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BULLINGER, HEINRICH (1504-1575)
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Heinrich Bullinger, reformador suizo, nació en Bremgarten, a 23 kilómetros al sudeste de Aargau, el 18 de julio de 1504 y murió en Zurich el 17 de septiembre de 1575.

Heinrich Bullinger, por Hans Asper
Conversión al protestantismo.
Era hijo de un sacerdote, que se hizo cargo de su crianza. Tras recibir su educación elemental en las escuelas nativas de su localidad natal, fue enviado a Emmerich, en el bajo Rin con los Hermanos de la Vida Común, yendo en 1519 a Colonia. Este lugar era sede de oposición a las enseñanzas de la Reforma, pero Bullinger gradualmente quedó convencido de las nuevas doctrinas. Cuando comenzó a estudiar teología, sus libros de texto eran las Sentencias de Pedro Lombardo y el Decretum de Graciano, pero notando que estaban basadas en los Padres de la Iglesia, resolvió estudiar a éstos más directamente, poniéndose en contacto con Crisóstomo, Ambrosio, Orígenes y Agustín, aprendiendo cuán divergente era el tratamiento escolástico de la verdad cristiana. Al mismo tiempo llegaron a sus manos algunos tratados de Lutero, que le convencieron de que el reformador de Wittenberg era un avance respecto a los escolásticos. Como Lutero y los Padres de la Iglesia apelaban a las Escrituras, Bullinger obtuvo un Nuevo Testamento, que alimentó su oposición a la doctrina de Roma. Fue fuertemente influenciado por los Loci communes de Melanchthon y hacia 1522, tras una dura batalla interior, rompió definitivamente con la Iglesia católica. Al quedar excluido de la carrera eclesiástica, resolvió dedicarse a la enseñanza, logrando una posición después de nueve meses en el monasterio cisterciense en Cappel, donde permaneció desde enero de 1523 a Pentecostés de 1529. No solo introdujo a sus alumnos en los clásicos, sino que también les interpretaba una porción de la Biblia cada día, en adición a otros temas teológicos en presencia del abad, los monjes y muchos de los residentes de la ciudad. Por su predicación de la reforma de la doctrina y la vida, el movimiento quedó completado en 1525-26, estando la vida de Bullinger en peligro por los adherentes de la antigua fe. En la primera parte de 1527 el monasterio fue transferido a las autoridades de Zurich y la iglesia del monasterio se convirtió en la parroquia de la comunidad, siendo Bullinger el predicador.

Zwinglio, detalle de un óleo de Hans Asper, 1531; en el Kunstmuseum Winterthur, Suiza
Zwinglio, detalle de un óleo de Hans
Asper, 1531; en el Kunstmuseum
Winterthur, Suiza
Amistad con Zwinglio.
En estrecha armonía con Zwinglio, a quien conocía desde finales de 1523, y en consulta con Leo Jud, comenzó la preparación de un gran número de tratados destinados a difundir la Reforma en Suiza central. Tras ser invitado por Zwinglio en enero de 1525, asistió a la conferencia con los anabaptistas, combatiéndolos, y en 1528 acompañó a Zwinglio a la disputación de Berna, donde se reunieron los reformadores de Suiza y del sur de Alemania.

