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BEZA, THEODORE (1519-1605)
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Theodore Beza (Théodore de Bèze o de Besze), reformador ginebrino, nació en Vézelay, Borgoña, el 24 de junio de 1519 y murió en Ginebra el 13 de octubre de 1605.

Theodore Beza
Theodore Beza
Primeros años.
Su padre, Pierre de Bèze, era gobernador real de Vézelay y descendiente de una familia burgundia de distinción; su madre, Marie Bourdelot, era conocida por su generosidad. El padre tenía dos hermanos, Nicolás, miembro del parlamento en París y Claude, abad del monasterio cisterciense de Froimont en la diócesis de Beauvais. Nicolás, que estaba soltero, en una visita que hizo a Vézelay quedó tan encantado con Theodore que, con permiso de los padres, se lo llevó a París para que fuera educado allí. Desde París fue enviado a Orleáns en diciembre de 1528, para recibir enseñanza del famoso maestro alemán Melchior Wolmar. Fue recibido en la casa de Wolmar, celebrando ese acontecimiento después como un segundo nacimiento. El joven Beza se fue con su maestro a Bourges, adonde éste había sido llamado por la duquesa Margarita de Angoulema, hermana de Francisco I. Bourges era uno de los lugares de Francia donde la Reforma había impactado más fuertemente. Cuando en 1534 Francisco I publicó el edicto contra las innovaciones eclesiásticas, Wolmar regresó a Alemania y, según la voluntad de su padre, Beza regresó a Orleáns para estudiar derecho, pasando allí cuatro años (1535-39). Pero este objetivo no tenía atractivo para él, pues disfrutaba más leyendo a los clásicos, especialmente a Ovidio, Catulo y Tibulo. Recibió su licenciatura en derecho el 11 de agosto de 1539 y tal como su padre quería fue a París, donde comenzó a ejercer. Sus parientes le habían conseguido dos beneficios, que sumaban setecientas coronas de oro al año, prometiéndole su tío que sería su sucesor. Beza pasó dos años felices en París, ganando pronto una posición prominente en círculos literarios. Para huir de las muchas tentaciones a las que estaba expuesto se comprometió en 1544 con una joven de humilde cuna, Claudine Denosse, prometiendo hacer público su compromiso tan pronto como las circunstancias se lo permitieran. Publicó una colección de poemas latinos, Juvenilia, que le hicieron famoso, siendo considerado uno de los mejores poetas latinos de su tiempo. Pero cayó enfermo y su quebranto físico le mostró su necesidad espiritual. Gradualmente llegó al conocimiento de la salvación en Cristo, que recibió con fe gozosa. Entonces resolvió cortar sus relaciones yendo a Ginebra, la ciudad francesa refugio de los evangélicos, adonde llegó con Claudine el 23 de octubre de 1548.

Maestro en Lausana.
Fue recibido bondadosamente por Calvino, quien ya le había conocido en la casa de Wolmar, casándose solemne y públicamente en la iglesia. Beza había perdido su ocupación, por lo que fue a Tubinga para ver a su antiguo profesor Wolmar. En el camino visitó a Viret en Lausana, quien le hizo quedarse y le ofreció el puesto de profesor de griego en la academia en noviembre de 1549. A pesar del arduo trabajo, Beza encontró tiempo para escribir un drama bíblico, Abraham Sacrifiant (publicado en Ginebra en 1550), en el que contrastaba el catolicismo con el protestantismo, siendo la obra bien recibida. En junio de 1551 añadió algunos salmos a la versión francesa de los salmos comenzada por Marot, que también tuvo éxito. Hacia el mismo tiempo publicó su Passavantius, una sátira dirigida contra Pierre Lizet, de mala reputación y antiguo presidente del parlamento de París y principal creador de la "fiery chamber", quien en aquel tiempo (1551) era abad de San Víctor cerca de París y buscador de fama al escribir varios tratados polémicos contra la herejía. De contenido más serio fueron dos controversias en las que Beza se involucró en ese tiempo. La primera tenía que ver con la doctrina de la predestinación y la controversia de Calvino con Bolsec, la segunda con la quema de Miguel Servet en Ginebra el 27 de octubre de 1553. En defensa de Calvino y de los magistrados ginebrinos Beza publicó en 1554 la obra De hæreticis a civili magistratu puniendis, traducida al francés en 1560.

