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CARLOS I (1600-1649)
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Carlos I, rey de Inglaterra, Escocia e Irlanda, hijo segundo de Jacobo I y Ana de Dinamarca, nació en Dunfermline, Escocia, el 9 de noviembre de 1600 y murió decapitado en Londres el 30 de enero de 1649.

Carlos I
En el acto de su bautismo recibió el título de duque de Albany, en 1605 fue hecho duque de York y en 1612, a la muerte de su hermano mayor Enrique, pasó a ser heredero de la corona, pero no fue nombrado príncipe de Gales hasta cuatro años más tarde. Niño de constitución sumamente delicada, estaba afectado de una gran debilidad en las articulaciones, pero el crecer en edad se robusteció su naturaleza, no quedándole más que una ligera tartamudez como resabio de sus antiguas dolencias. Se distinguió también en los estudios, particularmente en el de la teología y en el de las letras, en los que adquirió conocimientos poco comunes, cultivando también con gusto la música y otras bellas artes, siendo además un joven apreciable por su modestia y de irreprochables costumbres.

Desde 1614 empezaron las negociaciones para casar al príncipe con la infanta María, hija de Felipe III de España, negociaciones que se prolongaron hasta 1623, cuando el príncipe en persona, acompañado de su favorito Buckingham, se trasladó de improviso y de incógnito a Madrid con ánimo de resolver de una vez la cuestión de su matrimonio. Pero como la corte española exigía la conversión pública de Carlos al catolicismo y por otra parte Fernando III no se mostraba dispuesto a favorecer la restauración de Federico, cuñado del príncipe inglés, en el trono del Palatinado, Carlos regresó a su país al cabo de algunos meses, ávido de romper por completo con España. El 27 de marzo de 1625 subía al trono de Inglaterra por fallecimiento de su padre y a fin de asegurar la alianza francesa el 1 de mayo del mismo año se casó con Enriqueta María, hermana de Luis XIII, con la condición de que la princesa no sería molestada en lo más mínimo en el ejercicio de la religión católica y que podría dirigir la educación religiosa de sus hijos hasta cumplir éstos los trece años de edad, pudiendo además sostener una servidumbre de 440 personas católicas; sin embargo, el rey, juzgando excesivo ese séquito, ordenó a poco de su matrimonio la deportación del mismo a Francia, viviendo desde entonces completamente feliz el matrimonio real.

Carlos I y el parlamento
Ilustración de Cassell's Illustrated History of England
Las virtudes de Carlos habían hecho concebir las más halagüeñas esperanzas al pueblo inglés, pero bien pronto el matrimonio del monarca y los atentados de éste a las prerrogativas del parlamento enfriaron el entusiasmo popular, además, el rey era un mero juguete de su favorito y primer ministro el duque de Buckingham. En el mismo año de su advenimiento había convocado al parlamento con objeto de pedirle subsidios para la Guerra de los Treinta Años, pero los diputados no le concedieron más que 140.000 libras, suma muy inferior a la pedida por él y poco después Carlos disolvió la cámara, que fue convocada al año siguiente celebrándose la sesión de apertura el 6 de febrero. John Eliot se puso a la cabeza de la oposición y declaró que los consejos del rey eran responsables de las injusticias del soberano, iniciando, además, una investigación acerca de la responsabilidad de Buckingham, pero el rey hizo encerrar en la Torre de Londres a Eliot y Digges, disolviendo el 15 de junio de nuevo el parlamento, que no le había querido conceder los subsidios pedidos. El fracaso de Buckingham que había ido a Francia en auxilio de los protestantes de La La Rochelle, acabó de colmar el descontento de la oposición y Carlos se decidió a convocar el tercer parlamento (17 de marzo de 1628) que presentó la célebre Petition of Right, a la que el rey, obligado por la necesidad del dinero, no tuvo más remedio que acceder. Por aquel tiempo Buckingham fue asesinado, pero eso no hizo más que agravar la situación, porque el rey entonces debía entenderse directamente con las oposiciones, divolsiendo el tercer parlamento, en el que Cromwell tomó por vez primera la palabra. Aconsejado por su esposa, que le tenía casi dominado y asesorado por sus ministros Laud y Wentworth, Carlos gobernó por espacio de once años prescindiendo del parlamento y sólo la servil Cámara Estrellada daba un simulacro de sanción legal a sus despóticas medidas y a las onerosas exacciones impuestas a la nación para sufragar los gastos del gobierno. Mientras tanto, Carlos había firmado la paz con todas las potencias y creía que ya podía vivir tranquilamente, pero la conducta de sus ministros irritó vivamente al pueblo, que empezaba ya a dar oídos a los principios republicanos. A ello se unían las persecuciones religiosas, que obligaron a millares de puritanos a exiliarse a América.