Sucesor de Zwinglio.
En junio de 1529 Bullinger sucedió a su padre como pastor en Bremgarten, pero esta posición era peligrosa, fortaleciéndose las sedes reformadas ante la expectativa de la guerra entre los confederados, que amenazó con estallar en 1529. A pesar de los sermones de Bullinger en las dietas celebradas en Bremgarten en el verano de 1531, en los que avisaba a sus oyentes de los horrores de la guerra civil y en los que quería reconciliar a los adherentes de ambos credos mediante las armas del espíritu y la palabra de Dios sin efusión de sangre, la Reforma había tenido un carácter más político que espiritual y el 11 de octubre de 1531 se libró la batalla de Cappel, en la que cayeron los dirigentes de la Reforma de Zurich. El progreso del movimiento se detuvo, sellándose una paz en Bremgarten a un alto costo. En la noche del 20 de noviembre Bullinger huyó a Zurich. El difícil objetivo de reconstruir la Iglesia reformada en Zurich y el mantenimiento de la obra de Zwinglio descansaba ahora sobre los hombros de Bullinger, siendo elegido pastor de Grossmünster el 9 de diciembre de 1531, como sucesor del gran reformador muerto. Al mismo tiempo, surgió una controversia entre los adherentes de las antiguas condiciones, que defendían la paz a cualquier precio, y la facción evangélica, que resultó en una prohibición a los pastores para tratar cuestiones políticas en sus sermones.

Actividad política.
Tras consultar con sus colegas, Bullinger se declaró dispuesto a promover la paz, pero rehusó abstenerse de los problemas políticos que estuvieran relacionados con la religión, otorgándosele la libertad que exigía tras larga deliberación. Sin embargo, los sermones de Bullinger y Jud hicieron que fueran citados ante el consejo de la ciudad. Quedaron honorablemente absueltos, pero se les pidió que en el futuro expresaran sus quejas ante el consejo, para que pudieran ser debatidas sin necesidad de hacerlas públicas. Al reconocer la distinción de las esferas del Estado y la Iglesia como diversas pero no opuestas, Bullinger mantuvo una relación con el cuerpo político más sana que la de Zwinglio, evitando también las batallas de Calvino para que el Estado se hiciera servidor de la Iglesia. Un asunto más difícil fue el surgimiento de la reacción católica, debido principalmente al desastre de Cappel. Las comunidades evangélicas sufrieron severamente, volviéndose a Zurich por ayuda y el consejo, en su deseo de refutar las acusaciones de tendencias romanistas, insertó de forma insensata en su manifiesto palabras que los católicos consideraron insultantes hacia la misa. En la controversia que siguió, Zurich fue citada ante el consejo de la Confederación, por lo que Bullinger, aunque culpaba a la ciudad por su insensatez, aconsejó el mutuo abandono de las antiguas cartas de la Confederación, la división pacífica de los territorios comunes y la formación de una nueva unión adherida a la palabra de Dios. Aunque fue posible preservar la paz sin la disolución de la Confederación, el resultado fue una humillación parcial de Zurich.

Heinrich Bullinger
Actividad pastoral y educativa.
En los primeros años de su actividad pastoral, Bullinger fue un infatigable predicador, pronunciando seis y ocho sermones cada semana, no siendo hasta 1542 cuando esta tarea fue suavizada a dos sermones, en domingo y viernes. Al igual que Zwinglio, tenía por costumbre enseñar libros enteros de la Biblia por orden, estimándose sus sermones hasta en lugares distantes, especialmente en Inglaterra. Fue también diligente en la educación, logrando que las escuelas de Zurich alcanzaran un alto nivel de excelencia, al proponer un plan que comprendía a los maestros y alumnos, prescribiendo sus deberes. También promovió la instrucción teológica mediante el establecimiento de fundaciones para el mantenimiento de las escuelas, además de preparar regulaciones para los predicadores y sínodos. El primero, elaborado por él y Leo Jud, permaneció incambiable durante casi tres siglos. El sínodo se reunía dos veces al año, teniendo como representantes del Estado al burgomaestre y a ocho miembros del gran consejo. El deber principal del sínodo era un informe completo de la actividad, cualificaciones y conducta de cada pastor. Bullinger fue grandemente estimado como pastor, especialmente durante el tiempo de la peste, mientras que su Quo pacto cum ægrotantibus et morientibus agendum sit parænesis (1540) es una obra de excelencia singular. Amigo generoso y protector de fugitivos de Alemania, Locarno e Inglaterra, también escribió un enorme número de cartas, estando entre sus destinatarios Lady Jane Grey, Enrique II y Francisco II de Francia, Enrique VIII y Eduardo VI de Inglaterra, Isabel, Christian de Dinamarca, Felipe de Hesse y el palsgrave Federico III.

