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LUTERO, MARTÍN (1483-1546)
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Martín Lutero, reformador alemán, nació el 10 de noviembre de 1483 en Eisleben, a 37 kilómetros al oeste de Halle, Sajonia, y murió el 18 de febrero de 1546 en esa misma localidad.

Martín Lutero, cuadro de Lucas Cranach, 1526, Nationalmuseum, Estocolmo
Martín Lutero, cuadro de Lucas Cranach, 1526,
Nationalmuseum, Estocolmo
Primeros años y preparación religiosa.
Su padre, Hans, era minero que vivió anteriormente en Möhra, mientras que su madre, Margarete Ziegler, procedía de una familia de clase media. La situación económica de su padre mejoró, llegando a ser concejal de la ciudad (1491) y veinte años después era copropietario de seis minas y dos fundiciones, de modo que cuando Lutero fue ordenado sacerdote acudió a la ceremonia con cincuenta caballos, dando un generoso donativo, y cuando murió dejó en herencia 1.250 florines. A los seis meses de nacer sus padres lo llevaron a Mansfeld, siendo criado en una atmósfera de rectitud y honestidad, yendo a la escuela latina de la localidad y luego en Magdeburgo (probablemente en una institución dirigida por los Hermanos de la Vida Común) en 1497 y finalmente en 1498 en Eisenach, donde su madre tenía parientes.

Margarete Luther (1463-1531), madre de Lutero
Margarete Luder (1463-1531),
madre de Lutero

Allí, con otros estudiantes pobres, se vio obligado a cantar por las calles para mendigar pan, ganándose la simpatía de Úrsula, la esposa de Kunz Cotta. De Eisenach fue, en 1501, a la universidad de Erfurt, cuando tenía casi dieciocho años, donde sus principales profesores fueron los nominalistas Trutvetter y Arnoldi y donde tuvo amigos entre el círculo de jóvenes 'poetas' humanistas. El nominalismo era dominante en Erfurt, habiendo ocupado Gabriel Biel, el gran nominalista del siglo XV, una cátedra en esa universidad. Su padre ambicionaba que estudiara leyes y la universidad de Erfurt era entonces la más famosa de Alemania, habiendo sido fundada en 1392. Allí estudió el curso de asignaturas que se denominaba trivium, es decir, gramática, retórica y dialéctica, lo que le serviría posteriormente para usar las palabras exactas y exponer sus ideas de forma racional y lógica. Al terminar este curso recibió su grado de bachiller en 1502. Con los dos profesores ya mencionados estudió el quadrivium, esto es, música, matemáticas, geometría y astronomía, junto con la filosofía, que era la de Aristóteles, recibiendo el grado de maestro tres años después.

Registro de la universidad de Erfurt de 1505
'Martinus Luder ex Mansfeld' aparece en la décima línea
de la columna izquierda empezando por abajo.
Criado en la estricta atmósfera de la Iglesia católica, pero sin conocimiento de la Biblia, Lutero estaba aterrorizado por pensamientos sobre la ira de Dios, intensificados por la súbita muerte de un amigo. Resolvió hacerse monje y el 17 de julio de 1505 entró en el monasterio agustino de Erfurt, para tristeza de su padre, y sin una clara comprensión de su acto. En 1507 fue ordenado sacerdote, pero sus estudios teológicos no le procuraron paz, por lo que buscó el consejo de un anciano maestro en el monasterio, quien le exhortó a centrar sus esperanzas en el artículo del perdón de pecados. También le ayudó la enseñanza de Johann von Staupitz, el vicario de la orden, pero el cambio decisivo vendría por el estudio de las Escrituras. En 1508, a indicación de Staupitz, el elector Federico designó a Lutero profesor de filosofía en Wittenberg, donde recibió el grado de baccalaureus ad biblia al año siguiente. Por alguna razón desconocida fue llamado de nuevo a Erfurt, pero en 1511 (o posiblemente en 1510) fue a Roma por asuntos de su orden. De regreso a Wittenberg recibió el doctorado en teología el 18 de octubre de 1512, siendo designado tres años después vicario agustino para Meissen y Turingia, ejerciendo también como predicador en su propio monasterio y en Wittenberg.

Hans Luther (1459-1550), padre de Lutero
Hans Luder (1459-1550),
padre de Lutero

Cambios iniciales de ideas.
Ya en ese tiempo se hizo evidente un cambio radical en sus ideas. Dejando la filosofía, buscó el meollo de la seguridad de la salvación en la Biblia, especialmente en la carta a los Romanos y en los Salmos, que interpretó desde el Nuevo Testamento. Luego enseñó sobre Gálatas, Hebreos, Tito y Jueces, siendo sus clases parcialmente publicadas y parcialmente conservadas en manuscrito. De los Padres, Agustín fue el que ejerció una influencia más profunda sobre él, aunque captó con mayor profundidad que su maestro el significado de la fe como camino directo a la justicia de Dios. Entre los maestros medievales quedó impresionado con Bernardo de Clairvaux, mientras que en 1516 fue influenciado por el misticismo de Tauler.

Doctrina de la gracia.
Aunque todavía era un devoto católico, Lutero había alcanzado esencialmente las conclusiones que le guiarían el resto de su vida. Al descansar la salvación enteramente en la gracia de Dios, mantuvo que todas las buenas obras del hombre natural son pecado y que la gracia divina viene solamente por la eterna elección y predestinación de Dios. Lutero sostuvo con Pablo que el hombre es purificado por la fe, impartida por el Espíritu divino y la Palabra de gracia, y que el Espíritu de Dios obra entonces la justicia en los que creen. Sin embargo, los que son de esta manera regenerados todavía pecan constantemente, estando sin honor o mérito, persistiendo sólo a través de la gracia perdonadora y por la fe ante Dios.

Igual que los místicos, el concepto de Lutero del plan de salvación se basa en la relación del individuo con Dios y Cristo por la fe. La fe es idéntica con la devoción total, renuncia de la justicia propia y sometimiento de la propia voluntad. La fe y la esperanza están dirigidas solo hacia Cristo, quien es el único que cumple la ley y llevó nuestros pecados, mientras que el hombre es justificado por la imputación de Dios. Aunque la justicia interior está incluida en la justificación, sigue al perdón de pecados que forma parte de la fe. De esa fe Lutero deriva también el amor, la fortaleza y el impulso y deleite para hacer lo bueno. Cristo, quien mora en el hombre por la fe, lo hace todo y conquista todo; pero los hechos del justo no son para su propia justicia, sino para el servicio de Dios y del hombre. Toda esta gracia es impartida por la Palabra, en la que mora Cristo, el pan de vida; y este pan de vida es dado externamente en la predicación y la eucaristía e internamente por 'la propia enseñanza de Dios'. Que las ideas eclesiásticas eran opuestas a las que formaban el eje de su creencia y vida era algo todavía desconocido para Lutero. En contradicción a la costumbre prevaleciente, sostuvo que los obispos deberían evaluar la predicación como su primer deber, debiendo estar los sermones libres de falsas leyendas y de opiniones de hombres, y los temas no limitados al carácter y las obras, sino dedicados especialmente a la fe y la justicia. Sin embargo, Lutero no dudaba de la autoridad de la Iglesia visible, siendo la obediencia a ella obediencia a Cristo. Las fuentes de sus ideas en este periodo fueron sus clases sobre los Salmos, sermones latinos que comienzan en 1515, un prefacio a la Deutsche Theologie (1516) de Tauler, una exégesis alemana de los siete salmos penitenciales, las tesis en la Disputation (1516-1517), de Bernhardis de Feldkirchen y la Disputation (1516-17) de Günther, sermones sobre el Decálogo (edición latina, 1518) y una exégesis alemana del Padrenuestro (1517), además de las cartas de esos años.

