en la web en la Biblia
 
           
CALVINO, JUAN (1509-1564)
Guardar como Pdf Guardar como Pdf
Imprimir Imprimir
Enviar este enlace por e-mail a un amigo Enviar este enlace por e-mail a un amigo
Ver más Biografías Ver más Biografías
 

Juan Calvino, reformador francés, nació en Noyon, a 96 kilómetros al nordeste de París, Picardía, el 10 de julio de 1509 y murió en Ginebra el 27 de mayo de 1564.

Juan Calvino
Juan Calvino
Infancia.
Era hijo de Gérard Cauvin, o Caulvin, siendo Calvino la forma latinizada, funcionario del gobierno de Noyon, abogado en el tribunal eclesiástico, fiscal del condado, secretario del obispado y abogado del capítulo de la catedral. La madre de Calvino fue Jeanne Le Franc de Cambrai, notoria por su belleza y fervor religioso. Era el segundo de los cinco hijos que tuvo el matrimonio, pero solo uno de sus jóvenes hermanos sobrevivió a la infancia. Su madre murió cuando él todavía era joven y su padre se casó con una viuda cuyo nombre se desconoce, quien le dio dos hijas más. La posición de su padre le aseguró la mejor educación, la asociación con los hijos de prominentes familias y el patrocinio eclesiástico, de manera que el 19 de mayo de 1521, con sólo doce años de edad, recibió una capellanía asociada al altar de La Gésine en la catedral de Noyon, que le proporcionó unos ingresos regulares. Se esperaba que ingresara en el sacerdocio y por eso se le hizo la tonsura.

Estudiante de teología.
En 1523 fue enviado a París para prepararse para el sacerdocio, asistiendo al Collège de la Marche, donde Mathurin Cordier le instruyó en latín, yendo después al Collège de Montaigu, donde permaneció hasta principios de 1528. El alto grado de sus amistades en esos años juveniles y las de sus años maduros, revelan su propio carácter, lo que refuta las insinuaciones que sus detractores se atrevieron a divulgar. Que estuvo en buenas relaciones con los eclesiásticos en su ciudad natal se aprecia por el otorgamiento el 27 de septiembre de 1527, además de la capellanía ya mencionada, de la coadjuditoría (nominal) de Saint Martin de Martheville, a ocho leguas de Noyon, que él cambió el 5 de junio de 1529 por la coadjuditoría de Pont l'Évêque, localidad a 1 kilómetro al sudoeste de Noyon, asociada con sus antepasados, que fueron barqueros en el Oise (no hay que confundirla con Pont l'Évêque, a 40 kilómetros al nordeste de Caen). El 30 de abril de 1529 dimitió de su capellanía en favor de su joven hermano, pero la retomó el 26 de febrero de 1531 hasta el 4 de mayo de 1534.

Estudiante de derecho y los clásicos.
Como estudiante mostró una notable capacidad y rápidamente fue avanzando en sus estudios sacerdotales, pero en 1528 su padre, que había entrado en conflicto con las autoridades eclesiásticas en Noyon, le ordenó que cambiara sus estudios por los de derecho, a lo que Calvino se avino dejando París y yendo a Orleáns, cuya universidad era un famoso centro de leyes, donde enseñaba Pierre Taisan de l'Estoile, recibiendo el año siguiente clases de Andrea Alciati en Bourges, un rival de igual eminencia que era la gran atracción, pero más del gusto de Calvino. En ambas universidades estuvo bajo la influencia de Melchior Wolmar, un humanista de primera fila favorable a la Reforma. El 26 de mayo de 1531 murió su padre y Calvino se marchó de Bourges yendo de nuevo a París. Allí tomó estudios clásicos y recibió lecciones de hebreo, estudiando entre 1532 y 1533 otra vez derecho en Orleáns, siendo el "representante anual" de los estudiantes de Picardía, lo cual es otra indicación de su posición moral y popularidad entre los estudiantes, que no honraban así a alguien de dudoso o desagradable carácter.

