en la web en la Biblia
 
 
CATESBY, ROBERT (1573-1605)

Robert Catesby, participante en la Conspiración de la Pólvora, nació en Lapworth, Warwickshire, en 1573 y murió el 8 de noviembre de 1605. Era el segundo y único hijo superviviente de Sir William Catesby y de Anne, hija de Sir Robert Throckmorton de Coughton en el mismo condado. Era el sexto descendiente de William Catesby, de la casa de Enrique VI y presidente de la cámara de los Comunes en el parlamento de 1484, quien, al estar del lado de Ricardo III, escapó en la batalla de Bosworth pero fue ahorcado en Leicester unos días después. Pero sus propiedades volvieron a su familia, que añadió grandes cantidades de tierras en el siglo siguiente. Sir William Catesby, como la gran mayoría de los hacendados de Inglaterra que residían en sus propiedades y estaban desconectados de la oligarquía que gobernaba en nombre de la reina en la corte, se alineó con la facción católica, sufriendo las consecuencias de su consciente adhesión. Fue un recusante y por el delito de no asistir a su iglesia y tomar parte en una forma de adoración que él consideraba una burla, sufrió severamente en persona y propiedades durante la segunda mitad del reinado de Isabel. Se había comprometido ya en 1580 por su amistad con los emisarios romanos, siendo un generoso contribuidor a su sostenimiento.

Miembros de la Conspiración de la Pólvora. Robert Catesby segundo por la derecha

Hay razón para creer que su hijo Robert fue durante un tiempo alumno en el colegio de Douai, pero en 1586 ingresó en Gloucester Hall, Oxford, que fue luego sitio favorito de refugio para los hijos de los hacendados recusantes, como Peterhouse en Cambridge. Los jóvenes de su facción raramente se quedaban en la universidad más de un año o dos, al ser el juramento de supremacía un tropiezo para ellos, por lo que Catesby nunca se graduó. En 1592 se casó con Catherine, hija de Sir Thomas Leigh de Stoneleigh, Warwickshire, compartiendo con ella una considerable posesión. Al año siguiente, por la muerte de su abuela, Catesby tomó posesión de la propiedad de Chastleton, donde continuó residiendo los siguientes años. Su esposa murió mientras vivían en Chastleton, dejando un hijo, Robert, pues un hijo mayor, William, había muerto en la infancia. En 1598 murió el padre de Catesby y aunque su madre, Lady Catesby, tuvo un interés vitalicio en una gran porción de la propiedad de su marido, Catesby era para ese tiempo hombre de grandes medios y mayores expectativas; pero parece que la presión de las leyes, que se habían aplicado con crueldad implacable sobre la clase poseedora de tierras en los condados centrales, había producido un incremento de la irritación que para hombres orgullosos y sensibles se hacía más insoportable, haciéndoles desesperar las temibles multas e impuestos sobre sus propiedades y el humillante espionaje al que estaban sujetos, por lo que estaban listos para cualquier riesgo que prometiera aunque fuera un remoto alivio de su situación. Ya en 1585 Sir William Catesby había sufrido del gobierno, hasta la extensión de un quinto de sus ingresos, por el aumento de imposiciones por ser un recusante. No obstante, tres años después estaba prisionero en Ely junto con Sir Thomas Tresham y otros recusantes, protestando indignado por el trato cruel. En 1593 todavía estaba en prisión y con dificultades para obtener una licencia de quince días de ausencia para ir a Bath para recuperarse de su salud, que presumiblemente había sufrido por el largo confinamiento. Las cosas no mejoraron para los recusantes en los siguientes años y las leyes penales no se relajaron, aunque las víctimas forzosamente estuvieron calladas. Cuando el loco estallido de Robert, conde de Essex, en 1601 llevó a ese noble insensato al cadalso, Catesby fue uno de sus adherentes más prominentes y en las refriegas que hubo en las calles fue herido. Fue encarcelado, pero por una vez en su carrera la reina no consideró oportuno derramar más sangre en su ira. Se recaudaría más dinero de los conspiradores dejándolos vivir que ahorcándolos, siendo Catesby perdonado, aunque se le impuso una multa de 4.000 marcos, de los cuales se entregaron 1.200 a Sir Francis Bacon. Catesby se vio obligado a vender la heredad de Chastleton, haciendo su hogar junto con su madre en Ashby St. Legers, Northamptonshire. Al aumentar su desesperación y rencor, creció el deseo de venganza. Dejando a un lado toda precaución se relacionó con los descontentos, llegando tanto a despertar las sospechas del gobierno, que unos días antes de la muerte de la reina, los lores del consejo le encerraron en prisión, estando probablemente bajo arresto en el ascenso de Jacobo I. Durante los seis meses siguientes de su reinado el nuevo rey parecía estar inclinado para mostrar favor hacia los hacendados católicos o tal vez para relajar la cruel dureza de las leyes. Las multas y embargos sobre los recusantes casi desaparecieron y un sentimiento de inquietud comenzó a expandirse entre los protestantes porque la tolerancia iba demasiado lejos. Esta tolerancia duró muy poco. Continuamente presionado por la facción puritana contraria a los papistas y preocupado por sus hambrientos escoceses, Jacobo que pronto descubrió que incluso el dinero y las tierras inglesas no se podían dar sin límite, comenzó a mostrar que tenía tan poca simpatía hacia la facción católica como su predecesora y las antiguas imposiciones fueron restauradas, poniéndose en vigor los antiguos estatutos. Los católicos, que habían comenzado a esperar mejores días, fueron aguijoneados por este cambio de actitud. Lo que querían era libertad de adorar a Dios a su forma; pero estaban divididos entre sí en dos facciones fuertemente opuestas. Una consistía de los que tenían una vaga idea de establecer una organización eclesiástica en Inglaterra bajo la disciplina de sus propios obispos nombrados por el papa, que ocuparía casi exactamente la misma posición ocupada por los católicos en Inglaterra en aquel momento. Esperaban que al someterse al gobierno y tomar el juramento de lealtad lograrían una medida de tolerancia, con la que ansiaban, con el paso del tiempo, devolver a la nación a la sumisión a la sede de Roma. La otra facción consistía de quienes estaban bajo la influencia predominante de los jesuitas, siendo firmemente opuestos a cualquier sumisión o contemporización; ellos querían todo o nada, sin hacer ninguna concesión a herejes o el más mínimo sometimiento a leyes que denunciaban como inmorales y consideraban pecado mortal, castigado con la exclusión para siempre de la Iglesia de Cristo en la tierra y en el cielo. Con esta segunda facción, no contenta con la tolerancia y sólo satisfecha con la supremacía, se alió Catesby, convirtiéndose en un destacado dirigente de ella. Al ascender Jacobo I, Catesby tenía treinta años, de buena estatura y gran fuerza corporal, con un rostro hermoso y maneras cautivadoras. Se dice que ejercía una influencia mágica sobre los que se relacionaban con él. Su bolsillo siempre estaba al servicio de sus amigos y él había sufrido por sus convicciones. Además, era un hombre sincero, hasta el punto del fanatismo, que subordinaba toda consideración de prudencia a las demandas de su dogmático credo. Primero católico y luego lo demás. Hombres tales se meterían en cualquier empresa que les persuadiera para el avance de una causa santa y Catesby, cuando ciñó su espada, puso cuidado de grabar en ella 'con la pasión de nuestro Señor', creyendo honestamente que estaba comenzando una cruzada sagrada para la gloria de Dios.