Lutero clava las 95 Tesis
Las Noventa y Cinco Tesis.
La venta de indulgencias por Johann Tetzel cerca de Wittenberg estimuló a Lutero a una actitud polémica, pero no contra la Iglesia, sino por su honor. Comenzó atacando el malentendido de las indulgencias, ya que los principios dogmáticos en los que se sostenían estaban cada vez más lejos de su creencia. El 31 de octubre de 1517 clavó sus Noventa y Cinco Tesis en la iglesia del castillo de Wittenberg, si bien no con la intención de hacer un decisivo ataque ni de que el documento circulara ampliamente. El contenido de las tesis estaba de acuerdo a sus sermones; la penitencia era arrepentimiento, no confesión sacerdotal y satisfacción; la mortificación de la carne, que implica castigo hasta la entrada en el reino de los cielos, ha de coexistir con el arrepentimiento interno; este castigo solo es remitido por la indulgencia papal, que no puede remover la culpa actual del más pequeño pecado, pudiendo otorgar remisión solo en virtud de la proclamación y confirmación del perdón divino; el mérito de Cristo y los santos opera gracia en el interior y da muerte al hombre exterior, sin la cooperación del papa; el verdadero 'tesoro de la Iglesia' es el evangelio de la gracia de Dios, aunque Dios somete a los que perdona a los sacerdotes como sus representantes. Lutero redujo las indulgencias a las penas y obras prescritas por la Iglesia, de ahí que su propósito fuera expresar su verdadera intención al papa, quien a duras penas sabía cómo se estaban mal usando.

Negación del poder del papa.
Las tesis de Lutero se esparcieron por Alemania en dos semanas, ganando una imprevista notoriedad. Fue incitado a ir más allá por sus adversarios Tetzel, Silvestre Prierias (maestro de palacio del papa), Johann Eck (pro-canciller de Ingolstadt y su principal adversario) y Hoogstraten, a quienes respondió individualmente, aunque su obra más importante sobre la cuestión en controversia fue Resolutiones disputationum de indulgentiarum virtute (1518). Mientras tanto, participó en una convención de su orden en Heidelberg, donde presentó las tesis sobre la esclavitud del hombre al pecado y de la gracia divina.

Lutero ante Cayetano en Augsburgo
En el curso de la controversia sobre las indulgencias surgió la cuestión del poder absoluto del papa, ya que la doctrina del 'tesoro de la Iglesia' estaba basada en una bula de Clemente VI. Lutero se vio tildado de hereje y el papa, que había determinado suprimir sus ideas, le citó a Roma. Ante la negativa del elector Federico a que su teólogo partiera, el papa no forzó la situación, enviando al cardenal Cayetano para que recibiera la sumisión de Lutero en Augsburgo (octubre de 1518). Pero éste, aunque deseoso de profesar obediencia a la Iglesia, negó el absoluto poder del papa y apeló primero 'del papa no bien informado al papa que debería estar mejor informado' y luego (28 de noviembre) a un concilio general. Lutero declaró que el papado no formó parte de la original e inmutable esencia de la Iglesia e incluso comenzó a pensar que el Anticristo gobernaba la curia. Él ya había afirmado al menos la falibilidad potencial de un concilio que representara a la Iglesia, negando la doctrina de la excomunión, siendo guiado por su idea del camino de salvación al nuevo principio de que la Iglesia es la congregación de los fieles. Queriendo permanecer en términos amigables con el elector, el papa hizo un último esfuerzo para alcanzar una conclusión pacífica con Lutero. Una conferencia con el enviado papal Carl von Miltitz en Altenburgo en enero de 1519, guió a Lutero a permanecer callado en tanto sus oponentes lo estuvieran y a escribir una humilde carta al papa y preparar una obra que testificara de su honra hacia la Iglesia de Roma. La carta fue escrita pero no fue enviada, al no contener una retractación; mientras en un tratado alemán preparado posteriormente, Lutero, aunque reconocía el purgatorio, las indulgencias y la invocación de los santos, negó toda eficacia de las indulgencias sobre el purgatorio. Cuando Eck desafió al colega de Lutero, Carlstadt, a una disputación en Leipzig, Lutero se unió al debate (27 de junio al 16 de julio de 1519), negando el derecho divino del papado y sosteniendo que el 'poder de las llaves' había sido dado a la Iglesia (es decir, a la congregación de los fieles), afirmando además que creer en la preeminencia de Roma no era esencial para la salvación y manteniendo la validez de la Iglesia griega.

Lutero y Hus administrando el pan y el vino sacramental al elector de Sajonia y a su familia. Grabado en madera de artista desconocido
Lutero y Hus administrando el pan y
el vino sacramental al elector de Sajonia
y a su familia. Grabado en madera
de artista desconocido
Desarrollo de ideas sobre la eucaristía, sacerdocio, Iglesia y obras.
Ya no cabían esperanzas de paz. Sus escritos circulaban ahora ampliamente, llegando a Francia, Inglaterra e Italia ya en 1519, acudiendo estudiantes en tropel a Wittenberg para escuchar a Lutero, a quien se había unido Melanchthon en 1518, al publicar su comentario sobre Gálatas y su Operationes in Psalmos, a la vez que recibía representaciones de Italia y de los utraquistas de Bohemia. Esas controversias dirigieron a Lutero a desarrollar sus doctrinas, exponiendo en Sermon von dem hochwürdigen Sakrament des Leichnams Christi (1519) el significado de la eucaristía e interpretando la transubstanciación del pan como la transformación del fiel en el cuerpo espiritual de Cristo, esto es, en la comunión con Cristo y los santos. El concepto fundamental de la eucaristía, según él, es el perdón de los pecados y toda su teoría está estrechamente relacionada con su idea mística de la participación en la salvación compartida por el creyente con Cristo y la Iglesia. Al mismo tiempo, defendió la convocatoria de un concilio para restaurar la comunión en ambas especies, negando la doctrina de los siete sacramentos (carta del 18 de diciembre de 1519). Igualmente despojó al sacerdocio de todo significado que no fuera el de un sacerdocio general enseñado en la Biblia, arrojando dudas sobre toda la doctrina del purgatorio. El concepto luterano de la Iglesia, totalmente basado en la relación inmediata con Cristo, quien se da a sí mismo en la predicación y los sacramentos, ya lo había desarrollado en Von dem Papsttum zu Rom, una réplica al ataque del franciscano Alveld en Leipzig (junio de 1520); mientras que en Sermon von guten Werken, publicado en la primavera de 1520, contradijo la doctrina católica de las buenas obras y las obras supererogatorias, sosteniendo que las obras del creyente son verdaderamente buenas en cualquier estado secular ordenado por Dios.

Apelación a los laicos para la Reforma.
Desde su disputación en Leipzig, Lutero entró en relaciones con los humanistas, particularmente con Melanchthon, Reuchlin, Erasmo y Crotus. Este último estaba estrechamente asociado con Ulrich von Hutten, quien a su vez influyó a Franz von Sickingen para que, cuando fuera dudoso si sería seguro para Lutero quedarse en Sajonia si se pronunciaba la excomunión que le amenazaba, tanto Franz von Sickingen y Silvester de Schauenburg le invitarían a su castillo, bajo su protección. Bajo esas circunstancias, complicadas por la crisis que confrontaban los nobles alemanes, Lutero publicó An den christlichen Adel deutscher Nation (agosto de 1520), exhortando al laicado, como sacerdocio espiritual, a la reforma querida por Dios, pero rehusada por el papa y el clero. Los temas propuestos para mejorar no eran puntos doctrinales, sino abusos eclesiásticos: disminución del número de cardenales y las exigencias de la corte papal; la abolición de las anatas; reconocimiento del gobierno secular; renuncia a las pretensiones de poder temporal por parte del papa; abolición del entredicho, abusos relacionados con el destierro, peregrinaciones dañinas, desórdenes de las órdenes mendicantes, festividades innecesarias; supresión de conventos, mendicidad y lujo; reforma de las universidades; abolición del celibato para el clero y unión con los bohemios; además demandaba una reforma de la moralidad pública y negaba la transubstanciación en favor de la doctrina de la verdadera presencia del cuerpo natural de Cristo en el pan.