Su primera publicación. Conversión.
En abril de 1532 publicó en París a sus expensas el texto De Clementia de Séneca, con un comentario, lo que demostraba que él todavía era un humanista dentro de la Iglesia católica. Pero la Reforma ya estaba en marcha en Francia entre la élite humanista a la cual él pertenecía y es factible que fuera tema de su conversación. Paso a paso fue aproximándose a la posición de los reformadores, aunque lentamente, porque tal como dice en su escueto prefacio autobiográfico a su comentario a los Salmos '...era demasiado obstinadamente devoto de las supersticiones del papado.' Pero en algún momento de 1533 '...Dios por una súbita conversión sometió su mente y la trajo a un marco enseñable. Habiendo así recibido algo del gusto y conocimiento de la verdad fue inflamado inmediatamente con tan intenso deseo de progresar en ella, que aunque no dejó totalmente sus estudios sin embargo siguió en ellos con menos ardor.'

Charla inaugural de Cop.
Entre aquellos con quienes discutía las doctrinas de la Reforma estaba su íntimo amigo Nicolas Cop y cuando éste fue elegido rector de la universidad de París les pareció a ambos una oportunidad espléndida, para apoyar la Reforma, aprovechar la ocasión ante la brillante y culta audiencia que se congregaría en la iglesia de los maturinos para escuchar la charla inaugural. Así lo hizo Cop, quien anunció su tema bajo el encabezado 'Filosofía Cristiana', procediendo a hablar en una manera que maravilló a los congregados. Por 'Filosofía Cristiana' quería decir el evangelio. La frase y el tratamiento en la parte inicial del discurso estaban tomados de Erasmo. El contenido tenía que ver con la relación entre ley y evangelio, apareciendo allí la influencia de Lutero. La conclusión era más independiente, siendo prominente en la misma la certeza de la salvación, que sería una característica del calvinismo.

Juan Calvino, por Charles Sanlaville
Años erráticos. Segunda publicación.
Tal vez todo hubiera ido bien, pues había muchos simpatizantes secretos con sus planteamientos en la audiencia, si Cop no hubiera llamado a los teólogos de la Sorbona 'sofistas'. Esto les enfureció, denunciando a Cop ante el gobernador por lo que tuvo que huir. Calvino también huyó porque su amistad con Cop era de sobra conocida, aunque no se sabía si él participó en la composición del texto, cosa que ahora sí sabemos. Cuando estuvo seguro de que sus temores eran infundados Calvino regresó. Pero su simpatía por la Reforma no podía esconderse, lo que no le hacía sentirse seguro en una ciudad donde tantos ya habían sido encarcelados por su fe. En enero de 1534 anduvo de un lugar para otro bajo identidad falsa, estando en esa condición durante dos años y medio. Hasta donde sabemos estuvo primero en Angoulême, donde estudió en la excelente biblioteca de su amigo Louis du Tillet y comenzó su Institución; luego fue a Nérac en abril de 1534, donde Margarita d'Angoulême, duquesa de Berry y hermana de Francisco I rey de Francia, lo tuvo en su corte. En mayo estaba en Noyon donde renunció a sus beneficios y donde por alguna razón fue encarcelado; al acabar el año estaba en París de nuevo, donde se encontró con Servet por primera vez. Luego fue a Orleáns publicando su segunda obra, Psychopannychia, una refutación de la teoría de que el alma duerme entre la muerte y el juicio final. En diciembre de 1534 estaba de nuevo en Angoulême y de allí con Du Tillet se trasladó a Estrasburgo para escapar de la persecución.

Publicación de sus Instituciones.
En enero de 1535 fue a Estrasburgo y el mismo mes a Basilea, dando allí los toques finales a su Institución de la Religión Cristiana, publicándola en mayo de 1536. Así habla de este famoso libro en su comentario a los Salmos:

'...Mi propósito era, primero, vindicar a mis hermanos cuya muerte era preciosa a los ojos del Señor, y después de eso, ya que las mismas crueldades podían muy pronto ser ejercidas contra muchos infelices, que naciones extranjeras pudieran ser conmovidas con algo de compasión y solicitud hacia ellos. Cuando se publicó entonces no era la copiosa y trabajada obra que ahora es, sino un pequeño tratado conteniendo un resumen de las principales verdades de la religión cristiana, y fue publicada no con otro designio que el de que los hombres conocieran la fe sostenida por aquellos a quien yo vi perversa y vilmente difamados por pérfidos aduladores. Que mi propósito no era obtener fama se desprende de que inmediatamente después dejé Basilea y particularmente de que nadie sabía quién era el autor.'
La obra llevaba una carta de prefacio para Francisco I de Francia, quien era perseguidor de los protestantes en su reino, aunque cultivaba relaciones amistosas con los de fuera; dicha carta es una de las obras maestras de la literatura apologética.

