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CARLOS V (1500-1558)
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Carlos V, emperador del Sacro Imperio y rey de España, nació en Gante el 24 de febrero de 1500 y murió en Yuste, España, el 21 de septiembre de 1558.

Retrato del emperador Carlos V, 1533, óleo sobre tabla de Lucas Cranach el Viejo
Retrato del emperador Carlos V, 1533, óleo
sobre tabla de Lucas Cranach el Viejo.
Museo Thyssen-Bornemisza, Madrid
Era hijo de Felipe el Hermoso de Austria y Juana de Aragón, nieto, por parte paterna, del emperador Maximiliano I y María de Borgoña y por el lado materno de Fernando e Isabel, que habían unido las coronas de Aragón y Castilla en el reino de España. En 1516 sucedió a Fernando e Isabel como rey de España y gobernante de los Países Bajos, del reino de Nápoles (incluyendo Sicilia y Cerdeña), Milán, Luxemburgo y el Franco Condado. Como miembro de la casa de Habsburgo era archiduque de Austria. Con tan sólo 16 años era el soberano más poderoso de Europa. En 1519 fue elegido emperador, compitiendo con Francisco I de Francia, principalmente por la influencia de Federico de Sajonia.

Política de Carlos. La dieta de Worms.
Desde el principio de su gobierno como rey de España se encontró con dificultades. Los derechos de Carlos a la sucesión exigieron los mayores esfuerzos del cardenal Cisneros, principal consejero de Fernando, para impedir un levantamiento abierto en España, donde tales derechos eran considerados dudosos y por la impopularidad de su trasfondo y sus consejeros holandeses. Carlos se hizo cargo de su administración imperial en medio de los comienzos de la revolución protestante, la amenaza en el oeste por la ambición y envidia del rey de Francia y en el este por los ataques de los turcos, que fueron estimulados por Francia. La necesidad de proteger los Países Bajos, sus posesiones italianas y otras occidentales de la voracidad francesa y los dominios orientales de la casa de Habsburgo de la agresión turca, son el fundamento de la política de Carlos en asuntos eclesiásticos. Inmediatamente tras su coronación como emperador en Aachen (octubre de 1520) se hizo manifiesta la necesidad de tomar vigorosas medidas para la supresión del luteranismo. Entre el 28 de enero y el 25 de mayo de 1521 se celebró la dieta de Worms, pero Carlos, influenciado por su confesor, Quintana, y teniendo pánico a una guerra civil, rechazó tratar a Lutero tan rígidamente como el nuncio papal, Girolamo Aleandro, deseaba. El edicto de Worms, que resume la línea que Carlos tomaría en la dirección de la coerción, prohibía la impresión, venta y lectura de los libros de Lutero y otorgarle apoyo; pero el salvoconducto bajo el cual el reformador fue a Worms fue respetado.

Sucesos políticos que favorecieron la causa protestante.
El 8 de mayo se cerró un tratado secreto en Worms entre el emperador y el papa contra Francia. Enrique VIII de Inglaterra se unió a la alianza, esperando adquirir territorio en Francia e incrementar su propia importancia si Wolsey, su principal consejero, era elegido papa. La guerra estalló casi inmediatamente. El duque de Borbón defendía la causa imperial. El papa, esperando que los franceses ganaran y temiendo el incremento del poder imperial en Italia, cambió su lealtad a Francisco, provocando la ira del emperador, quien obtuvo la victoria, haciendo prisionero a Francisco en la batalla de Pavía (1524). El matrimonio de Carlos con la infanta de Portugal, antes que con María, hija de Enrique VIII, hizo que éste se retirara de la alianza imperial e hiciera la paz con Francia. Amparándose en la obsesión del emperador en empresas no alemanas, muchos príncipes alemanes ignoraron el edicto de Worms y abiertamente se adhirieron a la causa luterana. En julio de 1525 el duque Jorge de Sajonia, elector de Brandeburgo, el arzobispo elector de Maguncia y el duque de Brunswick se reunieron en Dessau y formaron una liga católica, para cooperar con el emperador en el exterminio de la "maldita secta luterana." En febrero de 1526 el elector de Sajonia y el landgrave de Hesse (a quienes se unieron después otros siete príncipes) formaron la alianza Gotha-Torgau para la defensa del luteranismo. La fuerza manifiesta de la causa evangélica y su ruptura con el papa hizo que Carlos asumiera una actitud conciliatoria y en la dieta de Spira (junio de 1526) dejó a los príncipes alemanes en libertad de tratar con las cuestiones religiosas según su sentido del deber. La invasión turca en el este y la necesidad del ejército alemán para castigar al papa promovió esta política de tolerancia. En mayo de 1526 se formó una liga secreta entre el papa, Francia, Inglaterra, Venecia, Milán y Florencia contra el emperador, quien (17 de septiembre) declaró al papa usurpador y apeló a un concilio general.