Desacato de Lutero quemando la bula del papa
Doctrina de los sacramentos.
El pináculo de las polémicas doctrinales de Lutero se alcanzó en De captivitate Babyloniaca, especialmente con lo relacionado a los sacramentos. En lo que concierne a la eucaristía negó la transubstanciación, el carácter sacrificial de la misa y la retirada de la copa. Sobre el bautismo, enseñó que confiere justificación sólo cuando va acompañado de fe, pero que contiene el fundamento de la salvación incluso para aquellos que pueden luego caer. La penitencia consiste en esencia en las palabras de promesa dadas al creyente. Solo estos tres pueden ser considerados sacramentos, en virtud de las promesas asociadas a ellos; estrictamente hablando sólo el bautismo y la eucaristía son sacramentos, al ser 'signos divinamente instituidos'. El sacramento de la unción fue eliminado por Lutero por sus dudas sobre la autenticidad de la carta de Santiago. De manera semejante el pináculo de la doctrina de la salvación y la vida cristiana lo expuso en Von der Freiheit eines Christenmenschen. Aquí exigió una unión completa con Cristo por medio de la Palabra a través de la fe, la entera libertad del cristiano como sacerdote y rey, por encima de todo lo externo, y el amor perfecto al prójimo. Esas tres obras se pueden considerar los principales escritos de Lutero.
En octubre de 1520, a instancias de Miltitz, Lutero envió De libertate Christiani al papa, añadiendo la significativa frase: 'No me someto a leyes de interpretación de la palabra de Dios.' Mientras tanto se rumoreaba en agosto que Eck había llegado a Meissen con una excomunión papal, que de hecho fue pronunciada el 21 de septiembre. Este último esfuerzo de Lutero por la paz fue seguido el 12 de diciembre por su quema de la bula, que entraría en efecto a los ciento veinte días, y las decretales papales en Wittenberg, un procedimiento defendido en Warum des Papstes und seiner Jünger Bücher verbrannt sind y en Assertio omnium articulorum. La ejecución de la excomunión se vio impedida por las relaciones del papa con el elector y por el nuevo emperador, quien, en vista de la actitud papal hacia él y el sentimiento de la dieta, halló desaconsejable tomar medidas contra el reformador.

En la dieta de Worms.
La sentencia definitiva de la Iglesia de Roma sobre Lutero había sido pronunciada en la excomunión, pero el legado papal, Aleandro, se vio obligado a admitir el deseo de la dieta para convocar a Lutero bajo salvoconducto a Worms.

Citación para que Lutero se presentara en Worms ante Carlos V
Citación para que Lutero se presentara en Worms ante Carlos V

Lutero tranquilamente esperó el resultado, ocupado con polémicas con Emser y el dominico Ambrosius Catharinus. Entró en Worms el 16 de abril, siendo llevado ante la dieta al día siguiente y preguntándosele simplemente si reconocía sus escritos, que fueron puestos ante él y leídos por título, y si se retractaba de su contenido o persistía en ellos. El funcionario de Tréveris que conminaba a Lutero delante de la dieta pronunció estas palabras primero en latín y luego en alemán:

'Martín Lutero, su Majestad Imperial, sagrada y victoriosa (sacra et invicta), aconsejado por todos los estados del Santo Imperio Romano, ha ordenado que comparezcáis aquí, ante el trono de su majestad para que os retractéis y retiréis, de acuerdo a la fuerza, la forma, el significado de la citación-mandato decretada contra vos por su majestad y que os ha sido legalmente comunicada, los libros, tanto en latín como en alemán que habéis publicado y desparramado por todas partes junto con su contenido: por lo tanto yo, en el nombre de su majestad imperial y de los príncipes del Imperio os pregunto : Primero: ¿Confesáis que estos libros expuestos ante vuestra presencia (le mostró una porción de libros escritos en latín y en alemán) y que ahora nombramos uno por uno, que han circulado con vuestro nombre en la portada, son vuestros, y reconocéis que os pertenecen? Segundo: ¿Queréis retractaros y retirarlos y su contenido, o es vuestra intención aferraros a ellos y refirmarlos?'

Lutero ante Carlos V en Worms
Lutero ante Carlos V en Worms

Todo debate sobre la verdad de sus declaraciones estaba excluido, por acuerdo del emperador con Aleandro. Lutero solicitó un día para pensarlo y por la tarde del 18 de abril replicó a la pregunta de Johann Eck, oficial del elector de Tréveris, quien le preguntó si defendía todos sus escritos o se retractaría de algunos, distinguiendo tres divisiones entre ellos: los que trataban sobre la vida y la fe, que reconoció beneficiosos e incluso útiles por sus oponentes; contra las instituciones y pretensiones papales, de los que no se retractaría de ninguno; y polémicas contra protagonistas de la falsedad y tiranía, donde no se retractaría de nada. Su demanda de que se le rebatiera con argumentos de la Biblia fue contestada remitiéndole a las decisiones de la Iglesia, particularmente al concilio de Constanza sobre herejías similares. El instante que siguió fue tormentoso, antes de que Lutero declarara: 'A menos que se me convenza con el testimonio de la Escritura o de la sana razón... no puedo ni haré ninguna retractación, pues no es seguro ni honroso actuar contra la conciencia. Que Dios me ayude. Amén.' El arzobispo de Tréveris quiso todavía cambiar las ideas de Lutero, pero en vano, ya que persistió en su principio, condenado por el concilio de que 'la Iglesia universal es el número de los elegidos.' El 25 de mayo fue declarado fuera de la ley saliendo de Worms al día siguiente. El edicto que declaraba a Lutero un proscrito decía:

'En primer lugar, ordenamos que todos, particularmente todos los príncipes, estados y súbditos, después que hayan expirado los veinte días mencionados, que terminan el 14 del presente mes de mayo, no podrán ofrecer a Lutero ni techo, ni comida, ni bebida, ni ayudarlo en ninguna forma, ya sea de palabra o de hecho, secreta o abiertamente. Por el contrario, dondequiera podáis echar mano de él, lo pondréis inmediatamente preso y me será enviado, o por lo menos se me informará del hecho sin ninguna dilación. Por esa obra santa seréis recompensados por vuestro trabajo y gastos. De la misma manera deberéis, en virtud de la santa constitución y bando de nuestro Imperio, tratar en la siguiente forma a todos los partidarios, instigadores y protectores de Lutero. Los abatiréis, y confiscaréis sus propiedades en vuestro propio provecho, a menos que dichas personas puedan probar que han enmendado sus caminos y pedido la absolución papal. Además, ordenamos, bajo las penalidades ya mencionadas, que nadie compre, venda, lea, conserve, copie o imprima ninguno de los escritos de Martín Lutero que han sido condenados por nuestro santo padre, el papa; ya sea en latín, o en alemán, ni otro alguno de sus escritos malvados.'
Pero tras salir de la ciudad fue secuestrado por mandato del elector Federico y llevado a Wartburgo, donde permaneció escondido bajo el nombre del caballero Georg.

Cubierta de la traducción de Lutero de la Biblia al alemán, 1533, realizada por Lucas Cranach el Viejo
Cubierta de la traducción de Lutero de la Biblia
al alemán, 1533, realizada por
Lucas Cranach el Viejo
Escondido en Wartburgo.
Con la estancia de Lutero en Wartburgo comienza el periodo constructivo de su carrera como reformador; mientras que a la vez la batalla comenzaba contra aquellos que, pretendiendo ser de base evangélica, eran culpables de irse al otro extremo e impedir toda medida constructiva. En su 'desierto' o 'Patmos' (como lo denominó en sus cartas) de Wartburgo comenzó su traducción de la Biblia, de la que el Nuevo Testamento fue impreso en septiembre de 1522. Además preparó la primera porción de su apostilla alemana y su Von der Beichte, en la que negaba la confesión compulsiva, aunque admitía la salubridad de la confesión voluntaria privada. También escribió una polémica contra el arzobispo Alberto, que le obligó a desistir de renovar la venta de indulgencias, mientras que en su ataque contra Jacobo Latomus expuso sus ideas sobre la relación de la gracia y la ley, además de la naturaleza de la gracia comunicada por Cristo. Aquí distinguió la gracia objetiva de Dios hacia el pecador, que, creyendo, es justificado por Dios a causa de la justicia de Cristo, de la gracia salvadora que habita en el hombre pecador; a la vez subrayaba la insuficiencia de este 'comienzo de justificación' así como de la persistencia del pecado tras el bautismo y de su inherencia en toda buena obra.