Viajes a favor de los protestantes.
En 1557 Beza tomó un interés especial por los valdenses del Piamonte, quienes estaban siendo hostigados por el gobierno francés y por su causa fue con Farel a Berna, Zurich, Basilea, Schaffhausenm y de allí a Estrasburgo, Mümpelgart, Baden y Göppingen. En Baden y Göppingen, Beza y Farel tuvieron que declarar sobre sus propias ideas y las de los valdenses respecto al sacramento, presentando el 14 de mayo de 1557 una declaración escrita en la que exponían claramente su postura. Su declaración fue bien recibida por los teólogos luteranos, pero fue fuertemente desaprobada en Berna y Zurich. En el otoño de 1557 Beza realizó un segundo viaje con Farel a Worms, camino de Estrasburgo, para interceder ante los príncipes evangélicos del imperio en favor de los hermanos perseguidos en París. Con Melanchthon y otros teólogos reunidos en Worms, Beza consideró la unión de todos los cristianos protestantes, pero su propuesta fue decididamente rechazada por Zurich y Berna. Al llegar falsos informes a los príncipes alemanes de que las hostilidades contra los hugonotes en Francia habían cesado, no se mandó ninguna embajada a la corte francesa, pero Beza realizó otro viaje a favor de los hugonotes, con Farel, Johannes Buddæus y Gaspard Carmel a Estrasburgo y Francfort, donde se resolvió el envió de una embajada a París.

Theodore Beza, dibujo a lápiz y tinta hecho
por uno de sus alumnos en Ginebra
Asentamiento en Ginebra.
A su regreso de Lausana, Beza quedó grandemente perturbado. En unión con muchos ministros y profesores en la ciudad y el país, Viret pensó establecer un consistorio e introducir una disciplina eclesiástica que impondría la excomunión especialmente en la celebración de la comunión. Pero los de Berna no tenían un gobierno eclesiástico calvinista, lo que originó muchas dificultades por lo que Beza pensó que lo mejor era quedarse en Ginebra (1558). Aquí se encargó de la cátedra de griego en la recién creada academia y tras la muerte de Calvino se hizo cargo de la de teología. Además estaba obligado a predicar. Acabó la revisión de la traducción del Nuevo Testamento de Olivetan, comenzada unos años antes. En 1559 realizó otro viaje a favor de los hugonotes, esta vez a Heidelberg. Hacia el mismo tiempo tuvo que defender a Calvino ante Joachim Westphal en Hamburgo y Tileman Hesshusen. Pero más importante que esta actividad polémica fue la elaboración de su propia confesión. La preparó originalmente para su padre como justificación de su carrera, publicándola en forma revisada para promover el conocimiento evangélico entre sus paisanos. Fue editada en latín en 1560 con una dedicatoria para Wolmar. En 1563, 1572 y 1585 se publicó una traducción al inglés en Londres. También se hicieron traducciones y se publicaron en alemán, holandés e italiano.

