tanto representa una parte de la ley divina. La ley revelada, necesaria por causa del pecado, se distingue de la ley natural solo por su mayor plenitud y claridad. El orden fundamental de la vida moral puede ser alcanzado por la razón, por lo tanto el desarrollo de la filosofía moral a partir de los principios naturales no se puede eludir. Melanchthon no hizo una profunda distinción entre moral natural y revelada. Su contribución a la ética cristiana en el sentido propio se debe buscar en la Confesión de Augsburgo, en su Apología y en sus Loci, siguiendo a Lutero al describir el ideal evangélico de vida como la realización de la ley divina en el alma, por una personalidad bendecida en la fe y llenada con el Espíritu de Dios.

Como exégeta.
La formulación de Melanchthon de la autoridad de la Escritura se convirtió en la norma para el tiempo venidero. El principio de su hermenéutica se resume en estas palabras: 'Cada teólogo y fiel intérprete de la doctrina celestial debe necesariamente ser primero un gramático, luego un dialéctico y finalmente un testigo'. Por 'gramático' quería decir filólogo en el sentido moderno, que domina la historia, la arqueología y la antigua geografía. En cuanto al método de interpretación puso énfasis en la unidad del sentido sobre el sentido literal, en contraste con los cuatro sentidos de los escolásticos. Además enseñó que cualquier cosa que se aprecie en las palabras de la Escritura, fuera del sentido literal, es sólo aplicación dogmática o práctica. Sin embargo, sus comentarios no son gramaticales, sino llenos de materia teológica y práctica, confirmando las doctrinas de la Reforma y edificando a los creyentes. Los más importantes son los de Génesis, Proverbios, Daniel, Salmos y especialmente en el Nuevo Testamento, los de Romanos (editados en 1522 contra su voluntad por Lutero), Colosenses (1527) y Juan (1523). Melanchthon fue el constante ayudante de Lutero en su traducción de la Biblia y los libros de los Macabeos en la Biblia de Lutero se atribuyen a él. Una Biblia latina publicada en Wittenberg en 1529 es atribuida a ambos.

Philipp Melanchthon, por Lucas Cranach el Joven
Como historiador y predicador.
En la esfera de la teología histórica la influencia de Melanchthon se puede trazar hasta el siglo XVII, especialmente en el método de trazar la historia de la Iglesia en relación a la historia política. Suyo fue el primer intento protestante de una historia del dogma, Sententiæ veterum aliquot patrum de cæna domini (1530) y especialmente De ecclesia et auctoritate verbi Dei (1539). Melanchthon ejerció una amplia influencia en la esfera de la homilética, siendo evaluado como el autor, en la Iglesia luterana, del estilo metódico de predicación. Se mantiene distante de la dogmatización o retórica en the Annotationes in Evangelia (1544), Conciones in Evangelium Matthæi (1558) y en sus sermones alemanes preparados para Jorge de Anhalt. Nunca predicó desde el púlpito y sus sermones latinos (apostillas) fueron preparados para los estudiantes húngaros en Wittenberg, que no entendían alemán. En relación a ello se puede mencionar su Catechesis puerilis (1532), un manual para jóvenes estudiantes y un catecismo alemán (1549), que seguía el arreglo del de Lutero. Es de Melanchthon también de donde procede la primera obra protestante sobre el método del estudio teológico, por lo que puede decirse que por su influencia avanzó cada departamento de teología, aunque él no siempre fue un pionero. Rothe no exageró cuando dijo: 'Cualquier cosa que se hiciera en el tiempo de la Reforma para la edificación de la teología evangélica en Alemania, fue obra suya'.

Como profesor y filósofo.
Como filólogo y pedagogo Melanchthon fue heredero espiritual de los humanistas alemanes meridionales, de hombres como Reuchlin, Wimpheling y Rudolf Agrícola, que representaban una conexión ética de las humanidades. Las artes liberales y una educación clásica fueron para él solo un medio para un fin ético y religioso. Los antiguos clásicos eran las fuentes de un conocimiento más puro, pero también los mejores medios de educar a la juventud, tanto por su belleza de forma como por su contenido ético. Por su actividad educativa en la esfera de las instituciones educativas y por sus compilaciones de gramática y comentarios de latín y griego, Melanchthon se convirtió en el fundador de las escuelas evangélicas alemanas, una combinación de ideales cristianos y humanistas. En filosofía Melanchthon también fue el maestro de todo el mundo protestante alemán. La influencia de su compendio filosófico acabó solamente cuando llegó el dominio de la escuela de Leibniz y Wolff. Partió del escolasticismo, pero con el desdén de un humanista entusiasta lo dejó pronto, llegando a Wittenberg con la idea de editar las obras completas de Aristóteles. Bajo la influencia religiosa dominante de Lutero su interés menguó durante un tiempo, pero en 1519 editó la Retórica y en 1520 la Dialéctica. La relación de la filosofía con la teología se caracteriza, según él, por la distinción entre ley y evangelio. La primera, como luz de la naturaleza, es innata; contiene los elementos del conocimiento natural de Dios que, sin embargo, han sido oscurecidos y debilitados por el pecado. Por lo tanto, se hizo necesaria la renovada promulgación de la ley por la revelación, siendo forjada en el Decálogo y toda ley, incluyendo la que está incorporada en la filosofía, contiene solo exigencias, sombras; su cumplimiento se realiza solo en el evangelio, el objeto de la certeza en teología, por el que también los elementos filosóficos de conocimiento, como son la experiencia, principios racionales y silogismos, reciben su confirmación final. Al ser la ley un pedagogo divinamente ordenado que guía a Cristo, la filosofía, su intérprete, está sujeta a la verdad revelada, como norma principal de opiniones y vida. Además de la Retórica y Dialéctica de Aristóteles, publicó De dialecta libri iv (1528); Erotemata dialectices (1547); Liber de anima (1540); Initia doctrinæ physicæ (1549) y Ethicæ doctrinæ elementa (1550).