Oposición al radicalismo extremo.
Mientras tanto, algunos del clero sajón, especialmente Bernhardi de Feldkirchen, habían renunciado al voto del celibato, mientras que otros, incluyendo a Melanchthon, atacaron la validez de los votos monásticos. Lutero en su De votis monasticis, aunque más cauto, estuvo de acuerdo en que los votos eran generalmente tomados 'con la intención de salvarse o buscando la justificación'. Con la aprobación de Lutero en su De abroganda missa privata, en contra de la firme oposición del prior, los agustinos de Wittenberg introdujeron cambios en la adoración y eliminaron la misa. Su violencia e intolerancia desagradó a Lutero y a principios de diciembre pasó unos días entre ellos. Al regresar a Wartburgo escribió Eine treue Vermahnung... vor Aufruhr und Empörung; pero en Wittenberg, Carlstadt y el ex-agustino Zwilling exigieron la abolición de las misas privadas, la comunión en ambas especies, la destrucción de imágenes de las iglesias y la abrogación de la magistratura (esto es, la no injerencia del gobernante civil en asuntos eclesiásticos). Hacia Navidad los anabaptistas de Zwickau añadieron más anarquía. Totalmente opuesto a tales ideas y temeroso de sus resultados, Lutero llegó a Wittenberg el 7 de marzo, saliendo los profetas de Zwickau de la ciudad. El canon de la misa, dado su carácter sacrificial, fue omitido, pero la copa fue dada al principio a aquellos laicos que la deseaban. Ya que la confesión había sido abolida, a los miembros se les pedía ahora que declararan su intención y buscaran consolación, bajo reconocimiento de su fe y esperando la gracia en la confesión cristiana. Esta nueva forma del servicio fue expuesta por Lutero en Formula missae et communionis (1523), apareciendo en 1524 el primer himnario en Wittenberg con cuatro de sus himnos. Como sus escritos fueron prohibidos por el duque Jorge de Sajonia, Lutero declaró en Ueber die weltliche Gewalt, wie weit man ihr Gehorsam schuldig sei, que la autoridad civil no podía promulgar leyes para el alma, negando a un gobierno católico lo que había permitido a uno evangélico.

Manuscrito de Lutero; autógrafo del Salmo 23
Correspondencia con otros reformadores y ruptura con Erasmo.
Lutero supervisó los efectos de su enseñanza, alabando a la ciudad de Leisnig cuando introdujo una nueva agenda en 1523, honrando la memoria de dos mártires en Bruselas en 1523 y de Enrique de Zütpehn (1524) o aconsejando a los de ideas similares en Riga, Reval, Dorpat y por doquier. En el mismo periodo entró en correspondencia con los Hermanos Bohemios, escribiendo en relación a ello Vom Anbeten des Sakraments (1523), en el que mantenía la presencia natural y la participación física. En 1522 escribió a los Estados bohemios para que continuaran firmes contra el papa y al año siguiente envió, por el bohemio Gallus Cahers, De instituendis ministris a Praga, defendiendo el derecho de una congregación a proporcionarse a sí misma nuevos ministros de la Palabra si los que hay no predican el evangelio, basándose para ello en la teoría del sacerdocio universal. Sin embargo, los bohemios, encabezados por Cahers, buscaron reconciliarse con el papa, no teniendo Lutero más contacto con ellos. Al mismo tiempo respondió a las críticas de Enrique VIII de Inglaterra sobre De captivitate Babylonica en Contra Henricum regem, una obra característicamente grosera, por la que tuvo que disculparse en 1525, aunque en vano. El suceso más importante en la batalla de Lutero contra la Iglesia católica en ese periodo fue su ruptura con Erasmo, que fue seguido por una gran cantidad de humanistas en su permanencia en la Iglesia católica. Erasmo hacía tiempo que se había sentido ofendido por la tosquedad y ordinariez de Lutero, mientras que éste le acusó de cobardía y falta de reconocimiento de la gracia de Dios, la única que produce salvación. En 1524 Erasmo publicó De libero arbitrio, algo que Lutero respondió con De servo arbitrio. En dicha obra identificó la presciencia y la predestinación, distinguiendo entre Dios como es en sí mismo y como es predicado. Aunque el condenado se pierde por la voluntad incondicional de Dios, eso es correcto porque Dios lo quiere, siendo su razón, en la que el hombre no puede inquirir, uno de los misterios de la majestad divina. El libre albedrío, pues, solo puede ser predicado de Dios, nunca del hombre, cuyo deber es simplemente confiar en la Palabra, aceptando lo inconcebible como tal hasta que el Hijo del Hombre se lo revele. De su obra De servo arbitrio procede este pasaje, en el que compara a la voluntad con un jumento, que puede ser montado por Dios o por Satanás:
'Una vez demostrado que nuestra salvación, al margen de nuestras fuerzas y de nuestras decisiones, depende únicamente de la obra de Dios, como espero probar irrefutablemente en el curso de la polémica, ¿acaso no se deduce claramente de ello que hasta que Dios no se haga presente en nosotros con sus acciones, todo lo que hagamos será malo y por fuerza haremos obras sin ningún valor para la salvación? ¿Que no somos nosotros, sino sólo Dios, quien otorga nuestra salvación, y que nosotros, antes de su intervención no hacemos nada salvífico, tanto si queremos como si no?'
Esto significa que si el hombre no tiene el Espíritu de Dios, no hará el mal en contra de su propia voluntad y a la fuerza, como tirado del cuello, a semejanza de un ladrón o de un bandido al que se conduce al castigo en contra de su voluntad. sino que más bien lo hará espontáneamente y con toda deliberación.
Por otra parte, esta libertad o voluntad de actuar no puede abandonarla u obligarla o cambiarla con sus propias fuerzas, sino que continúa deseando el mal y disfrutando de él, y aunque exteriormente está por fuerza obligado a actuar de otro modo, sin embargo en su interior la voluntad persiste contraria o irritada con quien la constriñe y la contrasta, mientras que no se irritaría si pudiese cambiar ella misma, y de buen grado secundaría entonces a esa fuerza externa.
Esto es, lo que entendemos por necesidad: el hecho de que la voluntad no pueda cambiar y dirigirse en otra dirección, sino que, en cambio, en la mayor parte de los casos se disponga a querer, mientras se la niega, como demuestra su irritación. Lo que no ocurriría si ésta fuese libre o dispusiese del libre albedrío.
Contrariamente, cuando Dios actúa en nosotros, la voluntad, mutada y amorosamente insuflada por el Espíritu de Dios, actúa y desea con puro placer, con inclinación y espontaneidad; ya no obligada, sino, en cambio, dispuesta a no ser dirigida en dirección contraria por ningún adversario. Y no puede ser a vencida o retenida ni siquiera a las puertas del infierno, sino que persevera en el querer, en el apreciar y en el amar el bien.
En definitiva, si nos hallamos bajo el dominio del dios de este mundo pero sin el socorro y sin el Espíritu del verdadero Dios, somos prisioneros de su voluntad, tal y como Pablo dice a Timoteo, pues no podemos querer sino lo que él quiere. Puesto que él, Satanás, es el hombre fuertemente armado que vigila el atrio de su casa para someter a aquellos a quienes posee, a fin de que no susciten ninguna rebelión o sentimiento contrario a él. De otra manera, no podría subsistir el reino de Satanás.
De esta manera, cumpliríamos los deseos de Satanás con nuestra voluntad y de buen grado. Nuestra voluntad no sería tal si fuese constreñida; por así decirlo, la constricción es más bien una no-voluntad. Pero si aparece alguien más fuerte y, una vez vencido Satanás, nos lleva consigo como presa, de nuevo resultaremos siervos, pero siervos del Espíritu y prisioneros del vencedor (y se trataría entonces de una voluntad regia), y así querríamos y haríamos de buen grado lo que Él, el Vencedor, deseara.
Así, la voluntad humana se encuentra entre ambos como un jumento; si es Dios quien monta su grupa, querrá ir e irá allí done Dios quiera, tal y como dice el Salmo: Yo soy para ti como un jumento y siempre estoy contigo. Si es en cambio Satanás quien monta su grupa, querrá ir e irá allí donde Satanás quiera; y no es suya la facultad de correr en busca de uno u otro caballero, sino que ambos caballeros luchan entre sí para tenerlo y poseerlo.
De ello se deriva que el libre albedrío, sin la gracia de Dios, no es libre en ningún caso, sino inmutablemente prisionero y esclavo del mal, incapaz por sí mismo de dirigirse al bien.
Se deduce, entonces, que el libre albedrío es un título divino que no compete a nadie más que a la divina majestad, y ésta puede hacer y hace (como reza el Salmo) todo lo que quiere en el cielo y en la tierra. Y atribuírselo al hombre sería como atribuirle la misma divinidad, lo que sería el más grave sacrilegio posible.
Por esto, los teólogos deberían abstenerse de este término para hablar de la capacidad humana y reservarlo sólo a Dios; tendrían, pues, que haberlo eliminado de la boca y de los discursos de los hombres y, como nombre sagrado y venerable, asignarlo a Dios, a quien pertenece.
Y si los teólogos hubiesen querido atribuir una cierta fuerza a los hombres, habrían tenido que definirla con un término distinto al del libre albedrío, tanto más cuando se ha reconocido y constatado cómo el pueblo se deja engañar y engatusar miserablemente por este término, puesto que lo entiende y lo interpreta de manera muy distinta a como lo interpretan y definen los teólogos. Libre albedrío, de hecho, es una expresión demasiado imponente, grandiosa y robusta; y el pueblo considera que por ella se significa, como corresponde a la naturaleza y extensión del término, una energía tal que permite volverse libremente a Dios o a Satanás, sin ceder o dejarse sujetar por ninguno de los dos.'
Autógrafo de Martín Lutero
Polémicas con Carlstadt y Müntzer.
La lucha de Lutero se desplazó contra aquellos que, dentro de sus propias filas, abusaban de la libertad. Carlstadt negó la presencia del cuerpo de Cristo en la eucaristía, mientras que prohibía las pinturas, pero permitía la poligamia, en base al Antiguo Testamento. Otros, apelando a la autoridad del Antiguo Testamento también, querían instaurar el año del jubileo, mientras que Müntzer, que era líder de los de Zwickau y pastor en Allsted, maquinaba una revolución para establecer un reino de 'santos'. Lutero atacó la tendencia en Wider die himslischen Propheten (1525), en el que declaraba que la ley de Moisés había sido abrogada por Cristo, quien era el fin de la ley, siendo la única ley del cristiano la escrita en el corazón de cada hombre. Sin embargo, la revolución, originada realmente por las condiciones políticas, sociales y económicas de los campesinos, era todavía una amenaza, especialmente porque esperaban encontrar en el nuevo movimiento religioso una confirmación de los derechos y libertades por los que suspiraban. Lutero quiso mostrarles que la libertad cristiana puede coexistir con la atadura terrenal, no debiendo atacar a sus superiores temporales. Por otro lado, criticó duramente a los príncipes y nobles, pero cuando estalló la Guerra del Campesinado, les exhortó a acabar sin misericordia con los revoltosos, aunque defendió la clemencia una vez que los nobles consiguieron la victoria (cf. su Ermahnung turn Frieden; Wider die mörderischen Rotten ; Sendbrief von dem harten Büchlein; etc.). Durante este tiempo de conflicto, Lutero, conociendo las amenazas que se cernían sobre su vida y sintiéndose ya viejo y próximo a morir, se casó con la ex-monja Katharina von Bora el 13 de junio de 1525. Su motivo no fue amoroso, sino desafiar a sus oponentes y al mismo tiempo testificar de su estima por el estado matrimonial y obedecer el deseo de su padre de posteridad.