Sucesos de 1560 a 1563.
Entre tanto, los acontecimientos en Francia tomaban una dirección que hacía presagiar un futuro prometedor para el protestantismo. El rey Antonio de Navarra, atendiendo a los requerimientos de los nobles evangélicos, declaró su disposición a escuchar a un prominente maestro de la Iglesia. Beza, como noble francés y director de la academia en la metrópolis del protestantismo francés, fue invitado al castillo de Nerac, aunque no pudo plantar la semilla de la fe evangélica en el corazón del rey. Al año siguiente (1561) Beza representó a los evangélicos en el Coloquio de Poissy, defendiendo elocuentemente los principios de la fe evangélica. Aunque el coloquio no tuvo resultados, Beza, como cabeza y abogado de todas las congregaciones reformadas de Francia, fue reverenciado y odiado al mismo tiempo. La reina insistió en celebrar otro coloquio, que se abrió el 28 de enero de 1562 en St. Germain, once días después del famoso edicto que otorgaba importantes privilegios a los de fe reformada. Pero el coloquio fracasó cuando se hizo evidente que la parte católica se estaba preparando (tras la masacre de Vassy del 1 de marzo) para derrotar al protestantismo. Beza inmediatamente emitió una circular el 25 de marzo a todas las congregaciones reformadas del imperio y con Condé y sus tropas fue a Orleáns. Era necesario proceder rápida y enérgicamente. Pero no había soldados ni dinero. A petición de Condé, Beza visitó las ciudades de los hugonotes para recaudar ambas cosas. También escribió un manifiesto en el que mostraba la justicia de la causa reformada. A fin de recolectar dinero y soldados, Beza fue designado para visitar Inglaterra, Alemania y Suiza. Fue a Estrasburgo y Basilea, pero no tuvo éxito en su misión. Regresó a Ginebra el 4 de septiembre. Apenas había estado allí catorce días cuando fue llamado de nuevo a Orleáns por d'Andelot. La campaña estaba teniendo más éxito, pero la publicación del desafortunado edicto de pacificación que Condé aceptó el 12 de marzo de 1563 llenó a Beza y a todos los protestantes de Francia de consternación.

Sucesor de Calvino.
Durante veintidós meses Beza había estado ausente de Ginebra, haciéndose necesaria su presencia ante la condición de Calvino, enfermo e incapaz de poder sobrellevar la carga, al no haber nadie que pudiera tomar su lugar. Calvino y Beza acordaron realizar sus deberes conjuntamente en semanas alternas, pero la muerte del primero ocurrió poco después, el 27 de mayo de 1564. Por descontado, Beza fue su sucesor. Hasta 1580 no sólo fue modérateur de la compagnie des pasteurs sino también el alma de la gran institución de enseñanza que Calvino había fundado en 1559, consistente en un instituto y una academia. Mientras vivió, Beza estuvo interesado en la elevación de la educación. La juventud protestante, durante más de cuarenta años, llenó su aula para escuchar sus clases teológicas, en las que exponía el calvinismo más ortodoxo. Como consejero fue escuchado por magistrados y pastores. Ginebra está en deuda con él por la fundación de la escuela de derecho en la que se formaron eminentes juristas como François Hotman, Jules Pacius y Denys Godefroy.