El papa Clemente VII contempla el saqueo e incendio de Roma
El papa Clemente VII contempla el saqueo e incendio de Roma
En 1527 Carlos envió un ejército alemán luterano dirigido por Jorge de Frundsberg y uno español dirigido por el duque de Borbón contra el papa y sus aliados. Las tropas imperiales se abrieron paso hasta Roma al costo de las vidas de unos 5.000 defensores y durante ocho días saquearon la ciudad. El papa se escondió en el castillo de Santángelo. A los cardenales se les sacó de la ciudad y se les obligó a pagar rescate. San Pedro se usó como establo. Justo antes del saqueo de Roma, Inglaterra y Francia habían acordado unirse para exigir al emperador la liberación de los príncipes franceses detenidos por él como rehenes y el pago a Inglaterra de ciertas indemnizaciones, declarándole la guerra en caso de que rechazara. El saqueo de Roma y el maltrato al papa aumentaron la hostilidad de Inglaterra y Francia. Enrique VIII esperaba, al socorrer al papa y enfrentarse al emperador, lograr los buenos oficios del primero en el asunto de su divorcio de Catalina de Aragón, quien era tía del emperador. Carlos pensó que era aconsejable entenderse con el papa. Le devolvió la mayor parte del territorio que había tomado y recibió la promesa de celebrar un concilio general para la pacificación de la cristiandad y la reforma de la Iglesia.

Mapa del imperio en el siglo XVI - Los príncipes y la Reforma
Mapa del imperio en el siglo XVI - Los príncipes y la Reforma

Intentos de unidad religiosa. Dieta de Augsburgo.
En 1528 el duque de Baviera procuró la cooperación de Inglaterra, Francia y Lorena en un esfuerzo para destituir a Carlos, procurando Felipe de Hesse la de Francia, Silesia, Polonia y otros contra la casa de Habsburgo. La decisiva victoria de Carlos sobre los franceses desembocó en la paz de Cambrai (julio de 1529), siendo seguida por un acuerdo con el rey francés para cooperar en esfuerzos por la unificación religiosa. La segunda dieta de Spira (1529) anuló la tolerante política de la primera. La manifiesta determinación de Carlos por aplastar al luteranismo hizo que los príncipes luteranos se unieran en una protesta, de donde procede la designación "protestantes." El fracaso de luteranos y zwinglianos para unirse en la defensa de la causa evangélica y la retirada del ejército turco de las puertas de Viena hicieron que el emperador, ahora en paz con Francia y el papado, se sintiera dueño finalmente de la situación. De hecho, estaba entonces en la cumbre de su poder y todo lo que le faltaba para completar su éxito era la restauración de la unidad religiosa. Planeó visitar Alemania, convocar una dieta para la pacificación religiosa, citar a las diferentes facciones evangélicas para que presentaran sus ideas y luego refutarlas por los teólogos católicos invitados. Anunció su intención de someter todos los errores pasados al juicio de Cristo y dar debida consideración a todas las opiniones; sin embargo, no escondía su determinación de llevar a toda la gente de su imperio a una comunidad en una sola Iglesia. Al llegar a Augsburgo para la dieta de 1530 procuró intimidar a los príncipes alemanes, insistiendo que deberían mantener a sus predicadores callados durante las sesiones de la dieta y pidiéndoles que se unieran a él en la procesión del Corpus Christi. Ellos rechazaron firmemente estas propuestas. La confesión pacífica de fe preparada por Melanchthon fue atacada por los teólogos católicos. Carlos objetó a las duras polémicas en las que ellos se complacían e insistió en una declaración más conciliatoria que al fin prepararon.

La confesión de Zwinglio y de las cuatro ciudades fue tratada con menos consideración todavía. Lorenzo Campeggio, representante del papa, exhortó a tomar medidas drásticas para la extirpación de la herejía, pero Carlos era demasiado estadista para no darse cuenta de que en caso de un conflicto los príncipes y ciudades evangélicos serían apoyados por Francia, Baviera y otros poderes anti-Habsburgo y de nuevo asumió una actitud conciliatoria. La Liga de Esmalcalda (1531) tuvo como miembros a todos los príncipes y ciudades luteranos, obteniendo el apoyo de Francia, Inglaterra, Dinamarca, Hungría y el ducado de Gelders, quedando de nuevo Carlos perturbado por la agresión turca. Por la paz religiosa de Nuremberg (1532) renovó la tolerancia de 1526.