Martín Lutero y sus ayudantes
Martín Lutero y sus ayudantes
Transformación en la liturgia y el gobierno de la Iglesia.
Lutero dio un paso adelante en su revisión de la liturgia por su Deutsche Messe en 1526, haciendo provisión para los servicios semanales y para la instrucción catequética. Se opuso fuertemente a la elaboración de una nueva pauta y exhortó a retener otras buenas liturgias. La transformación gradual de la administración del bautismo fue cumplida en Taufbüchlein (1523, 1527) y en mayo de 1525 tuvo lugar la primera ordenación evangélica en Wittenberg. Lutero había rechazado desde hacía tiempo el sacramento católico de la ordenación, reemplazándolo por un simple llamamiento a la predicación y la administración de los sacramentos. La imposición de manos con oración en un solemne servicio congregacional fue considerado un apropiado rito humano. Las condiciones parecían requerir la introducción de una autoridad oficial más alta. Ya en 1525 se había quejado del estado de los asuntos, sosteniendo que las autoridades seculares deberían tomar parte en la administración de la Iglesia, haciendo nombramientos para oficios eclesiásticos y dirigiendo las visitaciones. Sin embargo, el desempeño de esas funciones no pertenecía a las autoridades seculares como tales y Lutero gratamente habría investido un episcopado evangélico, si hubiera conocido personas apropiadas para el cargo. Incluso declaró en 1542 que los príncipes evangélicos 'deben ser necesariamente obispos', llegando tan lejos como para mediar (carta de 29 de marzo de 1527) en una 'congregación de cristianos' con plenos poderes eclesiásticos, pero determinados a ser guiados por el curso de los acontecimientos y esperar hasta que las parroquias y escuelas tuvieran a las personas adecuadas. Pero como el resultado de las visitaciones sajonas no animó este proyecto, juzgó más importante ganar primero a los no cristianos a la fe por el evangelio, preservando la forma externa de la Iglesia tal como era al principio de la Reforma. La visitación tuvo lugar en 1527-29, escribiendo Lutero el prefacio a Unterricht der Visitatoren an die Pfarrherrn, de Melanchthon y actuando él mismo como visitador en uno de los distritos después de octubre de 1528, escribiendo como resultado de sus observaciones los catecismos en 1529. Al mismo tiempo, tomó el mayor interés en la educación, consultando con Spalatin en 1524 para un plan escolar y declarando que era el deber de las autoridades civiles proporcionar escuelas y vigilar que los padres enviaran a sus hijos a ellas. También defendió el establecimiento de escuelas primarias para la enseñanza de las niñas.

Conferencia de Marburgo sobre la Cena
Conferencia de Marburgo sobre la Cena
Ideas eucarísticas y controversias.
Entre tanto, la doctrina de la eucaristía se había convertido en un tema en el que Lutero se vio obligado a definir su doctrina. Rechazando la transubstanciación mantuvo, sin embargo, la presencia real del cuerpo de Cristo, mientras que Zwinglio, Leo Jud y Ecolampadio, por otro lado, rechazaron su doctrina, interpretando el 'es' de las palabras de la institución como 'significa'. Lutero se sintió dolorosamente perturbado por esta doctrina, que consideraba afín a las enseñanzas de Carlstadt y los 'fanáticos' en general. En la controversia que siguió, Lutero replicó a Ecolampadio en el prefacio a Syngramma Suevicum y también expuso sus ideas en Sermon von den Sakramentem... Wider die Schwärmgeister y Dass diese Worte... noch feststehen (primavera de 1527), intentando dar una final y más completa declaración en Vom Abendmahl Christi Bekenntnis (1528). Ante los peligros para el protestantismo por las medidas de la dieta de Spira en 1529 y la coalición del emperador con Francia y el papa, el landgrave Felipe de Hesse quería una unión de todos los adherentes de la Reforma, pero Lutero se opuso a cualquier alianza que pudiera ayudar a la herejía. Sin embargo, aceptó la invitación del landgrave para una conferencia en Marburgo (1 al 3 de octubre de 1529) para resolver los asuntos en controversia, oponiéndose en ella a Ecolampadio, mientras que Melanchthon era el antagonista de Zwinglio. Aunque encontró una inesperada armonía en otros aspectos, no se logró alcanzar una acuerdo sobre la eucaristía, por lo que rechazó llamarlos hermanos, aunque él deseaba paz y amor. La convicción de Lutero era que Dios había cegado los ojos de Zwinglio para que no pudiera ver la verdadera doctrina de la Cena. Denunció a Zwinglio y sus seguidores en ese tiempo como 'fanáticos', patricidas', 'matricidas', 'fratricidas', 'demonios', 'esclavos', 'herejes', 'alborotadores', 'hipócritaS' y cosas semejantes. Los príncipes suscribieron los Artículos de Schwabach, sostenidos por Lutero, que eran una condición para hacer alianza con ellos. La razón de Lutero para su doctrina de la eucaristía no era una mera interpretación literal de las palabras de la institución, sino más bien el agradecimiento por el sello y donación del perdón ganado por la muerte de ese cuerpo y en la administrado del mismo, siendo las dudas sobre la posibilidad de tal presencia acalladas por el recuerdo de la absoluta unidad de lo divino y humano en Cristo. Mientras que la presencia de Cristo se desborda (llena todos los lugares a la vez), su omnipresencia en la eucaristía es definida (limitada por el espacio). Por otro lado, Lutero enseñó con igual claridad que la participación en sí misma, no es de provecho sin fe. Insistió en que los impíos e incluso las bestias al participar de los elementos consagrados participan del cuerpo y sangre de Cristo, pero los indignos participan para condenación. Aunque combatió la idea de que la eucaristía es un mero memorial, reconoció plenamente el elemento conmemorativo en la misma. En lo que respecta al efecto del sacramento en el creyente, subrayó especialmente las palabras 'que por vosotros es dado' y de ahí la expiación y perdón a través de Cristo.