Firma del Covenant, ilustración de
Cassell's Illustrated History of England
En Inglaterra el predicador Burton, el médico Bastwick y Pyrne fueron expuestos a la vergüenza pública después de habérseles cortado las orejas. En Escocia el rey había querido reformar la liturgia, lo que produjo tales protestas, que el consejo secreto que gobernaba aquel Estado hubo de ceder; pero no así Carlos, cuya obstinación motivó que se uniesen los escoceses y formasen un gobierno provisional, jurando además defender por todos los medios su profesión de fe y adoptando meramente el Covenant. El rey, aunque no estaba dispuesto a ceder ostensiblemente, envió a Escocia a Hamilton, que anunció importantes concesiones a cambio de que abandonasen el Covenant, pero ya era tarde y los escoceses proclamaron que, en materia religiosa, la Iglesia no dependía del Estado; suprimieron el nuevo ritual y destituyeron a los obispos. Ante tal estado de cosas, Carlos no vio otra solución que la guerra y al afecto se preparó para ella, convencido de que aún en la misma Escocia encontraría partidarios suyos, pero no había contado con la fuerza que el entusiasmo daba a los escoceses. Por entonces no llegó a haber ningún choque entre los ejércitos real y escocés y Carlos aprobó la tregua para reunir un nuevo parlamento en Londres, el cuarto de su reinado, que se llamó el Parlamento Corto, porque fue disuelto al poco tiempo. La asamblea, lejos de ceder a las pretensiones del monarca, presentó un memorial de agravios, pidió que se investigaran las circunstancias de la muerte de Eliot, ocurrida en la Torre de Londres durante su prisión, e insistió sobre la necesidad de una inmediata paz con Escocia. El rey quiso entonces que la cámara de los Lores pusiera el veto al parlamento, pero no pudo conseguirlo y lo disolvió por cuarta vez. La actitud de la cámara popular acabó de envalentonar a los escoceses, uniéndose presbiterianos y puritanos contra el rey, quien había reunido su ejército en York para oponerse a los progresos de sus enemigos, pero pronto se vio sin recursos y entonces convocó un nuevo parlamento que se llamó el Parlamento Largo, cuya primera sesión se celebró el 3 de noviembre de 1640. Desde el primer momento se vio que las oposiciones, a cuya cabeza figuraba el hábil Pym, no estaban dispuestas a doblegarse a la voluntad del rey, cuya falta de decisión y carácter acomodaticio le había llevado a una situación por demás crítica.