Philipp Melanchthon, por Lucas Cranach el Viejo
Philipp Melanchthon,
por Lucas Cranach el Viejo
Apariencia personal y carácter.
Se han preservado retratos originales de Melanchthon por tres famosos pintores de su tiempo: por Holbein, en la Galería real de Hannover (se dice que es el mejor), por Durero (hecho en 1526) y por Lucas Cranach. Éste representó a Melanchthon en los últimos años, agotado, delgado y desfavorecido, pero con una expresión dulce y pacífica en un rostro intelectual. Melanchthon era pequeño y delgado, pero bien proporcionado y tenía una mirada brillante y escrutadora, que mantuvo su vigor hasta el día de su muerte. Nunca tuvo buena salud, arreglándoselas para realizar su tarea por su extraordinaria regularidad de hábitos y gran temperancia. No dio gran valor al dinero y posesiones; su generosidad y hospitalidad fueron a veces mal empleadas, de forma tal que su antiguo y fiel criado suabo tuvo a veces dificultades para manejar la casa. Su vida doméstica fue feliz, llamando a su casa 'una pequeña iglesia de Dios', hallando siempre paz allí y mostrando una tierna solicitud hacia su esposa e hijos. Para su asombro, un erudito francés le halló en una ocasión meciendo con una mano la cuna y con la otra sosteniendo un libro. Su alma noble se mostró también en su amistad hacia muchos de sus contemporáneos; 'No hay nada más dulce ni placentero que la relación con los amigos', solía decir. Su amigo más íntimo fue Camerarius, a quien llamó la mitad de su alma. Su extensa correspondencia fue para él no solo un deber sino una necesidad y un esparcimiento. Sus cartas son un valioso comentario a toda su vida, al expresarse su mente en manera más abierta que lo hacía en público. Un ejemplo peculiar de su amistad sacrificada se muestra en el hecho de que escribió discursos y tratados científicos para otros, permitiéndoles que usaran su propia firma. Pero en la bondad de su corazón, estuvo dispuesto a servir y ayudar no sólo a sus amigos, sino a cualquiera. Era enemigo de la envidia, celos, calumnia y sarcasmo. Toda su naturaleza estaba adaptada para la relación con eruditos y hombres de mayor rango, mientras que le costaba trabajo tratar con gente de extracción inferior. Nunca se permitió ni a él mismo ni a otros, exceder los límites de la nobleza, honestidad y decencia. Fue sincero en el juicio de su propia persona, reconociendo sus faltas, incluso ante oponentes como Flacius. En su carrera pública no buscó honor o fama, sino que se entregó sinceramente a servir a la Iglesia y la causa de la verdad. Su humildad y modestia tenían su razón de ser en su profunda piedad. Subrayó grandemente la oración, la meditación diaria en la Palabra y la asistencia al culto público. En Melanchthon no se encuentra una personalidad grande, impresionante, que se abre camino por la fuerza masiva de la resolución y la energía, sino un carácter noble que hay que considerar con afecto y respeto.

Su fama.
La estimación del carácter y obra de Melanchthon ha experimentado cambios radicales desde su muerte, según la posición teológica de los que buscan en él o en Lutero su campeón o al menos su asociado espiritual. Se dice que Leonhard Hutter, cabeza de los teólogos de Wittenberg a comienzos del siglo XVII, con ocasión de una disputación pública, cuando se aludió a la autoridad de Melanchthon rompió su cuadro de la pared y a la vista de todos lo pisoteó. Durante más de cien años después, pocas voces se levantaron en su favor. En 1760 se celebró por vez primera el aniversario de su muerte y desde se entonces comenzó a ser evaluado en una luz diferente. Tras este cambio se revivió no solo el interés en su persona y obras, sino que también se defendieron sus defectos de racionalismo y unionismo. Luego se pusieron en su verdadera perspectiva. Con ocasión de su cuarto centenario en 1897 se hizo más énfasis en el humanista que en el teólogo, pero una opinión justa no ignorará qué rindió grandes servicios a la Iglesia y a la teología por su reforma de la educación humanística.

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