Caída del papa y sus seguidores, c. 1538, pluma, pincel y aguada gris del taller de Cranach el Viejo
Caída del papa y sus seguidores, c. 1538, pluma, pincel y aguada gris;
taller de Lucas Cranach el Viejo
La dieta de Augsburgo y la cuestión de la resistencia civil.
Bajo las mismas peligrosas condiciones que hacían deseable una alianza de todos los adherentes de la Reforma, los Estados se reunieron con el emperador en Augsburgo en 1530, donde la relación del imperio con el protestantismo sería definitivamente determinada. Lutero, despreciado por el emperador y el imperio, se quedó en Coburgo, pero la confesión que presentó Melanchthon estaba basada en sus trabajos. Lutero, aunque se refrenó de tomar una actitud autoritativa, no se agradó de la suave y cauta actitud de Melanchthon, no viendo oportunidad de armonía de doctrina a menos que el papado fuera abolido, aunque esperó que hubiera tolerancia oficial para ambas confesiones en el imperio. El receso de la dieta dio a los protestantes sólo un corto tiempo para someterse, pero el emperador estaba presionado por la amenaza de los turcos y por la Liga de Esmalcalda de los príncipes y ciudades protestantes, lo que dio paso a la paz religiosa de Nuremberg en 1532, que duraría hasta que se convocara un concilio general para una decisión final. Desde la dieta de Spira (1529) la cuestión se había convertido en vital y en caso de que el emperador rechazara la paz, los príncipes estarían justificados en presentar resistencia armada. Hasta entonces Lutero había sostenido que incluso los actos equivocados del emperador no liberaban a sus súbditos de la obediencia, siendo desfavorable a las alianzas ofensivas y defensivas de los príncipes evangélicos, preservando esta actitud incluso ante la Liga de Esmalcalda. Pero ahora modificó su posición por las opiniones de juristas que en casos de notoria y pública injusticia legitimaban tal resistencia. Al aceptar esto, estaba consultando el juicio de los juristas, no el de los teólogos. En Warnung an die lieben Deutschen (1531), sin embargo, defendió abiertamente la resistencia en una causa justa, mientras que en cartas escritas en 1539 retrocedió hasta los requerimientos generales de la ley natural.

Corrupción del clero, según un autor protestante, 1538. Biblioteca Nacional, París
Corrupción del clero, según un autor protestante, 1538. Biblioteca Nacional, París
Negación de la autoridad de la Iglesia y de los concilios.
El papa se declaró dispuesto a convocar un concilio, renovándose las negociaciones de paz con la Iglesia católica, conferenciando el nuncio papal Vergerius con Lutero en Wittenberg en noviembre de 1535. Aunque Lutero no creía en la sinceridad del papa, sí estaba de acuerdo en asistir a un concilio general, dondequiera que se celebrase, aunque estaba expresamente convocado para la extirpación de la herejía luterana. A sugerencia del elector, preparó artículos para el concilio en los que atacó los dogmas de la Iglesia católica y denominó al papa Anticristo. La dieta de Esmalcalda (febrero de 1537) declinó tomar parte en el concilio y en 1539 Lutero elaboró sus ideas sobre los concilios en general en Von den Cocilien und Kirchen. En esa obra declaró que no se podía esperar reforma no ya del papa ni de un concilio general, sino que ni siquiera los antiguos concilios o los Padres podían ser la fuente de una reforma. Todo el sistema cristiano se derivaba no de los Padres o de los concilios, sino de la Biblia, siendo el objetivo único de los primeros cuatro concilios la defensa de los fundamentos doctrinales de las Escrituras. Negó por tanto el derecho de cualquier concilio a promover nuevos artículos de fe, a mandar nuevas buenas obras o a exigir ceremonias, restringiendo sus funciones a pronunciamientos jurídicos de juicios según la Biblia, en caso de peligro para la fe. En este mismo tratado reiteró su idea de que la Iglesia consiste únicamente de la congregación de los fieles y es reconocible por el uso de los medios de gracia y el poder de las llaves, además de la oración, la rectitud de vida y en que sus miembros están santificados por el Espíritu Santo.

Ataques a Zwinglio y reconocimiento de los Hermanos Bohemios.
Mientras tanto, se habían hecho esfuerzos para unir a los protestantes sobre la doctrina de la eucaristía y Bucero se había reunido con Lutero sobre el asunto en Coburgo ya en 1530. Lutero no cedía en nada, pues no podía comprender por qué, si sus oponentes realmente reconocían la verdadera presencia del cuerpo de Cristo, no otorgaban la participación externa en el acto de los indignos. Consecuentemente, expresó su más completa desaprobación hacia Zwinglio y avisó contra la aceptación de su enseñanza. Sin embargo, como encontró a los otros alemanes meridionales inesperadamente receptivos, alcanzó un acuerdo formal con ellos en Wittenberg en 1536, por el que ellos renunciaban a las enseñanzas de Zwinglio y reconocían la presencia verdadera. Por otro lado, ya que no exigía reconocimiento de la recepción de los elementos por los 'impíos' dejó una escapatoria para la opinión de Bucero de que sólo los cristianos que, incluso indignos, creían en las palabras de la institución lo recibían, pero no aquellos que 'se burlaban y no creían en nada'. En 1537 escribió una carta amistosa al burgomaestre de Basilea y a las ciudades suizas que no pudieron ser ganadas, informando al año siguiente a Bullinger que desde la Conferencia de Marburgo había considerado a Zwinglio un 'hombre excelente'. El deseo de Lutero de toda posible unión con los de ideas similares se mostró aún más claramente por su reconocimiento de los Hermanos Bohemios. En 1533, y luego cinco años más tarde, había escrito los prefacios a la apología y confesión que habían presentado al margrave Jorge de Brandeburgo y al rey Fernando, aunque en su nueva apología su teoría de la justificación y de la eucaristía no concordaban con las de Lutero.

Lutero, por Lucas Cranach el Viejo
Lutero, por Lucas Cranach el Viejo
Lutero como predicador y exégeta.
Aunque Lutero tomó parte en las visitaciones y actividades semejantes, su principal actividad consistía no tanto en la organización externa sino en la predicación, la exégesis, el consejo espiritual y la preparación de tratados sobre las verdades de la salvación. Como predicador trabajó en la iglesia de la ciudad con su amigo Bugenhagen, visitando también a los enfermos y realizando otras tareas de cuidado pastoral privado. Durante los años que seguirían a su regreso de Wartburgo, predicó sermones exegéticos sobre 1 y 2 de Pedro y Judas (1522-24) y sobre Génesis y Éxodo (1523-27), además de predicar sobre perícopas. En 1524-25 dio clases sobre Deuteronomio y en 1524-26 sobre los profetas menores, Eclesiastés e Isaías. En 1526 publicó su exégesis de Jonás y Habacuc y al año siguiente la de Zacarías. Entre sus otras clases las más importantes fueron las de Gálatas (1531-35) (la principal presentación de su doctrina de la salvación) y sobre Génesis (1536-45); de sus sermones los más notorios, además de los que estaban basados en perícopas, fueron sobre Mateo y Juan. Sus apostillas, la segunda parte no editadas por él mismo, se terminaron en 1527, mientras que los sermones que predicó a sus hijos y casa, impedido de hacerlo en público por su mala salud, en 1532 formaron la base de Hauspostille. La traducción de la Biblia se terminó en 1534, aunque hizo correcciones hasta 1545.

Teoría de la confesión y de la ley.
Sus propias preguntas sobre la Iglesia dirigieron a Lutero a declaraciones explícitas sobre importantes puntos de doctrina. Aunque rechazó la confesión auricular católica, puso gran énfasis en la confesión evangélica privada, no porque el confesor tuviera poder alguno, sino por las palabras de promesa que eran declaradas al perdonado, suponiendo que el penitente tenga fe. Aunque las palabras de perdón deberían ser proclamadas en cada sermón, sostuvo que la confesión privada es un medio para asegurar el estado espiritual del penitente, pudiendo retenerse la declaración de perdón solo en el caso manifiesto de incredulidad e impenitencia. En 1533 y de nuevo en 1536, Lutero aprobó la retención de la absolución general pública junto a la confesión privada en Nuremberg e incluso elaboró una fórmula para tal absolución. Sin embargo, sosteniendo que la absolución no estaba condicionada por el juicio sacerdotal, declaró posteriormente que podía ser conferida por un laico a otro, en virtud del 'poder de las llaves'. Por otro lado, en 1538 señaló que aquellos capaces de instruirse a sí mismos no necesitaban una confesión formal antes de recibir la eucaristía. En 1537 estalló una controversia con Johann Agrícola sobra la naturaleza de la ley. Firmemente opuesto por Lutero en las tesis de 1537-38 y en Wider die Antinomer (1539), Agrícola afirmó que la ley de Moisés había sido abrogada y que el arrepentimiento debería ser predicado sólo sobre la base del evangelio (la palabra de gracia en Cristo), no por la ley. Lutero, al contrario, mantuvo que la palabra de salvación no despierta fe en el corazón pecaminoso a menos que primero haya sido quebrantado por la ley y sus terrores resultantes sobre la conciencia. Esto, de hecho, no es verdadero arrepentimiento, pero es una preparación para ello, subrayando que dondequiera que en el Nuevo Testamento el pecado, la ira y el juicio se revelan, la ley y no el evangelio, prevalece.