Strafford llevado a la ejecución, ilustración de
Cassell's Illustrated History of England
En efecto, la nueva asamblea popular, que además contaba con el apoyo de buen número de Lores, comenzó por hacerse eco de las quejas de la nación y para demostrar que estaba inquebrantablemente resuelta a reivindicar los derechos nacionales, aprobó el arresto y proceso de los dos instrumentos del despotismo real, Laud y Wentworth, que había sido nombrado conde de Strafford; el rey, con objeto de salvar a éste, alentó una conjuración para disolver por la violencia al parlamento, pero descubierto el plan, Strafford fue condenado a muerte, y aunque el rey intentó defenderle, tuvo miedo después y no supo negarse a firmar la sentencia de su más valiente defensor, acto del que tuvo remordimiento hasta el fin de su vida y que fue perfectamente inútil, pues en nada mejoró su situación. Carlos se vio despojado por completo de toda su autoridad por el parlamento, que le hizo sancionar una ley por la que debía reunirse cada tres años, no pudiendo ser disuelto sin su consentimiento, lo que era implícito reconocimiento de la constitución, pero por desgracia Carlos, que tenía el más exagerado concepto de las prerrogativas reales, no pudo quedar de esta manera satisfecho y sin reparar en que este doble juego podía salirle muy caro, marchó a Escocia con objeto de conseguir, a fuerza de concesiones, algunos recursos en dinero y en gente armada, pero por este tiempo tuvo lugar en Irlanda la rebelión y matanza del Ulster, lo que aumentó la reacción de los puritanos. La cámara de los Comunes, sospechando fundadamente las intrigas del rey, y apoyada por el pueblo, exigió y obtuvo la exclusión de los obispos de la cámara de los Lores, a lo que contestó Carlos acusando de alta traición a Hampden, Holles, Pym, Strode y Haselrig, miembros de la cámara popular, exigiendo que le fuesen entregados (junio de 1642); pero aquélla se negó y cuando el rey se presentó con una guardia para apoderarse de ellos, habían desaparecido. Aquí fue el principio de la guerra entre Carlos y el parlamento, que tan cara había de costar al rey. La ciudad de Londres se pudo al lado del parlamento y los cinco diputados acusados entraron triunfalmente en la población. El rey tuvo que retirarse y el pueblo en masa se levantó en armas. Carlos se refugió primero en Hampton Court y después en Windsor, pero antes de salir de Londres hizo una serie de concesiones bien inútiles, porque el conflicto ya no podía tener una solución pacífica. El rey había perdido poco a poco todas sus prerrogativas, pero no podía acceder al último sacrifico que le exigía el parlamento, o sea elegir los jefes del ejército entre una lista que aquél le presentaría. Esto era equivalente a una abdicación y Carlos no podía aceptarlo y lo que hasta entonces no era más que la perspectiva de una guerra, se convirtió en realidad, apercibiéndose al combate de una parte de los parlamentarios llamados "cabezas redondas", por llevar cortado el pelo al rape en obvio contraste con los largos tirabuzones que eran la moda en la corte de Carlos I, y de otra los realistas. Los primeros disponían de todos los recursos de la capital, de las ciudades y de los condados del este y de la escuadra; los realistas dominaban en el norte de Inglaterra y en las regiones montañosas del oeste y sus tropas, aunque no tan numerosas, eran más aguerridas que las otras. La primera batalla (23 de octubre de 1642) fue desfavorable a los parlamentarios y el ejército llegó hasta las puertas de Londres, pero Cromwell, que mandaba la caballería de los "cabezas redondas", impidió la reunión de los dos cuerpos de ejército de Carlos, hasta que el invierno suspendió las hostilidades.

Cromwell lee la correspondencia secreta de Carlos I, ilustración de
Cassell's Illustrated History of England
Entonces se hicieron tentativas para llegar a la paz, pero se desistió y a principios de 1644 se reanudó la guerra; los primeros combates fueron también favorables a los realistas, pero la batalla de Long Marston Moor fue un verdadero desastre para ellos y perdieron muchas plazas, debiendo fugarse algunos de sus principales jefes. Los parlamentarios aprovecharon esta situación para emprender nuevas negociaciones, pero el rey no quiso suprimir los obispados, ni permitir que el parlamento nombrase los jefes del ejército, lo que hizo inútil toda tentativa de arreglo, reanudándose de nuevo las hostilidades. La batalla de Naseby (14 de junio de 1645) fue decisiva; cinco mil realistas cayeron en poder de los parlamentarios, que se apoderaron además de la artillería, de las municiones y, lo que es peor, de la correspondencia secreta del rey, por la cual supieron de la doblez de Carlos, que tuvo que refugiarse en el castillo de Ragland. Los combates parciales que siguieron no fueron más afortunados y ello le decidió a entenderse otra vez con la parte más moderada de los vencedores, el partido presbiteriano, que aún continuaba siendo partidario de la monarquía, pero su falta de sinceridad le perdió, pues mientras enviaba a decir al parlamento que su única aspiración era la paz, continuaba sus negociaciones con los irlandeses y ofrecía simultáneamente a los presbiterianos y a los independientes entenderse con ellos en perjuicio de los demás.