Grabado de Theodore Beza, con su autógrafo
Curso de los sucesos tras 1564.
Como sucesor de Calvino tuvo gran éxito, no solo desempeñando su tarea sino también trayendo paz a la iglesia en Ginebra. Los magistrados se habían apropiado de las ideas de Calvino y la dirección de los asuntos espirituales estaba fundada sobre sólidas bases, al contar con dos órganos como los ministros de la palabra y el consistorio. Tras 1564 no se suscitó ninguna controversia doctrinal. Las discusiones trataban sobre cuestiones de naturaleza práctica, social o eclesiástica, tales como la supremacía de los magistrados sobre los pastores, la libertad en la predicación y la obligación de los pastores de someterse a la mayoría de la compagnie des pasteurs. Beza no impuso su voluntad sobre sus asociados y no tomó duras medidas contra imprudentes o acalorados colegas, aunque a veces se hizo cargo de algunos casos y actuó como mediador, si bien a veces experimentó una oposición tan fuerte que estuvo tentado a dimitir. Aunque estaba inclinado a ponerse del lado de los magistrados, sabía defender los derechos e independencia del poder espiritual cuando hacía falta, sin concederle tanta importancia como hizo Calvino. Su actividad fue amplia. Medió entre la compagnie y la magistratura, pidiéndole esta última su consejo sobre cuestiones políticas. Mantuvo correspondencia con todos los dirigentes reformados de Europa. Tras la Matanza de San Bartolomé (1572) usó su influencia para dar refugio en Ginebra a los exiliados. Hacia ese tiempo escribió su De jure magistratuum, en el que protestó contra la tiranía en asuntos religiosos y afirmó que es legítimo para un pueblo oponerse a un magistrado indigno en una manera práctica y si es necesario usar las armas para destituirlo. En resumen, sin ser un gran dogmático como su maestro, ni un genio creativo en la esfera eclesiástica, Beza tenía cualidades que le hicieron famoso como humanista, exégeta, orador y dirigente en asuntos religiosos y políticos, cualificándolo para ser el guía de los calvinistas en toda Europa. En las diversas controversias en las que se vio envuelto, Beza a veces mostró un exceso de irritación e intolerancia, que Bernardino Ochino, pastor de la congregación italiana en Zurich (a cuenta del tratado que contenía algunos puntos objetables sobre la poligamia) y Sebastian Castellio en Basilea (a causa de sus traducciones latina y francesa de la Biblia), tuvieron que sufrir. Con la Francia reformada mantuvo estrechas relaciones todo el tiempo. Fue moderador del sínodo celebrado en abril de 1571 en La Rochelle, que decidió no abolir la disciplina eclesiástica o reconocer al gobierno civil como cabeza de la Iglesia, tal como pedían Jean Morel y el filósofo Petrus Ramus; también decidió confirmar de nuevo la doctrina calvinista de la Cena (mediante la expresión 'sustancia del cuerpo de Cristo') contra los zwinglianos, lo que provocó una desagradable discusión entre Beza y Ramus y Bullinger. Al año siguiente, mayo de 1572, tomó una importante parte en el sínodo nacional en Nimes. También estuvo interesado en las controversias sobre la Confesión de Augsburgo en Alemania, especialmente después de 1564, sobre la doctrina de la persona de Cristo y el sacramento, publicando varias obras contra Westphal, Hesshusen, Selnecker, Johann Brenz y Jakob Andreä. Esto le hizo odioso, especialmente tras 1571, ante todos aquellos que se adherían al luteranismo en oposición a Melanchthon.

El Coloquio de Mümpelgart.
El último conflicto polémico de importancia que Beza tuvo con los luteranos fue el Coloquio de Mümpelgart, celebrado entre el 14 y el 27 de marzo de 1586, al que fue invitado por el conde luterano Federico de Württemberg a solicitud de los nobles franceses que había huido a Mümpelgart. Por supuesto, la unión que se pretendía en el coloquio no se logró y cuando se publicó la edición de las actas del mismo, preparadas por J. Andreä, Samuel Huber, que pertenecía a la facción luterana del clero suizo, se ofendió tanto con la doctrina supralapsariana de la predestinación defendida por Beza y Musculus, que se sintió en el deber de denunciar a Musculus ante los magistrados de Berna como innovador en doctrina. Para centrar en el asunto, los magistrados arreglaron un coloquio entre Huber y Musculus el 2 de septiembre de 1587, en el que el primero representaba la posición de la universalidad y el segundo de la particularidad de la gracia. El debate fue infructífero, celebrándose otro en Berna del 15 al 18 de abril de 1588, en el que la defensa del sistema aceptado de doctrina fue desde el principio puesta en manos de Beza. Los tres delegados de los cantones helvéticos que presidían el debate declararon al final ortodoxa la enseñanza que Beza había propuesto en Mümpelgart, siendo Huber destituido de su puesto.