Felipe de Hesse, por Hans Krell
Wartburg Sammlungen, Eisenach, Alemania
Establecimiento de consistorios y la bigamia de Felipe de Hesse.
La parte más importante en la organización de la Iglesia que estaba todavía por realizarse era la organización de consistorios, siendo los tales necesarios para la regulación de matrimonios. Lutero, a partir de su teoría sobre la relación de la ley secular con la ley mosaica y contemplando el matrimonio como un estado secular, aunque santo, lo relegó al Estado, sosteniendo que al clero le concernía hasta donde, por su naturaleza, llevaba a cuestiones de conciencia más que otro estado secular. El primer consistorio se organizó en Wittenberg en 1539 con la aprobación de Lutero. La importancia principal del consistorio para la vida y organización de la Iglesia procedió de que el deber encomendado era el de la disciplina. Se pensó que eso llevaría a la introducción de la excomunión pública con sus consecuencias civiles, pero cuando la oposición se levantó en Wittenberg en 1539 sobre el asunto, Lutero expuso muy claramente que la excomunión estaría dispuesto a establecerla basada en Mateo 18:15. No hay registro, sin embargo, de que tal plan se llevara a cabo, ni Lutero mismo tuvo mucha esperanza de los poderes disciplinarios del consistorio.

El fin de la vida de Lutero se aproximaba, habiendo ya recibido un aviso en un fuerte ataque de cálculos en Esmalcalda en 1537. Bajo su externo vigor se sintió débil y aunque lleno de gratitud por la gracia del evangelio, se sintió extraño al mundo en precepto y práctica, esperando un tiempo de juicio y desastre para la Iglesia. Le dolía sobremanera la actitud de las masas y de la nobleza hacia el evangelio, lo cual está ilustrado en las relaciones conyugales de Felipe de Hesse, quien estando casado se enamoró de una muchacha de la nobleza, afirmando que se veía obligado por razones de conciencia a buscar otra esposa. Concibió la idea de un doble matrimonio y ya en 1526 le pidió su opinión a Lutero, renovando su inquietud por medio de Bucero tras 1539. Aunque Lutero consideraba la monogamia como la institución original de Dios, concedió la posibilidad de que se administrara una dispensa, incluso entre cristianos, al ser preferible un doble matrimonio a un ilegal divorcio. Sin embargo, esta dispensa solo se podía conceder como consejo confesional y no podía alterar la ley, que reconocía solo una esposa, debiendo permanecer en absoluto secreto para evitar el escándalo. Aunque amonestaron a Felipe duramente por sus pecados y su deber, Lutero y Melanchthon otorgaron la dispensa a su caso, realizándose la boda el 3 de marzo de 1540. Lutero insistió que el nuevo matrimonio debía mantenerse en secreto y que la nueva esposa debía ser presentada ante el emperador como amante, sabiendo que él no podía justificar su actitud ante el mundo aunque pensaba que sí podía hacerlo ante Dios.

Mapa de los conflictos religiosos en el siglo XVI

Lutero en su cuarto de estudio
Controversias eucarísticas renovadas.
La imposibilidad de tener relaciones pacíficas con la Iglesia católica la sintió más agudamente Lutero en esos últimos años, cuando se hicieron nuevos intentos para la reconciliación. Fue obligado a deliberar con sus colegas en enero de 1540, con la esperanza de que el emperador pudiera convocar un concilio nacional, pues no habría remedio a menos que renunciara abiertamente a las doctrinas contrarias a la Escritura. Por tanto, sintió poca simpatía con la conferencia de Ratisbona en 1541, encabezada por Melanchthon y Cruciger, condenando su actitud tanto hacia la eucaristía como a la justificación. Sin embargo, cuando el emperador quiso reabrir las negociaciones en 1545, Lutero suscribió la propuesta de Melanchthon de reunirse con el episcopado, aunque sus diatribas con la Iglesia católica eran más duras que nunca, como se aprecia en Wider das Papsttum zu Rom, que apareció un año antes de su muerte. Dio base real para ofender a sus oponentes, cuando en 1542, a pesar de las protestas del capítulo, nombró a Nicolás von Amsdorf obispo de Nuremberg, acto que defendió en Exempel einen rechten christlichen Bischof zu weihen, por el que pretendía establecer desde el punto de vista evangélico la validez de la consagración que había realizado. Con el aumento de la disensión entre las dos casas sajonas después de 1542, ocurrió una ruptura en la unidad de los evangélicos. Lutero nunca había cesado de avisar contra las doctrinas de Zwinglio, aumentando sus sospechas porque Zurich rechazaba dejar esa línea. Formalmente renunció a la comunión con los predicadores de Zurich, pero estimó que la herejía había entrado en Alemania por el esquema de Colonia elaborado por Bucero y Melanchthon, quien hizo de la recepción de la eucaristía simplemente una obra celestial y un asunto de fe. Estimulado por frescas elucidaciones a través de Schwenckfeld publicó hacia finales de 1544 Kurze Bekenntnis des Sacraments, que no contiene ninguna postura nueva, sino una salvaje crítica de aquellos que no estaban de acuerdo con él, renovada al año siguiente en sus ataques contra los teólogos de Lovaina, cuando declaró 'a los zwinglianos y todos los blasfemos del sacramento' herejes y extirpados de la Iglesia cristiana. Igualmente protestó contra la doctrina eucarística de los Hermanos Bohemios en 1541, sospechando de sus ideas, pero al año siguiente recibió la Augusta amistosamente en Wittenberg y le dio la mano de comunión a sus correligionarios. Una prueba más de su reconocimiento de la unidad de espíritu, a pesar de la diferencia de opinión, se aprecia en su actitud hacia Melanchthon, con cuyos pasajes sinergistas en la última edición de su Loci Lutero nunca polemizó. Ya en 1537 Melanchthon había sido acusado de ideas zwinglianas sobre la eucaristía, pero Lutero, aunque encontraba cosas sospechosas en sus escritos, sin embargo quería 'compartir su corazón con él'. También dio tributo a los Loci y a toda la actividad teológica de su amigo en el prefacio al primer volumen de sus obras latinas (1545), aunque se dice que Melanchthon predijo en su enfermedad (1537) que tras su muerte no habría paz entre los teólogos asociados con él.

Lutero en su lecho de muerte
Lutero en su lecho de muerte, por Lucas Cranach
Muerte de Lutero.
Cada vez más Lutero tenía la convicción de que duras pruebas vendrían sobre Alemania, ya fuera de los turcos o de luchas internas. Mientras, el mundo le parecía que estaba en el estado anterior al diluvio o en el exilio en Babilonia o en la destrucción de Jerusalén, estando profundamente anonadado por la inmoralidad en Wittenberg, hasta el punto que amenazó en 1545 con no volver. Sentía que su muerte se acercaba. En 1544 rechazó preparar un manual de disciplina eclesiástica amparándose en su edad y cansancio y cuando, en 1545, terminó sus lecciones sobre Génesis, expresó su deseo de morir. El 23 de enero de 1546 fue de Wittenberg a Eisleben para resolver una disputa entre los condes de Mansfeld. Pero en medio de sus preocupaciones su salud la había dejado a un lado por una herida en su muslo durante mucho tiempo mal cicatrizada y un enfriamiento severo en este último viaje. En la tarde del 17 de febrero sintió una fuerte presión en su pecho y a la mañana siguiente murió, declarando su adherencia a la fe que había predicado. Su cuerpo fue enterrado solemnemente en la iglesia del castillo en Wittenberg, donde fue redescubierto en la mañana del domingo 14 de febrero de 1892 por dos hombres que habían tomado parte en la restauración de la iglesia ordenada por Guillermo I, deshaciendo así la historia de que durante la Guerra de Esmalcalda el cadáver había sido exhumado y enterrado en un campo vecino.

