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HALLER, BERTHOLD (1492-1536)
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Berthold Haller, reformador suizo, nació en Aldingen, Württemberg, en 1492 y murió en Berna el 25 de febrero de 1536.

Berthold Haller
En 1510 ingresó en la universidad de Colonia para estudiar teología, pero antes de acabar sus estudios ocupó una posición de profesor en Rottweil y cuando Rubellus, su antiguo profesor, fue llamado a una escuela en Berna, él lo acompañó como ayudante. En 1517 era notario espiritual, siendo ayudante de Thomas Wyttenbach en la iglesia de San Vicente. La diaria asociación con este hombre, quien ya había influenciado a Zwinglio y Leo Jud, tuvo indudablemente un efecto considerable sobre las ideas de Haller. A través de Myconius llegó a conocer a Zwinglio, a quien visitó en 1521 y quien sería su profesor y amigo. Al dimitir Wyttenbach en 1520, Haller recibió su posición como canónigo y sacerdote secular.

La Reforma en Berna.
Sus principales esfuerzos se dirigieron a la introducción de la Reforma en Berna y en unión con el franciscano Sebastian Meyer logró reunir un pequeño círculo de hombres evangélicamente inclinados. El primer ataque público contra los evangélicos fue en 1522, cuando el capítulo de Münsingen acusó al sacerdote de Kleinhöschstetten, Georg Brunner, de blasfemia contra la Iglesia y el clero. Una comisión instituida por el gobierno absolvió a Brunner, no tanto por causa del evangelicalismo sino para frenar las intromisiones del clero. La predicación evangélica estuvo permitida hasta 1523, cuando se publicó un edicto para frenar la herejía. Haller fue acusado de enseñar herejías sobre el matrimonio del clero y sobre los votos y regulaciones monásticas, pero no se le halló culpable. Sin embargo, sus amistades clericales se vieron obligados a dejar la ciudad, quedando Haller totalmente solo y descansando la obra de la Reforma enteramente sobre sus hombros. Pero bajo el peso de la responsabilidad sus poderes se incrementaron y la conciencia de su posición le dio una sagacidad y valor que difícilmente se habría esperado de su tímida naturaleza. Bajo la influencia de Zwinglio cesó de decir misa a finales de 1525, poniendo todo su esfuerzo en la predicación. Pero en 1525 y 1526 se publicaron edictos contra los evangélicos, teniendo lugar una disputa en Baden para la supresión de las heréticas enseñanzas de Zwinglio, donde Haller defendió su causa con suma habilidad, si bien no pudo prevalecer solo contra la fuerza unida de sus oponentes. A su regreso a Berna se le pidió que volviera a decir misa, pero él se aferró a su anterior decisión, no quedando su firmeza sin efecto sobre el consejo de la ciudad. Se le permitió quedarse y recibir salario como predicador, aunque se le privó de su canonjía. Retomó la predicación con renovado celo y éxito y bajo el constante aliento de Zwinglio la causa evangélica comenzó a tomar mayores dimensiones. En 1527 Haller recibió una importante ayuda de Franz Kolb, quien años antes había dejado Berna a causa de las desfavorables perspectivas de la causa evangélica, regresando una vez que el sentido de la ola había cambiado. El resentimiento del pueblo contra las pretensiones del clero indujo al consejo a hacer más y más concesiones a la causa evangélica. La mayoría de los miembros católicos del consejo se convirtieron a la nueva fe. Se permitó la libertad de predicación y se ordenó que tuviera lugar una disputación pública en Berna.

Actividad posterior.
Con la introducción de la Reforma la propia obra de la vida de Haller quedó completada; pero estuvo prominentemente relacionado con la elaboración del edicto reformador del 7 de febrero de 1528, y, con la ayuda de los teólogos llegados de Zurich, continuó su obra reformadora mediante sermones, visitaciones y examinaciones. También dio clases para clérigos ignorantes. Un catecismo que escribió a petición del consejo no se ha preservado. Los esfuerzos reformadores de Haller en Solothurn (1530) no tuvieron éxito. En el tiempo de las desgraciadas guerras de Cappel luchó por una resolución pacífica de las dificultades, lo que tensó sus relaciones con sus colegas Kolb y Megander, quienes defendían la guerra. En 1531 Haller disputó con Hans Pfister Meyer de Aarau, pero los otros predicadores de Berna no tuvieron el mismo éxito en sus disputas con los anabaptistas que tuvieron lugar en julio de 1532 en Zofingen. En 1532 Haller era deán del capítulo de Berna. Su última preocupación se produjo por la peligrosa posición de Ginebra, que era aliada de Berna, y en ese tiempo estaba bajo presión del duque de Saboya. Haller temió una nueva guerra, que habría puesto en peligro la causa evangélica en ambas ciudades, pero no vivió lo suficiente para ver la liberación de Ginebra. No dejó escritos.

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