Theodore Beza
Últimos días.
Tras esto sucesos, la actividad de Beza se fue reduciendo cada vez más a asuntos domésticos. Su fiel esposa Claudine había muerto en 1588, unos días antes de la disputación de Berna. Durante cuarenta años habían vivido felizmente unidos. Beza contrajo, por consejo de sus amigos, un segundo matrimonio con Catharina del Piano, una viuda genovesa, a fin de tener una compañera en sus años de declive. Hasta los sesenta y cinco años disfrutó de excelente salud, pero tras esa fecha un gradual hundimiento de la misma se hizo cada vez más perceptible. Estuvo activo en la enseñanza hasta enero de 1597. La experiencia más triste en su ancianidad fue la conversión del rey Enrique IV al catolicismo, a pesar de sus exhortaciones (1593). Aunque parezca raro, se esparció el rumor por Alemania, Francia, Inglaterra e Italia de que Beza y la iglesia de Ginebra habían vuelto al redil de la Iglesia católica, un rumor esparcido interesadamente por los jesuitas. Beza replicó en una sátira que mostraba la posesión de su antiguo ardor de pensamiento y vigor de expresión. No fue enterrado como Calvino en el cementerio común, pues los saboyardos habían amenazado con secuestrar su cuerpo y llevarlo a Roma, sino en el lugar de los magistrados, el monasterio de St. Pierre.

Escritos humanistas e históricos.
En la actividad literaria de Beza hay que hacer una división, igual que en su vida, entre el periodo humanista (que termina con la publicación de su Juvenilia) y el eclesiástico. Aunque posteriores producciones, como las satíricas y humanistas Passavantius y Complainte de Messire Pierre Lizet..., muestran que en años posteriores a veces regresó a su primera tendencia. En su ancianidad publicó Cato censorius (1591) y revisó Poemata, del que expurgó las excentricidades juveniles. De sus obras históricas, dejando aparte Icones (1580) que tiene solo un valor iconográfico, se puede hacer mención de la famosa Histoire ecclésiastique des Églises réformées au Royaume de France (1580) y su biografía de Calvino, con la que debe citarse su edición de la Epistolæ et responsa (1575) de Calvino.

Obras teológicas.
Pero todas estas obras humanísticas e históricas son sobrepasadas por sus producciones teológicas (contenidas en Tractationes theologicæ). En ellas Beza aparece como el alumno perfecto o el alter ego de Calvino. Su concepto de la vida es determinista y la base de su pensamiento religioso es el reconocimiento de la necesidad predestinada de que toda existencia temporal es un efecto de la inmutable, absoluta y eterna voluntad de Dios, de manera que incluso la Caída es esencial al plan divino. En la manera más lúcida Beza nuestra la conexión de las ideas religiosas que se desprenden del fino fundamento supralapsario de pensamiento, lo que se aprecia en su instructivo tratado Summa totius Christianismi.

El Nuevo Testamento griego de Beza.
De no menos importancia son las contribuciones de Beza a las ciencias bíblicas. En 1565 publicó una edición del Nuevo Testamento griego, acompañado en columnas paralelas del texto de la Vulgata y una traducción suya propia (ya publicada en 1556). Añadió anotaciones, también previamente publicadas, pero ahora grandemente enriquecidas y ampliadas. En la preparación de esta edición del texto griego, aunque mucho más en la preparación de la segunda edición que publicó en 1582, Beza se sirvió de dos valiosos manuscritos. Uno es conocido como Codex Bezæ o Cantabrigensis, y fue presentado posteriormente por Beza a la universidad de Cambridge; el segundo es el Codex Claromontanus, que Beza había encontrado en Clermont. Sin embargo, no fue de estas fuentes con las que Beza estuvo en deuda, sino con la edición previa del eminente Robert Stephens (1550), basada en gran medida sobre una de las ediciones posteriores de Erasmo. Los trabajos de Beza en esta dirección fueron de mucha ayuda a los que vinieron después. Lo mismo se puede afirmar con igual certeza sobre su versión latina y sobre las copiosas notas que la acompañaban. Hay que lamentar que la idea del autor sobre la doctrina de la predestinación ejerciera sobre la interpretación de la Escritura una influencia demasiado preponderante, lo que no obsta para reconocer que Beza hizo mucho para clarificar el entendimiento del Nuevo Testamento.

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