Carlos V
Esfuerzos por un concilio general.
Carlos pasó los siguientes nueve años en España, y desde ese tiempo en adelante fue incansable en sus esfuerzos para procurar la convocatoria de un concilio general que abordara completamente las reformas de la administración eclesiástica, resarciera las quejas de los protestantes e hiciera posible la reunión de la cristiandad. Su acercamiento a los príncipes luteranos para la resolución de diferencias por un concilio libre fue rechazado y durante los siguientes años tuvo la pesadumbre de ver al protestantismo avanzar más rápidamente que nunca antes. En 1541 se entrevistó con Pablo III sobre la convocatoria de un concilio, siendo seleccionada Trento al estar fuera pero cerca de Italia y en la católica Austria. Carlos insistió que la reforma debería tener preferencia sobre la definición doctrinal, mientras que el papa y sus consejeros pensaban que el segundo asunto era de suprema importancia. Se llegó a un compromiso en el sentido de que las sesiones tocarían alternativamente los asuntos de reforma y doctrina. El interés de Carlos en la reforma era político más que moral o religioso. Pensaba que los esfuerzos de coerción sin una reforma antecedente resultarían en una guerra y harían la unificación imposible. Repetidamente invitó a los protestantes a enviar representantes al concilio, con promesas de salvoconducto y trato justo. En la cuarta dieta de Spira (1544) una disputa entre el duque de Brunswick y el elector de Sajonia y el landgrave de Hesse, que había resultado en el encarcelamiento del primero y la toma de sus posesiones, fue solucionada por el emperador, obteniendo la promesa de un gran ejército alemán para una campaña contra los turcos. Con la ayuda de los ingleses y los alemanes, Carlos obtuvo tales ventajas sobre el rey de Francia que pudo firmar una paz favorable (Crespy, septiembre de 1544). La paz suponía un acuerdo por parte de los dos soberanos para unirse en la promoción del concilio y la reunificación de la cristiandad.

Renovación de las hostilidades; fracaso para conseguir la unidad.
En la dieta de Worms (mayo de 1545) la imposibilidad de reconciliar a los protestantes se hizo al emperador más manifiesta que nunca antes, por lo que comenzó a prepararse para el inevitable conflicto. La guerra se renovó inmediatamente entre el duque de Brunswick y el elector de Sajonia y el landgrave de Hesse, resultando desastrosa para el primero. El elector del Palatinado mostraba tendencias protestantes ya en 1546 y la muerte del arzobispo elector de Maguncia (septiembre de 1545) desencadenó una batalla por la supremacía entre los ayudantes del emperador y los protestantes. En la dieta de Regensburgo (junio de 1546) los aliados de Esmalcalda protestaron contra el concilio y pidieron la continuidad de la paz. El emperador trató su propuesta con desdén y expresó su propósito de vindicar su autoridad imperial. En julio declaró la guerra contra los aliados, considerándolos rebeldes y sediciosos. La traición de Mauricio de Sajonia dio una marcada ventaja a la causa imperial y en julio de 1547 Carlos destruyó la Liga de Esmalcalda, teniendo a los protestantes a su merced. Sin embargo incluso entonces fue demasiado prudente para intentar la súbita y violenta extirpación de la fe evangélica. Procuró la concurrencia de los príncipes y teólogos luteranos en los Interim de Augsburgo y Leipzig, en un plan para la parcial y gradual restauración del catolicismo. El regreso de Mauricio a la causa luterana, el desacuerdo entre el emperador y el papa y la intervención de Francia privaron a la causa imperial de las ventajas que había adquirido. En el tratado de Passau (agosto de 1552) Carlos se sintió obligado a otorgar la amnistía y tolerancia religiosa a los luteranos y para 1554 la autoridad imperial se había debilitado tanto que Carlos permitió que su hermano Fernando hiciera la paz (1555) con los luteranos en términos que reconocían la igualdad completa de derechos para los príncipes católicos y luteranos.

Últimos momentos de Carlos V, grabado de R. Bong según una pintura de C. P. Torriglio
Últimos momentos de Carlos V, grabado de R. Bong según una pintura de C. P. Torriglio

Abdicación.
Profundamente humillado y completamente desanimado Carlos abdicó (1556), dejando sus posesiones hereditarias a su hijo Felipe. Fue sucedido en el cargo imperial por su hermano Fernando. Se retiró al monasterio de Yuste, donde, quebrantado en salud y deprimido en espíritu, pasó los dos últimos años de su vida. Poco antes de su muerte, viendo en Lutero la causa de todos sus males, lamentó no haberlo quemado en la dieta de Worms. Carlos fue incuestionablemente un estadista de una capacidad superior a la media, comparativamente tolerante, libre de celo fanático por la fe católica, menos traicionero que la mayoría de los gobernantes de su tiempo y supremamente interesado en conservar y extender las posesiones y el poder de los Habsburgo, procurando efectuar la unión religiosa como medio para este fin. Pero las circunstancias más allá de su control hicieron su posición extremadamente difícil. Desde su punto de vista es probable que hubiera sido aconsejable aplastar al luteranismo en sus primeros momentos.

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