Resumen del desarrollo doctrinal de Lutero.
Estudiando el curso entero de la vida y actividad de Lutero y especialmente el desarrollo de sus teorías y enseñanzas, su contenido positivo se aprecia claramente formulado cuando entró en la batalla en 1517, mientras que sus resultados lógicos, particularmente los opuestos a la Iglesia católica y a las pretensiones papales, se desarrollaron plenamente en el tiempo de su regreso de Wartburgo. La Guerra del Campesinado, denominada a veces el gran incentivo de su posterior carrera, fue realmente importante solo para acentuar su audacia en el objetivo práctico de la Reforma. Tras eso, las modificaciones doctrinales aparecieron solo en tanto subrayaban uno u otro factor, según lo requerían las circunstancias. Su principio básico fue siempre 'justificación por la fe en Cristo', expuesto especialmente por Pablo y experimentado por él mismo. De su controversia con Agrícola se desprende que desde el principio Lutero sostuvo que el despertar de la conciencia por la palabra de Dios era una condición previa para creer. Una característica añadida de sus ideas sobre la influencia divina en la fe y la parte divina en aquellos que son justificados por la fe fue el realismo con el cual afirmó la actual y plena presencia de Dios en el Espíritu Santo. Respecto a Dios sostuvo que nunca puede ser conocido desde la especulación humana o por la revelación natural, sino que el hombre puede elevarse a él desde su perfecta manifestación en Cristo, aunque refrenándose, al confiar por la fe, de penetrar en lo que está escondido. En su concepto del Cristo histórico es notorio que insistió en la mayor identificación de lo divino y lo humano, en lugar de contentarse con una mera coexistencia de las dos naturalezas.

Teoría de la Iglesia y del mundo.
La doctrina de Lutero sobre la Iglesia de Cristo y los medios de gracia fue de la mayor importancia en su actividad como reformador. En su opinión era la congregación de los fieles quienes son santificados por los medios de gracia y deben ejercitarse en ellos continuamente en nombre de Dios. En cuanto al estado moral del cristiano en este mundo, procedente de la fe y del Espíritu Santo, Lutero sostuvo que ya compartía las bendiciones celestiales y estaba exaltado por encima del mundo, sirviendo a Dios en las ordenanzas temporales y estados ordenados por Dios y participando agradecidamente en las bendiciones temporales otorgadas. Aunque tuvo un cálido interés en los problemas de la vida secular, civil y social fue un reformador en este aspecto hasta donde Dios le daba importancia y con la debida actitud de mente. Si, finalmente, se pregunta de dónde obtuvo Lutero el fundamento de su creencia y doctrina, la respuesta debe ser que siempre defendió la suprema autoridad de la Biblia contra las pretensiones de la Iglesia católica. Esta fe está basada también en el testimonio interior que el Espíritu de Dios da al creyente en el recto uso de la Escritura, no solamente sobre su autoridad sino también sobre su contenido, por lo que consideró pertinente distinguir el alto carácter y valor de los libros individuales incluidos en la Biblia, pero hizo una distinción añadida entre declaraciones referidas a la revelación divina y las que aluden a asuntos seculares.

Catalina von Bora, grabado de Hans Brosamer
Catalina von Bora, grabado de Hans Brosamer
Estilo de Lutero.
El estilo de Lutero era naturalmente fuerte, simple y directo y a pesar de su profundidad y agudeza, estaba libre de excesos de sentimiento, de fantasía o de sutileza dialéctica. Pero como él mismo dijo, él debía siempre luchar en la tormenta. Su concepto básico de la salvación siempre ocupó el frente y centro de sus escritos, incluso en la exégesis de textos en los que, estrictamente hablando, tenía poca aplicación. Por otro lado, la seguridad histórica y lingüística las consideraba con frecuencia imperfectamente. Negó la fuerza de la interpretación alegórica, pero la empleó de manera sugestiva e iluminadora. En sus sermones, junto a la exigencia de que Cristo debía ser su tema, buscó que fueran comprensibles para las masas. Les falta forma técnica, pero combinan la exégesis y la aplicación, siguiendo estrictamente el pensamiento y exhortación a ser desarrollados, aunque les falte tema explícito.

Vida personal de Lutero.
En conformidad con su reconocimiento de la libre actividad del hombre en los asuntos seculares, Lutero poseyó un vívido interés en tales asuntos. Valoró grandemente las artes nobles y la ciencia, teniendo una acusada apreciación por los proverbios, fábulas y cuestiones semejantes. Su vida matrimonial fue feliz, tal como muestran sus charlas de sobremesa. Era generoso con sus modestos ingresos y entre sus amigos su conversación era fluida y natural, aunque frecuentemente demasiado tosca para un oído refinado. En el comer era temperado a pesar de su corpulencia y a veces ayunaba varios días seguidos. Su vida interior fue de humilde batalla entre las más fuertes tentaciones debido, en parte, a los sufrimientos corporales que sufría con frecuencia y su actitud resuelta ante los peligros externos. Nunca hizo planes de largo alcance para el futuro, sintiendo que la muerte le aguardaba en cualquier momento. Durante toda su vida pareció sentir la fuerza de un poder más elevado que le impulsaba a trabajar y luchar y en su obediencia al llamamiento no conoció ni miedo ni ansiedad, sino que sosegadamente esperó los resultados de lo alto.

Castillo fuerte es nuestro Dios. Ejemplar impreso más antiguo existente
Castillo fuerte es nuestro Dios
Ejemplar impreso más antiguo existente
Sus himnos.
Por su contribución a la himnodia Martín Lutero merece un agradecimiento del mundo cristiano. Su actividad en esta dirección incluye no sólo la escritura de himnos, sino la compilación de himnarios de los que nueve están registrados, publicados entre 1524 y 1545, siendo cinco de ellos revisiones de su Geistliche Lieder.Esos himnarios siempre contuvieron una gran proporción de sus propias composiciones; Etlich chrstlich lider Lobgesang und Psalm (Wittenberg, 1524) contenía ocho himnos de los que cuatro eran suyos; Geistliche Lieder de Wittenberg, 1543, contenía sesenta y uno de los que él compuso treinta y cinco. Sus propios himnos no eran todos nuevos, siendo algunos traducciones del latín, otros revisiones de himnos alemanes de la pre-Reforma, mientras que otros eran versiones de los Salmos o paráfrasis de otras porciones de la Escritura. En total Lutero dejó treinta y ocho himnos, siendo el más celebrado su 'himno de guerra' Ein' feste Burg ist unser Gott, del que Heine dijo que era como la Marsellesa de la Reforma, por lo popular que resultó ser tanto en la hora de la victoria como de consuelo en tiempos de tribulación. Otros himnos famosos suyos son Nun freut euch lieben Christengemein y Gelobet seist du Jesu Christ. Más que todas las otras obras de Lutero, exceptuando su traducción de la Biblia, sus himnos se han convertido en posesión común del pueblo alemán, mientras que su gran himno de guerra fue cantado por Gustavo Adolfo antes de las batallas de Leipzig y Latzen y por otros en tiempos críticos.

Ese himno, titulado en español Castillo fuerte es nuestro Dios, traducido por Juan Bautista Cabrera, dice así:

Castillo fuerte es nuestro Dios, defensa y buen escudo
Con su poder nos librará en todo trance agudo.
Con furia y con afán, acósanos Satán
Por armas deja ver, astucia y gran poder
Cual él no hay en la tierra.

Nuestro valor es nada aquí, con él todo es perdido.
Mas por nosotros pugnará de Dios el escogido.
¿Sabéis quién es? Jesús, el que venció en la cruz.
Señor de Sabaot y pues él sólo es Dios
Él triunfa en la batalla

Y si demonios mil están prontos a devorarnos
No temeremos, porque Dios sabrá aun prosperarnos.
Que muestre su vigor Satán y su furor
Dañarnos no podrá pues condenado es ya
Por la Palabra santa.

Esa Palabra del Señor que el mundo no apetece
Por el Espíritu de Dios muy firme permanece.
Nos pueden despojar de bienes, nombre, hogar
El cuerpo destruir, mas siempre ha de existir
De Dios el reino eterno.

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