Encuentro de Farel con Calvino en Ginebra
Encuentro de Farel con Calvino en Ginebra
Primera estancia en Ginebra y Estrasburgo.
Tras la publicación fue a Ferrara, permaneciendo en la corte de la duquesa Renata, esposa de Hércules II. En mayo de 1536 fue a Aosta y un poco después estaba de nuevo en París. Allí se encontró con su hermano menor Antoine y su hermanastra Marie, saliendo con ellos para Estrasburgo. La guerra les obligó a dar un rodeo por Ginebra, donde llegaron a finales de julio de 1536 para pasar una noche allí. Pero cuando Farel, que estaba intentando con su celo no siempre guiado por la discreción mantener a los ginebrinos reformados en paz entre ellos mismos, supo de su presencia en la ciudad le solicitó que se quedara entre ellos, a lo que Calvino le contestó que su intención era seguir con sus estudios. Farel entonces le espetó que Dios maldeciría su retiro y la tranquilidad de sus estudios si se retiraba y no les daba ayuda en una situación tan apurada. Calvino sintió como si Dios desde el cielo extendiera su mano y le detuviera. Incapaz de resistir, Calvino dejó a un lado sus planes y atendió la petición de Farel. Pero la ciudad no podía tolerar las drásticas reformas que los reformadores querían instituir, por lo que el domingo de Resurrección, 23 de abril de 1538, menos de dos años después de su llegada, él y Farel tuvieron que marcharse según la orden de la Asamblea General. Calvino fue a Basilea y después a Estrasburgo, donde el 8 de septiembre de 1538 se hizo cargo pastoral de los refugiados franceses en la iglesia de St. Nicolas aux Oudes. En agosto de 1540 se casó con Idelette de Bure, viuda de Jean Stordeur de Lieja, un anabaptista a quien Calvino había convertido a la posición paidobaptista. Ella había tenido un hijo y una hija con su primer marido, pero habían muerto en la infancia. A Calvino le dio un hijo el 28 de julio de 1542, pero solo vivió unos días. Ella murió el 29 de marzo de 1549, quedándose Calvino viudo ya de por vida.

Mapa de los conflictos religiosos en el siglo XVI

Fama en aumento. Vuelta a Ginebra.
Cuando Calvino fue a Estrasburgo utilizó su posición para estudiar y poner en práctica ciertas reformas que no pudo llevar a cabo en Ginebra. Era muy pobre y su posición era comparativamente oscura, pero sus talentos pronto le pusieron en prominencia, buscando su consejo amigos en Ginebra, lo que le mantuvo en contacto con esa ciudad. Su fama se esparció rápidamente. Se le pidió que impartiera en la catedral una serie de lecciones y luego fue enviado como delegado de la ciudad a los coloquios de Worms y Regensburgo. Cuando el 18 de marzo de 1539 el cardenal Sadoleto escribió una carta enviada a Berna para la ciudad de Ginebra exhortándola a volver a la obediencia a Roma, el gobernador de Berna solicitó a Calvino que respondiera a Sadoleto, lo cual hizo en forma magistral. En el gobierno de la ciudad de Ginebra había ocurrido, mientras tanto, un cambio y los amigos de Calvino tenían ahora mayor influencia. Sus virtudes y extraordinarios poderes eran recordados, de manera que el 21 de septiembre de 1540 el Consejo de la ciudad votó que Calvino regresara otra vez. Más y más se difundía la impresión de que él era el hombre para gobernar la ciudad. No había intención de volver al seno de Roma, pero la ciudad estaba rasgada por la división y en ella había muchos elementos indisciplinados que necesitaban una mano de hierro. El 19 y el 20 de octubre la Asamblea General de la ciudad formalmente le invitó a volver, aunque Calvino no atendió instantáneamente la invitación. Fue de nuevo el impetuoso Farel quien le dio el empujón para tomar la decisión, cosa que ocurrió el 13 de septiembre de 1541. Calvino no se hacía ilusiones, pues sabía que a pesar de los apoyos tenía muchos enemigos personales y se encontraría con muchas dificultades, pero creyó que Dios le había llamado allí y que le sostendría.