En el confuso enredo de testimonio y contradicción, de confesión bajo tortura, rumores interesados y hábil prevaricación, en el que el relato de la conspiración de la pólvora está basado, es difícil desenredar el hilo de una narrativa contada de tan diversas maneras. No obstante, el plan fue originalmente fraguado por Thomas Winter hacia el verano de 1604, compartiéndolo primero con Guy Fawkes y poco después con Catesby, quien estaba siempre dispuesto a proporcionar dinero; no fue revelado a ninguno de los sacerdotes católicos sino bajo secreto de confesión, lo que hacía imposible su divulgación; los dos jesuitas, Garnett y Gerard, que eran demasiado sagaces como para no ver la inmensurable imprudencia de tal intento, hicieron lo que pudieron para convencer a sus autores de las calamidades que resultarían; un plan que no hubiera ido tan lejos de no haber sido por el feroz atrevimiento de Fawkes y la loca obstinación de Catesby. La noche del 4 de noviembre Fawkes fue detenido en la puerta del sótano bajo las casas del parlamento por Sir Thomas Knyvett, que encontró 36 barriles de pólvora preparados para ser explotados. Catesby supo del arresto de su compañero casi inmediatamente y no perdió tiempo en huir a caballo. Se le unieron los hermanos Wrights, Percy y Ambrose Rookwood, llegando todos a Ashby St. Legers, a una distancia 130 kilómetros, en menos de siete horas. La tarde del día 7 llegaron a Holbeach con una fuerza de sesenta hombres y a la mañana siguiente ocurrió el estallido de la pólvora que los conspiradores tenían lista para la defensa de la casa contra el asalto, siendo Catesby severamente quemado por ella. Unas horas después Sir Richard Walsh llegó con sus fuerzas, rodeando la casa y ordenando a los rebeldes que depusieran las armas. Al negarse comenzó el ataque y Catesby y Percy, luchando furiosamente, fueron alcanzados por dos balas del mismo mosquetón. Catesby, arrastrándose entró en la casa, se abrazó a una imagen de la Virgen y cayó muerto agarrado a ella.

© No se permite la reproducción o copia de este material sin la autorización expresa del autor. Es propiedad de Iglesia Evangélica Pueblo Nuevo
Iglesia Evangélica Pueblo Nuevo c/ Villacarlos, 14 28032 - Madrid
info@iglesiapueblonuevo.es - Horario de culto: Domingo 11 horas
Inscrita en el Ministerio de Justicia con el número 015638