Huída de Carlos I de Oxford, ilustración de
Cassell's Illustrated History of England
No pudo llegar a un acuerdo y entonces se dirigió a los escoceses. Sus enemigos hacían visibles progresos y Calos comprendió que la toma de Oxford le haría caer en sus manos, por lo que el 27 de abril de 1646, a media noche, huyó disfrazado, llegando hasta cerca de Londres, pero no se atrevió a entrar en la ciudad y anduvo vagando durante ocho días, hasta que se encontró con Montreuil, por el que se hizo conducir al campo de los escoceses. Estos, desde el primer momento le trataron como prisionero y le pidieron que adoptase la constitución presbiteriana, pero el rey prefirió continuar la política que tan fatal había de serle, ofreciendo a los independientes una tolerancia religiosa ilimitada y prometiendo a los presbiterianos todo lo contrario; los vencedores, indignados por esta falta de sinceridad, se entendieron prescindiendo de él y Carlos fue entregado a los parlamentarios mediante la cantidad de 400.000 libras (enero de 1647), lo que le hizo decir: "Prefiero estar en poder de los que me han comprado tan caramente, que no de los que me han vendido tan cobardemente." Fue conducido primero al castillo de Holmy, donde reanudó las negociaciones con los presbiterianos y al cabo de cuatro mees su respuesta a una proposición parlamentaria fue causa de que se le trasladase a Hampton Court, donde continuó sus intrigas, oponiéndose obstinadamente a toda proposición del parlamento y tres meses después huyó a la isla de Wight, donde esperaba recibir socorro del gobernador de Carisbrook Castle, pero fue hecho prisionero. Cromwell y los independientes perdieron la paciencia e hicieron que el parlamento aprobara una disposición declarando traidores a todos los que propusieran nuevas negociaciones con el rey, que fue trasladado a Hurst Castle. Los presbiterianos escoceses e ingleses, que juzgaban sagrada e inviolable la persona del monarca, trataron de rescatarle, pero fueron vencidos y sus representantes expulsados del parlamento, lo que se llamó la purga de Pride, nombrándose un tribunal para juzgar al rey. El 23 de diciembre de 1648 fue trasladado desde Hurst Castle a Windsor y el 20 de enero de 1649 fue conducido a Westminster Hall, donde con gran solemnidad comenzó el proceso. Carlos negó la legalidad de éste y rehusó defenderse y el 27 del mismo mes y año fue sentenciado a muerte por tirano, asesino y enemigo de la nación por 67 votos de los 135 jueces nombrados.

Carlos I es solicitado para ser llevado al cadalso, ilustración de
Cassell's Illustrated History of England
Escocia protestó, la familia real suplicó. Francia y Holanda intercedieron, pero todo fue en vano, pues aunque Cromwell, su enemigo más encarnizado y el que tomó una parte más activa en el proceso, quizá se hubiera decidido a última hora a indultarlo, el pueblo quería la muerte del rey, quien pasó sus últimos días en el palacio de Saint James y el 29 de enero de despidió de la princesa Elizabeth y del duque de Gloucester, sus hijos, pues los otros dos se hallaban ausentes. El 30 por la mañana fue trasladado al palacio de Withehall y por un balcón pasó al cadalso que estaba adosado a la pared. Conservó una serenidad extraordinaria y en el discurso, que con voz firme, dirigió al pueblo, se lamentó, entre otras cosas, de haber firmado la sentencia de Strafford. Podo después el verdugo, que iba enmascarado, enseñaba la cabeza del rey diciendo: "He aquí la cabeza de un traidor."

En su vida privada Carlos fue un hombre bondadoso, culto, de irreprochable conducta y de gran valor personal, pero políticamente era poco escrupuloso en los medios para conseguir sus fines y tuvo una fe ciega en el derecho divino de los reyes. La Iglesia anglicana, por orden de Carlos II, conmemoró con determinadas prácticas religiosas,hasta que el parlamento canceló el decreto, el día del "mártir y bienaventurado rey Carlos I". Poco después de la muerte del rey se publicó la obra The Portraiture of His Sacred Magesty in His Solitude and Sufferings, atribuida al monarca mismo, pero en realidad escrita por el obispo Ganden, quien en 1651 publicó en La Haya los escritos de Carlos con el título de Reliquiae sacrae Carolinae. The Works of that great Monarch and glorious King.

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