Calvino se despide de sus colaboradores en Ginebra.
Calvino se despide de sus colaboradores en Ginebra
Segunda estancia en Ginebra.
De parte del gobierno de la ciudad recibió un cálido recibimiento, dándosele una casa en la cual vivir y un salario de quinientos florines, doce medidas de trigo y dos de vino. Desde entonces en adelante Ginebra sería su hogar y parroquia, su centro de actividad, aunque no su límite de influencia. Bajo su firme autoridad la ciudad tomó un nuevo aspecto. La inmoralidad de todo tipo fue suprimida, convirtiéndose en un refugio para los perseguidos en otros países. Holandeses, ingleses, italianos, españoles y particularmente franceses se establecieron en ella, prestando su apoyo para mantener los particulares métodos de Calvino. Pero no solamente llegaban refugiados; sus clases y las de Beza atrajeron a millares de estudiantes, esparciéndose así su fama más y más. Pero el estudio incesante, una vida sedentaria, una vasta correspondencia y el cuidado pastoral conspiraron para hacerle víctima de diversas enfermedades, muriendo a la edad de cincuenta y cinco años.

Ideas fundamentales de Calvino.
Calvino basó su sistema en el Credo de los Apóstoles, siguiendo sus líneas. La ética y la teología estaban profundamente unidas entre sí. Su teología tenía un profundo aspecto práctico. Incluso la doctrina de la predestinación la desarrolló no como especulación sino como un asunto práctico. A causa del extraordinario énfasis que se le dio los ginebrinos la consideraron la piedra angular de la fe cristiana. En contraste con el laxo concepto de pecado y gracia que la iglesia de Roma había inculcado, él revivió la doctrina agustiniana para poder mediante ella conquistar Roma. Al hacerlo iba de la mano con Zwinglio, Ecolampadio, Lutero y Melanchthon. Pero en su supralapsarianismo permaneció solo entre los reformadores. Sus ideas sobre la autoridad eclesiástica y la disciplina son también importantes. Otorgó a la iglesia una autoridad más grande que cualquier otro reformador. Aquí, de nuevo, se aprecia la influencia de Agustín. 'La Iglesia es nuestra madre' (Instituciones IV. i. 1). Fuera de la Iglesia no hay salvación. Su ministerio ha sido divinamente instituido y los creyentes deben honrarla. Su autoridad es absoluta en materia de doctrina, aunque cuando surgen casos civiles debe entregar a los culpables al Estado para castigo. Estado e Iglesia tienen jurisdicciones separadas y exclusivas, sin embargo existen uno al lado del otro y cooperan. Se apoyan mutuamente. El gobierno ideal abarca una democracia, una aristocracia y una monarquía o autocracia. Calvino enseñó la obediencia a los poderes que sean. En este plan tuvo en mente a los israelitas. Él procuraba una teocracia. Se inclinaba ante la majestad del Juez justo. Su temor de Dios le guió a una sumisión incuestionable. En un sentido era su mismo aliento y por eso en su sistema la justicia es más prominente que el amor. Dios como gobernante, más que el amante de todos en Cristo, fue el objeto de su reverencia.

De su comentario a Romanos 9:14 es el siguiente pasaje:

'El espíritu humano, impulsado por un odio monstruoso, tiende siempre a acusar a Dios de injusticia y a no reconocer su propia ceguera. San Pablo no ha suscitado dificultades para intrigar con ellas a los lectores, sino más bien presenta una duda llena de impiedad que muchos sienten al oír decir que Dios dispone, según su voluntad, de cada persona. Algunos se imaginan que es injusto el que Dios acepte a unos y rechace a otros.
Para resolver este problema San Pablo divide el asunto en dos partes: Trata primeramente de los elegidos y después de los rechazados; desea que en los primeros contemplemos la misericordia de Dios y en los otros reconozcamos su justo juicio. Para comenzar, el Apóstol indica que considerar a Dios como injusto es un pensamiento execrable y detestable e inmediatamente después afirma que Dios no puede ser parcial hacia unos y otros.
Antes de pasar a otra cosa debe tenerse en cuenta que si Dios elige a unos y reprueba a otros eso se debe a un propósito de su libre voluntad; porque si la diferencia y diversidad pudieran basarse en las obras sería inútil y sin razón el que San Pablo hubiese tocado esta cuestión sobre la injusticia divina, la cual no tendría causa alguna si Dios tratase a cada uno según sus méritos.'
Calvino en su estudio
Calvino en su estudio
Sus reformas.
De acuerdo a sus principios así fue su obra. Durante su primera residencia en Ginebra ya mostró la determinación de separar Iglesia y Estado, protestando contra la interferencia del Estado en asuntos como el uso del bautismo, el pan sin levadura en la Cena del Señor y la celebración de las festividades eclesiásticas, pues todas ellas entraban de lleno en la competencia de la iglesia. Cuando retrajo la Cena a la ciudad a causa de su inmoralidad estaba afirmando la libertad de la iglesia respecto a la autoridad civil. Esta determinación le costó temporalmente su posición, pero cuando regresó a Ginebra él y los ciudadanos sabían que la gobernaría absolutamente. Las reformas que instituyó son famosas y a veces condenadas como infames. Pero no solo son defendibles sino incluso encomiables, si las juzgamos por el nivel de su tiempo. No se puede dejar de admirar el coraje moral, el olvido, la firme moralidad y el celo inflexible con el que Calvino se condujo ante la difícil tarea de refrenar las pasiones del relajado pueblo y ganarse la cooperación cordial de las clases altas. Ginebra llegó a ser considerada una escuela de vida espiritual. La religión era la vida de las mayor parte de los habitantes. Tras su regreso diseñó una reorganización de la iglesia para mantener la disciplina. El 20 de noviembre de 1541 se aprobaron medidas que proporcionaban la creación de un consistorio, compuesto de pastores y ancianos que se reunirían semanalmente, poniendo bajo disciplina, sin acepción de personas, a los malhechores. El rigor y vigor de estas medidas despertaron la indignación incluso entre aquellos que favorecían a Calvino. Su vida corrió peligro. Algunos mostraron su repudio hacia él llamando a sus perros por su nombre. En una ciudad como Ginebra, llena de refugiados de toda índole, había muchos que consideran toda restricción una opresión; otros criticaban sus métodos u objetaban que las medidas de Calvino habían ido demasiado lejos. Para aumentar la autoridad del tribunal eclesiástico, Calvino logró (1555) una importante modificación del gobierno de la ciudad, por la que el Conseil Général, el organismo legislativo superior, fue convocado sólo dos veces al año, en febrero para elegir a los síndicos y en noviembre para nombrar algunos cargos menores, y fijar el precio del vino. Pero nada podía ser discutido en esta convocatoria que no hubiera sido previamente determinado en el Consejo de los Doscientos, ni que el Consejo de los Sesenta no aprobara, ni podía este consejo acometer algo que previamente no hubiera sido acordado en el consejo superior, que gobernaba prácticamente el Estado. De este modo el Consejo General se convirtió en superfluo, sin poder de iniciativa. No obstante, cumplió su misión: Aceptó la Reforma.

El medio más prominente usado por Calvino para reformar la ciudad fue la predicación. Cada semana predicaba en un estilo llano, directo, sin elocuencia, pero irresistible, constituyendo la vida del predicador la más vigorosa inducción para ganarse la atención. Los extractos de sus sermones son probablemente notas de sus oyentes, algo fácil de hacer, pues Calvino, siendo asmático, hablaba lentamente. Cada viernes se reunía la denominada "congregación", en la que se respondían preguntas y se celebraban debates. Los menores eran cuidadosamente instruidos en un catecismo, originalmente preparado por Calvino en francés y latín en 1545. En 1537 editó un catecismo en francés para responder a las preguntas, publicándolo al año siguiente en latín. Pero en 1545 lo publicó en ambas lenguas, siendo un compendio de su Institución, no estando en la forma de preguntas y respuestas, aunque el de 1545 estaba en la forma usual. Calvino introdujo los himnos en la adoración de la iglesia, usando los salmos para ello. Al igual que Lutero y Zwinglio, Calvino tuvo dificultades con los anabaptistas, teniendo un debate público con ellos el 16 y 17 de marzo de 1537 y emitiendo el Consejo de los Doscientos una prohibición perpetua contra ellos.