Enseñanzas eucarísticas.
Bullinger tomó parte en la controversia sobre la Cena, como representante principal de la doctrina suizo-germana. Tras la muerte de Zwinglio, los católicos, encabezados por Johann Faber, y Lutero atacaron sus doctrinas, que fueron contestadas por Bullinger en su Auf Johannsen wienischen Bischofs Trostbüchlein tröstliche Verantwortung (Zurich, 1532) y en la introducción a la traducción de Leo Jud del tratado De corpore et sanguine Domini de Ratramno de Corbie. Incluso en sus obras más tempranas enfatizó el lado objetivo del sacramento, la obra de Cristo en el creyente, mientras que Zwinglio había enseñado más bien el lado subjetivo como memorial. La controversia envolvió a la facción protestante en Alemania, siendo Bullinger y Bucero figuras activas en los esfuerzos para conseguir una reconciliación, preparando el segundo una confesión para el primero y mostrando cuán alejada estaba la posibilidad de una unión con Lutero. Esta confesión fue enviada en noviembre de 1534 al resto de ciudades suizas, siendo aceptada gratamente por la mayoría, negándose a suscribirla solo Berna hasta después de la conferencia de Brugg en abril de 1535. Sin embargo, este acuerdo fue poco más que un pacto del clero, siendo el deseo de un entendimiento con Lutero y la expectativa de un concilio general lo que hizo aconsejable para la Iglesia suiza hacer una formulación oficial de su credo.

Heinrich Bullinger
Las confesiones Helvética y de Zurich y el Consensus Tigurinus.
El resultado fue la Primera Confesión Helvética, elaborada en Basilea en 1536, siendo Bullinger uno de sus autores. Mientras tanto, Bucero había elaborado la Fórmula de Concordia, que fue aceptada por las ciudades de Alemania meridional, pero fue bloqueada por Bullinger en Zurich y rechazada por Berna. Los suizos respondieron con una elucidación de la Confesión Helvética, preparada por Bullinger y dirigida a Lutero (noviembre de 1536), buscando un camino medio entre la transubstanciación y el concepto de memorial. La réplica fue conciliadora, pero la paz la rompió Lutero, que atacó duramente las doctrinas zwinglianas de la Cena en 1544. Bullinger replicó en la Confesión de Zurich de 1545 y aunque no se alcanzó un entendimiento entre las iglesias suiza y luterana, las secciones francesa y alemana de la Iglesia suiza fueron atraídas, asunto que sería de la mayor importancia, ya que los reformados tenían un segundo centro en Ginebra, lo que daba pie a la creación de un cisma, como el encabezado por Lutero y Melanchthon en Alemania. Sin embargo, el peligro se evitó por el Consensus Tigurinus, que fue preparado por Bullinger y Calvino en 1549 y que estaba en completa armonía con las ideas previas de Bullinger sobre la Cena, a la vez que subrayaba la obra divina de la gracia, aunque restringiéndola a los elegidos. En sus últimos años se vio envuelto en una controversia con Brenz, que defendía la doctrina de la ubicuidad de los sacramentos, pero no llegó a una conclusión definitiva. Las ideas sobre la Cena estaban estrechamente relacionadas con la doctrina de la predestinación.