Calvino y los cuatro síndicos discutiendo la fundación
de la academia de Ginebra, por Ferdinand M. Hodler
Museo de Ginebra
Su sistema educativo
Calvino no tardó en convencerse de que su reforma sólo podía subsistir en una ciudad democrática, mediante un púlpito ilustrado que hablara a ciudadanos cultos; y que un clero instruido servía de poco sin un pueblo capaz de comprenderle. El procedimiento que empleó para crear ambas realidades le coloca entre los más ilustres educadores de los tiempos modernos. Instruía a los muchachos de Ginebra en el catecismo, de tal suerte que todos podían dar razón de su fe «como un doctor de la Sorbona», conforme, al dicho popular. Calvino se mostró partidario de la unidad de conocimientos y de la comunidad de las enseñanzas, poniendo al magistrado y al ministro, al ciudadano y al pastor en manos del mismo maestro y enlazando estrechamente la escuela y la universidad. El muchacho aprendía en la una, y el hombre maduro estudiaba en la otra; pero la escuela era el camino de la universidad; y ésta la meta y término de aquélla. En ninguna cosa se nos pone tan de manifiesto el genio pedagógico de Calvino, como en la extremada y exquisita diligencia que desplegó para informarse del carácter y competencia de maestros o profesores, y en su afán infatigable para buscar hombres dotados de las cualidades necesarias. Sus cartas abundan en referencias sobre los hombres de diversos países y universidades que trató de llevar a Ginebra. El primer rector, Anton Saunier, se distinguió por sus eximias condiciones de talento y erudición; y el reformador no descansó hasta haber conseguido el concurso de su querido y antiguo maestro, Maturino Cordier. Castellio estuvo encargado de la primera enseñanza; Theodore Beza desempeñó la dirección del colegio y academia, o bien de la escuela y de la universidad; y el mismo Calvino fue profesor de teología. Si el éxito del colegio fue brillante, el de la academia le superó en mucho. De todas partes acudieron alumnos: ingleses, italianos, españoles, alemanes, rusos, ministros, jurisconsultos, ancianos y jóvenes, todos dominados por la pasión de aprender y deseosos de confundirse entre los millares de oyentes que afluían de todas partes a escuchar el gran reformador. Pero Francia suministraba el contingente más numeroso de estudiantes y profesores; los franceses ocupaban las cátedras de la academia, llenaban todos sus asientos y aprendían el valor de la vida y el deseo de la muerte. De Ginebra salieron multitud de libros para Francia; y la Iglesia de este país recibió constantemente nuevos ministros. En espacio de once años, 1555-66 (Calvino murió en 1564), se sabe que Ginebra envió 464 pastores a Francia, y los que posteriormente hayan continuado pasando a dicha nación, de los que no existe registro especial, no es posible, determinarlos. Todos ellos fueron personas instruidas, valerosas, intrépidas y dignas de que un obispo francés las elogiara por su modestia, gravedad y santidad, distinguiéndose por tener siempre en los labios el nombre de Jesucristo. Carlos IX suplicó a los magistrados de Ginebra que suspendieran el envío de nuevos pastores y devolvió los últimamente llegados; pero las autoridades de dicha ciudad replicaron que no eran ellos los que habían enviado los predicadores, sino el cuerpo de ministros, creyendo ser un deber soberano de todos los príncipes y reyes rendir homenaje al Señor, que les había dado su dominio. Así, pues, no es de maravillar que el veneciano Suriano dijera que Ginebra era «el gran filón de donde se sacaba el mineral de la herejía» ni que los protestantes cobraran ánimo al oír que sus hermanos de Ginebra soportaban los tomentos y la muerte cantando salmos.