Su parte en la Segunda Confesión Helvética.
Cuando estaba en Cappel, Bullinger había sostenido que el libre albedrío era incompatible con la presciencia de Dios, pero posteriormente fue gradualmente aceptando la doctrina calvinista de la predestinación, hallando expresión sus ideas en la famosa Segunda Confesión Helvética, que preparó en consulta con su amigo Pedro Mártir, para que sirviera como testimonio póstumo de su propia creencia y la de su Iglesia. Fue publicada en 1566, cuando Federico III, que fue acusado de calvinismo, quiso defenderse ante la dieta de Augsburgo. A petición suya, Bullinger le envió la confesión, que imprimió y fue aceptada no solo por las iglesias suizas, con excepción de Basilea, sino también por las reformadas de Francia, Escocia y Hungría, siendo grandemente estimada en Alemania, Inglaterra y Holanda. Fue, estrictamente hablando, el lazo de unión entre los miembros dispersos de las iglesias evangélicas reformadas.

Ideas sobre la relación Estado e Iglesia.
En las controversias sobre la relación entre el Estado y la Iglesia, Bullinger contempló ambas entidades unidas, formando parte los ciudadanos cristianos de las dos y siendo los oficiales temporales siervos de Dios. El principal deber de la Iglesia es la predicación sin trabas de la Palabra y la amonestación a las autoridades, cuando fuere necesario, sobre sus obligaciones. Pero ni la Iglesia ni el Estado debían interferir en los asuntos respectivos. La administración externa de la propiedad de la Iglesia, por otro lado, se dejaba al Estado, que ejecutaba también los castigos eclesiásticos, lo cual estaba directamente relacionado con el trato a los herejes. Aunque al principio manifestó la más absoluta tolerancia, posteriormente llegó a la conclusión de que la predicación contra la herejía debía estar complementada con el castigo físico. Sobre el anabaptismo exhortó en 1535 a que ningún hereje fuera admitido en la ciudad y que si todos los esfuerzos para convertirlos eran inútiles, deberían ser castigados por el brazo secular, aunque con consideración a las circunstancias de cada caso. Esta posición no excluía la pena capital y aunque Bullinger no hizo uso de ella en el caso de los anabaptistas, es fácil ver cuál fue su consejo ante la ejecución de Servet y el exilio de Bernardino Ochino. Los años 1564-65 estuvieron ensombrecidos para Bullinger por la tristeza, al perder a muchos de sus parientes y amigos, quedando él seriamente enfermo por la peste. Incluso tras su aparente recuperación, su salud quedó dañada y sus sufrimientos por cálculos aumentaron, hasta el punto de que estuvo a punto de morir. Su último sermón lo predicó en Pentecostés en 1575, muriendo cuatro meses más tarde.

Portada de Sermonum Decades duae, Zurich 1549.
Las obras de Bullinger.
Las obras de Bullinger son extraordinariamente numerosas, listando el catálogo de la biblioteca municipal de Zurich unas cien obras separadas, aunque este número se ha elevado hasta ciento cincuenta. Especialmente destacadas son sus obras latinas de todos los libros del Nuevo Testamento con la excepción del Apocalipsis, que fueron escritas hasta 1548, cuando su lugar lo ocuparon colecciones de sermones, la mayoría también en latín, abarcando cien sobre Apocalipsis, sesenta y seis sobre Daniel, ciento setenta sobre Jeremías y ciento noventa sobre Isaías. Sus sermones sobre el Decálogo, el Credo de los Apóstoles, los sacramentos, etc., fueron grandemente estimados y publicados bajo el título Sermonum decades quinque (Zurich, 1557). Entre sus obras teológicas merecen mención especial su De providentia (Zurich, 1553); De gratia Dei justificante y De scripturæ sanctæ auctoritate et certitudine deque episcoporum institutione et functione (1538). También fue el autor de un drama sobre Lucrecia y Bruto y de un himno que comienza Oh santo Dios, ten misericordia ahora. También escribió una crónica y descripción de Cappel, preparando luego una obra similar titulada Antiquitates aliquot ecclesiæ Tigurinæ. Una fuente importante para la historia de los anabaptistas se halla en su Der Wiedertaüfern Ursprung, fürgang, Sekten (Zurich, 1560), pero su principal obra histórica fue su detallada crónica de los suizos, siendo la parte más valiosa la historia de la Reforma hasta 1532.

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