Miguel Servet Conesa, por Christoffel van Sichem el Joven. Biblioteca Nacional, París
Miguel Servet Conesa, por Christoffel van Sichem
el Joven. Biblioteca Nacional, París
Sus enemigos.
Entre sus controversias personales destaca la que tuvo con Pierre Caroli, un refugiado francés y pastor en Lausana que acusó a Calvino de arrianismo y sabelianismo. La acusación surgió a raíz de que en su primera estancia en Ginebra, Calvino no usó las palabras Trinidad ni persona en la Confesión de fe que elaboró, aunque no tenía ninguna objeción a dichos términos. Ante el ataque, Calvino quedó profundamente perturbado, pero en el sínodo de 1537 celebrado en Berna los teólogos ginebrinos fueron declarados inocentes y Caroli desposeído y expulsado. Otros casos de enfrentamiento fueron los que tuvo con Philibert Berthelier, hijo de un mártir por la libertad, al que le fue prohibida la comunión (1553) por el consistorio. pero el Consejo levantó la sentencia y Calvino desde el púlpito, dos días antes de la comunión de septiembre (una de las cuatro ocasiones anuales), declaró que moriría antes de dar las cosas santas a alguien condenado por despreciar a Dios. Perrin, que era síndico por segunda vez, ordenó que Berthelier fuera apartado de la comunión, acabando así una disputa que los enemigos de Calvino querían aprovechar. Jérôme Hermès Bolsec, cuya presunta negación de la predestinación y abuso de la ministros en una "congregación" provocó no sólo la indignada réplica de Calvino sino también la cárcel y el destierro (1551). Sebastian Castellio, entendido pero arrogante, se enfrentó a Calvino por su negación de la inspiración del Cantar de los cantares y el descenso de Cristo al infierno. Pero sin duda el que supera a todos ellos es el que tuvo con Miguel Servet. Se dice que deseaba el destierro de Calvino para ocupar su lugar, acusándolo de perfidia, tiranía y conducta anticristiana. Es en vano intentar justificar a Calvino de la acusación de la muerte de Servet, aunque es verdad que el modo adoptado (quemado en la pira) no tuvo su aprobación, pero al mismo tiempo es fácil excusarle diciendo que la persecución era parte del espíritu de la época. Los protestantes que habían experimentado la persecución de Roma, estaban dispuestos a perseguir a quienes no les siguieran. La quema de Servet el 27 de octubre de 1553 por el crimen de herejía, específicamente antitrinitarismo, fue aprobada por la Iglesia helvética y, lo que es más destacado, hasta por el gentil Melanchthon. Pero incluso entonces no obtuvo aprobación universal, considerándose ahora un borrón en el carácter de Calvino. Muchos que nada saben de Calvino ni de Servet se indignan grandemente por la condena, rechazando el calvinismo por la misma. Servet conocía el peligro al que se exponía si entraba en Ginebra, pues Calvino le había advertido de que si lo hacía enfrentaría las más graves consecuencias. Aunque Calvino puede ser hecho responsable de la muerte de Servet, no lo es de la acusación de haber atraído a Servet a Ginebra, ni de regocijarse en su muerte por motivos personales. Servet ya había entrado en 1534 en debate con Calvino, aunque no se encontraron personalmente.

Nada bueno produjo la ejecución, sólo ataques de los católicos, crítica de muchos amigos y el fracaso en detener la herejía antitrinitaria. Calvino se defendió y Beza le ayudó; pero ninguna defensa puede excusar los hechos. En 1903 los calvinistas levantaron un monumento en Ginebra en el lugar de la ejecución, en lamento de aquel acto.

Su influencia eclesiástica.
Mediante sus clases Calvino atrajo estudiantes de todos los rincones, por lo que su influencia se esparcía más y más. Como es natural muchos de sus alumnos eran franceses, quienes veían a Calvino como su padre espiritual. Pero también ejerció su influencia en otros países. En Italia ayudó a la duquesa de Ferrara y a Inglaterra envió su comentario de Isaías con una dedicatoria para el joven rey, Eduardo VI. Mantuvo correspondencia con Cranmer y Knox quedó impactado por lo que vio en Ginebra. Aconsejó a los moravos, ayudó a los polacos en su controversia trinitaria y también a la causa reformada en Hungría. También tuvo interés en las misiones extranjeras, como muestra su desventurada misión a Brasil. Sus relaciones con Suiza y Alemania no fueron agradables. Aunque luchó seriamente para unir las diferentes ramas de los protestantes, no tenía el respaldo pleno de los suizos que veían su concepto de la Cena demasiado luterano, ni tampoco el de los alemanes que veían ese mismo concepto demasiado zwingliano. Puso grandes esperanzas en el Consenso de Zurich (1549), que armonizó las iglesias suizas, pero la controversia con los luteranos fue violentamente renovada por Hesshus.

Juan Calvino
Juan Calvino, Museum Catharijneconvent en
Vrije Universiteit, Ámsterdam
Su carácter.
La concepción común sobre Calvino es errónea. No fue un tirano con corazón de piedra, ni un incansable perseguidor, ni un sombrío teólogo, aunque la opinión popular lo retrate de esta manera. Los hombres, por una bendita inconsistencia, son a veces más amables que sus credos. Así es con Calvino. Al observador superficial no le parece atractivo, pero quienes le conocieron de cerca tienen otra opinión. Es verdad que constitucionalmente era intolerante, que diseñó regulaciones innecesariamente severas, que no conocía otra posición en gobierno, moral o teología que no fuera la suya propia. Pero también tiene cualidades que despiertan la admiración. ¿Cómo si no atrajo, este tímido intelectual, a tantos de no haber sido, aparte de sus cualidades mentales, por las humanas? Era refinado, puro, fiel, honesto, humilde y piadoso. Atrajo a muchos por la fuerza de su carácter, la elevación de sus metas y la franqueza de sus esfuerzos. Compartió los afectos humanos comunes. Amó a su esposa y lloró en su muerte. Se apesadumbró por su falta de hijos. Se congratulaba en sus amigos, que eran los más nobles en la Iglesia protestante. Algunos de los adustos aspectos de su vida pueden explicarse por la vida que tuvo que vivir. Deseó pasar sus días en estudio, mientras que se vio obligado a la más exigente, variada e incesante labor. También hay que tener en cuenta su mala salud. Fue un enfermo crónico. Los asombroso es que mostrara un espíritu tan paciente. El veredicto popular ha sido contrario a él; pero la vox populi no siempre es la vox dei. Lo que Beza escribió sobre él, está más cerca de la verdad: 'Habiendo observado a Calvino durante dieciséis años, puedo con perfecto derecho testificar que tenemos en este hombre un bello ejemplo de vida y muerte cristianas, las cuales son fáciles de calumniar pero muy difíciles de imitar.' Ernest Renan encuentra la clave de su influencia en que fue 'el hombre más cristiano de su generación' (Studies of Religious History and Criticism, Nueva York, 1864, página 286 y sgg.).

Su aspecto personal.
Calvino era de mediana estatura y de salud débil. Su rostro era largo, pálido y fino, con una boca bien formada y una barba larga y puntiaguda, cabello negro, nariz prominente, frente despejada y ojos flameantes. Era modesto y limpio en el vestir, ordenado y metódico en sus hábitos, temperado e incluso abstemio y sobrio en el comer y el dormir.

Autógrafo de Calvino
Sus trabajos literarios.
Sus escritos, dejando aparte su correspondencia, se dividen en teológicos y exegéticos. En esta última categoría nunca ha sido superado ni siquiera igualado. Poseyó todos los requisitos necesarios para un exégeta: conocimiento de las lenguas originales, sentido común y abundante piedad. Sus exposiciones son breves, expresivas y claras. Sus escritos teológicos son notorios por su madurez y su consistencia invariable. Además de sus escritos menores dejó una obra maestra, Institución de la Religión Cristiana, que escribió a los veintiséis años de edad, no cambiando nada de ella esencial cuando tenía cincuenta y cinco. Las sucesivas ediciones ampliadas fueron eso, ampliaciones de la idea germinal. La primera edición (Basilea, 1536) contenía 519 páginas e iba dividida en seis capítulos, tratándose de una apología de la doctrina reformada. El capítulo primero trataba de la ley, con una exposición del Decálogo; el segundo de la fe, con una exposición del Credo de los apóstoles; el tercero de la oración, con una exposición del Padrenuestro; el cuarto de los sacramentos del bautismo y la Cena; el quinto de los otros denominados sacramentos; el sexto de la libertad cristiana, el gobierno de la Iglesia y la disciplina. La traducción francesa hecha por Calvino mismo apareció en Basilea (1541). La forma final a la "Institución" se la dio en la edición latina de Ginebra, 1559, en cuatro libros, divididos en ciento cuatro capítulos.
© No se permite la reproducción o copia de este material sin la autorización expresa del autor. Es propiedad de Iglesia Evangélica Pueblo Nuevo
Iglesia Evangélica Pueblo Nuevo c/ Villacarlos, 14 28032 - Madrid
info@iglesiapueblonuevo.es - Horario de culto: Domingo 11 horas
Inscrita en el Ministerio de Justicia con el número 015638